Marcio Veloz Maggiolo escribió la primera novela acerca de la Revolución de Abril 1965
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Sepelio del poeta dominico-haitiano Jacques Viau Ranaud |
Marcio Veloz Maggiolo y De Abril en Adelante: la primera novela que contó la guerra de 1965
Por: Alejandro Paulino Ramos
Lo que a continuación ustedes leerán no es una crítica literaria, que no estoy capacitado para hacerlo. Simplemente voy a hablarle de una novela que me tocó de manera personal, pues la escribió Marcio Veloz Maggiolo, el profesor y amigo que tantas veces se arriesgó para llevarme en su carro blanco marca Peugeot 504, al refugio en que a escondida evitaba ser apresado o eliminado durante los doce años terribles que siguieron a la guerra. Aquel libro lo terminé de leer y así esta anotado en sus páginas, la tarde del 16 de marzo de 1980, cuando sentado en una banqueta del “Centro Médico Nacional” de la avenida Máximo Gómez, esperaba el nacimiento de mi primer hijo. Una novela, que leyéndola, me hizo sentir que también formaba parte de un conflicto en que no participé, pero del que fui testigo y conocí temprano el significado de la palabra “guerra”, contada en su libro De Abril en Adelante:
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Historiador y escritor Marcio Veloz Maggiolo |
“Voy a escribir una novela impulsado—dice
Veloz Maggiolo—no sé por qué fuerza sobrenatural; impulsado por el odio y por
mi maldito mundo de segunda mano. Mis amigos me han colocado las manos sobre la
cabeza cansada diciéndome: “anda mojón escribe una novela (…). Yo jamás he
escrito nada de importancia, pero cumplidos los treinta y dos años no se puede
hacer de intelectual y quedarse uno al borde del camino. (…). Entonces no tengo
otra alternativa que dejar las tertulias del maldito café, del Sublime—ronda de
literatos de suplemento dominical—y comenzar a pensar en hacer algo serio”. Así comienza la novela de Marcio Veloz Maggiolo, con la que narró un
pedazo reciente de la historia dominicana: el conflicto bélico en que se
enfrentaron fuerzas militares conservadoras contra militares y civiles que
reclaman el regreso de Juan Bosch a la
presidencia, y el respeto a la constitución dominicana:
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El comandante Rafael-Fafa- Taveras en el funeral del combatiente Oscar Santana |
Lo que acabamos de
leer forma parte de lo relatado, del primer capítulo de Abril en Adelante, con el que poco a poco el autor se encarga de sacudir
las memorias, y de anotar lo que fue aquel período sangriento de la historia
dominicana: la Revolución de abril de 1965.
La novela de Veloz Maggiolo es histórica, cargada de
verdades y mentiras; de personajes inventados que recuerdan a otros que
existieron en la realidad, en la política; funcionarios-militares, asesinos de
expedicionarios; que nos cuenta la
cotidianidad de intelectuales y poetas compartiendo en los bares de la zona que
fue sitio de combates, en pleno corazón de la colonial ciudad de Santo Domingo.
El autor, que además de poeta, historiador, literato de los más importantes del país, arqueólogo y profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, aprovechó sus conocimientos y experiencias para contarnos un episodio de la ciudad amurallada, que fue corazón de las luchas contra el régimen dictatorial, y contra los remanentes del trujillismo. De su relato va surgiendo el argumento que le da vida a la obra, tejido con trozos de telas que se remontan a la dignidad de los valientes dominicanos de un pasado, tan lejano como 1605, cuando el bravo dominicano, mulato Hernando Montoro se enfrentó con las armas a las decisiones de la imperial España, y a los que en 1865, con solo machetes de faena, derrotaron a esa misma potencia en la guerra restauradora. Entretejidos con estos acontecimientos, la represión y el crimen durante la dictadura de Trujillo y el exterminio en la Base Aérea de San Isidro de los expedicionarios del 14 de junio de 1959. El mismo campamento militar que sirvió de zona de agresión y refugio en la parte oriental de la capital, a los líderes militares que ordenaron el bombardeo de los barrios y rogaron al imperio norteamericano el desembarco de sus cuarenta y dos mil marines, el 28 de abril de 1965, para evitar ser derrotados.
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Segunda edición de la novela De Abril en Adelante |
De Abril en Adelante, publicada por la Editora Taller en
1975, se convirtió en la primera obra, la primera novela publicada sobre la
Guerra de Abril de 1965 en República
Dominicana, coincidiendo con la conmemoración de los primeros diez años de
aquel hecho, único en la historia nacional del
siglo XX. En ella está registrada
la lucha del pueblo dominicano por su autodeterminación y soberanía; el hilo
conductor, “el denominador común” del
que habla su autor, que conecta con un presente en que la represión, la muerte
y el miedo se convirtieron en referencia de los que fue el “Adelante” que dio continuidad a los años
inmediatamente posteriores al conflicto bélico de abril, herencia maldita de la
imposición del imperio en las manos del gobierno de Joaquín Balaguer.
De esa manera, con los retazos de la patria, Maggiolo se
adentra de repente en la guerra restauradora, en los hombres descalzos y armados
de machetes de faena, que enfrentaron y derrotaron a la España imperial y poderosa 1865,
exactamente 100 años antes del desembarco de las tropas extranjeras, en aquel
abril 28 que todavía no se borra y que estamos, por dignidad, obligados a
conmemorar. De paso van apareciendo en las 278 páginas contenidas en la primera
edición, los pedazos de azarosos momentos dictatoriales, con sus militares
abusadores, los perseguidos políticos, las orgias de los hijos del sátrapa con
indefensas mujeres, los centros de tortura, y la forma en que en la “Base de
San Isidro” fueron asesinados los expedicionarios del 14 de junio de 1959;
desde la misma “Base Aérea” de donde despegaban los aviones cargados de bombas
destructivas que eran descargadas por las naves conocidas como “P-51” y “Vampiros”, pero que el pueblo capitaleño en
sus destartaladas viviendas, resistía hasta morir.
En medio de los relatos históricos repartidos en capítulos, subcapítulos, anti capítulos, complementos y suplementos, que Maggiolo por su condición de historiador inserta con maestría, aparecen las referencias ciertas de la forma en que los grupos culturales, de los que él también llegó a ser integrante junto a los poetas, artistas y escritores que para entonces sintieron y vivieron aquella revolución que algunos han querido silenciar pretendiendo obligar a la negación y el olvido, pero realidad histórica rescatada en De Abril en Adelante, para beneficio de la verdad y de las nuevas generaciones.
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El teatro Independencia era centro de actividades culturales durante la guerra patria |
Leyendo esta novela se pueden sentir los aviones disparando
a la población civil con sus ametralladoras calibre 50, y el bombardeo de los
tanque de guerra con sus cañones de 120 milímetros sin retrocesos; desechos adquiridos
por el dictador Trujillo terminada la Segunda Guerra Mundial, con sede en el
centro de operaciones la Base Aérea de San Isidro y del Centro de Enseñanza de
las Fuerzas Armadas (CEFA), que se oponían a la constitución y al pueblo.
El libro de Maggiolo es el prólogo de un conflicto que
todavía en 1975 no se había narrado, en el que perdieron la vida más de 4 mil
dominicanos en el corto período de cinco meses, sin contar los cientos de
desaparecidos y los miles de heridos de balas:
“La multitud se lanzó a las calles. La
radio estaba en nuestro poder; recuerdo que subí en el Opel y comencé a
recorrer las callejuelas, voceando: ¡abajo el gobierno!, ¡ha caído el
gobierno!, ¡a las armas! Los locutores rebeldes se dirigían por la radio al
pueblo levantado. Decían que el movimiento armado ha sido iniciado en dos
campamentos del Ejército. Por la tarde, cuando entraron en la ciudad
contingentes y tanques de guerra para recuperar la emisora, ya el golpe estaba
resuelto. Miles de hombres, partidarios del gobierno derrocado derrocaban a su
vez al gobierno que los Estados Unidos habían impuesto al pueblo. Centenares de
soldados se apostaron sobre los techos de la parte céntrica de la ciudad esa
misma madrugada; los camiones repletos de armas recorrían diversos puntos clave
de la ciudad repartiendo pertrechos y parque. Pensé que había llegado nuestra
hora, nuestro momento de hacer justicia”.
De Abril en Adelante es una novela histórica experimental,
en la que el autor insiste en contar cómo y con qué propósito se va narrando
cada coyuntura, casi siempre en primera persona. A lo largo de sus trescientas
setenta y ocho páginas van desfilando los principales personajes de la obra,
integrantes de un ficticio grupo literario en el que todos quieren sobresalir
en el campo de la literatura, inmersos en su cotidianidad, embriagados de
licor, tarareando canciones de moda, teniendo sexo sin reparo con las novias de
los novios que tienen nombres que no se terminan de definir como personajes,
pues el personaje principal es la revolución de abril, los demás, simples
excusas para contar la historia:
Paco, Persio,
Melissa, Raúl, Russo, Ramón, el Químico,
y el coronel Gutiérrez, se van cruzando y confundiendo entre los personajes y situaciones casi siempre
inventadas, pero que realmente sucedieron a personas con nombres y apellidos
verdaderos que no son señalados, con sus responsabilidades, complicidades y delaciones que
luego nos enteramos que no fueron tales, sino invenciones del novelista jugando
con sus vivencias, con la historia y la ficción, centrado todo en un conflicto en el que los escritores sustituyeron
las plumas y los libros por el fusil
máuser y las carabinas San Cristóbal.
Una obra en la que se van recogiendo las hilachas que sirvieron para tejer aquel laberinto, que conduce como gusano negro misterioso e impredecible, a diferentes momentos históricos con episodios y coyunturas salpicadas de cotidianidad, con las reuniones de los integrantes de los grupos literarios que rumiaban sus memorias en medio del alcohol, el sexo y la música del piano bar del Napolitano, del Sublime, del Roxy o del hotel Embajador: En el proyecto de novela, en que supuestamente se va construyendo aquella historia, está contenido aquello que René del Risco llamó el “viento frio” y que Veloz Maggiolo lo refiere a decirnos:
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Soldados norteamericanos en la calle El Conde |
“Ya realmente no sabes que ha pasado. Dónde comienza la realidad y dónde la mentira. Deberías escribir una novela con todos los materiales que has pensado. Pero de seguro no concordarían, no podrías hacerlos concordar, porque es difícil hacer tantas cosas al mismo tiempo; porque nadie va a creer que fuera viajero ginebrino, jefe de relaciones públicas, combatiente en la guerra a de abril, director de programas radiales en la capital, miembro de algún grupo literario, todo en un mismo espacio”.
Ser miembro de un grupo literario también tenía su
importancia en la guerra, y pertenecer a uno de ellos podía dar prestigio, pero
no convertía a nadie en escritor y entonces se cuenta que surgía la crítica
entre los que participaban en las peñas literarias: “Mira Paco, no das para literato, te has colado en el grupo porque
durante la guerra de abril el grupo tenía también una misión política: podías
redactar comunicados y memorándums, corregir cables de prensa allá en el
edificio Copello, pero de ahí a escribir cuentos y novelas hay un abismo tremendo”.
Durante la guerra los intelectuales se reunían en el Cesare, que luego se conoció como el Napolitano, en el lugar aquel en donde se reunían, “con el coronel Francis, nuestro jefe de armas, y con Héctor y con Montes Arache, los coroneles, y cantábamos junto a Enriquillo aquello que compuso Aníbal y que el grito de la lucha armada: a luchar, solados valientes, que llegó la revolución”. Pero de ahí a escribir una novela dice el autor que no. “Nadie vendrá a decirme “anda mojón, escribe una novela”…Realmente no existe estimulo alguno. Habré de imaginarme uno, habré de soportar la mentira de imaginarme uno…. Desde hace tiempo busco colarme entre los grupos literarios. Es el único modo de sobresalir. Publicar de vez en cuando en revistas, hablar mucho de literatura, asistir a las sesiones espiritistas donde te predicen el porvenir…Hacer todo lo que hacen ellos. Lo demás es un intento, un deseo, una profunda crisis sentimental”.
Las motivaciones que supuestamente llevaron a Maggiolo a
escribir De Abril en Adelante, como
novela histórica, narrando casi siempre en primera persona, y preguntándose en
el mismo texto las razones y el contenido del guion que desmarcaría lo que se
proponía narrar, y contaba. Anotadas en el texto, lo que sigue:
“Mi novela desea ser una especie de mundo en donde se entremezclan
diversos momentos históricos”, y muchas páginas después reacciona en los fines pensados y
propuestos en las noches de insomnios, discutiendo con sus compañeros
escritores: “¿Por qué escribes una novela? Podrías, por
ejemplo, tomar a cualquiera de nosotros como personaje principal. No nos
ofenderíamos, desde luego. Todo el mundo comprenderá lo que dices no es
cierto”, y un poco más adelante, en uno de los que Maggiolo llama subcapítulos: “que mi interés no es otro que tomar una
serie de temas históricos e irlos paralelizando,
buscando su relación, su profunda relación, digamos que indagando su
denominador común, su línea general”:
“Tomó
el habano-siempre le habían gustado-y lo encendió. (…). “Lastima grande que en
abril del sesenta y cinco tanto come-mierda cogiera el fusil para el asunto del
“figurero”, se dijo y pensó en los álbumes cargados de fotografías y en
aquellas películas de 8 milímetros que se archivaron luego como prueba de
revolucionarismo”. (Fue en esos precisos momentos cuando comenzó a barajar
episodios y a mezclar nombres y citas, mentiras y verdades, verdades y
verdades. Sólo le faltaba decidirse, buscar un verdadero motivo, inventarse,
tal vez, que la pobre Zina era la chispa de su ira y de su decisión. (…). Y
esto es el inicio de una serie de pensamientos: Manolo, muerto en las lomas de
Manaclas; y las tropas de abril disparando contra los invasores, y antes que
nada, la batalla del Puente Duarte y los camiones repartiendo armas en todos
los puntos clave de la ciudad”.
Conociendo la verdad de la historia, el autor la disfrazó de mentira: “El Embajador; lo del cuento de Alberto, lo del baile de Russo con su amante millonaria; no es cierto lo de la americana que acompañaba a Alberto, no es cierto lo de Matilde, lo de Melissa, lo de Raúl (…); no es cierto que la italiana haya dejado a Luis; no es cierto que en abril del 65 hubo marines y bazucas?. (…). Entonces por qué decir que podía uno sentirse normal. Mirar y respirar. Hablar de personajes de novela. Pensar en ellos sin novelista ni nada parecido. Imaginarse el mundo que podría ser, el que es y e l que ha sido, y adelante”.
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Integrantes de un comando rebelde |
El argumento central descansa, supuestamente, en la
necesidad que sentía el escritor en los días posteriores a la guerra, de
escribir su novela, cuyos posibles temas va discutiendo con los pocos integrantes,
personajes de su grupo literario, a los que con insistencia quiere presentar
los capítulos que van surgiendo, tomando situaciones personales de ellos
mismos, de amigos y conocidos, que terminan convertidos en vivencias de otros
personajes que nada tienen que ver con los primeros; un poco como lo dejó
planteado años después en su novela “Materia
prima” (1988), en la que se entrecruzan vivencias-historias-presente-pasado
que dan movimiento a su novela histórica, en la que el motivo central resulta
la revolución, su cotidianidad, las actividades culturales, los encuentros y
tertulias en “El Sublime”, restaurante de la calle El Conde, y la presencia en medio de la guerra, de una muerte que tocaba las puertas de todos pero no se
anunciaba para hacerlo; en la que francotiradores desde el techo de “Molino
Dominicano”, inmenso edificio enclavado en la margen oriental del río Ozama,
disfrutaba asesinando a jóvenes dominicanos. Junto a esto, la batalla
sangrienta del 15 y 16 de junio y la lamentable muerte de Jacques Viau:
La muerte de Jacques Viau Renaud
“!Ahora, fuego, pongan a funcionar las cincuenta! ¡Fello, carga la ametralladora de nuevo! ¡Míralos, ya bajan hacia el fuerte de Santa Bárbara! ¡Fuego, coño, fuego!...Dame el fusil, compañero dámelo! ¡Tienes miedo no no sabe disparar! (…). Cruza Jacques Viau montado en una estrella-¡Ahora vamos a emboscarlos, compañeros, ahora! (…). La noche es bien oscura, póngannos los fusiles en el piso y armemos la bazuca, presiento que hoy comienza el bombardeo…Pero Jacques, ¡Está loco! (…). Son las ocho de la mañana y llueven granadas y morteros”.
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El poeta Jacques Viau Ranaud |
Pienso que la muerte de Viau enlutó por décadas al
movimiento cultural constitucionalista.
En la obra se siente la forma en que el
poeta haitiano, que también lo fue dominicano, se encontró de repente
con la muerte. El poeta haitiano que de
frente, se ofrendó luchando por la
libertad de los dominicanos:
“Pasa Jacques Viau montado en una
estrella y abajo nadie duerme, ni los niños. Y abajo nadie duerme. Todos están
despiertos. (Ay, Ay, mira Juan, los malditos gringos le han quebrado las dos piernas!). Todos miran a Jacques
cruzar rumbo al oriente por el cielo la tierra y el hombre invadidos entre los
helicópteros—Y dime, Ramón, ¿qué más?: ¿Cómo no voy a llorar, como no voy a
llorar, pensaste….”
Al final, después de la lectura, no sabremos si también
terminamos contaminados del “viento frio”, el que afectó también a la
generación de posguerra:
“¿Sabes que también estoy harto de este
círculo vicioso?...Lo peor de todo es que presiento que no podré salir de él
sino se produce la otra guerra, la que esperamos, la definitiva; por lo demás
temo siempre a los mismos a mi lado (…). Perdona Paco, que interrumpa mi
critica a tus capítulos, pero pienso que el pueblo no ha olvidado esta guerra
tremenda. Treinta y seis horas de fuego sobre la ciudad colonial. Sus cañones
eléctricos de 105 milímetros ladrando constantemente, vomitando su aliento mortífero
sobre iglesias y torres coloniales, despedazando los más viejos monumentos coloniales
de América. Habían violado ya a la más vieja universidad del Nuevo Mundo;
habían metido sus casas de campaña en medio del Alma Mater; y no hacían otra
cosa que cagarse en nuestros predios y bañarse desnudos en nuestras calles.
(…). Desde aquel cerco se inició la desbandada. Solo quedamos los justos, los
precisos, los de conciencia clara. Sabes que me
opuse rotundamente a que se dejarse salir la gente de la ciudad cercada”.
De Abril en Adelante, Marcio cuenta una historia que duele;
pero en aquella generación, en sus luchas y en sus muertos, quedó sembrada la
esperanza de vivir en una República Dominicana mejor. Esta novela, se lo dije
al comenzar, me tocó de cerca. Ojalá y puedan ustedes también adentrarse en
ella y ser parte de los lo que vivieron, lucharon y sufrieron en aquella guerra
contada De Abril en Adelante, que
presiento todavía no termina.