viernes, enero 02, 2009


PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA Y LAS PRIMERAS
ANTOLOGÍAS POÉTICAS DOMINICANAS

Por : Alejandro Paulino Ramos

En Pasado por Agua, sección aparecida en Vetas número 87 (véase también, http://www.vetasdigital.com/), publicamos un documento oficial relativo a la formación de una antología para ser incluida, por la Real Academia de la Lengua Española, en la Antología de Poesía Hispanoamericana. Más recientemente encontramos un texto de Pedro Henríquez Ureña en que se refiere a ella, aclarando que no se le puede considerar la primera, pues antes se había publicado en 1874 el libro La Lira de Quisqueya, de José Castellanos, el primer intento para recopilar y presentar la producción de los más importantes poetas de la República Dominicana:

“Se ensayó a hacerla, sin éxito, dos veces—dice Pedro Henríquez Ureña en su escrito Sobre la Antología publicado en la revista La Cuna de América, en 1904—una por Don José Castellanos en 1874 con su colección de La Lira de Quisqueya, que pecó por una falta absoluta y tremenda de selección; otra, en 1892, cuando la Academia Española propuso la Antología de Poetas Hispano-Americanos, que no dio resultado respecto de Santo Domingo porque se compuso exclusivamente de versos de autores muertos, y entonces aún vivían todos los mejores poetas dominicanos”.

El argumento a nuestro entender errado, para rechazar las antologías de 1874 y 1892 estaba sustentado en que los poemas que aparecen en la “Reseña histórico-critica de la poesía en Santo Domingo” eran de “autores muertos”, cuando en realidad una parte importante de los que aparecen en ella estaban todavía vivos, como son, por ejemplo, Salomé Ureña, Don Federico Henríquez y Carvajal, Enrique Henríquez y Arturo B. Pellerano. En La Lira de Quisqueya también muchos de los que aparecen estaban vivos al publicarse la obra. Posiblemente el interés de Pedro Henríquez Ureña radicaba en que se publicara otra antología que recogiera a los escritores de finales del siglo XIX y principio del XX, especialmente a los que no aparecen en las antologías anteriores.

Pedro Henríquez Ureña escribió su artículo “Sobre la Antología” en 1904, para anunciar la que en ese momento estaba preparando el historiador Américo Lugo, y que parece no llegó a publicarse. Por lo menos en 1906 todavía no se había impreso y el propio Lugo anuncia que “está en preparación la Antología de Poetas Dominicanos”; pero revisando las diferentes antologías que recogen los libros del historiador, ella no aparece reseñada ni citada, por lo que creemos no llegó a concretizarse.

En 1906 Américo Lugo publicó una obra que tituló “Bibliografía”, en la que incluye su interesante ensayo “Notas sobre nuestro movimiento literario”, y emite juicios críticos sobre los más importantes escritores muertos: Unos “cuantos escritores yacen, sin embargo, en nuestro panteón literario, sobre cuyos labios inspirados jamás tendrá completa jurisdicción la muerte”. También tocó la producción de los poetas contemporáneos a él y separó las generaciones en dos: los anteriores y posteriores a 1880, estos últimos influenciados por Hostos y la Escuela Normal.

En cuanto a José Castellanos y su “Lira de Quisqueya”, la que Henríquez Ureña considera antología fallida, su obra impresa en 1874 consta de 328 páginas en las que aparecen las notas biográficas-literarias de los 17 poetas y 2 poetisas, además de sus mejores poesías: Manuel María Valencia, Javier Angulo Guridi, Félix María Del Monte, Nicolás Ureña, Félix Mota, José María González, Josefa A. Perdomo, Manuel de Jesús de Peña, José Francisco Pichardo, Manuel Rodríguez Objío, José Francisco Pellerano, José Joaquín Pérez, Miguel Román y Rodríguez, Manuel de Jesús Rodríguez, Federico Henríquez y Carvajal, Juan Isidro Ortea, Salome Ureña, Francisco Javier Machado y Apolinar Tejera.

Los señalamientos críticos sobre las primeras antologías de la poesía dominicana, hechos por Henríquez Ureña, resultan de interés para la historia de la literatura dominicana de principio de siglo XX. Su aporte, enviado desde La Habana, Cuba, en octubre de 1904, fue publicado en la revista dominicana La Cuna de América número 73, del 20 de noviembre del mismo año. Invitamos a su lectura:

“SOBRE LA ANTOLOGÍA”


Por: Pedro Henríquez Ureña

Revista “La Cuna de América”, Santo Domingo,
Año II, número 73, 20 de noviembre de 1904.

“Hace poco anunció “La Cuna de América” que el celebrado escritor Américo Lugo tiene en preparación una Antología de poetas dominicanos, obra que podría ser útil como ninguna a las letras patrias, pero que hasta ahora no se ha realizado en buena forma.

Se ensayó a hacerla, sin éxito, dos veces: una por Don José Castellanos en 18784 con su colección “La Lira de Quisqueya”, que pecó por una falta absoluta y tremenda de selección; otra, en 1892, cuando la Academia Española propuso la Antología de Poetas Hispano-Americanos, que no dio resultado respecto de Santo Domingo porque se compuso exclusivamente de versos de autores muertos, y entonces aún vivían todos los mejores poetas dominicanos.

Así, la antología dominicana está aún por hacerse. Y es, sin embargo, el área donde deben guardarse las joyas de nuestro parnaso. Una colección de autores nacionales sería ponderosa e inútil, pues con excepciones contadas y conocidas, nuestros poetas, sobre todo los viejos, solamente han producido, cada uno, tres o cuatro composiciones selectas, que, por otro lado, sería lastima perder.

Por esto, la Antología dominicana exige de su colector un gusto refinado y certero, y un don de selección escrupulosa y justa. Pero precisamente el colector actual, el Lcdo. Lugo, es el prosista más brillante de nuestra juventud y una de nuestras más vigorosas intelectualidades.

De toda la poesía escrita en Santo Domingo desde su colonización, solamente cabe en una Antología alguna de la escrita a partir del siglo xix. Antes, sobre todo en los primeros días de la colonia, hicieron allí versos españoles y nativos, y por cierto figura entre ellos la más antigua de las poetisas americanas, la monja Doña Leonor de Ovando; pero esos versos sólo pueden conservarse a titulo de curiosidad.

El primer poeta dominicano digno de tal nombre es Francisco Muñoz Delmonte, tenido generalmente por cubano y devuelto a nuestro parnaso por Menéndez Pelayo.

Es discutible la legitimidad de esa devolución, porque si Muñoz Delmonte solía recordar (Mi cumpleaños) que había nacido a orillas del Yaque, aún con mayor insistencia llamaba a Cuba su Patria. De todos modos, en una Antología genuinamente dominicana no hace falta, porque su poesía no se relaciona con la vida de nuestro país.

Los primeros ensayos serios, pero aún muy pobres, de poesía dominicana, los hicieron Núñez de Cáceres con su Oda a los vencedores de Palo Hincado, luego Manuel J. Delmonte y Manuel M. Valencia, a quienes sigue, al fundarse la República, la generación que preside Félix Maria Delmonte y en la cual forman Javier y Alejandro Angulo Guridi, Félix Mota, Felipe Dávila Fernández de Castro, José Maria González, Nicolás Ureña de Mendoza y Encarnación Echavarría de Delmonte.

Harto difícil es escoger lo que debe conservarse entre las producciones de esta generación. Si se procede con un criterio como el del escritor hostosiano, que recientemente quiso reducir a cincuenta el numero de grandes obras poéticas de los Estados Unidos; si se emplea el mismo rigor de Menéndez Pelayo, que no incluyó en la Antología Americana versos de ninguno de esta generación (el único poeta dominicano admitido fue Muñoz Delmonte), hay que desecharlos a todos con la posible excepción del que cito como jefe intelectual, que aún vivía cuando juzgó a los otros el docto académico.

Pero sí, perdonando los defectos debidos a la pobreza del medio en esa época, se estima conveniente conservar lo mejor de estos versificadores, es aún muy difícil la selección. A la distancia, hoy nos parecen todos demasiado fríos e incorrectos. Por ejemplo, entre el mar de versos líricos y dramáticos de Javier Angulo Guridi, solo rememoro como selectos algunos pasajes vibrantes del poema “Iguaniona”, otros de su oda “Al grande arquitecto del universo”, y aquella estrofa celebre de “A la vista de Santo Domingo” que principia: “Quien te dijera, Grecia, que algún día...”

De Félix Mota, a quien injustamente pone Menéndez Pelayo por encima de Angulo Guridi, puede someterse a juicio “La Virgen de Ozama”, en sáficos métricamente correctos pero algo incoherentes.

Y pasando por alto a los demás, creo que merecen conservarse el soneto “A mi patria” de Encarnación Echavarría de Delmonte, y “Un guajiro predilecto”, de Nicolás Ureña, consagrado por el voto popular.

Desde luego, debe tratarse especialmente a Félix Maria Delmonte. Ahí están sus versos políticos: el soneto “A Santana”, la “Despedida”, el soneto “A mi patria”, a mi juicio inferior al de su esposa, pero citada por Pepe Candido como uno de los mejores ejemplares de poesía nacional, “El arpa del proscrito”, muy vigorosa, si algo afeada por la repetición de la invectiva y del nombre propio. En otros géneros, quedan a opción la “Dolora”, muy delicada, el apólogo “La tórtola”, y sus versos eróticos publicados en los Lunes del Listín poco antes de su muerte: dos sonetos, y unas octavas que principian: “Tú que en los sueños de mi edad primera…”

La generación siguiente, la de Meriño, Galván y Tejera produjo más y mejores prosistas que poetas. Los cuatro más conocidos por sus versos son Josefa Antonia Perdomo, Manuel Rodríguez Objío, José Francisco Pichardo, y Manuel de J. de Peña y Reynoso. De los dos primeros, fecundísimos e incorrectos, hay sendos tomos de `poesías entre las que difícilmente se hallará alguna digna de antología: lo más sentido y cuidado de Rodríguez Objío “Acto de fe”, escrito días antes de su muerte, y entre las composiciones últimas de la Perdomo las más correctas y animadas son “A Dios”, “A Bolívar”, “Triunfo de la patria”, y los sonetos “Desconsuelo y desencanto”.

Pichardo, demasiado extenso y quejumbroso, suele tener algunos hermosos versos aislados en “Suspiros y deseos” y el romance “A la palma”; y Peña y Reinoso tiene trozos selectos, como “El color azul”, que pueden tomarse en consideración.

Con la tercera generación literaria de la República, que florece a partir de la Restauración, alcanza la poesía dominicana sus cimas más altas alta ahora, en José Joaquín Pérez y Salomé Ureña de Henríquez. En segundo lugar figuran en esta época Juan Isidro Ortea, muy espontáneo en “Tú y yo” (a José Joaquín Pérez) y “sueños”; y Federico Henríquez y Carvajal, que se ha distinguido con su “Americana” y algunos de sus versos más recientes.

Si se debe ser prudente y escrupuloso al elegir entre los medianos, creo que aún mayor tino es necesario para reunir las piezas que deban representar a los mejores, sin incluir ninguna ociosa, sin excluir ninguna capital. Y a veces, surgen dudas, porque una composición de tercer orden entre las de un poeta superior suele ser más hermosa que la más selecta de un poeta mediano.

Mi admiración por José Joaquín Pérez me ha llevado a estudiar a fondo su obra poética, dispersa y vasta, y de aquí que me atreva a sugerir, como sus más esplendidas y significativas composiciones estas: “Tu cuna y su sepulcro”, “Ecos del destierro”, “La vuelta al hogar”, “Quisqueyana”, “El junco verde”, “Guacanagarí en las ruinas de Marién”, “El voto de Anacona”, “Un mambí”, “Salomé Ureña”, “El nuevo indígena”, y “El amor de Magdalena”; en segundo lugar “Ráfagas”, “Mis canas”, “Americana”, a Polita Delima y Carmen Brigé, “El 5 de julio”, “La torcaz”, “En la cumbre” (a G. F. Deligne), “Retoños”.

Quedan sus “Contornos y relieves”, todos dignos de antologías, especialmente el numero VI, y su traducciones de Thomas Moore; una, “Lágrima por lágrima”, finísima.

En cuanto a Solomé Ureña, la selección es más fácil por ser muy conocidas sus poesías sobresalientes: “Ruinas”, “La fe en el porvenir”, “La llegada del invierno”, “Impresiones”, “En el nacimiento de mi primogenitito”, “Sombras”, “Mi ofrenda a la patria”, “En la muerte de Ulises F. Espaillat” y “Tierra”. En segundo término hay que escoger entre “La gloria del progreso”, “Melancolía”, “A la patria”, “A los Dominicanos”, “El ave y el nido”, “A Quisqueya”, “En defensa de la Sociedad”, “Luz”, “A mi esposo ausente” (1880), “Mi óbolo”, “Angustias”, ”Fe”, “Umbra-Resurrexit”, y el numero XIX del poema “Anacaona”.

Las generaciones siguientes ocupan ahora la palestra, y han producido varios poetas correctos y fecundos, como Pellerano Castro, los Deligne, B. O. Pérez, que no estarían cabalmente representados en un número corto de sus obras.

Los poetas muertos de estas generaciones son Pablo Pumarol, satírico que de nada dejó que pasara de una corrección mediana; Virginia E. Ortea, muy sentimental en algunas rimas breves (El poeta, Para ti) Mariano Soler y Meriño, promesa tronchada en flor que apenas indicó sus posibilidades en rasgos como “Mi esperanza”; César Nicolás Penson, de quien hay que conservar a toda costa el “Poema de los humildes” y la “Víspera del combate”, llamado por Lugo “acaso el más hermoso de nuestros cantos”; Bartolomé Olegario Pérez, uno de nuestros más inspirados de todas las épocas, que ha dejado multitud de trozos magníficos, entre los cuales recuerdo “Lucha sagrada”, “Todo es tarde”, “Noche buena”, “Psalmo”, y Rafael A. Deligne, que llegó a dominar el verso y a producir varias joyas: “Ella”, muy sentida, “Por las barcas”, “A las almas tristes”, ,”Insolación”, “Voces mudas” , y otras.

Entre los vivos sobresalen Gastón Fernando Deligne y Arturo Pellerano Castro quienes, por desgracia, no han producido en estos últimos días tanto hermoso como en sus principios. Las flores de antología de Gastón son “Angustias”, “Maireni”, “aniquilamiento” (para mí la más brillante y levantada), “Valle de lágrimas”, “El Silfos” (paráfrasis) y “En memoria de nuestro primer poeta”; secundariamente, “Confidencia de Cristina”, “Epitalamio”, “Arriba el pabellón”, “Subjetiva”, “En el botado”, “Los Monóstrofes”, y su último romance de la Hispaniola “Montbars el Exterminador”.

Pellerano Castro tiene sus grupos de “Criollas”, “Cantos bohemios”, “Americanas”, “Patriótica” y las breves estrofas “Tristes” como “Ah”… y aquel incomparable poema en seis versos “En el Cementerio”.

Después, van Fabio Fiallo, que está casi todo en su volumen “Primavera sentimental” y algunos rasgos sueltos, “Vibraciones”, “Ave Reina” &; Isabel Amechazurra de Pellerano con tres perlas: “Levántate”, “Estrofas” y “Cartas de mi madre”; y Enrique Henríquez, el poeta erótico de los “Nocturnos” y de la “Epístola a Beatriz” (celebrada por M.A. Machado), que ha sido también poeta civil aunque menos espontáneo, en “La Lira Americana” y “Miserere”.

Si otros poetas vivos deberían citarse aquí, vale dejar a la opinión del ilustrado colector el escoger los más dignos de la antología; pero no quiero pasar sin mención estas composiciones selectas: “La madre del porvenir”, de Emilio Prud´homme; “Te quiero porque sufres”, de Andrejulio R. Aybar; “Salve” de José E. Otero Nolasco, y “Campestre” de Bienvenido S. Nouel.

Resta citar a la juventud novísima, aunque es muy arriesgado juzgarla. Varios en la nueva generación poseen felices cualidades y disposiciones, y el triunfo de Perdomo y Morales en el Certamen de Agosto es significativo.

A mi juicio, los dos adalides de la poesía juvenil dominicana son Valentín Giró y Porfirio Herrera. Este es el más correcto, el más sereno; aquel más variado, más animado, más original. Su “Iba Cristo” se me antoja un rasgo excepcional, a pesar de sus vaguedades.

Por de contado, sería imprudente querer incluir en una Antología las producciones de la juventud que aún no ha definido su personalidad, y podría quedar falsamente representada; y no están faltos de razón los académicos que opinan que sólo a los muertos se puede juzgar definitivamente, pero, si no engañan los entusiasmos, poetas como los dos jóvenes que cito están destinados a figurar, a su debido tiempo, en las antologías”.

Habana, octubre 1904.

2 comentarios:

duarte1 dijo...

LA CAUSA DE LA EMIGRACION MASIVA DE DOMINICANOS HACIA LOS ESTADOS UNIDOS Y EUROPA ES LA LARGA PESADILLA DEL CAPITALISMO EN LA REPUBLICA DOMINICANA.

BREVE HISTORIA DE LA LARGA PESADILLA DEL CAPITALISMO EN LA REPUBLICA DOMINICANA

Las huelgas generales en los periodos de gobierno de Leonel Fernandez y el PLD han hecho temblar a Leonel Fernandez y a la burguesía.

Luis Enrique Barrios

Hace unos meses se desarrolló una huelga general que prácticamente paralizó a la Republica Dominicana, ello como protesta ante las duras medidas implementadas por el gobierno del socialdemócrata Leonel Fernandez. El acatamiento del paro, de acuerdo al Comité de Huelga, fue de un cien por cien en el interior del país y de un 97 por ciento en la capital de esta nación. Tal resultado fue corroborado por los medios informativos locales.

La causa que motivo a las 60 organizaciones obreras, populares y estudiantiles que integran la Coordinadora por la Unidad y Lucha (CUL) durante la asamblea del 15 de octubre a ir a la huelga fue la renovacion de finales de agosto de una cuerdo entre el gobierno dominicano y el FMI para obtener un préstamo de 1.200 millones de dólares (MUSD) Entre otras exigencias, a cambio del préstamo, el acuerdo establece nuevas cargas impositivas y más recortes al gasto publico. Pero dicho convenio sólo fue la gota que derramo el vaso, dado que esto sucede en medio de un contexto económico que se ha trasformado en una insoportable pesadilla para los trabajadores dominicanos y demás sectores oprimidos.

La larga pesadilla del capitalismo

Republica Dominicana, con una población actual aproximada de unos 9 millones, ha sido sometida a una serie de profundas transformaciones económicas con un alto costo para las mayorías. En los años 70 el principal sustento de la economía eran las exportaciones agrícolas, principalmente de azúcar, café, cacao y tabaco. Durante esos años el 70 por ciento de la población recibía sus ingresos de ese tipo de actividades. La caída de los precios internacionales de esos productos más la falta de apoyos gubernamentales provocaron una baja significativa en la actividad del sector, generándose flujos masivos de campesinos desesperados buscando alguna alternativa de vida en las ciudades. Actualmente del total de la población dominicana, sólo el 40 por cuento vive en el campo. Entre este ultimo sector, 750 mil familias son de campesinos sin tierras.
Los efectos de la "Década Perdida" (años 80) que sacudió a toda América Latina, obligó a la burguesía dominicana a abandonar el modelo de sustitución de las importaciones y promover un desarrollo basado principalmente en las exportaciones y en el turismo. Este modelo sería apuntalado, para promover las inversiones foráneas, en el abaratamiento de los salarios, la cancelación de derechos laborales y en una rígida política de ajustes en el gasto del Estado. El gasto social en saludo, de 1980 a 1990, se redujo entre 60 y 70 por ciento, mientras que la educación durante el mismo periodo pasó del 2.1 al 1 por ciento del producto interno bruto (PIB)

De acuerdo a un informe de la dependencia dominicana Comisión Nacional de Seguimiento a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, a finales de los años 80 "... la mitad de la población tenía ingresos por debajo de la línea de la pobreza, el 25% de la misma se encontraba en situación de indigencia. Más del 60% de los dominicanos no tenían acceso a los servicios públicos, además de tener un nivel de desempleo que alcanzó al 25% de la PEA"

Los ajustes impuestos por la burguesía y dictados por el FMI arrojarían sus frutos. Un balance hecho par la misma fuente destaca que "En término de indicadores macro económicos, la economía dominicana ha experimentado una mejora sustancial. De 1991 a 1995 el PBI dominicano a precio de 1970 creció a una tasa de 1.22% y en términos Per Cápita Real tuvo un crecimiento de 1.13%. En junio de 1997 el PBI alcanzó un crecimiento de 6.9%, superando con 0.5 puntos la tasa de crecimiento registrada el año anterior. En este resultado incidió el dinamismo de sectores de comunicación, (16.6%), construcción (16.1%), electricidad y agua (11%), hoteles y restaurantes (9.5%), transporte (8.1%), comercio (7.9%) y manufacturas (5.8)".

Sin embargo, como sucedió en toda América Latina, los logros económicos no significaron prácticamente nada en beneficio de las mayorías dominicanas. Ninguno de sus problemas más importantes fue resuelto, por el contrario los rezagos sociales se profundizaron dada, entre otras cosas, la caída del gasto estatal. Por ejemplo, hoy en día aproximadamente el 60 por ciento de la población no dispone de agua potable, además de que existe un déficit en vivienda de cuando menos un millón de unidades.

Pero las cosas cambiarían a partir del estancamiento de la economía Norteamérica (principal cliente de las mercancías dominicanas y relevante fuente de turistas hacia la caribeña nación) La caída de las exportaciones y el menor dinamismo del sector turístico harían que, de acuerdo a datos de la Banco Central de la República Dominicana, el déficit de la balanza de la cuenta corriente, que en 1999 alcanzo un saldo negativo de 429 MUSD, se incrementara por encima del doble alcanzado los 1 097 MUSD.

Leonel Fernandez y la crisis económica

El Dr. Leonel Fernandez llegó al gobierno, al frente del socialdemócrata Partido de la Liberacion Dominicana (PLD) el 16 de agosto del 2004. Urgido por sacar a la economía de los aprietos optó por el endeudamiento; por medio de esta medida dedicaría cuantiosos recursos a la remodelación de puertos y aeropuertos, embellecer playas, etcétera con el objetivo de favorecer la infraestructura de la industria en las zonas francas y del sector turístico, ambos puntales de la economía dominicana. Tan sólo en el 2005 el 62 por ciento de los préstamos externos fue dedicado a ese tipo de iniciativas.

Sobre esa lógica se ha movido el gobierno del PLD dándose como resultado que, de acuerdo con un informe de septiembre del año en curso del Consejo Monetario Centroamericano, la deuda pasará de tener un peso del 20 al 49 por ciento del PIB. Tan sólo para mediados del 2005 ya se había empleado el 20 por ciento del gasto público en compromisos de pago de deuda.

Pero alguien tenía que pagar el costo de esa política, el FMI antes de prestar exige garantías de pago. Para tal efecto Leonel Fernandez impondría en febrero del 2005 otra reforma fiscal, la cual, entre otras medidas, significó que el IVA aumentará en un 50 por ciento y los combustibles entre 40 y 100 por ciento. Dichas medidas tendrían un efecto fulminante sobre los niveles de vida de las familias trabajadores pues acarrearon con ello una significativa alza de los precios de los productos de primera necesidad. Posteriormente otras tarifas también se incrementaron, entre ellas la del servicio telefónico y eléctrico.

Además, a pesar de que está registrado como obligación del Estado en la Ley de Hidrocarburos, el subsidio para el gas domestico fue eliminada pro la vía de los hechos. La combinación de todos estos elementos hizo que el costo de la vida se encareciera de forma alarmante: tan sólo durante los meses que van de enero a septiembre del 2007 la inflación registro un aumento del 42 por ciento.

Pero los salarios se han mantenido prácticamente estancados y por lo general sólo alcanzan para cubrir el 15 por ciento de las necesidades más elementales de las familias.

A la par de este mal, los dominicanos han tenido que enfrentar un proceso de despidos que se ha intensificado conforme pasan los días: con la intención de rescatar los benéficos los empresarios ya habían empujado al desempleo al 20 por ciento de la PEA. Pero las cosas no pararon ahí, a lo largo del 2006 y los primeros diez meses de 2007 se sumaron a las filas del desempleo otras 130 mil personas. Y se prevé, tal como están las cosas, que en el corto plazo serán despedidos otros 100 mil trabajadores.

El saqueo de República Dominicana

La privatización de la Corporación Dominicana de Electricidad abrió un nuevo cause para la rapiña en contra del pueblo dominicano. Tras esa medida surgieron corporaciones como las trasnacionales Unión Fenosa, de capital español, y la norteamericana AES. Ambas sometieron durante un largo periodo a la especulación y el chantaje a la caribeña nación la cual, en sus distintas regiones, ha tenido que padecer repetidos cortes de suministro eléctrico de hasta 20 horas. El objetivo de estas maniobras era arrodillar al Estado para que acepten sus condiciones y lo lograron: Leonel Fernandez, producto de estas presiones, firmaría un convenio con las trasnacionales de la electricidad en el que acepta un incremento del 20 por ciento a las tarifas, al mismo tiempo que acuerda el pago definitivo del adeudo en suministro del Estado y elimina los subsidios que benefician a los barrios pobres. Ello representó un duro golpe para los trabajadores y demás sectores oprimidos.

Pero el robo en contra de la República nos es la excepción, sino la norma. Al respecto los datos hablan por sí mismo: en el periodo que va de 1995 al 2004 por concepto de Inversión Extranjera Directa entraron al país 3 mil 936.9 MUSD, mientras que durante el mismo tiempo salieron 6 mil 667.7 MUSD en utilidades de transnacionales, pagos de deuda externa, etcétera.

La diplomacia pro imperialista

Pero no sólo su política económica y sus traumáticos efectos sobre las masas oprimidas han hecho de Leonel Fernandez en el ser mas odiado de la nación, otro factor que también ha provocado la rabia entre el pueblo dominicano es el descarado y cínico apoyo que el mandatario ha otorgado a la política militarista e intervencionista del imperialismo yanqui sobre América Latina.

Al hecho de que actualmente se agrega un acuerdo conocido a principios del 2005 y que se firmo en noviembre del año anterior en el que el gobierno dominicano acepta el desplazamiento de 10 mil efectivos del ejército de los EEUU a su territorio con el objetivo de establecer una cabeza de playa que sirva de receptáculo para las tropas imperialistas acantonadas en Puerto Rico. Todo ello como parte de la estrategia de seguridad yanqui "Nuevos Horizontes".


La furia de las masas y el éxito de la huelga general

La combinación de todos estos elementos creó un ambiente explosivo entre las masas dominicanas. Conforme los acontecimientos fueron ensombreciendo más y más el panorama, las muestras de descontento se intensificaron, trasformándose cada vez más cruentas. La reacción del gobierno ante estos actos ha sido bastante similar a la del periodo más oscuro de la dictadura de Trujillo: tan sólo en los primero diez meses del gobierno de Leonel Fernandez el saldo de la represión en contra de los manifestantes ya superaba a los más de 150 muertos.

Pero más que desmoralizar e intimidar, la represión ha servido para fortalecer el odio hacia le mandatario y junto con ello el deseo de lucha de los trabajadores. Un ejemplo de ello fue la movilización que se dirigía al palacio del Congreso Nacional para protestar contra la privatización del seguro social y que fue disuelta a tiros por la policía; la reacción al otro día fue el paro iniciado en todo el sector salud y al que se integraron otros sectores en varias de las principales ciudades y que se extendió hasta que el gobierno cedió en sus planes. Tal acontecimiento representó un importante revés para Leonel Fernandez y una importante fuente de inspiración para las masas oprimidas pues dejo en claro que luchando de forma unificada se puede detener la ofensiva de la burguesía.

No obstante ese resultado, el gobierno mantuvo firmes sus intenciones y en los meses posteriores implemento más ataques y a cada acción de las masas siempre respondió con más represión la cual, además de disolver las manifestaciones con tiros de fúsil, optó por aplicar medidas "preventivas". Una ejemplo de esta política represiva fue la redada del pasado 6 de agosto en las oficinas del la Central Nacional de Transportistas Unificados (CNTU) en el momento que los sindicalistas mantenían una asamblea para definir acciones para protestar contra los altos precios de los combustibles en este pobre pais. El resultado fue de cuando menos tres trabajadores heridos de bala y otros seis arrestados.

El cerco policiaco solamente atizó más el fuego y las cosas llegaron a su límite cuando el presidente firmo a finales de agosto un acuerdo con el FMI para un nuevo préstamo. Esta medida llevó al su máximo la irritación de los dominicanos no sólo porque sabían que ello representaba el que los ajustes económicos se recrudecieran, "el país necesita disciplina" declararía Leonel Fernandez tras la firma del acuerdo, sino por que además dicho préstamo resultó de la necesidad de cubrir el déficit del Banco Central producto de la escandalosa y fraudulenta quiebra de tres bancos privados en el 2003, entre ellos Baniter, la cual dejó un boquete económico de 3 MMUSD ¡El 80 por ciento del gasto público!

Así la cantidad se trasformó en calidad y Leonel Fernandez, tras enfrentar, entre movilizaciones y paros parciales, 350 actos de protestas a lo largo de su gobierno (según algunos estudiosos del tema), se vio enfrentado a una fenomenal huelga general que abarco todo el país. Aunque el presidente hizo todo para evitarla, por ejemplo un día antes de la huelga fueron detenidos 106 dirigentes en diferentes redadas a locales sindicales, sus medidas no fueron suficientes para frenar la furia desbordada del pueblo trabajador dominicano.

La convocatoria, como lo explicamos en un principio, fue todo un éxito. En ella los trabajadores enarbolaron reclamos en contra de la deuda externa, la política del FMI, contra los aumentos a la gasolina, a medicamentos y las tarifas eléctricas. Además de exigir la reestructuración de la industria eléctrica y aumentos de salarios.
La reacción de gobierno ante las manifestaciones de descontento en el transcurso de la huelga general fue la de reprimir al movimiento dejando como resultado 20 muertos, un centenar de heridos y aproximadamente mil encarcelados. La despótica actitud del régimen se fue moderando conforme la jornada del 11 de noviembre transcurría dado la enorme fortaleza demostrado por los trabajadores quines ese día dejaron en claro que en la Republica Dominicana no pasa nada sin su autorización. De hecho bastó la simple amenaza de extender la huelga por otras doce horas más para que el gobierno reaccionara dejando en libertad de manera inmediata a prácticamente todos los detenidos. También otra muestra de temor hacia los trabajadores fue el anuncio del 12 de noviembre en el cual Leonel Fernandez ofreció 100 MUSD de inversión para obra social.

Ante el éxito, y que es una de las lecciones más destacables de esta heroica jornada de lucha del pueblo dominicano, un dirigente declararía que la huelga general "ha fortalecido la confianza del pueblo trabajador en un movimiento social que van en ascenso" Ahora ese es el principal problema que tendrá que enfrentar la burguesía dominicana y el imperialismo yanqui en su afán por seguir saqueando y oprimiendo a los trabajadores de esa nación. Ahora se levanta frente a ellos, la burguesía y el imperialismo, una clase trabajadora que ha comprobado que tan grande y poderosa es. Una clase trabajadora con una moral y confianza tan alta que ni los asesinatos ni las cárceles ha podido detener.

Tras la huelga general, es necesario ir más a fondo.

Menudo problema el que se ha echado a cuestas el arrogante y cínico Leonel Fernandez. Pobre hombre, el 11 de noviembre no sabía ni en donde ocultar la cabeza. El presidente ahora enfrenta un futuro incierto.
La huelga general representa un verdadero cambio en la situación de la lucha de clases en la República Dominicana y al mismo tiempo es un anticipo de luchas más cruentas y de mayor intensidad de las cuales seremos testigos en los próximos meses. La confianza adquirida por los trabajadores por un lado y, por otro, las visibles muestras de enorme debilidad del régimen evidenciadas ese día tendrán un peso relevante en los episodios que están por venir.

La dirección del movimiento, tras la huelga, optó por darle un plazo de 30 días al presidente para que cumpla con sus demandas. Realmente ese es muy poco tiempo para solucionar los enormes problemas de los sectores oprimidos dominicanos, pero nuestra afirmación no es porque pensemos que es necesario ser condescendiente con el presidente y darle un poco más de tiempo, sino por que estamos convencidos de que un año, o dos, o tres, o todos lo que se quieran son insuficientes para que él u otro más brillante solucione los problemas de hambre, miseria y desempleo que padecen los dominicanos. Esto es imposible dentro de los marcos estrechos del capitalismo, máxime cuando se trata de un país atrasado económicamente, saqueado por las transnacionales y bajo el control de una burguesía nacional con fuertes intereses que la unen con el imperialismo.

Considerando esta realidad, y si nos detenemos a reflexionar un poco sobre lo que ello representa en un contexto de crisis de la económica mundial como la que hoy estamos padeciendo y para la cual no se avizora una salida en corto o mediano plazo, podremos llegar a la conclusión de que del gobierno de Leonel Fernandez, y el de cualquier otro régimen que se base en la propiedad privada sobre las palancas fundamentales de la economía, no se puede esperar otra cosa más que ataques a las condiciones de vida y trabajo de la inmensa mayoría del pueblo trabajador dominicano.

El futuro, de seguir la burguesía y el imperialismo imponiendo sus condiciones, es más que negro para las masas dominicanas. Las exportaciones, uno de los pilares de la economía, siguen bajando. Ya en el 2006 los rubros más importantes de este sector reportaron graves retrocesos: textiles, -11.6 por ciento; calzado, -15.6 por ciento y electrónica, -3.4 por ciento. El principal receptor de estas mercancías es el mercado norteamericano, el cual ya encierra importantes dificultades continuar jugando ese papel. Un ejemplo que ilustra claramente lo que estamos afirmando es la baja en el uso de las tarjetas de crédito, la cual para agosto ya había generado una caída en consumo del mercado norteamericano equivalente a 1,3 billones USD (BBC 110803) El desempleo y la incertidumbre están teniendo malos efectos sobre la capacidad de consumo de las masas de ese país.

Por ellos los pistones de la economía dominicana más que reactivarse se seguirán deteriorando, teniendo ello un costo grave para los trabajadores. Esta posibilidad resulta doble si recordamos que un requerimiento del FMI, como lo informo en Consejo Monetario Centroamericano en su reporte de septiembre pasado, consiste en incrementar las tarifas eléctricas en un 60 por ciento. Ellos por si mismo representará un golpe para la industria dado que los costes de producción se elevaran, pero no sólo ello: Leonel Fernandez, para llevar a la práctica con éxito esa exigencia ha dispuesto un recargo del 5 por ciento para las exportaciones. Con esta medida se pretende recaudar unos 3 mil millones de pesos dominicanos para depositarlos en el Banco Central los cuales estarían disponibles exclusivamente para, según dijo el secretario de Finanzas dominicano, Vicente Bengoa, "básicamente para cubrir lo que es el incremento de las tarifas eléctricas" Claro está, el incremento y ese impuesto los patrones trataran de cobrárselo a toda costa a los trabajadores.

Por un programa de clase para los trabajadores dominicanos.

El gobierno de Leonel Fernandez y la burguesía no cederán en sus intenciones, por el contrario la profundización de la crisis económica los forzará a profundizar los ataques. Ante ello es evidente, como ya ha quedado de manifiesto, que las masas reaccionarán y lucharán. Este fenómeno, más temprano que tarde, derivara en confrontaciones entre la burguesía y los trabajadores del campo y la ciudad con dimensiones descomunales en las cuales todo lo que hemos visto en los últimos años de la lucha de clases de la República Dominicana se quedará corto.

Por eso es necesario preparar al movimiento de los trabajadores para lo que se avecina, una primera cuestión es la represión. No se puede confiar en lo más mínimo en el gobierno y la burguesía, en un momento dado intentarán echar mano del terrorismo de Estado para imponer sus condiciones sobre los trabajadores a un nivel semejantes al de la dictadura de Trujillo. Por ello la CUL tiene que llamar a los trabajadores y a la población oprimida en general a formar comités de autodefensa para repeler cualquier tipo de agresión policíaca. Las mas de centena y media de muertos a manos de la policía y los siete compañeros masacrados durante la huelga general son una muestra de hasta donde está dispuesto a llegar el gobierno de Leonel Fernández y el PLD.

Pero otra forma de confrontar a la represión es lanzando una intensa campaña orientada hacia la tropa de la policía y de soldados, explicando pacientemente los nocivos efectos que la política del régimen también han tenido sobre ellos y haciendo llamados a que se unan a que desobedezcan cualquier de orden de los oficiales para disparar en contra de los trabajadores. También en la propaganda habrá que hacer énfasis sobre la necesidad de soldados y policías para luchar por sus derechos democráticos. Es totalmente posible ganar el apoyo de estos sectores de la sociedad para la lucha contra la opresión. Y en la historia reciente de América Latina existen varios ejemplos que lo demuestran: echemos una mirada a los acontecimientos revolucionarios de Ecuador de principios del 2000 y, mas recientemente, de Bolivia. En ambos casos, en los que las masas arrojaron del poder a su respectivo presidente, los soldados desobedecieron las órdenes de sus oficiales y se negaron a disparar contra el pueblo enardecido.

Los acontecimientos que están por venir en Republica Dominicana serán de una magnitud muy singular y amerita detenerse un poco a reflexionar sobre el camino a seguir de cara a armar a la clase trabajadora de una serie de herramientas que le dé certeza al movimiento y que a su vez impida que sea sangrientamente aplastado. Nos referimos al programa de lucha que en nuestra opinión debe ser enarbolado en contra de Leonel Fernandez, la burguesía y el imperialismo.

Como ya explicamos más arriba, todos ellos forma una camarilla de socios que se han enriquecido a costa de la sangre, el sudor y las lagrimas del pueblo trabajador dominicano; y la base sobre la que se sustenta su poder es la propiedad privada sobre los principales medios de vida: las fábricas, los trasportes, la tierra, los bancos, las cadenas comerciales, etcétera. Y el Estado tiene como principal función la de proteger ese régimen de propiedad. Por ello es necesario que la CUL enarbole un programa que llame a luchar por mejores salarios, contra los despidos, por la cancelación de la deuda externa, etcétera, pero que a la vez explique la necesidad de que los trabajadores tomen el poder derrocando al Estado burgués y eliminando la propiedad privada de las principales palancas de la economía para ponerlas bajo el control democrático de obreros y campesinos. Estas dos condiciones son las principales garantías para sacudirse de una vez por toda la opresión y la explotación de la burguesía y el imperialismo sobre el pueblo dominicano.




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H

Angel Valenzuela dijo...

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