lunes, octubre 26, 2009

"Qué es un hecho histórico"



Por: Juan Bosch
(Tomado de Política: teoría y acción, Año 11, No. 129, dic., 1980. En las fotos: Juan Bosch, 2) Bosch acompañado de Diómedes Núñez Polanco, Freddy Beras Goico y José Rafael Lantigua, actual Secretario de Cultura, 3) Portada de "Composición Social Dominicana)


Francis Fukuyama, hijo de japoneses pero nacido en Estados Unidos, escribió hace poco tiempo un artículo que tituló El final de la historia con el cual promovió respuestas generalmente condenatorias de la tesis que exponía bajo ese título porque a juicio de los autores de esas respuestas la historia no tiene ni tendrá fin debido a que el nombre de historia se les da a los relatos de los acontecimientos que son o fueron importantes, aun de aquellos en cuyos orígenes o desarrollo no hayan tenido que ver los seres humanos pero han causado mortandades y destrucciones importantes. Por ejemplo, para los dominicanos el terremoto que destruyó La Vega hace cuatro siglos fue un hecho histórico y debido a que lo fue figura en la historia de nuestro país, pero también lo fue, y sigue siéndolo, la muerte de Ulises Heureaux, acontecimiento en el que la víctima fue sólo una persona, y por cierto una persona que no murió en una batalla ni fue victimado por un grupo de enemigos suyos sino por un hombre, uno nada más, cuyo nombre nadie conocía fuera de Moca, la ciudad donde le tocó a Heureaux morir.

El artículo de Francis Fukuyama no tuvo una acogida buena; de los que lo comentaron, la mayoría opinó que El final de la historia estaba mal concebido y, desde luego, mal titulado, porque mientras haya acontecimientos que tengan importancia para los pobladores de la Tierra habrá hombres y mujeres que los relatarán, y la historia es el relato de un hecho, o de cien hechos, capaces de llamar la atención de los seres humanos, sean éstos muchos, pocos o uno solo. Para esas personas, la historia tendrá fin cuando no aparezca en todo el mundo un ser humano capaz de escribir o contar de palabra los pormenores de un suceso, grande, mediano o minúsculo, que llamara la atención de otra gente.

Los hechos históricos son de índole y categoría muy variados porque perduran en el conocimiento de los hombres sin tomar en cuenta si se trata de actividades positivas o negativas, morales o inmorales. Podemos comparar el caso de la muerte de Ulises Heureaux, conocido sólo de los dominicanos, con el asesinato de Julio César, que no fue un hecho moral ni produjo beneficios para Roma o para lo romanos, y ni siquiera para el autor de esa muerte; sin embargo fue un hecho histórico de categoría mundial porque ha perdurado en el conocimiento de millones y millones de seres humanos a través de varios siglos. Lo mismo puede decirse de los hechos en que participaron en papeles de protagonistas personajes como Jesús, Lutero, Mahoma, Juana de Arco, Napoleón, Bolívar, Washington; acontecimientos como el descubrimiento de América, las revoluciones norteamericana, francesa, rusa; la Primera y la Segunda Guerras Mundiales.

Hay hechos históricos que no tienen la menor relación con sucesos políticos como fueron los que encabezaron Napoleón Bonaparte, Alejandro Magno o Abraham Lincoln. Esos hechos son los descubrimientos científicos como los de Galileo y Newton, o para referirme a casos más cercanos, como los de Pasteur y Fleming, cuyas aportaciones a la Medicina han resultado en la salvación de la vida de millones de seres humanos. Pero también han sido hechos históricos las creaciones de tipo cultural, tanto las literarias como El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha o Cien años de soledad o de esculturas como la Venus de Milo, y de música como el Requiem de Mozart.

Los hechos o acontecimientos históricos se diferencian de los corrientes o usuales en su perdurabilidad, palabra que significa larga duración, y en su caso, perduran durante siglos y siglos en la memoria de la humanidad o de un pueblo, o dicho de otra manera, los hechos históricos son aquellos que no se pierden en el olvido de las generaciones que han heredado su conocimiento.

Hay casos en que no se sabe quiénes hicieron tal obra, y se trata de obras que fueron ejecutadas en tiempos tan lejanos como el que corresponde a la prehistoria, es decir, a los tiempos en que no podía haber historia porque no se conocía la manera de transmitir a generaciones humanas futuras la descripción de los hechos que iban sucediendo. Por esa razón se llama prehistoria a la suma de los acontecimientos que sucedieron en el mundo antes de que los seres humanos pudieran elaborar documentos históricos, esto es, documentos en los que se describieron acontecimientos importantes que habían sido escritos por personas que participaron en ellos o que los conocieron en todos sus aspectos.

Tomando en cuenta que los primeros homínidos o grupos ancestrales de la familia biológica del hombre actual datan de una época cuya edad se remonta a los cuatro o cinco millones de años, podemos afirmar que la prehistoria duró varios millones de años. Según las autoridades de la materia el paleolítico fue la primera época, no de la historia sino de la prehistoria, y duró por lo menos un millón de años, y al paleolítico le siguió el mesolítico (que va de los 12 mil a los 10 mil años antes de Cristo). Del paleolítico se dice que lo más lejos que llegó el hombre en esa etapa de la prehistoria fue a dominar el simple tallado de la piedra, como lo hacían los indios arcaicos (pretaínos) de nuestra isla que percutiendo y presionando piedras unas contra otras construían rústicos instrumentos que utilizaban para variados fines.

Si es cierto que los indígenas del paleolítico de Quisqueya (3 mil a 4 mil años antes de Cristo) estaban tan atrasados, en lo que hoy es la provincia española de Santander se desarrolló desde mucho tiempo atrás la cultura magdaleniense (35 mil a 20 mil años antes de nuestra era), que dejó en las paredes de piedra de las cuevas de Altamira nada menos que 150 pinturas de animales, algunas de hasta 162 metros cuadrados, todas hechas con colores rojo, negro y violeta, y necesariamente, los que hicieron esas pinturas tuvieron que crear el material pictórico y algo parecido a las brochas que se usan en la actividad de pintar, y además debieron hacer algo parecido a escaleras o tuvieron que picar las paredes de las cuevas para subir hasta los sitios donde harían las pinturas.

A pesar de lo que acaba de leer el lector, las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira ni ninguna hecha en su época es o ha sido hecho histórico. Para que alcance la categoría de histórico un hecho o acontecimiento tiene que ser conocido universal o nacionalmente, lo cual no significa que debe ser aprobado en todo el mundo, en una gran parte del mundo o en el país donde se produjo. Los hechos que produjo Napoleón Bonaparte fueron aprobados por sus partidarios y rechazados por sus adversarios y enemigos, pero el conjunto de esos hechos fueron históricos y siguen siéndolo, porque jugaron un papel de suma importancia en la historia de Francia y en la de muchos otros países.

Ahora bien, el personaje que ejecuta hechos históricos se convierte en una figura histórica. Ese es el caso de Juan Pablo Duarte, que no participó en ninguna de las batallas que se llevaron a cabo para fundar el Estado que él bautizó de antemano con el nombre de República Dominicana, y sin embargo otros que dedicaron la mayor parte de su vida a hacer la guerra, como sucedió en los casos de Demetrio Rodríguez y Desiderio Arias, para mencionar sólo dos, no llegaron a ser personajes históricos a pesar de que algunos de ellos fueron agasajados con música y letra de merengues.

En cuanto a Francis Fukuyama y su artículo El final de la historia no creo que sea necesario refutar lo que dijo. El hombre tiene memoria y sin ella la vida humana sería muy diferente de lo que es. Para el conjunto llamado humanidad su memoria es la historia, y la necesita a tal extremo que la inventa en el género literario llamado novela, y Francis Fukuyama no es historiador pero tampoco es novelista. Santo Domingo, D. N. 5 de septiembre de 1990.


lunes, octubre 19, 2009

EL PROFESOR JUAN BOSCH HABLA SOBRE LA HISTORIA Y EL HISTORIADOR




"Palabras acerca de la historia y el historiador". Por Juan Bosch. (Tomado de: Política: teoría y acción, Año 11, No. 129, diciembre 1990).

"Aunque el diccionario de la Real Academia de la Lengua diga que la historia es la “Narración y exposición verdadera de los acontecimientos pasados y cosas memorables”, y agregue que “En sentido absoluto se toma por la relación de los sucesos públicos y políticos de los pueblos: pero también se da ese nombre a la de sucesos, hechos o manifestaciones de la actividad humana de cualquiera otra clase”, lo cierto es que la historia es una actividad demasiado importante y compleja y a causa de su importancia y su complejidad no puede ser descrita de manera tan escueta como lo hace ese libro.

La historia no es nada más una narración o relato de lo que ha sucedido en tiempos lejanos o cercanos. La historia es la memoria de los pueblos expuesta en palabras e imágenes, y las imágenes pueden ser estatuas, cuadros de pintores, fotografías, pero también palabras expuestas en escrituras y actualmente grabadas con cintas sonoras; es mas, a veces la historia se manifiesta a través de ruinas que permanecieron ignoradas miles de años.

La historia es obra de los seres humanos entre los cuales unos cuantos pasan a ser personajes históricos, y un personaje histórico puede ser hombre o mujer, ambos guerreros, como Napoleón Bonaparte o Juana de Arco, o un intelectual como Carlos Marx, que nunca desempeñó cargos públicos. Para definir qué significan las palabras personaje histórico debe decirse que lo es todo aquel que para bien o para mal ha influido en el curso de la historia de su pueblo o de otros pueblos llevando a cabo hechos materiales, intelectuales, artísticos, militares, políticos, que de alguna manera son importantes en su país o en aquel que fue escenario de su actuación. Por ejemplo, Simón Bolívar fue un personaje histórico debido a todo lo que hizo en los varios millones de kilómetros cuadrados que ocupan Venezuela, Colombia, Panamá, Ecuador, Perú y Bolívia, y Máximo Gómez es un personaje histórico por el papel que jugó en las dos guerras de independencia que llevó a cabo el pueblo cubano.

Es bueno aclarar que unja cosa es la historia y otra es el historiador. En nuestro país se tiene por historiador el que relata por escrito hechos históricos, y el solo hecho de relatar lo que sucedió no le confiere al relator categoría de historiador. En este aspecto el diccionario de la Real Academia dice la verdad cuando explica que la historia es “narración y exposición verdadera de los acontecimientos pasados y cosas memorables”, y aunque las palabras exposición verdadera demandaban mayor claridad y por tanto más palabras, lo cierto es que el historiador debe estar seguro de que lo que dice es lo cierto, no lo que sea dicho por tradición como ocurre tantas veces según podemos ver en el caso de la historia dominica. Por ejemplo, en nuestra historia se afirma que la batalla de Palo Hincado fue ganada por Juan Sánchez Ramírez pero un estudio de lo que escribieron acerca de ese hecho personas que participaron en él conduce a la afirmación de que quien ganó la batalla fue Tomás Ramírez Carvajal, tal como quedó dicho por mi en el articulo titulado Palo Hincado: Una batalla decisiva publicado en el numero 79 de la revista Política: Teoría y Acción. Santo Domingo, 15 de agosto, 1988".

domingo, julio 05, 2009

Los Hombres Ranas en la Revolución de Abril

Por :Hugo Antonio Ysalguez

(Tomado de historiadominicana.com.do)

LOS HOMBRES RANAS CONTRA LOS YANQUIS EN 1965: Había estallado la revolución del 24 de abril de 1965. Un militar que más tarde tendría un papel estelar en aquel acontecimiento, almorzaba en un restaurante de la Avenida George Washington. Era el coronel Ramón Manuel Montés Arache, jefe del Cuerpo de Hombres Ranas de la Marina de Guerra Dominicana. El militar encamina sus pasos hacia la jefatura del Estado Mayor de la Marina de Guerra a recabar informes sobre lo que estaba aconteciendo en Santo Domingo y se le dice lo siguiente: Un grupo de oficiales ha hecho preso al jefe de Estado Mayor del Ejército e impera una situación anormal.
Se decreta el acuartelamiento de todo el personal de la Marina de Guerra. Al día siguiente el comodoro Francisco Javier Rivera Caminero ordenó al Coronel Montes Arache que se reportara a la base naval de las Calderas.

-Esa fue una medida antojadiza de Rivera Caminero porque en ese momento yo era jefe de artillería y defensa de costas. Esa medida de Rivera Caminero fue lo que me impulsó a unirme al bando constitucionalista y allí encuentro a mi amigo Caamaño y a un sinnúmero de hombres más que todos conocen-, confiesa Montes Arache.

Y agrega:
-Comunico mi decisión por la vía telefónica a Rivera Caminero. Le digo que dejaba de recibir órdenes de él por encontrarme en el sector de los llamados rebeldes.
Montes Arache se unió al movimiento solo. Ningún hombre rana lo siguió en el momento. El personal que dirigía Montes Arache tenía a su cargo la seguridad de la jefatura de Estado Mayor de la Marina.
-A mí me resulta fácil cualquier acción contra la seguridad de dicha instalación porque mis hombres estaban allí.
Al parecer, para cuidarse de cualquier tentativa de los hombres ranas que hacían guardia en la jefatura, éstos fueron envidos a altar mar en el buque BA-100-4.

El alto oficial dice:

-Esa misma tarde, los sargentos Quezada, Ureña, Santiago y Villanueva deciden hacerse cargo de la situación del buque y apresan a la tripulación. Los hombres ranas de alta mar coinciden en unirse a su jefe que estaba en el lado constitucionalista. Hicieron entrar a puerto al buque y desembarcaron por el muelle. Los reclutas que habían sido apresados fueron libertados.
Y añade:-Una parte de la dotación que estaba de puesto en Sans Souci se unió a los otros compañeros atravesando el río Ozama a nado. El domingo a las ocho de la noche me encontré con la grata sorpresa de que todo el personal había dicho presente ante su comandante.
-Montes Arache insiste en afirmar que “fueron rencillas personales con Rivera Caminero lo que hizo que yo me pasara al lado de los constitucionalista.”
El alto militar siguió narrando:

-Luego que tenía todos los hombres ranas- un total de 46- me encontré con Caamaño y éste me explicó que los militares alzados querían hacer presión al Triunvirato para reponer en el poder al profesor Juan Bosch, derrocado en el año 1963.
El líder militar dice que el 25 de abril se movilizó mucho personal y tropas en forma desorganizada.

“El único grupo que tenía cohesión y dirección era los hombres ranas”, dice.
“Nosotros constituimos el núcleo principal de combate”, indicó.
Los hombres ranas, expertos en asuntos militares, ayudaron a la formación de comandos civiles.
Al hablar de los combates de los hombres ranas en la guerra de abril, Montes Arache expresa:
-El primer enfrentamiento nuestro fue cuando el desalojo de la Voz Dominicana que fue tomada por nosotros en una acción rápida. No hubo qué hacer. El 26 de Abril realizamos escaramuzas contra todos los recintos policiales que se habían opuesto al sector constitucionalista, operación que terminó con el resultado de que el único recinto en la ciudad que no fue tomado fue el Palacio de la Policía.

El oficial continuó diciendo:
-El 27 de abril las tropas de Wessin lanzan, en la noche, un ataque con 40 tanques y muchos militares. Allí es cuando se pone de manifiesto la capacidad de combate y entrenamiento de los hombres ranas. Un total de 14 tanques fueron capturados y otros tantos fueron destruidos, sufriendo las tropas del CEFA numerosas bajas.

El día 28 de abril llegaron los invasores norteamericanos y Montes Arache comienza a contar qué pasó en esos días:

-El día 29 de abril los norteamericanos establecieron el cordón de seguridad. Tuvimos un enfrentamiento con un grupo de soldados americanos y muere el primer teniente yanqui Ralph Brown. Este combate ocurrió frente a la Compañía Dominicana de Teléfonos. Los demás invasores fueron detenidos y desarmados. En este comando se capturó al primer vehículo norteamericano y las primeras armas de esta invasión. Esas armas se encuentran en un lugar del territorio nacional para ser entregadas en su momento oportuno al Museo de Historia. Los invasores temían mucho a los hombres ranas, que vestían de negro traje de entrenamiento y para salidas de noche. Debido al éxito que los hombres ranas tuvieron en combate, una gran cantidad de combatientes usaron el uniforme negro.

“Por eso los norteamericanos veían hombres ranas por doquier y tomaban muchas precauciones cuando notaban la presencia de un hombre vestido de negro”, dice Montes Arache.
La pericia de los hombres ranas quedó demostrada cuando le quitaban a los americanos ametralladoras calibre 50 y otros pertrechos militares sin disparar ni un solo tiro.
Todas las mañanas, el coronel Montes Arache se vestía con la ropa kaki de militar e inspeccionaba los puestos de control de los norteamericanos.
Los yanquis me hacían el saludo correspondiente al rango de coronel de Marina de Guerra, afirma.

Y dijo:
-En una ocasión Francis Caamaño me llegó a prohibir que visitara los puestos de controles. Yo le dije a Caamaño que no podía prohibirme visitar la zona que bordeaba el llamado cordón de seguridad.
“Todas las mañanas, yo inspeccionaba las líneas de avanzada”, repitió.
Según Montes Arache, ningún hombre rana murió en combate. Uno murió en un accidente y 12 fueron asesinados a mansalva.
Durante la guerra, Montes Arache recibió un balazo en una mano cuando fue a imponer el orden en la parte alta de la ciudad donde una turba estaba saqueando en un establecimiento comercial.
“Recibí un golpetazo en la mano y luego me di cuenta que estaba herido de bala. De inmediato no pude curarme el dedo, el cual se me infectó. Recuerdo que el médico que me atendió dijo: Póngase duro, que aquí no hay anestesia”.

Al hablar de los momentos en que se vio cerca de la muerte, el alto oficial relató:
-Unos de esos momentos fue cuando el asalto al puente Duarte. Dos hombres que estaban detrás de mí cayeron abatidos con balazos en la cabeza. Uno de ellos era el teniente Bisonó. También una noche en que inspeccionaba las líneas norteamericanas nos emboscó un grupo de alrededor de 100 hombres. Nosotros éramos siete y pudimos salir del cerco con vida. Logramos evadir el cerco y pasar nuevamente a la zona constitucionalista sin una baja.

COMO NACIÓ EL CUERPO DE HOMBRES RANAS Y COMO DESAPARECIÓ

La creación de la Escuela de Comando de Hombres Ranas fue a fines del año 1957. Fue creada por disposición del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina. Se trataba de crear un grupo de hombres especializados, los cuales deberían reunir las siguientes condiciones.

1.- Saboteadores de instalaciones civiles y militares;2.- Técnicos en explosivos;3.- Técnicos en comunicación;4.- Técnicos en demolición;5.- Paracaidistas;6.- Expertos en el manejo de todo tipo de armas y conocimiento y manejo de todos vehículos motorizados.
Además tenían que tener conocimiento básico de la formación del soldado de guerrilla y contra guerrilla.

Como jefe de la Escuela fue designado el capitán de navío Oscar Enrique Miguel Jacobo, quien a los tres meses solicita su traslado y es designado el entonces primer teniente Ramón Manuel Montes Arache.

Uno de los motivos que impulsaron a Trujillo a crear la Escuela de hombres Ranas fue su interés en atacar las instalaciones petroleras del Lago Maracaibo de Venezuela.
Era conocida la enemistad entre Trujillo y Rómulo Betancourt, quien era presidente del país suramericano.

Trujillo quería asestar un golpe a la economía venezolana a través del Cuerpo de Hombres Ranas.
El Comando de Hombres Ranas desapareció en el año 1966 luego del fracaso de la reintegración a los cuarteles de los militares constitucionalistas. De los hombres ranas sólo queda Montes Arache, un coronel activo, pero sin funciones militares.

sábado, marzo 07, 2009

Mariano Hernández: el fotógrafo del carnaval dominicano


De acuerdo con el sociólogo Dagoberto Tejeda, posiblemente el intelectual que más conocimiento tiene en la República Dominicana sobre la cultura dominicana y en especial acerca del carnaval, las raíces de ese fenómeno cultural se remontan al siglo xvi, en la ciudad de Santo Domingo: “Este carnaval colonial de carnestolendas que terminaba a el martes antes del miércoles de ceniza, se convirtió en un carnaval de contenido patriótico con la llegada de la Independencia Nacional y con la Restauración de la República”, dice Dagoberto.

Con el tiempo el carnaval, en el que satíricamente el diablo es el personaje principal (que va tomando diferentes nombres dependiendo del lugar donde se realiza: diablo cojuelo, cachúa, macaraos, lechones, toros, avechisas, los negros, tifuá y la mascaras del diablo, entre otros), se transformó con el surgimiento de los barrios de Villa Francisca, Villa Juana y Borojol, y se hizo popular. (Para más información sobre el Carnaval dominicano, véase: Dagoberto Tejeda, Atlas folklórico de la República Dominicana. Santo Domingo, Santillana, 2003, pp.98-115). Leer artículo completo...

domingo, marzo 01, 2009

"LA OTRA HISTORIA DOMINICANA" DE FRANK MOYA PONS


Por: Alejandro Paulino Ramos

Frank Moya Pons puso recientemente en circulación La Otra Historia dominicana (Santo Domingo, Librería La Trinitaria, 2008), su segunda obra en ese año, pues hace muy poco también fue publicada Historia del Caribe: azúcar y plantaciones en el Mundo Atlántico.

La producción historiográfica de Moya Pons, quien nació en La Vega en 1944, se inició hace treinta y siete años, aunque su interés por la historia venía desde los tiempos en que era adolescente. Cuando no había cumplido los 19 años escribió en su pequeño periódico Cultura (1962), sobre el papel de la historia en nuestra sociedad: "Estamos en la creencia de que no hay mejor maestra para los pueblos que la historia misma. Ella nos enseña lo que debemos hacer y lo que deberemos no hacer en el futuro. Los pueblos no deben olvidar jamás sus errores; los errores son los que nos indican el camino contrario a ellos, que es la verdad". LEER EL ARTÍCULO COMPLETO....

sábado, febrero 07, 2009

NUEVA REVISTA HISTORIA DOMINICANA













Fotografías en orden descendente: 1) Parte del público en el acto de lanzamiento de la página web, 2) Alejandro Paulino, director de la revista, cuando daba las gracias a los participantes en el acto, 3) Los jóvenes del comité de apoyo, compañeros de la Hemeroteca del Archivo General de la Nación, 4) Los historiadores Dr. Moreta Castillo, Salvador Alfaú, Alejandro Paulino, Frank Moya Pons, y el doctor Antonio Mena, presentes en el acto, 5) Eddy Sánchez, maestro de la percusión, y su compañero interpretarón música indígena y africana, 6) Roberto Cassá y José Chez Chcco, ex-presidentes de la Academia Dominicana de la Historia, presentes en el acto, 7) La joven Lillibel, excelente maestra de ceremonia, 8) El diseñador de la página Juan Manuel Verges acompañado del director, en el balcón de la Academia, 9) Los historiadores Sonia Medina, José Chez Checo, Miguel Decamps y otros participantes en el encuentro educativo, 10) El doctor Emilio Cordero Michel, presidente de la Academia Dominicana de la Historia, dio inicio al encuentro presentando al Maestro Alejandro Paulino.
INVITAMOS A CONOCER LA NUEVA REVISTA DE HISTORIA DOMINICANA

Por: Alejandro Paulino Ramos

El 3 de febrero del 2009, exactamente a las 7:30 de la noche, hubo un parto que había esperado por más de nueve meses. El “hospital” lo fue la Academia Dominicana de la Historia, su progenitor Alejandro Paulino Ramos, y la criatura recién nacida: www.historiadominicana.com.do, un nuevo espacio para los amantes de la historia nacional, especialmente estudiantes del nivel medio y universitarios, así como los investigadores, historiadores y profesores de historia de los diferentes centros académicos y todos los que desde ultramar dan seguimiento al pasado de la Isla de Santo Domingo.

Bajo la dirección del profesor Alejandro Paulino Ramos, historiador egresado de la Escuela de Historia y Antropología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Historia, la nueva publicación digital tiene como objetivo acercar a los visitantes de la página a los temas más interesantes relacionados con el pasado del pueblo dominicano: acontecimientos, cultura, biografías, batallas, guerras, conflictos fronterizos, ideologías, colonialismo, independencia, inmigración, éxodos, invasiones, luchas, soberanía, libertad, dictadura, y todos los temas que ayuden a la formación de una conciencia crítica y consoliden la dominicanidad.

Con ocho secciones: 1) historia, 2) historiadores, 3) biografías, 4)imágenes, 5) cultura, 6) temas y 7) ediciones, cada una está dividida por otros aspectos históricos, o veinticinco categorías, en las que los visitantes de esta variada revista tendrán la oportunidad de acercarse a la historia dominicana.

Las raíces de este proyecto educativo, guarda relación con el nacimiento y desarrollo, durante dos años, con otras publicaciones digitales que también estuvieron bajo la dirección de Alejandro Paulino: www.historiadominicana.blogspot.com, www.historiadoresdominicanos.blogspot.com, y www.fotoshistoria.blogspot.com, en las que aparecían fundamentalmente los trabajos de su creador. En esta ocasión, y con este nuevo proyecto que estamos presentando, la tendencia es a la democratización de la página, pues ahora ella está totalmente abierta a todos los historiadores, profesores, investigadores y especialistas que quieran aportar a la historia dominicana, sin importar posiciones políticas, económicas o ideológicas.

Los blogs que aparecen más arriba no desaparecerán, mantendremos el contacto con nuestros lectores, sólo que ahora todos se beneficiarán por la variedad y profundidad de los temas, tratados por un amplio grupo de colaboradores permanentes e invitados.

Ahora los invitamos a que ingresen a
www.historiadominicana.com.do, y comencemos a caminar por el pasado y la cultura del pueblo dominicano: aquí estamos, !! Ingresemos ahora…..!!

viernes, febrero 06, 2009

MANOLO TAVÁREZ JUSTO


Por : Edwin Disla


Premio Nacional de Literatura, 2008


Manolo y su tiempo 1931, 2 de enero: nace Manuel Aurelio Tavárez Justo en la casa de sus abuelos paternos, al lado de la casa materna, ubicada en la calle Santiago Rodríguez número 55 de Montecristi. Sus estudios primarios y parte de los secundarios los realizó en la Escuela de Varones Número Uno, llamada después Honduras. En esta escuela le dio clases en el octavo curso, la distinguida maestra, Mariana “Manona” Aguilera. Manolo estudió en Honduras hasta el segundo de bachillerato. Su sensibilidad social y política tomó cuerpo desde la niñez por los relatos familiares sobre las luchas de los nacionalistas en 1916 contra la primera invasión norteamericana, la cual le abriría las puertas a la dictadura de Trujillo, instaurada en 1930.1945-1947 Domingo Peña Castillo “La Cuca”, lo ingresa a La Legión Azul, que era una organización fundada en 1922 en Montecristi, con el fin de que los jóvenes aprendieran a amar la libertad y en nombre de ella se unieran para defenderse contra la incierta realidad del medio social. Gracias a La Legión, Manolo solidifica su inherente valor personal y su disposición de pasar a la acción.


Posteriormente haría que La Cuca sumara La Legión a la resistencia. El padre de Manolo, don Manuel Francisco Tavárez Ramos, debido a la rebeldía que estaba adquiriendo su hijo, quien ya había dado muestras antitrujillistas, lo manda a terminar el bachillerato a la capital, en la Escuela Normal de Varones. Vive entonces en la casa de su tía, Isabelita Justo. Ese año se organiza en Cayo Confites, islote de Cuba, una expedición armada financiada por Juancito Rodríguez contra la dictadura. En la expedición participan Juan Bosch, Fidel Castro, Dato Pagan, Pedro Mir y Chito Henríquez. Ellos no pudieron arribar al país porque Trujillo compró al jefe del ejército cubano, general Genovevo Pérez, quien detuvo la embarcación en el mar. En la capital, Manolo conoce a su condiscípulo, Leo Nanita.


MANUEL MORA SERRANO Y SU ULTIIMO LIBRO


Manuel Mora Serrano y la historia de su pueblo: “Revelaciones de Pimentel”

Por: Alejandro Paulino Ramos

En agosto del 2008 Manuel (Manolito) Mora Serrano puso en circulación su obra histórica sobre la comunidad de Pimentel, su fabuloso “Barbero”, recostado sobre los rieles y la estación del ferrocarril, que en sus años más gloriosos fue localidad cosmopolita en la que vivieron “italianos, árabes, un inglés, varias isleñas de cocolandia, muchos boricuas, españoles, mallorquines, cubanos, haitianos y gentes venidas de todas la geografía nacional”.

Posiblemente a Manolito no le interesa que digan que su obra “Revelaciones de Pimentel” (Santo Domingo, Editora Búho, 2008), cuenta la historia de aquella pujante villa cibaeña, que una vez visitó Eugenio María de Hostos y fue residencia de importantes personalidades, poetas y escritores de la República, pero al examinarla vemos que van apareciendo en cada una de sus páginas los símbolos de una comunidad que se resiste a perderse en la memoria y que Mora Serrano con la frescura de quien escribe con dominio absoluto del lenguaje y de la narración nos lleva de las manos y nos presenta a los muertos y a los vivos, a los que emigraron en busca de mejor suerte o se quedaron esperando la llegada de mejores días, a los humildes del pueblo, los comercios, el polvo, el lodo y el rugido del tren cuando salía o se acercaba a la estación, como símbolo que fue de la prosperidad.
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viernes, enero 02, 2009


PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA Y LAS PRIMERAS
ANTOLOGÍAS POÉTICAS DOMINICANAS

Por : Alejandro Paulino Ramos

En Pasado por Agua, sección aparecida en Vetas número 87 (véase también, http://www.vetasdigital.com/), publicamos un documento oficial relativo a la formación de una antología para ser incluida, por la Real Academia de la Lengua Española, en la Antología de Poesía Hispanoamericana. Más recientemente encontramos un texto de Pedro Henríquez Ureña en que se refiere a ella, aclarando que no se le puede considerar la primera, pues antes se había publicado en 1874 el libro La Lira de Quisqueya, de José Castellanos, el primer intento para recopilar y presentar la producción de los más importantes poetas de la República Dominicana:

“Se ensayó a hacerla, sin éxito, dos veces—dice Pedro Henríquez Ureña en su escrito Sobre la Antología publicado en la revista La Cuna de América, en 1904—una por Don José Castellanos en 1874 con su colección de La Lira de Quisqueya, que pecó por una falta absoluta y tremenda de selección; otra, en 1892, cuando la Academia Española propuso la Antología de Poetas Hispano-Americanos, que no dio resultado respecto de Santo Domingo porque se compuso exclusivamente de versos de autores muertos, y entonces aún vivían todos los mejores poetas dominicanos”.

El argumento a nuestro entender errado, para rechazar las antologías de 1874 y 1892 estaba sustentado en que los poemas que aparecen en la “Reseña histórico-critica de la poesía en Santo Domingo” eran de “autores muertos”, cuando en realidad una parte importante de los que aparecen en ella estaban todavía vivos, como son, por ejemplo, Salomé Ureña, Don Federico Henríquez y Carvajal, Enrique Henríquez y Arturo B. Pellerano. En La Lira de Quisqueya también muchos de los que aparecen estaban vivos al publicarse la obra. Posiblemente el interés de Pedro Henríquez Ureña radicaba en que se publicara otra antología que recogiera a los escritores de finales del siglo XIX y principio del XX, especialmente a los que no aparecen en las antologías anteriores.

Pedro Henríquez Ureña escribió su artículo “Sobre la Antología” en 1904, para anunciar la que en ese momento estaba preparando el historiador Américo Lugo, y que parece no llegó a publicarse. Por lo menos en 1906 todavía no se había impreso y el propio Lugo anuncia que “está en preparación la Antología de Poetas Dominicanos”; pero revisando las diferentes antologías que recogen los libros del historiador, ella no aparece reseñada ni citada, por lo que creemos no llegó a concretizarse.

En 1906 Américo Lugo publicó una obra que tituló “Bibliografía”, en la que incluye su interesante ensayo “Notas sobre nuestro movimiento literario”, y emite juicios críticos sobre los más importantes escritores muertos: Unos “cuantos escritores yacen, sin embargo, en nuestro panteón literario, sobre cuyos labios inspirados jamás tendrá completa jurisdicción la muerte”. También tocó la producción de los poetas contemporáneos a él y separó las generaciones en dos: los anteriores y posteriores a 1880, estos últimos influenciados por Hostos y la Escuela Normal.

En cuanto a José Castellanos y su “Lira de Quisqueya”, la que Henríquez Ureña considera antología fallida, su obra impresa en 1874 consta de 328 páginas en las que aparecen las notas biográficas-literarias de los 17 poetas y 2 poetisas, además de sus mejores poesías: Manuel María Valencia, Javier Angulo Guridi, Félix María Del Monte, Nicolás Ureña, Félix Mota, José María González, Josefa A. Perdomo, Manuel de Jesús de Peña, José Francisco Pichardo, Manuel Rodríguez Objío, José Francisco Pellerano, José Joaquín Pérez, Miguel Román y Rodríguez, Manuel de Jesús Rodríguez, Federico Henríquez y Carvajal, Juan Isidro Ortea, Salome Ureña, Francisco Javier Machado y Apolinar Tejera.

Los señalamientos críticos sobre las primeras antologías de la poesía dominicana, hechos por Henríquez Ureña, resultan de interés para la historia de la literatura dominicana de principio de siglo XX. Su aporte, enviado desde La Habana, Cuba, en octubre de 1904, fue publicado en la revista dominicana La Cuna de América número 73, del 20 de noviembre del mismo año. Invitamos a su lectura:

“SOBRE LA ANTOLOGÍA”


Por: Pedro Henríquez Ureña

Revista “La Cuna de América”, Santo Domingo,
Año II, número 73, 20 de noviembre de 1904.

“Hace poco anunció “La Cuna de América” que el celebrado escritor Américo Lugo tiene en preparación una Antología de poetas dominicanos, obra que podría ser útil como ninguna a las letras patrias, pero que hasta ahora no se ha realizado en buena forma.

Se ensayó a hacerla, sin éxito, dos veces: una por Don José Castellanos en 18784 con su colección “La Lira de Quisqueya”, que pecó por una falta absoluta y tremenda de selección; otra, en 1892, cuando la Academia Española propuso la Antología de Poetas Hispano-Americanos, que no dio resultado respecto de Santo Domingo porque se compuso exclusivamente de versos de autores muertos, y entonces aún vivían todos los mejores poetas dominicanos.

Así, la antología dominicana está aún por hacerse. Y es, sin embargo, el área donde deben guardarse las joyas de nuestro parnaso. Una colección de autores nacionales sería ponderosa e inútil, pues con excepciones contadas y conocidas, nuestros poetas, sobre todo los viejos, solamente han producido, cada uno, tres o cuatro composiciones selectas, que, por otro lado, sería lastima perder.

Por esto, la Antología dominicana exige de su colector un gusto refinado y certero, y un don de selección escrupulosa y justa. Pero precisamente el colector actual, el Lcdo. Lugo, es el prosista más brillante de nuestra juventud y una de nuestras más vigorosas intelectualidades.

De toda la poesía escrita en Santo Domingo desde su colonización, solamente cabe en una Antología alguna de la escrita a partir del siglo xix. Antes, sobre todo en los primeros días de la colonia, hicieron allí versos españoles y nativos, y por cierto figura entre ellos la más antigua de las poetisas americanas, la monja Doña Leonor de Ovando; pero esos versos sólo pueden conservarse a titulo de curiosidad.

El primer poeta dominicano digno de tal nombre es Francisco Muñoz Delmonte, tenido generalmente por cubano y devuelto a nuestro parnaso por Menéndez Pelayo.

Es discutible la legitimidad de esa devolución, porque si Muñoz Delmonte solía recordar (Mi cumpleaños) que había nacido a orillas del Yaque, aún con mayor insistencia llamaba a Cuba su Patria. De todos modos, en una Antología genuinamente dominicana no hace falta, porque su poesía no se relaciona con la vida de nuestro país.

Los primeros ensayos serios, pero aún muy pobres, de poesía dominicana, los hicieron Núñez de Cáceres con su Oda a los vencedores de Palo Hincado, luego Manuel J. Delmonte y Manuel M. Valencia, a quienes sigue, al fundarse la República, la generación que preside Félix Maria Delmonte y en la cual forman Javier y Alejandro Angulo Guridi, Félix Mota, Felipe Dávila Fernández de Castro, José Maria González, Nicolás Ureña de Mendoza y Encarnación Echavarría de Delmonte.

Harto difícil es escoger lo que debe conservarse entre las producciones de esta generación. Si se procede con un criterio como el del escritor hostosiano, que recientemente quiso reducir a cincuenta el numero de grandes obras poéticas de los Estados Unidos; si se emplea el mismo rigor de Menéndez Pelayo, que no incluyó en la Antología Americana versos de ninguno de esta generación (el único poeta dominicano admitido fue Muñoz Delmonte), hay que desecharlos a todos con la posible excepción del que cito como jefe intelectual, que aún vivía cuando juzgó a los otros el docto académico.

Pero sí, perdonando los defectos debidos a la pobreza del medio en esa época, se estima conveniente conservar lo mejor de estos versificadores, es aún muy difícil la selección. A la distancia, hoy nos parecen todos demasiado fríos e incorrectos. Por ejemplo, entre el mar de versos líricos y dramáticos de Javier Angulo Guridi, solo rememoro como selectos algunos pasajes vibrantes del poema “Iguaniona”, otros de su oda “Al grande arquitecto del universo”, y aquella estrofa celebre de “A la vista de Santo Domingo” que principia: “Quien te dijera, Grecia, que algún día...”

De Félix Mota, a quien injustamente pone Menéndez Pelayo por encima de Angulo Guridi, puede someterse a juicio “La Virgen de Ozama”, en sáficos métricamente correctos pero algo incoherentes.

Y pasando por alto a los demás, creo que merecen conservarse el soneto “A mi patria” de Encarnación Echavarría de Delmonte, y “Un guajiro predilecto”, de Nicolás Ureña, consagrado por el voto popular.

Desde luego, debe tratarse especialmente a Félix Maria Delmonte. Ahí están sus versos políticos: el soneto “A Santana”, la “Despedida”, el soneto “A mi patria”, a mi juicio inferior al de su esposa, pero citada por Pepe Candido como uno de los mejores ejemplares de poesía nacional, “El arpa del proscrito”, muy vigorosa, si algo afeada por la repetición de la invectiva y del nombre propio. En otros géneros, quedan a opción la “Dolora”, muy delicada, el apólogo “La tórtola”, y sus versos eróticos publicados en los Lunes del Listín poco antes de su muerte: dos sonetos, y unas octavas que principian: “Tú que en los sueños de mi edad primera…”

La generación siguiente, la de Meriño, Galván y Tejera produjo más y mejores prosistas que poetas. Los cuatro más conocidos por sus versos son Josefa Antonia Perdomo, Manuel Rodríguez Objío, José Francisco Pichardo, y Manuel de J. de Peña y Reynoso. De los dos primeros, fecundísimos e incorrectos, hay sendos tomos de `poesías entre las que difícilmente se hallará alguna digna de antología: lo más sentido y cuidado de Rodríguez Objío “Acto de fe”, escrito días antes de su muerte, y entre las composiciones últimas de la Perdomo las más correctas y animadas son “A Dios”, “A Bolívar”, “Triunfo de la patria”, y los sonetos “Desconsuelo y desencanto”.

Pichardo, demasiado extenso y quejumbroso, suele tener algunos hermosos versos aislados en “Suspiros y deseos” y el romance “A la palma”; y Peña y Reinoso tiene trozos selectos, como “El color azul”, que pueden tomarse en consideración.

Con la tercera generación literaria de la República, que florece a partir de la Restauración, alcanza la poesía dominicana sus cimas más altas alta ahora, en José Joaquín Pérez y Salomé Ureña de Henríquez. En segundo lugar figuran en esta época Juan Isidro Ortea, muy espontáneo en “Tú y yo” (a José Joaquín Pérez) y “sueños”; y Federico Henríquez y Carvajal, que se ha distinguido con su “Americana” y algunos de sus versos más recientes.

Si se debe ser prudente y escrupuloso al elegir entre los medianos, creo que aún mayor tino es necesario para reunir las piezas que deban representar a los mejores, sin incluir ninguna ociosa, sin excluir ninguna capital. Y a veces, surgen dudas, porque una composición de tercer orden entre las de un poeta superior suele ser más hermosa que la más selecta de un poeta mediano.

Mi admiración por José Joaquín Pérez me ha llevado a estudiar a fondo su obra poética, dispersa y vasta, y de aquí que me atreva a sugerir, como sus más esplendidas y significativas composiciones estas: “Tu cuna y su sepulcro”, “Ecos del destierro”, “La vuelta al hogar”, “Quisqueyana”, “El junco verde”, “Guacanagarí en las ruinas de Marién”, “El voto de Anacona”, “Un mambí”, “Salomé Ureña”, “El nuevo indígena”, y “El amor de Magdalena”; en segundo lugar “Ráfagas”, “Mis canas”, “Americana”, a Polita Delima y Carmen Brigé, “El 5 de julio”, “La torcaz”, “En la cumbre” (a G. F. Deligne), “Retoños”.

Quedan sus “Contornos y relieves”, todos dignos de antologías, especialmente el numero VI, y su traducciones de Thomas Moore; una, “Lágrima por lágrima”, finísima.

En cuanto a Solomé Ureña, la selección es más fácil por ser muy conocidas sus poesías sobresalientes: “Ruinas”, “La fe en el porvenir”, “La llegada del invierno”, “Impresiones”, “En el nacimiento de mi primogenitito”, “Sombras”, “Mi ofrenda a la patria”, “En la muerte de Ulises F. Espaillat” y “Tierra”. En segundo término hay que escoger entre “La gloria del progreso”, “Melancolía”, “A la patria”, “A los Dominicanos”, “El ave y el nido”, “A Quisqueya”, “En defensa de la Sociedad”, “Luz”, “A mi esposo ausente” (1880), “Mi óbolo”, “Angustias”, ”Fe”, “Umbra-Resurrexit”, y el numero XIX del poema “Anacaona”.

Las generaciones siguientes ocupan ahora la palestra, y han producido varios poetas correctos y fecundos, como Pellerano Castro, los Deligne, B. O. Pérez, que no estarían cabalmente representados en un número corto de sus obras.

Los poetas muertos de estas generaciones son Pablo Pumarol, satírico que de nada dejó que pasara de una corrección mediana; Virginia E. Ortea, muy sentimental en algunas rimas breves (El poeta, Para ti) Mariano Soler y Meriño, promesa tronchada en flor que apenas indicó sus posibilidades en rasgos como “Mi esperanza”; César Nicolás Penson, de quien hay que conservar a toda costa el “Poema de los humildes” y la “Víspera del combate”, llamado por Lugo “acaso el más hermoso de nuestros cantos”; Bartolomé Olegario Pérez, uno de nuestros más inspirados de todas las épocas, que ha dejado multitud de trozos magníficos, entre los cuales recuerdo “Lucha sagrada”, “Todo es tarde”, “Noche buena”, “Psalmo”, y Rafael A. Deligne, que llegó a dominar el verso y a producir varias joyas: “Ella”, muy sentida, “Por las barcas”, “A las almas tristes”, ,”Insolación”, “Voces mudas” , y otras.

Entre los vivos sobresalen Gastón Fernando Deligne y Arturo Pellerano Castro quienes, por desgracia, no han producido en estos últimos días tanto hermoso como en sus principios. Las flores de antología de Gastón son “Angustias”, “Maireni”, “aniquilamiento” (para mí la más brillante y levantada), “Valle de lágrimas”, “El Silfos” (paráfrasis) y “En memoria de nuestro primer poeta”; secundariamente, “Confidencia de Cristina”, “Epitalamio”, “Arriba el pabellón”, “Subjetiva”, “En el botado”, “Los Monóstrofes”, y su último romance de la Hispaniola “Montbars el Exterminador”.

Pellerano Castro tiene sus grupos de “Criollas”, “Cantos bohemios”, “Americanas”, “Patriótica” y las breves estrofas “Tristes” como “Ah”… y aquel incomparable poema en seis versos “En el Cementerio”.

Después, van Fabio Fiallo, que está casi todo en su volumen “Primavera sentimental” y algunos rasgos sueltos, “Vibraciones”, “Ave Reina” &; Isabel Amechazurra de Pellerano con tres perlas: “Levántate”, “Estrofas” y “Cartas de mi madre”; y Enrique Henríquez, el poeta erótico de los “Nocturnos” y de la “Epístola a Beatriz” (celebrada por M.A. Machado), que ha sido también poeta civil aunque menos espontáneo, en “La Lira Americana” y “Miserere”.

Si otros poetas vivos deberían citarse aquí, vale dejar a la opinión del ilustrado colector el escoger los más dignos de la antología; pero no quiero pasar sin mención estas composiciones selectas: “La madre del porvenir”, de Emilio Prud´homme; “Te quiero porque sufres”, de Andrejulio R. Aybar; “Salve” de José E. Otero Nolasco, y “Campestre” de Bienvenido S. Nouel.

Resta citar a la juventud novísima, aunque es muy arriesgado juzgarla. Varios en la nueva generación poseen felices cualidades y disposiciones, y el triunfo de Perdomo y Morales en el Certamen de Agosto es significativo.

A mi juicio, los dos adalides de la poesía juvenil dominicana son Valentín Giró y Porfirio Herrera. Este es el más correcto, el más sereno; aquel más variado, más animado, más original. Su “Iba Cristo” se me antoja un rasgo excepcional, a pesar de sus vaguedades.

Por de contado, sería imprudente querer incluir en una Antología las producciones de la juventud que aún no ha definido su personalidad, y podría quedar falsamente representada; y no están faltos de razón los académicos que opinan que sólo a los muertos se puede juzgar definitivamente, pero, si no engañan los entusiasmos, poetas como los dos jóvenes que cito están destinados a figurar, a su debido tiempo, en las antologías”.

Habana, octubre 1904.