domingo, septiembre 11, 2005

EL PALADION, 1916-1935

EL PALADIÓN EN LA HISTORIA DOMINICANA:
Juventud y Política durante la Ocupación Militar Americana.

Por: Alejandro Paulino Ramos

Las breves páginas que a continuación voy a leer a ustedes, están motivadas en el interés de rescatar una parte de la historia de la juventud dominicana. La juventud, al igual que las mujeres, los mulatos y los negros, es un sector excluido de los libros de historia dominicana olvidando que Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, como lideres juveniles, tenían 25, 21 y 22 años respectivamente al momento de fundar La Trinitaria, y Luperón tenia 24 años cuando se integró a la lucha restauradora, en 1863. También Santiago Guzmán Espaillat era un joven de 28 años cuando enfrentó la Convención Dominico-americana de 1907. Pero en nuestra historia sólo aparecen destacados los viejos caudillos, los oligarcas y las acciones de la rancia burguesía, o no se explica que fue sobre la juventud que recayó la consolidación de la nación dominicana.

El Paladión, la organización de la que vamos a hablar esta noche, surgió y se desarrolló entre 1916 y 1931. Quince años de prolongadas actividades culturales, políticas y literarias, le dan méritos suficientes para que, como movimiento juvenil organizado, lo rescatemos del olvido.

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Los conflictos económicos y políticos desencadenados por los lideres caudillistas (1900-1916), la presión y el interés de los capitalistas norteamericanos para que éstos terminaran y se les permitiera desarrollar sus industrias y comercios en un marco de paz y estabilidad que garantizara la reproducción de sus inversiones, y los intereses geopolíticos de los Estados Unidos, en el marco de la gran guerra mundial, llevaron a esta potencia a la ocupación militar del territorio dominicano. Con la declaración formal de la intervención militar del 29 de noviembre de 1916, quedaba completada la ocupación total de la isla de Santo Domingo, ya que desde 1915 habían desembarcado en la República de Haití.

Con la presencia norteamericana, que se prolongó por ocho años, la economía y la política, así como el Estado dominicano pasaron a ser esferas controladas y dependientes de los Estados Unidos.

El gobierno militar extranjero tomó un conjunto de medidas: reorganizó el Estado, aniquiló las bases del caudillismo, “legisló” a favor de la expansión de los ingenios azucareros extranjeros, incentivó la construcción de obras públicas, y se convirtió en arbitro de los conflictos políticos de los dominicanos, en beneficio casi siempre de sus propios intereses; para lograr esto, el gobierno militar tuvo que realizar reformas que abarcaron la totalidad de la sociedad, implantando una férrea dictadura militar que incluyó, para evitar la crítica y la desobediencia popular, el control de la prensa, el desarme de la población, y la organización de un ejército bajo su absoluto control; produjo el encarcelamiento de muchos de los críticos de sus medidas y persiguió a los que atentaron contra su dominio.


Si bien es cierto, que durante la ocupación militar, en principio se dio una tímida resistencia contra la presencia extranjera, que se fue apagando con la circulación monetaria producto de los buenos precios alcanzados en las exportaciones y de la “danza de los millones”, también es cierto que en la medida que desaparecían las causas que provocaban ese relativo bienestar y después de 1920, con la aparición de la crisis económica, el movimiento de protesta se activó encabezado por los más radicales del nacionalismo agrupados en la Unión Nacional Dominicana,
[1] y organizaciones como El Paladión.

Francisco Prats-Ramírez, segundo líder de El Paladión, hace un llamado a la lucha por la desocupación en noviembre de 1920 y explica la inactividad anterior a esa fecha:

“Hace 4 años que la República Dominicana está bajo un Gobierno Militar impuesto por los Estados Unidos de América. El ideal de independencia no ha abandonado un momento el corazón de los dominicanos; el deseo de reconquistar su libertad política siempre ha sido una idea fija en el cerebro del pueblo que nunca ha desoído los reclamos hechos por la necesidad de la Soberanía. Circunstancias dolorosas del momento, habían impedido trabajar por nuestra restauración como ella merece; no permitían que nuestra energía se centuplicara para hacer de cada ciudadano un gigante en la lucha por el supremo ideal. El momento ha llegado”.
[2]

Fue importante en las luchas por la desocupación, las actividades desarrolladas en “La Semana Patriótica”, la campaña de denuncia internacional de la Comisión Nacionalista, las innumerables conferencias de los intelectuales nacionalistas en todo el país, y el Congreso de la Prensa, el foro de denuncia más importante desarrollado desde finales de 1920 hasta enero de 1921.
[3] La desocupación se estaba acercando.

La desocupación militar comenzó a verse como posible al llegar a su fin la primera guerra mundial; el fin del conflicto provocó la caída de los precios en el mercado internacional y la profundización de la crisis en Santo Domingo, acrecentándose la resistencia del pueblo dominicano, dirigido y orientado por los sectores nacionalistas que se habían agrupados en la Unión Nacional Dominicana y las Juntas Nacionalistas, junto a sectores intelectuales de la burguesía y la clase media que habían constituido, durante el período, organizaciones culturales, literarias y políticas, como lo fueron El Paladión, Plus-Ultra, los Postumistas, la Asociación independientes de Jóvenes dominicanos y la Asociación de estudiantes de la Escuela Normal.

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AGRUPACIONES CULTURALES

Las principales agrupaciones culturales, literarias y nacionalistas del período surgieron durante la ocupación militar americana. La finalidad de estas asociaciones juveniles era casi siempre, la de organizar y celebrar actividades culturales y literarias; sin embargo, casi todas terminaron destacándose en las luchas por la soberanía y la desocupación.

De esas agrupaciones, la más importante fue El Paladión, surgida en 1917 como una agrupación artística y cultural, dirigida por Carlos Sánchez y Sánchez, Cristian Lugo, y Francisco Prats Ramírez. En el campo de la literatura la de mayor trascendencia fue el Movimiento Postumista, dirigido por Domingo Moreno Jimenes, Andrés Avelino y Rafael Zorrilla. El postumismo surgió formalmente en 1921.

Otra organización cultural importante fue, hasta 1931, la Asociación Literaria Plus-Ultra. Surgida el 20 de noviembre de 1921, dirigida por Manuel Arturo Peña Batlle. Participaron en ella: Alcides García, Jesús María Troncoso, Manuel A. Amiama, Ángel Rafael Lamarche, Rafael Américo Henríquez, Juan Isidro Jimenes-Grulllón, Arturo Despradel, Carlos Larrazabal Blanco y José Enrique Aybar. Algunos de los miembros de Plus-Ultra pasaron al Paladión a partir del momento en que sus integrantes, encabezados por Peña Batlle, se integraron al Partido Nacionalista de Américo Lugo. Los que se fueron a El Paladión fueron Jesús María Troncoso y Manuel A. Amiama.

En Puerto Plata se constituyó La Hermandad Comunal Nacionalista en 1919; esta tenía como líder a José Eugenio Kunhardt. En San Francisco de Macorís se formó el grupo Hijos de La Trinitaria, el 6 de enero de 1923, con el objeto de oponerse a la intervención americana.

En Santiago, donde hubo un sólido movimiento nacionalista encabezado por Estrella Ureña y Ercilia Pepín, apareció la Asociación de Jóvenes Dominicanos, que tuvo entre sus fines “defender los derechos e ideales del pueblo dominicano como Nación libre, independiente y soberana.”, encabezada por Persio C. Franco, Rafael Vidal, Pericles A. Franco, Rafael Estrella Ureña y Vicente Tolentino Rojas, entre otros.
[4]

El Comité de Damas fue organizado en Nueva York, el 26 de noviembre de 1919, integrado por mujeres de la región del Cibao que vivían en esa ciudad, las que, motivadas por las damas de Puerto Plata decidieron no “quedarse rezagadas en esta hora de angustia y de dolor par la Patria” En la prospera ciudad del Atlántico ya se había constituido “La Junta de Damas” Y un grupo de la ciudad capital formó, el 15 de marzo de 1920, la Junta Patriótica de Damas, “con el propósito de recaudar fondos para ayudar la Comisión Nacionalista que actuó en el extranjero denunciando la ocupación militar americana.

Otra organización importantísima en las luchas contra el gobierno militar americano, fue la Junta Nacionalista. Fueron constituidas Juntas Nacionalistas locales en las principales ciudades del país: comenzaron a aparecer en la región del Cibao, comenzando por San Francisco de Macorís, Santiago, Tamboril, Puerto Plata y Moca, celebrándose en esta última la primera protesta pública planificada por la Junta contra la Ocupación. La primera Junta Nacionalista se instaló en la residencia de Manuel María Castillo, en San Francisco de Macorís, el 1º. De diciembre de 1919, por iniciativa de Luis F. Mejía, con el propósito de “luchar por todos los medios por la restauración de nuestra independencia absoluta”. La Junta fue presidida por Manuel Castillo, Alfredo Betances como vicepresidente; Basilio Camilo, tesorero, Félix María Germán, como secretario de actas y Luis F. Mejía como secretario de correspondencia.


La organización política no partidista más importante en la lucha por la desocupación militar americana, fue la Unión Nacional Dominicana, constituida en Santo Domingo el 8 de febrero de 1920 y en 1921 apareció la Gran Liga Nacional Dominicana, con iguales propósitos.

Ya en plena dictadura de Trujillo, surgió en 1931 Acción Cultural, como fusión de las agrupaciones Plus-Ultra, El Paladión y Atenea. Acción Cultural,
[5] estuvo dirigida provisionalmente, en las primeras semanas, por integrantes de El Paladión, pero luego celebraron elecciones siendo seleccionado como presidente el Lic. Manuel A. Peña Batlle. En 1931 apareció también la Acción Feminista Dominicana, con el propósito de luchar por los intereses de la mujer, dirigida por Consuelo González Suero y Gladis de los Santos. La Acción Cultural fue la respuesta organizada de los intelectuales renovadores y revolucionarios al gobierno de Trujillo.

El 23 de enero de 1932 fue constituido el Ateneo Dominicano, dirigido por Juan Tomas Mejía y Pedro Henríquez Ureña; mientras la juventud se aglutinaba en Acción Cultural, los viejos y más conservadores intelectuales se agruparon en el Ateneo y se integraron casi de inmediato a la dictadura.









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SURGIMIENTO DE EL PALADIÓN

En el surgimiento de la agrupación El Paladión tenemos que destacar que, desde 1912, algunos de sus integrantes ya habían constituidos la “Sociedad recreativa 8 de Febrero”, instalada en febrero del mismo año y en la que aparecen como directivos: Ricardo Ricart, presidente; Horacio Read, vicepresidente; Máximo Coiscou, secretario; Miguel A. Pereyra, secretario; Aníbal Guerra, tesorero; Cristián Lugo, Máximo Gómez, Francisco Prats Ramírez, Miguel Ángel Pérez M., y Publio S. Mejía, miembros.
[6]

De ese grupo, Cristián Lugo, Francisco Prats-Ramírez y Horacio Read, fueron pilares, junto a Carlos Sánchez y Sánchez, del grupo que constituyó El Paladión. De acuerdo a Max Henríquez Ureña el nombre de Paladión fue sugerido por Vigil Díaz “como recordación de la estatua de Palas de cuya conservación dependía, según la vieja leyenda, la suerte de Troya”.

Max Henríquez Ureña, contemporáneo de los integrantes del grupo, lo consideró, el “primer movimiento cultural de importancia en el nuevo siglo”, con el propósito de cultivar las letras, las artes y las ciencias”. Establece en su texto de literatura, que El Paladión ya existía antes de 1916, aunque comete el error de decir que surgió formalmente en 1918; realmente El Paladión se constituyó el 24 de noviembre de 1917, y entre sus primeros fundadores se encontraban: Carlos Sánchez y Sánchez, Francisco Prats Ramírez, Cristián Lugo Lovatón, Rafael Paino Pichardo, Horacio Read, Manuel Emilio Sánchez y Sánchez, Guillermo González, Julio A. Cuello, Marcos Gómez, Luis Beltrán, Silvestre Avelino Aybar y Castellanos. Un segundo grupo ingresó tiempo después: Virgilio Díaz Ordóñez (Ligio Vizardi), Armando Oscar Pacheco, Manuel A. Amiama y Jesús María Troncoso Sánchez.
[7]

El Paladión surgió en el período de la primera ocupación norteamericana de la República Dominicana. Se había perdido la soberanía; las manos del censor extranjero prohibieron el derecho y la libertad de pensamiento, de imprenta y de prensa; el Ejecutivo, un Capitán de la Marina de los Estados Unidos, que se apropió del derecho de decidir la vida y la libertad de los dominicanos, impuso la pena de muerte y la persecución por la simple disidencia a su opresivo régimen.

Un sector de los dominicanos históricamente cómplice del poder extranjero se acomodó a la nueva situación y desde 1916 comenzó a disfrutar de las migajas del poder foráneo, pero otros no. La respuesta a la dictadura militar, que llevó a Américo Lugo, a Fabio Fiallo y Francisco Prats-Ramírez a la cárcel, para sólo citar tres ejemplos, fue la organización de agrupaciones políticas y culturales nacionalista que integraron a los sectores anti-intervencionistas: la Unión Nacional Dominicana, La Junta Nacionalista, el Movimiento Postumista, Plus-Ultra, y El Paladión, fueron algunas de ellas.

El Paladión fue la más importante organización juvenil, cultural y revolucionaria de la intelectualidad dominicana, entre 1916 y 1931; sus integrantes, al igual que los del Postumismo, y Plus-Ultra, procedían de la Escuela Normal hostosiana y estaban influenciados por el pensamiento del puertorriqueño Eugenio María de Hostos, del uruguayo José Enrique Rodó,
[8] el argentino José Ingeniero, el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, y el mexicano José Vasconcelos; pero también Marx y Lenin se iban dejando sentir en sectores juveniles de República Dominicana y El Paladión no estaba al margen de esta influencia.

Liderada siempre por Carlos Sánchez y Sánchez, y con Francisco Prats-Ramírez como mentor político, durante el gobierno de Horacio Vásquez ingresaron a El Paladión jóvenes de la Capital y de otras ciudades del país, entre ellos el puertorriqueño Indalecio Rodríguez, Juan Francisco Sánchez y Sánchez, el escritor español Juan José Llovet,
[9] y el poeta postumista Rafael Andrés Brenes.

Ellos, los jóvenes y nuevos intelectuales de República Dominicana que se definieron como generación durante la primera ocupación norteamericana (1916-1924), fueron también impactados por la influencia de la revolución rusa y el advenimiento del socialismo. Esa influencia tan desigual sobre los integrantes del grupo, apuntaba hacia la lucha por la soberanía y contra la presencia de la potencia extranjera que ocupaba la República Dominicana, provocando la integración de El Paladión a las luchas por la desocupación del territorio dominicano.

El Paladión, que se mantuvo como una organización que reclamaba las reformas políticas y administrativas, así como educativa y cultural, celebraba actividades culturales, luchaba armada de principios, promovía debates y polémicas del “lado de la verdad”, sustentaba ideales de renovación y engrandecimiento de la patria. Sus integrantes “intervinieron en la vida intelectual, -dicen ellos-, sin reverenciar ideas, sin esconder verdades”. Sus actividades eran permanentes y variadas:

“hemos escrito libros y folletos, hemos hecho obras de propaganda cultural y democrática, hemos realizado actos de altruismo. Como jóvenes, sabemos vivir la alegría de la vida; como hombres, no hemos querido dejar de aprovechar el tiempo. Los años de la dolorosa ocupación militar, templaron nuestro espíritu juvenil y moral, intelectual y materialmente contribuimos a toda campaña que persiguiera la liberación de la República, sin reservas mentales, sin poner límites teóricos a la acción necesaria”.

Los principios éticos, culturales e ideológicos que normaban a El Paladión, estaban sintetizados en sus luchas por la patria, el hombre, los poetas y artistas, el obrero y sus necesidades, y la renovación de la República Dominicana. La influencia de Rodó era evidente en todos sus escritos:

“Creemos en la Patria. Creemos en el hombre; creemos en los hombres que trabajan y sufren. Creemos en la posibilidad de la fraternidad humana. Creemos en todos los que creen el Ideal. Creemos en los poetas y artistas que no tienen torres de marfil. Creemos en la eficiencia de la Idea, desconfiando de las vaporosas palabras teóricas. Creemos en el sudor del obrero y en sus necesidades. Creemos en la posible renovación dominicana y esperamos, optimistas, los fuertes renovadores. Creemos en los sistemas ideológicos y en los mecanismos políticos que van hacia la luz del futuro; no en los que retroceden hacia las sombras del pasado. Creemos en el talento, en la cultura; en la bondad y repudiamos la inferioridad mental, la inconsciencia científica y las maniobras de los hábiles, que tantos males traen a las naciones y a la humanidad. Creemos en los hombres que luchan, no en los débiles que halagan. Creemos en todo lo que creen los Compañeros Internacionales de las nuevas generaciones que tienen ideales y luchan porque la humanidad viva días mejores. Creemos en el PALADION”.
[10]

El Paladión, que al parecer se inició informalmente antes de la ocupación norteamericana como una pequeña agrupación cultural y literaria, formada principalmente por intelectuales, evolucionó durante la ocupación militar hacia la lucha política-nacionalista, y al producirse la desocupación en 1924, entró en una etapa de madurez en la que algunos de sus integrantes intentaron dotarla de un andamiaje teórico, ideológico y político, pero apartado de las estructuras de los partidos políticos, tomando en cuenta la cuestión del Estado y las reformas de sus instituciones.

IV

LAS PUBLICACIONES DE EL PALADIÓN

El Paladión se constituyó formalmente en agrupación en noviembre de 1917, pero antes de la ocupación americana ya varios de sus integrantes se venían reuniendo y desarrollaban algunas actividades culturales y literarias, utilizando para esos fines, a las más importantes publicaciones de la época. Desde los primeros años la agrupación ocupó espacios importantes de revistas y periódicos, lo que combinó con la publicación de una serie de opúsculos bajo el nombre de “Publicaciones Paladión”.
[11]

Desde la muerte de Ulises Heureaux en 1899 y hasta 1916, aparecieron grupos juveniles, principalmente literarios, que se compactaban en torno a revistas literarias; estas agrupaciones aparecían y desaparecían con la misma rapidez con la que se instauraban gobiernos y se sucedían interminables “revoluciones” caudillistas que desembocaron trágicamente en la ocupación militar extranjera de 1916.

Las sociedades literarias y culturales publicaban revistas que se presentaban como tendencias vanguardistas, influenciadas casi siempre por el modernismo. En una de esas revistas, La Cuna de América (1903), aparecieron los primeros escritos de los integrantes de los grupos Paladión y Movimiento Postumista; pero fue con el apoyo de la revista Blanco y Negro, que había aparecido en 1906, donde definitivamente comenzó a popularizarse y a conocerse la agrupación que dirigía Carlos Sánchez y Sánchez.

En Blanco y Negro la sociedad político-cultural El Paladión ocupó por muchos tiempos una sección que le sirvió de vocero, y donde apareció la producción literaria de la agrupación. La sección llevaba el nombre de “Tardes del Paladión”, y en ella se recreaban las tertulias que todas las tardes, a partir de las cinco, organizaban sus integrantes. El local de la agrupación estaba ubicado en la calle Duarte esquina Padre Billini.

Además de Blanco y Negro, El Paladión tomó también como centro de operaciones, a la revista La Opinión, la más importante entre 1923 y 1927, cuando se transformó en periódicos diarios. La sección abierta en esta revista fue “Página del “Paladión”. La Opinión anunció en 1924, el espacio dedicado a esa sociedad, de la siguiente forma:

“PAGINA DEL PALADION”. Con satisfacción anunciamos a nuestros lectores que desde nuestro próximo número los jóvenes intelectuales que constituyen el grupo conocido por “El Paladión”, redactarán en LA OPINION una página semanal, de la que estamos seguros que sabrán hacer una de las más buscadas y leídas de nuestra revista. Carlos Sánchez y Sánchez, Francisco Prats-Ramírez, Paino Pichardo, Cristián Lugo, Julio A. Cuello, Jesús María Troncoso, etc. etc., serán pues desde el sábado que viene, asiduos colaboradores de La Opinión.”
[12]

Mientras que la agrupación aclaró en su primera colaboración a esa revista, el propósito que perseguía:

“Un periódico dentro de otro periódico: he aquí lo que serán entre las amables y hospitalarias páginas de La Opinión, estas dos paginitas paladiónicas bajo cuyo dintel los muchachos del “Paladión”, sin altivez intempestiva, pero también sin el acostumbrado servilismo, saludamos al público: ¡Saludos, respetable público! Y gracias a vosotros, camaradas de La Opinión, que con ejemplar generosidad y noble confianza, nos abandonáis una hoja de vuestra revista, para que con ella hagamos esta pajarita de papel que cada semana colocaremos bajo la granujienta nariz y las gafas pedantes de Don Archibaldo Mediocre y Pluscuamperfecto, muy señor nuestro y amigo de nuestra consideración más distinguida”.
[13]

En 1927, cuando esta revista dejó de salir semanalmente, para hacerlo como diario, su dirección se comprometió públicamente con ser abanderada de los ideales que perseguía la agrupación; aprovechando el mensaje de solidaridad hecho llegar por Francisco Prats-Ramírez al pueblo de Nicaragua, que estaba en ese preciso momento siendo ocupado militarmente por tropas norteamericanas; el periódico La Opinión tomó partido a favor de la “renovación”:

“La Opinión, que en los cortos días de su vida está ya acreditada como el portavoz de más amplias y viriles resonancias de los ideales de renovación que llenan el alma de nuestra juventud, celebra de todo corazón que haya sido la de un joven la primera voz dominicana que ha llevado a los patriotas nicaragüense el testimonio de cómo se siente en este país la inmerecida desgracia de Nicaragua.”
[14] (La Opinión, 24 de enero 1927).

A parte de las revistas Blanco y Negro, La Opinión, Letras, y La Cuna de América, los escritos de los integrantes de El Paladión, también salieron regularmente en la revista El Día Estético, el periódico El Mundo, la revista Cromos, y el Listín Diario. La producción literaria de los integrantes de la agrupación rara vez aparece reseñados en alguna antología o “memorias” de intelectuales que vivieron aquellos años de luchas antiimperialistas; llama la atención el largo silencio que llevó al olvido la viril presencia de esta agrupación.


V

EL PALADIÓN SE DEFINE

A partir de la desocupación americana El Paladión comenzó a definirse como una organización que buscaba orientación hacia ideas de mejoramiento que tendieran a modificar la sociedad dominicana, transformándose, en pocos años, de una organización literaria y nacionalista a una literaria pero antiimperialista y revolucionaria, como veremos más adelante:

“EL PALADION no ha tenido, ni tiene, áridos estatutos, ni insustanciales Reglamentos.- En su seno encuentran fraternal acogida todas las ideas y movimientos que tienden al mejoramiento social; toda manifestación de verdad, de belleza o de bondad, tendrá ecos y aplausos en nuestra agrupación. Jóvenes como somos, amamos los altos ideales y siempre seremos entusiastas, luchadores y sinceros.- Convencidos del bello porvenir y de la fuerza espiritual de nuestra raza, profesamos el credo hispanoamericanista y nos consideramos conciudadanos de todos los que han nacido bajo el inmenso cielo que cubre la tierra nuestra, desde México a la Tierra de Fuego. Aristócratas en el pensamiento creador, somos radicalmente democráticos en la acción social y las meras teorías de las ciencias experimentales que han borrado literarias utopías para fijar indelebles verdades económicas, tienen nuestras más vivas simpatías.- En un mismo abrazo estrechamos a Príncipes del Verso y de la Ciencia y a humildes trabajadores que luchan por conquistarse un puesto en la vida.”
[15]

Como parte de esa definición fue que surgió el interés de dotar la organización de una base teórica-ideológica que descansara en la “renovación” de la sociedad, a través de un conjunto de actividades políticas, culturales, educativas, conferencias, y de solidaridad con otras organizaciones similares de América Latina. Esta definición, cuyo principal mentor lo era Francisco Prats Ramírez, desató un interesante debate sobre lo que se entendía por Renovación, y en el que quedaba claro que todos los integrantes de la agrupación o no entendían de qué se trataba o tenían algunas dudas sobre los planteamientos renovadores”, aunque esto, aparentemente, no llevó a la desintegración de la organización.

De lo que se trataba, decía El Paladión, era reorganizar la sociedad destruyendo los viejos moldes que la habían normado hasta ese momento, pero alejados de los partidos y sus intereses:

“Frente a la decadencia, no son palabras y sonoridades de tribuna las que se necesitan: es sangre nueva, auténtico vigor, demolición de las ruinas tambaleantes y erección de torres de granito por los brazos y las mentes jóvenes y sanas. Sobre bases carcomidas, es fantástico un plan de construcción. Para construir bienes, lo primero es demoler los males. Nuestra historia es una serie de interminable de vaporosas “buenas intenciones” a cuya realización se oponen e interponen ruinas y mediocridades. Lo que necesitamos es que se inicie la era de hacer política, alejándonos de la interminable época de hacer nombres y partidarios. Hacer política, fue y todavía es, una frase despreciativa; honrémosla, dándole el verdadero valor que debe tener en la democracia. Escoger el material social y político para hacer una política social: esa es la aspiración; ese es el ideal, resplandor en las sombras y optimismo en los que todavía creemos en la posible perfectibilidad el mecanismo político-administrativo del Estado dominicano.”
[16]

La definición de la agrupación y lo que ellos entendían por Renovación, fue explicada en la Revista La Opinión, con las siguientes palabras:

“Arte nuevo; Ciencia nueva, Política nueva…”Renovación” será la palabra simbólica del Siglo, porque la labor de sus generaciones será renovar totalmente doctrinas, creencias y sistemas caducos y centenarios. Y la juventud, fuerte de músculos, floreciente de amor y de entusiasmo, iluminada por las nuevas verdades de la Ciencia, ha sido, es y será, el principal factor en las nuevas cruzadas del espíritu. EL PALADION hace años que ha abierto sus brazos a las nuevas ideas de renovación; por ellas lucha y para ellas existe como agrupación, procurando que la nueva luz sea claridad en nuestro medio, necesitado de auténticas reformas, desde sus expresiones literarias y artísticas, hasta las finalidades trascendentales de su mecanismo político-social. “Renovarse es vivir”. EL PALADION vive y quiere que vivan el pueblo y el Estado dominicano”
[17]

En un momento en que se hablaba de “regeneración”, “revolución” y de “evolución”, la palabra “renovación” despertó el debate sobre los planteamientos de El Paladión. J. Gassó y Gassó, desde La Vega, llegó a poner en duda los nuevos propósitos perseguidos por El Paladión, preguntándose, en 1925:

“Los que proclaman la Renovación, ¿pretenden llenos de amor patriótico a las costumbres patriarcales y a las tradiciones que son el alma de la vida nacional, ir hacia atrás, renovarse en un sentido retrógrado hacia el ayer luminoso, lleno de sentimientos de fraternidad, de vida sencilla, de maneras de ser ingénitas de la raza, o por el contrario, se intenta seguir adelante en esta carrera vertiginosa de desquiciamiento moral y social, copiando estas extravagancias exóticas, evolucionando hacia una libertad mal entendida, puesto que resulta mas bien libertinaje?. Sea en un sentido, sea en otro, una explicación se impone. Si la juventud, como parece es la llamada a dirigir esta moderna campaña, ella debe antes que llenar los ámbitos con una palabra, decir lo que ella significa. Porque resulta de poca energía convincente decir que vamos a renovar sin definir la aspiración máxima de esta tendencia. (…). Mas antes que todo es preciso definir esta Renovación. Para ello es de toda necesidad hacer un estudio detenido de la historia, de la tradición, de las costumbres y de las peculiaridades de la República y de nuestra raza. Y de acuerdo con los resultados obtenidos, identificarlos con las necesidades que aquellos estudios nos reflejen, entonces es preciso declarar la necesidad de Renovación y la manera de hacer esta Renovación”.
[18]

Rafael Andrés Brenes, que participaba en las Tardes del Paladión como observador y que luego se integró a la agrupación, también tenía sus dudas y llegó a plantear que la renovación era una pelota de goma, una palabra vacía, con musicalidad nada más, y que no se ajustaba al momento que se estaba viviendo, como queda planteado a continuación:


“Ahora vuelvo, bajo la égida de estas tres palabras que ningún hecho real nombran, a repetir que la renovación en los actuales momentos, y en lo más absoluto de su significado, no es más que una pelota de goma. Esta afirmación tiene que ser demostrada; ella solo se demuestra a si misma. Lo único que nos ha dejado ésta palabra, es la musicalidad más o menos grata a nuestra sensibilidad auditiva. Pero es bueno una aclaración. Varios amigos míos, muy admirados en su labor intelectual, algunos compañeros en la agrupación “Paladión” han estado constantemente en un esfuerzo digno y alto, repitiendo estas palabras, queriendo infundir sus virtudes en los ánimos y las masas y dejando llevarse de su entusiasmo hasta formarse la ideal concepción de que se renueva efectivamente. Es indudable que la renovación ha de venir; porque todo continúa en su comienzo. El fin de las cosas mismas. Pero para esto es necesario llegar al fin, es necesario seguir el curso evolutivo; es necesario crecer más tarde en ella misma. (…). Y todavía no ha llegado la hora de la renovación, porque no se puede renovar fuera de la naturaleza”.
[19]


La respuesta de Francisco Prats Ramírez, a todos los que pedían o exigían una aclaración de lo que se entendía por “renovación (él era el que más entendía la definición que se buscaba), fue redactar un conjunto de escritos con el que viajó por toda la República explicando la Renovación, a través de conferencias; las que también las llevó a otros países de América Latina.
[20] Las conferencias de Prats Ramírez fueron publicadas en noviembre de 1931 bajo el título de “El Espíritu de la Renovación”. En este libro publicado cuando ya Trujillo había comenzaba a definir su dictadura, no aparece una sola mención al régimen, por lo que se entiende que la publicación era una respuesta-propuesta al momento que se estaba viviendo.

En estas conferencias Prats-Ramírez hace planteamientos que van desde la lucha por la paz, la justicia social, la evolución y la revolución, así como sus críticas a los partidos políticos y a lo que él llama “falsa democracia”, la política, la cultura, y el papel de la universidad en la Renovación.

Sobre la relación y diferencia entre los conceptos Revolucionar y Renovar, Francisco Prats-Ramírez plantea lo siguiente:

“La palabra Renovación sintetiza la sublime intranquilidad de la época, con sus justicimos anhelos de evolución social; Renovación: ese es el estandarte que levantan al infinito las manos jóvenes que quieren modelar un mundo mejor. Revolucionar, señores, es la misión de todos los que sientan con el Siglo. Nosotros entendemos por revolución, no las demoníacas luchas de sangre y destrucción en que la incultura de un jefe con prestigio entre las masas analfabetas es casi siempre un obstáculo para la progresiva marcha de la democracia, sino la sustitución de ideales carcomidos y de esperanzas (…).

La Democracia Prats Ramírez la entiende como una farsa, pues para él ésta no existe en los países donde la gran mayoría de la población es analfabeta:

Esta “no vivirá en la realidad mientras exista alarmante porcentaje de analfabetos que hace una vergüenza de nuestros censos y estadísticas. La democracia está en relación directa con la conciencia que cada ciudadano tenga de sí mismo y la luz de la conciencia no ha salido nunca de ojos que no sepan caminar, seguros, por el infantil laberinto del abecedario”.

Prats Ramírez entiende que la juventud renovadora es obrerista, y plantea el apoyo de la intelectualidad a los trabajadores y de paso realiza una importante crítica contra el radicalismo capitalista que trata de demostrar que en nuestro medio no hay problemas sociales de índole obrera:


“La juventud renovadora es obrerista y estudia los problemas y necesidades del proletariado y luchará por una legislación social que proteja a los proletarios dominicanos de los accidentes del trabajo (…). Obreros no son solo los que pican piedra bajo el hiriente sol nuestro; obreros son y necesitan una efectiva protección, todos los que trabajan dependiendo de un patrón que paga semanal o mensualmente, pero que en nada se preocupa de las “maquinarias vivientes” que tiene a su servicio. El obrerismo es una fuerza del Siglo y a los hombres que trabajan quiere dar la Renovación sus entusiasmos y su cultura”. (…). El alma de los explotadores es una gran fábrica de grandes turbinas, de ruedas con engranajes complicados que en su continuo movimiento producen moneda de oro, exigiendo en sus dominios que el trabajador incline la frente hasta besar el polvo de una esclavitud física y moral, para que cada gota de sudor sea utilizada en la ambiciosa capitalización. (…). En la República Dominicana (…), hay y habrá problemas sociales (...) y se llega a la conclusión de que es imprescindible la organización de las clases proletarias, a fin de conseguir fuerzas con las cuales defender sus vidas de la garras de los poderosos..”

Por último, en El Espíritu de la Renovación, su autor toca el tema de nuestros campesinos y de la tierra, viéndolo como un problema que guarda estrecha relación con la presencia de los capitalistas extranjeros. Prats-Ramírez entiende que el problema del despojo de la tierra es trascendental, pues en con la pérdida de la propiedad se pierde la soberanía:

“La soberanía de la tierra en un país pequeño tiene que residir en la nacionalidad de los dueños de la propiedad privada de la tierra”. (..) Por defensa social del pequeño terrateniente, generalmente ignorante, por defensa de la soberanía nacional, se impone una legislación previsora en el sentido económico y digna en el concepto patriótico. (…). Por su ideología económico-social, por su decidida aceptación de las teorías libre-deterministas, la Renovación se preocupa profundamente con nuestro problema de la tierra. La tierra se nos va! (…), convirtiéndose en dominio absoluto de los capitalistas norte-americanos..”








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EL PALADIÓN Y EL SOCIALISMO

El tema del socialismo se hizo público en El Paladión
[21], a partir de la presencia en las tertulias que de tarde en tarde celebraban en el local de la organización (en la calle Duarte casi esquina Padre Billini), del ruso Arón Kohaz. Cuando Kohaz visitó en abril de 1925 el local de la agrupación participó como centro de la tertulia y fue abordado por los concurrentes sobre tópicos relativos a la revolución rusa y la lucha de clases. Su participación fue recogida por Manuel A. Amiama y reseñada en la revista Blanco y Negro, en la sección “Tardes del Paladión”, con suficientes detalles:


“En este punto, la discusión se hace violenta, ensordecedora, desordenada, pues mientras unos, como Llovet, aseguran que no hay en nuestro país los problemas sociales que específicamente se derivan del capitalismo, los demás creemos que sí existen esos problemas, aunque en la forma que lo creen ciertos elementos que erróneamente se llaman obreros y confunden el sindicato defensivo con el gremio corporativo. Lo que sucede es que los problemas sociales nuestros no han llegado al estado de crisis y que, por consiguiente, podemos irlos resolviendo por medios evolutivos y no revolutivos. El ruso confirma nuestras apreciaciones y dice, más o menos:-En los campos y en los ingenios hay problemas económicos típicos que no están resueltos. Los obreros no pueden ser felices en las condiciones en que están. Saben que hay medios de lucha, o no lo saben. Pero el problema social existe. El ruso nos pregunta nuestra opinión sobre la intervención militar y le contestamos: -Sin considerar si material y políticamente la intervención le convino o no le convino a nuestro país, repudiamos todo hecho de fuerza que no se justifique por un ideal excepcionalmente superior. Nosotros, los jóvenes del Paladión profesamos los hermosos principios del internacionalismo, pero a base del respeto de las nacionalidades, porque estas representan hechos históricos consumados que solo una evolución lenta, que necesita acaso siglos, puede borrar. Rechazamos el chauvinismo, aunque lo disculpemos cuando él es el resultado legítimo de una reacción contra las violencias de la fuerza.
[22]

En un artículo sobre la paz del ruso Kohaz,
[23] y publicado en la sección que el Paladión tenía en la revista Blanco y Negro, este concluye:

“¿Habrá paz mientras perdure semejante estado de cosa? Podemos decir con toda la boca: ¡no! Mientras unos vivan en la miseria y otros en la opulencia, mientras unos tengan todas las posibilidades de hacerse hombres conscientes, y otros permanezcan en la completa ignorancia; en una palabra, mientras la humanidad permanezca dividida en clases, la paz será un sueño.
[24]

Entre algunos de los miembros de El Paladión y Arón Kohaz se desarrolló una interesante amistad, pues éste iba cada cierto tiempo a las tertulias, y en Blanco y Negro aparece una información en la que Manuel A. Amiama participa acompañado del ruso en actividades artísticas. En esa revista, en un artículo de Amiama titulado “Ecos Teatrales: el ordeón ruso en el Teatro Colon”, éste relata:

“Una tarde, el amigo Kohaz y yo fuimos a visitar a los artistas en sus habitaciones del hotel Colón, y allí fuimos recibidos con cortesía extremada que es característica de los rusos. El amigo Kohaz, que es ruso, pero que habla el español a perfección, sirvió de interprete en la cordial entrevista..”
[25]

Aparte de la influencia de Kohaz con sus ideas socialistas, también Juan José Llovet, un intelectual español que llegó a la República Dominicana temporalmente y se quedó viviendo aquí hasta su muerte, aunque no escribía sobre temas que lo relacionaran con las ideas socialistas, si llegó a plantear en 1926, en un intercambio de carta con un tal “M.G.P”, su simpatía con ideas revolucionarias. Llovet, refiriéndose a las luchas socialistas y republicanas desarrolladas por los jóvenes españoles, le dice a M. G. P.:

“Por que yo, mi querido amigo, no puedo resignarme a creer, como usted parece que se resigna, que todo aquel conmovedor hervidero de nobilísima inquietudes se haya aquietado y adormecido para siempre en la chata plenitud en que la venido a empantanarse la vida político europea (…). No, no y no, mí querido amigo…! Yo sigo siendo el mismo hombre, rabioso a ratos, y, a ratos, crédulo y entusiasta, de aquellos años inolvidables. Yo, a pesar de todo, todavía no he renunciado a la esperanza (…) Yo espero que cualquiera de estos días, agitando un “Listín” como una bandera y a riesgo de que me tomen por loco, podré salir a la calle gritando: ¡Resurrección…! ¡Resurrección..! Pero por resurrección, amigo mío, no de lo que era entonces, sino de lo que soñábamos que fuera; resurrección; al menos de aquellas hermosas inquietudes que no es posible que hayan perdido allá su eficacia hasta el extremo de que no queden ni unos cuantos centenares de hombres capaces de dejarse matar por ellas..”
[26]

Hasta dónde penetraron las ideas socialistas en el grupo El Paladión,* es difícil explicarlo, pero sabemos que ya para aquellos días varios dominicanos escribían en revistas y periódicos sobre estas ideas, además de que aparecían en ellos cada cierto tiempo, artículos de extranjeros reproducidos en las referidas publicaciones.
[27]

Manuel A. Amiama hizo publicar una nota titulada “Siluetas y Perspectivas: Francisco Prats-Ramírez. En ella se deja claro que la teoría socialista no era desconocida en el grupo. Sobre Prats-Ramírez, su influencia en El Paladión y el marxismo, dice:


“Y fue ese mismo afán demoledor y ese embrionario anhelo de ver batir sobre el ambiente social dominicano los vientos benéficos de radicales renovaciones, lo que lo encaminó más al estudio de la moderna ciencia política y de la moderna sociología. Las obras de Marx, Engels, Kautski, Jaurés, Georges, Fiore y Lenine (Lenin, A.P.R), comenzaron a abarrotar su ya populosa biblioteca, y hoy se puede decir que entre los que integran la juventud intelectual dominicana, Francisco Prats-Ramírez es el más enterado en ese capítulo de la ideología y uno de los más entusiastas y sinceros propagadores de las ideas renovadoras”. (…). En el seno del “Paladión”, y fuera de él, Prats-Ramírez lleva a cabo así una misión no despreciable. Toda magna obra renovadora comprende, en efecto, dos etapas: la etapa en que, por un proceso de rotación de ideas, se forma y se condensa el pensamiento renovador y la etapa de la acción, en que ese pensamiento encarna en el músculo del pueblo, para hacerse revolución, o en el cerebro del estadista para triunfar por la vía de la evolución”.

VIll


LOS MÁS RADICALES DEL PALADIÓN

El Paladión, como una agrupación cultural, literaria y política tenía en su seno un conjunto de intelectuales que no poseían homogeneidad en sus planteamientos ideológicos-políticos, aunque aceptaban, en conjunto, el liderazgo filosófico y ético de Carlos Sánchez y Sánchez, y los planteamientos político-ideológicos de Prats Ramírez. Todos coincidían en el nacionalismo y el antiimperialismo, pero no todos creían en las teorías sociales que estaban en debates.

En la producción intelectual de los integrantes del grupo, dos son los más radicales defensores del interés social que se habían propuestos en relación con la Renovación: Francisco Prats-Ramírez y Julio A. Cuello

En diciembre de 1924 Prats Ramírez hizo publicar en La Opinión, un escrito donde se percibe su humanismo, apego a las causas de los desposeídos y sentimiento solidario con las agrupaciones y lideres latinoamericanos que luchaban por causas socialmente justas:

“¿Por qué tener sentido del dolor que tan claramente escudriña las lágrimas del mundo? ¿Por qué todas las heridas son mías y todas las hambres son mis hambres? ¿Por qué vibrar con las más lejanas rebeldías y con los lamentos más cercanos? Hermano: tu dolor es el mío, la esclavitud y la pobreza que te agobian son los desvelos que ensombrecen mis pupilas. Corazón de millares de corazones, todos los ritmos de la angustia estremecen mi ser… ¿Por qué tener este sentido del dolor, que tan claramente escudriña las lágrimas del mundo?... Eres fuerte y puedes aspirar a coger estrellas para engarzarlas en la diadema de tu amada. Eres fuerte y podrías realizar tus deseos de destruir montañas con el titánico impulso de tu brazo. Eres fuerte y lograrías tú solo bajar a las entrañas de la tierra y robar su oro para aumentar el tuyo. Eres fuerte y si destruyes el mismo rayo envidiaría tu fuerza…Pero debía sentir las tristezas del huérfano, las lágrimas del pobre, la nostalgia del caído, el dolor de la flor que se marchita, los lamentos desalmados del bosque y la inquietud creadora del artista…”
[28]

Julio A. Cuello, por su parte, se atreve a plantear su antiimperialismo de forma radical. Para rechazar que se le incluyera en una directiva de un “Comité de Propaganda Nacional e Hispanoamericana”, llegó a plantear, en carta pública a Félix M. Nolasco, que él solo participaría en esa organización si sus actividades son dirigidas contra Estados Unidos:

“La primera actividad –esta es mi opinión invariable- del Comité, debe ser la organización de una propaganda seria contra la política imperialista de los Estados Unidos de Norte América, porque este es el problema que hoy preocupa y atañe más intima y próximamente al presente y futuro de nuestras jóvenes Repúblicas Latinoamericanas; problema de cuya solución depende la estabilidad de nuestra libertad e independencia territorial y económica. Cualquiera otra actividad tendrá que ser secundaria y nadie como Ud. decano en la tarea del periodismo diario nacional, está más convenientemente preparado para abordarla con éxito. Mi concurso, pues, cuando nuestros primeros pasos sean dirigidos en tal sentido, será tan decisivo y enérgico como sea necesario; pero si el interés y la conveniencia de todos o algunos, no se aviene a esta labor de eminente patriotismo; si es preciso descartar de nuestro programa esta actividad esencial, ahora puede usted considerarme desligado, como Vocal y Miembro, del “Comité de Propaganda Nacional e Hispanoamericana”, porque considero que entonces resultaría esa labor anodina o inútil, a la cual no puede conformarse mi temperamento.
[29]

Y al tratar el caso de la invasión norteamericana a Nicaragua, ratifica su actitud y su solidaridad con la lucha de ese pueblo contra la presencia extranjera:

“El caso no es para lirismos ni protestas pusilánimes. Es preciso hablar viril y alto, tal vez no para contrarrestar ahora un designio que se está realizando impunemente contra el derecho de nuestros pueblos, pero sí para forjar en la gran conciencia de nuestras masas, la pureza de un sentimiento adverso al imperialismo y sus aliados de las clases gobernantes de América.”
[30]

Julio A. Cuello, al iniciarse la dictadura de Trujillo fue mantenido bajo vigilancia, y por lo menos en uno de los interrogatorios a un implicado en planes para eliminar a Trujillo, en 1935, los oficiales interrogadores y uno de los prisioneros se refirieron a él.
[31]
[1] Su nombre completo era Sociedad Patriótica Unión Nacional Dominicana; quedó constituida el 8 de febrero de 1919 con Emiliano Tejera como presidente.

[2] Francisco Prats-Ramírez. Por mi Patria. Santo Domingo: Listín Diario, 1920.

[3] El Congreso de la Prensa quedó constituido el 25 de noviembre de 1920, con Horacio Blanco Fombona como presidente y Fabio Fiallo como vicepresidente. Entre los delegados de revistas y periódicos participantes se encontraban Francisco Prats-Ramírez, por el periódico El Cibao, Domingo Moreno Jimenes, por La Provincia, y Rafael A. Zorrilla por el Mundo. Véase: Constitución del Congreso de la Prensa. Santo Domingo: Listín Diario, 1920, y Manuel A. Amiama. El Periodismo en la república dominicana. Santo Domingo: Feria del Libro: ONAP, 1986.



[4] Emilio Rodríguez Demorizi, op. Cit., 59.

[5] Esta agrupación cultural y literaria tenía su local en la calle Mercedes No.3, de la ciudad de Santo Domingo.
[6] Emilio Rodríguez Demorizi. Sociedades, cofradías, escuelas, gremios y otras corporaciones dominicanas. Santo Domingo: Editora Educativa Dominicana, 1975, pág.133.

*Max Henríquez Ureña, Panorama histórico de la literatura dominicana. Tomo I, Santo Domingo: Librería Dominicana, 1965, pág. 261.

[7] Véase la nota relativa a El Paladión en Max Henríquez Ureña, op. cit., pp.261-263).

[8] Sobre la influencia de Rodó en movimiento renovador dominicano véase “Los orígenes de la ideología trujillista” de Diógenes Céspedes, Arístides Incháustegui y otros. Santo Domingo: Biblioteca Nacional, 2002

[9] Sobre la estadía de Llovet en Santo Domingo, Héctor Incháustegui cuenta en “El pozo muerto”. Santiago: UCMM, 1980, pág..93 y ss., lo siguiente: Había sido en España niño prodigio, el primer poeta joven de su generación. Adulado, ganador de los más altos concursos de poesía. Tenía publicados dos tomos de versos antes de llegar a los veinticinco. Y se fue a París. (…). Estuvo en Venezuela. (…). Estuvo en Bogotá, trabajó en El Liberal. (…). En Bogotá se le encomendó una misión periodística en San Juan de Puerto Rico. Como era cerca luego tuvo a su cargo un reportaje sobre las elecciones que se efectuaron en el país cuando la lucha entre candidaturas de Peynado y Vásquez. Ya se quedó. Casó luego con Elvira Fiure.
[10] Véase “Credo del Paladión”, Blanco y Negro, No.304, 28 Noviembre 1925.

[11] El último de esos opúsculos, fue escrito por Juan Francisco Sánchez con el título “Ideas y comentarios” y apareció en 1936 cuando ya El Paladión no existía. Es posible que de 1936 a 1937 se diera la intención de reorganizar algunas de las instituciones desaparecidas en los primeros años de la dictadura, pues también aparecen huellas de Acción Cultural.

[12] La Opinión, No.90, 25 de Octubre 1924.

[13] La Opinión, No.91, 1 Noviembre 1924.

[14] La Opinión, 24 de enero 1927.

[15] La Opinión, No.94, Noviembre de 1924.

[16] La Opinión, No.91, 1 Noviembre 1924.

[17] Página del Paladión. La Opinión, No.93, Noviembre 1924.


[18] La Opinión, No.135, Septiembre 1925.

[19] .La Opinión, No.181, Julio 1926.

[20] Estuvo en Puerto Rico y fue recibido por los líderes de “La Vanguardia Borinqueña” en una conferencia en la que fue presentado por Eugenio Astol. Ver: El Espíritu de la Renovación. Santo Domingo: Cultura Contemporánea, 1931, págs. 108-110.

[21] Sobre la influencia del socialismo en El Paladión Roberto Cassá en Movimiento Obrero y lucha socialista en la República Dominicana. Santo Domingo: Taller, 1990. pág.145 y ss, explica: “Dentro de los publicistas que se orientaron por las ideas socialistas sobresalieron dos personas en el último lustro antes de la llegada de Trujillo al poder: Francisco Prats-Ramírez y Tomás Hernández Franco. Ambos pueden ser más bien caracterizados como radicales antiimperialistas (…). Prats Ramírez fue quizás el primer dominicano que destacó la relevancia de la revolución rusa. (…). Prats se insertó como la figura más relevante de un conglomerado de intelectuales jóvenes (…) la sociedad literaria Paladión (…). Parece que los miembros de esa sociedad literaria estaban de acuerdo en suscribir posiciones radicales, de tinte socialista,..”
[22] Tardes del Paladión. Blanco y Negro, No.273, Abril 1925.

[23] Sobre Aaron Kohaz véase a Alejandro Paulino Ramos. Las Ideas marxistas en la República Dominicana. Santo Domingo: UASD, 1985, págs. 21 y ss., y Roberto Cassá, op. cit., págs.234 y ss.
[24] Arón Kohaz. Santo Domingo, Mayo 19 de 1925. Blanco y Negro No.277, Mayo 1925.

[25] Arón Kohaz. La Paz. Santo Domingo, Mayo 19 de 1925. Blanco y Negro No.277, Mayo 1925.

[26] Juan José Llovet. La Opinión, No.153, enero de 1926.

* Roberto Cassá, en su obra sobre El Movimiento obrero y lucha socialista, pág.147, dice que El Paladión fue “invitada formalmenteen 1927, a integrarse a la Liga Internacional Contra el Imperialismo, un órgano periférico de la Internacional Comunista. La invitación contemplaba que un representante de la sociedad participase en el II Congreso de La Liga y hacía sugerencia acerca de las formas de enfrentar la amenaza del imperialismo norteamericano.
[27] Para lo relativo a las publicaciones de carácter socialista aparecidas en la prensa dominicana, véase: Alejandro Paulino Ramos. Las Ideas marxistas en República Dominicana. Santo Domingo: UASD, 1985.


[28] Francisco. Prats Ramírez. Página del Paladión. La Opinión, No.97, Diciembre de 1924.

[29] Carta Abierta al Señor Félix M. Nolasco. La Opinión, No.203, Diciembre 1926.

[30] La Opinión, 12 Enero 1927.

[31] Véase: Manuel Ángel González Rodríguez. Dos Procesos de nuestros anales criminales. C.T: Montalvo, 1945. Pág. 27. En el tomo de la colección Trujillo publicada para celebrar los 25 años, que contiene la bibliografía del período trujillista, no aparece un solo artículo ni escrito elaborado y publicado por él. (Emilio Rodríguez Demorizi. Bibliografía de Trujillo. C.T: Colección Trujillo, 1955.

lX

EL PALADIÓN LLEGA A SU FIN

De 1930 a 1931 hubo un momento de expectativo silencio en una parte de la intelectualidad dominicana, mientras que otra se integró casi de inmediato al proyecto trujillista; en medio de lo que significó el golpe de Estado contra Horacio Vásquez, la agresiva represión contra los integrantes de la nueva Alianza Nacional-Progresista que intentó oponerse por el voto a los planes del jefe del ejército, y el impacto inmediato del Ciclón de San Zenón, del 3 de septiembre de 1930, la parálisis de los grupos culturales y literarios estaba más que justificada.

La salida institucional de las agrupaciones Atenea, El Paladión y Plus-Ultra fue la fusión en una sola organización: Acción Cultural, que tenía entre sus objetivos celebrar conferencias, propiciar la traída de intelectuales extranjeros, publicar obras literarias, abrir una biblioteca y constituir núcleos por áreas del conocimiento.

La primera reunión para formar la agrupación se celebró en una oficina del quinto piso del edificio Baquero, en la calle El Conde, el domingo 10 de julio de 1931 en la mañana; pero su fundación aconteció el 28 del mismo mes con la elección de una directiva provisional constituida por Julio González Herrera como presidente, Manuel A. Peña Batlle vicepresidente, Cristián Lugo, secretario, Horacio Read, tesorero; Joaquín Balaguer, Gilberto Sánchez Lutrino, Manuel A. Amiama, y Pedro R. Batista como vocales.[31]

La constitución definitiva aconteció el domingo en la mañana del 30 de agosto de 1931, en la Universidad de Santo Domingo, quedando electo como presidente Manuel A. Peña Batlle. En las elecciones para elegir la directiva participaron 70 intelectuales, entre los que estaban Martínez Conde y Julio González, autores intelectuales de la iniciativa, mientras que Peña Batlle había sido hasta ese momento el presidente de la agrupación Plus-Ultra.

Julio González[31] quedó como vicepresidente, y en su discurso quedó claro que El Paladión, a partir de ese momento, quedaba fusionado con Plus-Ultra y el grupo Atenea.[31] También se integró a la nueva institución la “Juventud Universitaria”, y Horacio Read, otro del Paladión, fue electo el tesorero.

Quedaron como “socios directivos” de núcleos: Jesús María Troncoso, Viriato A. Fiallo, Colombino Henríquez, Juan José Llovet, Luis E. Mena, Enrique de Marchena hijo, Manuel A. Amiama, Ramón Lugo Lovatón, José E. Aybar, Arturo Pellerano Alfau, Gilberto Sánchez Lutrino, Ulises Domínguez, Indalecio Rodríguez, y Julio A. Cuello, entre otros.

Sólo no aparecen en la fundación de Acción Cultura, los siguientes miembros de El Paladión: Carlos Sánchez y Sánchez, Rafael Andrés Brenes, y Francisco Prats-Ramírez; este último se había aislado del grupo y hacía esfuerzo para publicar su obra “El Espíritu de la Renovación”, la que apareció definitivamente en noviembre de 1931.

En diciembre el postumista Rafael Andrés Brenes escribió en Bahoruco número 72 sobre el libro de Prats-Ramírez, dejando de paso consignado el aislamiento y la situación económica del intelectual renovador:

“Dejamos de ver a un amigo; pasan los días; a lo mejor pensamos que este amigo se ha muerto! Cuando apunta en nuestras mentes este pensamiento, nos alarmamos primero, nos reconvenimos luego, y como quien espera una noticia desconsoladora, nos lanzamos a preguntar, sólo por un deber de conciencia, y a cualquiera que encontremos a nuestro paso, por la suerte de nuestro camarada. (…). Y es porque así pensamos, por lo que, con palmas de júbilo, recibimos este último libro de nuestro camarada. Un par de meses muerto para sus amigos, entre las cuatro láminas de cal de su estudio; sale del misterio sagrado de la madre una hermosa niña, trae un pliego cerrado para la juventud dominicana, las palabras que tienen del éxito y del fracaso; (…). El pensamiento másculo de un hombre, gritando desde un abismo de miserias!. El valor de ofrecer a la patria una mujer y a la cultura una esperanza. Cuando se tiene hambre, cuando se es olvidado! Y decir: este es mi pan y afirmar que no se ha muerto! Estar caído y germinar bajo la sonrisa plácida del cielo. (…). En untar de ideas nos lanza este nuevo libro de nuestro amigo; él, yo lo se, se proponía solo un fin económico; y su libro resulta un éxito cultural y civilizador, que afirma el éxito editorial perseguido”.

Existen indicios de que entre los años de 1936 y 1937 algunas de las agrupaciones culturales y literarias que habían cesado sus actividades, dieron muestra de reaparecer, después de la desaparición de Acción Cultural. En el caso de El Paladión, uno de sus integrantes, Juan Francisco Sánchez, publicó 1936 el opúsculo “Ideas y Comentarios”, con el distintivo con que el Paladión acostumbraba a identificar sus publicaciones, y en el caso de Plus-Ultra, en 1937 estuvo circulando la revista La Cueva, la que se identificaba como órgano de esa sociedad cultural.


historiadominicana

CUENTO DE EDWIN DISLA

LA BOTIJA DEL ABUELO

POR: EDWIN DISLA

Acostado sobre la yerba de la orilla del río, rodeado de niebla y oscuridad pensaba en su madre que no estuvo de acuerdo con su viaje a Mao este verano.
-Mi hijo -le había dicho-, tengo malos presentimientos, ¿por qué no dejas ese viaje para después?
-Ya te lo dije, mamá: si no voy ahora moriré de ansiedad en este edificio.
-Tú sabes que cuando tengo malos presentimientos algo lamentable siempre sucede.
-Sí mamá, yo sé que cuando tiene malos presentimientos por lo menos un muerto hay en la familia.
Escuchó:
-¡Ramón, Ramón!, ¿dónde estás?
-¡Aquí!-se puso de pie-, ¡aquí!-agitó el brazo derecho.
-¡¿Aquí dónde?!
-¡Aquí, cerca del río!-Lo alumbraron con un foco.
-¡Aaah…!
Su tío Ambrosio, seguido de Tito, que apagó el foco, se acercó con calma. Traía al hombro un pico y una pala.
-Vámonos -le dijo y dobló hacia su derecha, donde tenía parqueado su motor Vespa, muy usado en esa época post trujillista.
-¿No encontraste nada?
-No.-El hombre, cansado, iba con la cabeza baja-.Aunque sí, encontré muchas hormigas y carbones.
-¿Estás seguro que Piro te dijo que era ahí donde estaba?
-Ahora no lo estoy.
Ambrosio, caminando, trataba de recordar el lugar exacto donde debería estar enterrada la botija que le reveló el espíritu de su abuelo, Piro Reynoso.
Éste, a altas horas de la noche, emergía de la nada convertido en sombras de la que sobresalía su sombrero de Panamá y su revólver de cachas gruesas. Ambrosio lo vio por primera vez una noche que se levantó sin sueño (pensaba ir a beber agua) y encendió el bombillo de la sala. Al principio creyó estar viendo visiones producto quizás de los tragos alucinantes tomados sin control ese día, mas cuando la sombra se movió con parsimonia hacia el patio, traspasando la puerta, cambió de parecer, y entonces decidió seguirla, temblando de pies a cabeza, olvidando pisarse el pulgar del pie izquierdo con el talón del derecho como hacía cuando le salía un muerto. La sombra, atiborrada de un negro brillante, desapareció tan pronto él abrió la puerta en medio del bullicio de los gallos que despertaron espantados. “¡Pero era mi abuelo!”, se dijo aún temblando, “¡era él, Dios mío!”.-Se hincó persignándose, y oró apoyando la cara en sus dos manos juntas. Minutos después, se levantó lleno de dudas: “¿Por qué me saldría?, ¿qué querría…?”


Ramón, por su parte, en la casa de su tío Ambrosio, disfrutaba de sus vacaciones de verano, motivado por la presencia en el pueblo de Ana Silvia, con quien tenía amores desde que era pequeño y los había continuado pese a verse obligado a emigrar hacia Nueva York por decisión de sus padres. De manos de ella, los domingo en la mañana iba al cine, donde lo único que le disgustaba era el público que a veces, si se le cortaba el rollo a la película iniciaba con los pies un contra golpe sobre el tambor del piso, armonizado por una bulla estruendosa, que terminaba en un pleito (de la segunda planta lanzaban escupitajos y hasta botellas) si el encargado no lo reinstalaba de inmediato, hecho que difícilmente ocurría.
Ese día Ambrosio, seguido llegaba de ordeñar las vacas de la parcela de Sabana Grande, casi siempre antes de que su esposa Blanquita regresara de la iglesia, atendía sus gallos de múltiples colores, los cuales sacaba al sol y previo a echarles maíz, los rociaba en sus estacas. Como era un domingo, en vez de desplumar con tijera a los de turno y topar y traquear a otros, se preparaba, vistiéndose con un ropa de caqui bien almidonada y planchada, para ir a la gallera rebosado de optimismo y deseos de ganar dinero. Esta actitud, sin embargo, la invertía en amargura y tormento si perdía. Entonces, al regresar no hablaba con nadie y se ocupaba únicamente de curar al derrotado con pomada y vitaminas, y si moría lo regalaba en la gallera porque comérselo daba mala suerte. Pero si ganaba, especialmente cuando era el canelo Revolvito, volvía borracho, por lo general acompañado de su compadre, Vale Pedro, apodado La Biblia Gallística, y sin dejar de reír a carcajadas, rememoraba los episodios más emocionantes de la pelea, sentado, debajo de la enramada de cana del patio de su casa. Ambos se burlaban del perdedor, a quien había que ver, había que ver la cara que puso Sabá, cuando Revolvito le pegó un bolsón a su cenizo:
-Eh, eh, ¿tú lo viste Vale Pedro?
-Sí. -También reía a carcajadas.
-Mira cómo la puso -y abría la boca como un pato con los ojos atónitos, entonces La Biblia Gallística se caía de la silla tumbándose el sombrero con las manos, riéndose hasta más no poder, y Ambrosio reía relinchando como los caballos.
Vale Pedro, clamaba, con los ojos llenos de lágrimas alegres:
-¡Compadre!, lo que pasa es que Sabá vivía diciendo que su Revolvito no era más que una de esas pavas que traían los banilejos los domingos, que huían ante cualquier adversario.
-Pero no se huyó Revolvito ante el gallo de las seiscientas cargas, ahora se va a huir ante un manilo de gallinero como el cenizo.


Ana Silvia y Ramón, volverían a encontrarse en la noche. Esta vez para ir al parque a escuchar el concierto de la banda municipal al igual que un sinnúmero de jóvenes bien vestidos, muchos de los cuales le darían la vuelta al parque en sentido contrario a las enamoradas. Estas vueltas, para Ana Silvia y Ramón que escuchaban la música en la glorieta, parecían interminables, pues continuaban y con un mayor número de personas aún después de concluir el concierto, ya que se les unían las parejas que compartían sus amores escondidos en el Samoa Bar de la esquina. Dentro de éstas se encontraba Tito, el mejor amigo de Ramón, y su novia Sofía, india de cabellos largos y cuerpo bien formado, hija de Sijo Almonte, el más próspero hacendado del pueblo. Nadie se explicaba cómo Tito siendo pobre y feo (le decían El Hurón) pudo “levantarse” a Sofía, desplazando a pretendientes hasta de Santiago y de la capital. Ahora bien, Sijo no lo podía ver ni en pintura. Por esta razón, Tito planificaba llevársela no obstante estar consciente de que podía perder la vida en el intento…


El jueves, Ambrosio, en la cama, esperando altas horas de la noche para ver al espectro de su abuelo, se quedó dormido, y empezó a roncar con más energía que su esposa. Hubo un momento en que las fue reduciendo, reduciendo hasta quedar sumergido en un silencio profundo, pero de pronto volvió a roncar.
En sueños oyó dentro de sí un sonido lejano y reiterativo ¡tang! Despertó, y el sonido ahora lo oyó en la sala ¡tang!: era de un objeto que chocaba contra la mesa: fue cuando se dio cuenta que estuvo dormido mientras esperaba. De una vez se levantó, y ofuscado caminó hacia la sala, donde para su sorpresa encontró a Ramón parado marcialmente fumando cachimbo y bebiendo ron con los ojos saliéndosele de las órbitas.
Ambrosio, que nunca lo había visto así y menos con esos ojos de serpiente y ese talle militar, por poco se muere del susto. El muchacho, al depositar el vaso de ron sobre la mesa le daba el golpe ¡tang!, y en seguida volvía a beber mirando la nada. El tío lo escuchó hablar con voz gruesa:
-Tú, Gugú -y el otro tiritando de terror, se dijo, “¡oh Dios, así era que me decía mi abuelo!”-, te has vuelto un disparate de hombre, no eres ni la sombra de lo que esperé de ti.-Manteniendo la firmeza del rostro extrajo humo del cachimbo-. Mírate cómo estás -lo expulsó-: Te has convertido en un alambique sin fondo, bebiendo todos los días, y el poco dinero que ganas lo pierdes en la gallera. Pero tu irresponsabilidad no tiene límites: sin poder acabas de mudar dos mujeres, y tu esposa que para mantenerte tiene que pasarse todo el día cosiendo, ni hijo quiere darte -se dio otro trago de ron, y de la mesa tomó la botella y llenó el vaso manteniendo la inmovilidad del rostro-. ¿Y tu padre Gugú?, ¿ya lo olvidaste, eh?, ¿ya olvidaste al viejo Francisco que con tanto esfuerzo te crió, y te dejó su finca para que la trabajaras y vivieras dignamente y hoy tú ni lo recuerdas?, ya se te olvidó que está postrado en una cama, abandonado en su rancho a su propia suerte -bebió largamente y otra vez golpeó la mesa ¡tang! con el vaso, y en seguida apuró el cachimbo y expulsó el humo-. Gugú, ya casi no me quedan fuerzas para seguir hablando, así que sólo te diré lo que no puedo ocultar, de lo contrario mi alma seguiría penando. En la mata de mango que está del otro lado del río, en la vereda que conduce a Sabana Grande, donde tú siempre me veías orinar los viernes en la tarde, hay una cruz dibujada en su tronco y a dos pasos de ella una botijuela que debes sacar. Antes es preciso que te pongas frente a la cruz para dar los pasos, luego cavarás y la encontrarás.-Se tomó otro trago temblándole las manos por primera vez y dejó el vaso sobre la mesa-. Cuando vayas, llévate a Ramoncito y a otra persona del pueblo -e instantáneamente se desmayó y cayó boca arriba con los brazos abiertos.
Ambrosio lo auxilió enseguida:
-¡Ramón!, ¡Ramón!-lo semilevantó-, ¡Ramón!
-Ambrosio, ¿y qué es lo que pasa? -Blanquita se había levantado, con la cara roja de preocupación, y al ver al sobrino exclamó-:¡¿Y qué le pasó a Ramoncito?!
-Ahora te explico -y señaló el seibó-. Anda, ve, trae el berrón…Anda, date rápido ombe.
La mujer obedeció con desespero. Pero ni el Bay Rum ni el aguardiente que luego trajo lo hicieron despertar. Él solo despertaría al día siguiente y sin recordar nada. Ambrosio, consciente ya del porqué de las apariciones de su abuelo, quien se le había “montado” a Ramón para informársela, de ninguna manera se lo diría, como tampoco se lo comunicaría a su esposa, a quien consideraba una ambiciosa deslenguá. Piensa sí, de encontrar la botija, mejorarle su estado de vida, lo mismo que a su padre y también ¿por qué no? a las dos mujeres que tenía mudadas.
Así que lleno de entusiasmo y con una decisión de acero empezó a planificar la búsqueda de la botija cumpliendo al pie de la letra los señalamientos de su abuelo. A Ramón le mentiría diciéndole que en sueño Piro Reynoso le había dado una botija:
-Eso sí, no se lo digas a nadie, a na-die.
-Despreocupa tío, que no se lo diré a nadie -y lo miró fijamente para repetir con su voz de adolescente-:a na-die, se lo juro por mi madrecita santísima.
Ambrosio añadió que esta misma noche iría a desenterrarla y quería que lo acompañara.
-¡Qué bueno!
El hombre pensó en Vale Pedro como el posible tercer acompañante, pero lo descartó de plano por ser, como su esposa, extremadamente indiscreto, a tal punto que afirmaba no ser baúl de nadie, por lo que en la práctica convertía la intimidad de los amigos en un secreto a voces y los chismes de los galleros en el obligado comentario del pueblo. Con él pensaba juntarse el domingo que viene en la gallera, y quizás ¿quién sabe? también lo gratificaría con el dinero de la botija. ¿Y entonces quién será la tercera persona en acompañarlo?
-Ah, eh…-Pensó, luego preguntó-:¿Tienes un amigo serio y discreto que nos pueda acompañar?
-¡Claro!
-¿Y quién?
-Tito.
-¿Tito? -De un vaso de hojalata que tenía en la mano bebió leche-.Aaah, Tito el de Chencha -lamió la que le quedaba en el bozo.
-Sí, ese mismo.
-Está bien -bebió más-, aunque no lo conozco a fondo lo creo un buen muchacho. Ahora eso sí: explícale que no debe decírselo a nadie, ¡a nadie! ¿comprendes?
-Comprendo, tío.
Cuando Ramón se lo informó, Tito vio el cielo abierto de par en par.
-¡Una botija! -vociferó-, ¡oooh seremos ricos, ricos! -y abriendo los brazos, mirando hacia arriba queriendo ver a Dios, repitió-: ¡Seremos ricos, ricos!
A partir de entonces, no volverían hablar de otro tema que no fuera del posible hallazgo de la botija, del futuro exitoso que les depararía, de la vida de ricos que se darían y todo gracias al oro, al oro de metal, a las morocotas de oro de la botija, oro, oro…seguro aparecerán más de mil libras de oro, seguro.
Sin embargo, en la noche, cuando fueron al sitio, como es sabido, no encontraron nada. Aunque sí, Ambrosio encontró muchas hormigas y carbones. Esa noche, él no durmió pensando dónde se equivocó, “¿dónde, Dios mío?”. E intentó memorizar los pasos indicados por el abuelo, pero por más que lo memorizaba, no alcanzaba a darse cuenta dónde estuvo el error, “¿por qué no aparecería a dos pasos de la cruz de la mata de mango?, ¿por qué?”. En la siguiente noche, después de las doce, volvería a intentarlo. Esta vez, Tito, aparte del foco, llevaría una pala y también un pico, y en una motocicleta Honda que cogió prestada, iría detrás de la Vespa de Ambrosio, quien llevaría en la parte de atrás a Ramón. Tito ya le había informado a Sofía lo de la botija, y había acordado, si la encontraba, convertirse en ganadero, y antes de casarse haría las paces con Sijo. Ramón, por igual, había hablado con Ana Silvia y acordado casarse con el dinero de la botija. Ambas parejas pensaban juntarse a celebrar el hallazgo en el Samoa Bar.
En el trayecto no tuvieron problemas en salvar las largas calles sin asfaltar que los separaban del lugar, viendo a lo lejos las gotas amarillentas de los pocos bombillos encendidos que sobresalían en las casitas de madera.
La ansiedad de riquezas y fortunas entrelazaba el pensamiento de los tres y hacía brillar sus caras. En menos de una hora alcanzaron el río, el cual cruzaron zigzagueando entre las piedras de la parte con menos agua. Luego subieron una lomita llena de yerbas, donde se detuvieron, no muy distante de la mata de mango. Ésta era gigantesca y frondosa, con el tronco de más de un metro de diámetro.
Al desmontarse, Ambrosio extrañó la ausencia del zumbido de los grillos e inhaló un desagradable olor a ratón muerto. Con calma caminó hacia el árbol y le pidió a Tito que le alumbrara con el foco la cruz seca y envejecida del tronco.
-Ya, apágalo -ordenó cuando estuvo complacido.
Y al disponerse a dar los dos pasos fue que se dio cuenta del error: su abuelo había especificado que era de frente a la cruz, y él lo había dado de espalda. Así que un poco nervioso, lo dio según lo indicado, y prácticamente se paró en el mismo sitio hoyado, el cual había sido tapado y apisonado, y lo marcó con una raya hecha con el pie derecho. A Ramón le solicitó el pico y la pala y en lo que lo traía volvió a inhalar el desagradable olor a ratón muerto y a extrañar el zumbido de los grillos, el cual le restaba tensión a su alma ansiosa. Mirando en derredor detuvo su vista en los árboles que en medio de la oscuridad parecían personas impávidas, y al seguir, divisó una silueta blanca brillante sobre un terraplén bordeante al río, de la cual sobresalía un sombrero de Panamá y un revólver. Un poco asustado, dedujo que era el espíritu de su abuelo esperando hoy librarse de la pena.
-Mire tío -Ramón le pasó el pico y la pala.
En esta ocasión, Tito le aclaró:
-Ambrosio, antes de empezar es necesario que invoquemos a Dios.
-¿Qué invoquemos a Dios? -plegó la cara-. ¿Y para qué?
-Para que aleje de aquí las fuerzas del mal.
-Bueno -se rascó la cabeza calva-, empieza tú.
-Hinquémonos y formemos una ronda.
Los tres se pusieron de rodillas, y Tito prendió una vela con un fósforo, y previo a centralizarla en la ronda, la invirtió para que escurriera cera. Luego la colocó encima de ella. La luz chisporroteaba en las caras.
El muchacho cerró los ojos para exclamar:
-Oh Dios de las alturas, hoy te invocamos a nombre de nuestra Virgen Santísima para que nos proteja de Satanás y nos ayudes a liberar de la pena a los espíritus guardianes de la botija. Te lo pedimos en nombre de tu hijo, nuestro señor Jesucristo que vino al mundo para librarnos de la esclavitud de los pecados. Con Él y en Él, con su honor y gloria aaamén.
-Amén -repitieron los demás.
Ambrosio, que no estuvo muy de acuerdo con la invocación por considerarla innecesaria, se levantó y le pidió a Tito:
-Prende el foco y alúmbrame aquí -señaló con la pala el área marcada con su pie derecho.
Cuando el otro intentaba localizarla con la luz, repitió:
-Aquí.-Y al verla añadió-: Bien, empecemos de una vez.
Antes de dar el primer picazo miró hacia donde estaba la silueta del abuelo, y como no la vio supuso que ésta se había ido porque estaba seguro de que la librarían de la pena. La silueta jamás reapareció.
A los veinte minutos irrumpió un rayo estridente que partió en dos un árbol a tres metros de la mata de mango e hizo caer a Ramón, quien había estado parado, cerca de ellos para que no lo amonestaran por apartarse como la noche anterior.
-¡¿Te pasó algo?! -le preguntó Tito con la pala llena de tierra.
-¡No -se puso de pie como un autómata-, no me pasó nada!
-¡Aaah…! -Volvió a trabajar concentrado en el oro, seguro que aparecerán más de mil libras, seguro…
A Ramón le empezaron a temblar las piernas y por momentos el pecho, y después las manos y volvían las piernas, el pecho y las manos. Estos temblores eran los efectos de una inestabilidad muscular que padecía, la cual calmaba con una pastilla que dejó en la casa. De su interior expulsó una sensación enigmática, desesperante. Y en el cielo irrumpió por segunda vez otro rayo estridente, y él, aunque no se desplomó perdió fuerzas en sus piernas. A partir de ese instante dejó de interesarle la botija, pues necesitaba urgente regresar a la casa y beber la pastilla, de lo contrario podría hasta perder el conocimiento. “¿Y si decido marcharme?, ¿podría? ¿Podría irme y dejar aquí a Tito y Ambrosio? No, no; sé que no puedo”.
En el cielo los rayos relampagueantes empezaron a aparecer y a desaparecer en tantas direcciones que a él le pareció estar viendo mallas fluorescentes.
Hubo un instante en que tuvo la necesidad de sentarse y pensó hacerlo en un toconcito de enfrente, pero no pudo: los pies no les respondían. Viró su cara desfallecida hacia los que cavaban pensando pedirle ayuda, mas sintió que su organismo se paralizó por completo. En el cielo volvió a irrumpir, por tercera vez, otro rayo estridente, y Ramón se desplomó de nuevo como un árbol desforestado, y en esos precisos momentos Ambrosio le dio el primer picazo a una vasija y Tito a otra.
-¡Alto, un momento! -mandó Ambrosio sospechando el hallazgo-. Tito, busca el foco y alumbra aquí.
El muchacho obedeció con rapidez, y al fijar la luz en las vasijas partidas vio asombrado las morocotas de oro que habían saltado por doquier.
-¡La encontramos -gritó alzando la pala-, la encontramos, encontramos la botija!, ¡encontramos la botija!
-¡Ni cuánto oro Dios mío! -Ambrosio estaba en el límite de su alegría-, ¡ni cuánto! -y empezó a recogerlo con las manos y a ponerlo al borde de la fosa. Tito hizo lo mismo dejando el foco encendido sobre la superficie.
Ramón, en el suelo, ajeno a todo, muriendo de ansiedad pudo gritar en sollozos ahogados:
-¡Auxilio, auxilio, ayúdenme!
A Tito le pareció oírlo, por lo que lo alumbró con el foco.
-¡Oh, ¿y qué le pasó a Ramón?!- salió de la fosa, y corrió hacia él.
Lo mismo hizo Ambrosio exclamando:
-¡¿Qué te sucedió, Ramón?!
Tito intentó levantarlo.
-Ttengo que beberme uuna pastilla -masculló agonizando con la cara llena de tierra.
“Yo sé lo que le pasa”, se dijo Tito soltándolo, y miró a Ambrosio que también intentaba levantarlo. “Él va a morir porque uno de nosotros tenía que fallecer como pago al demonio por habernos dado la botija.”
-Lllevenme aa la casa -suspiró, siendo al fin levantado, tambaleante, por su tío.
-¡Ramón, Ramón! -aquél lo jamaqueó-. ¡¿Y qué es lo que te pasa?!
Tito sacó con cuidado un revólver que guardaba debajo de la camisa, y sin pensarlo dos veces le dio un balazo en la frente a Ambrosio. Éste cayó muerto al instante, y con él sus ilusiones de riquezas, de vender el oro conseguido, ya cuando en verdad había aparecido. Ramón entonces, producto del impacto del crimen, recobró vida en el acto:
-¡¿Qué hiciste maldito Jurón?! -exclamó con los ojos bien abiertos.
-Lo maté.
-¡¿Y por qué lo mataste coño?! -casi le entra a trompada.
-Pa’salvarte a ti.
-Pero tú si eres desgraciado -amagó con entrarle, pero el otro le pegó la luz del foco en la cara, y con el revólver sostenido en la mano derecha le apuntó.
-Óyeme bien, Ramón -le habló con firmeza-: Ya desenterramos la botija, por lo que si tú no lo sabías uno de nosotros tenía que morir como pago al demonio
-hablaba apretando los dientes-. Y aparentemente el elegido fuiste tú, y para evitar eso maté a Ambrosio. ¡Lo maté para que el elegido fuera él y no tú! ¡¿Me entiendes?!
-¡Yo no entiendo na’ maldito loco! -el muchacho se disponía a írsele encima.
-Psss -vertical a los labios se puso el índice- Psss -apagó el foco-. Cállate -bajó el tono de voz-. ¿No oyes galopes de caballo?
-¡Yo no oigo na’ maldito Jurón! -le lanzó una trompada y el otro se echó a un lado, por lo que el puño golpeó el aire.
-Cálmate muchacho del Diablo. Baja la voz coño.-Tito no perdía el equilibrio, y con razón porque en efecto, por la vereda venían bajando dos hombres a todo el galope de sus caballos, los cuales ahora se escuchaban claramente-. Tú, ve escóndete allá, rápido -le ordenó, y le señaló unos matorrales, y él corrió hacia el lado opuesto.
Los hombres, jadeantes, se detuvieron al llegar. El más gordo ladeó su sombrero para decir:
-Alcalde, pero aquí no hay nadie.
-Eeeh -se bajó del caballo, y se dio el último trago del cuartillo de ron que cargaba-, Cuncún, te he dicho que nunca dudes de mis palabras. Si yo te digo que en este lugar hay alguien porque vi una luz prendida hay alguien -botó la botella- y además oí un tiro.
-Muuuh. -También se apeó.
-Cuncún, vas a seguir dudando de mis palabras.
-…
Los hombres empezaron a buscar a ese alguien, caminando cada uno por su lado, bordeando lomitas cubiertas de matorrales y matas de coco.
-¡Alcalde aquí hay un hombre! -exclamó al tropezar con el muerto. El alcalde se viró:
-Te dije que en este lugar había alguien ¿no? -Y fue rápidamente.
Próximo a la cara del caído, se agachó y prendió una encendedora:
-¡Pero es Ambrosio Reynoso, el de Francisco!
-Síí, y tiene la frente llena de sangre.
-Está muerto -se le apagó la encendedora. Se levantó y del suelo recogió un paquete de pencas secas de coco y le pegó fuego con la encendedora. Volvió a agacharse y las acercó al rostro-. Tiene un balazo en la frente.
El otro alzó la vista y vio el tumulto de tierra alrededor del hoyo. Musitó:
-Alcalde, ¿y qué es aquello que se ve allá? -lo señaló.
-Vamos a ver.
Y caminó con las pencas encendidas entre las manos. Los dos iban inmersos en interrogantes, contrarrestando lo resbaladizo del suelo. El alcalde llegó al canto de la fosa y alumbró su contenido:
-¡Pero…es una botija! -exclamó abriendo más los ojos, y Cuncún se tiró en el interior de la fosa.
-Así parece -se agachó y empezó a recoger con las manos las morocotas de oro diciendo-: ¡aquí si hay oro Dios mío!
Los caballos relincharon prolongadamente.
-Me pregunto si la muerte de Ambrosio tuvo que ver con esto -se le apagaron las pencas.
-No importa alcalde, vamos a llevarnos el oro, y cuando amanezca lo investigamos.
Volvieron a relinchar los caballos.
-Déjame buscar un saco que tengo en la silla para que lo eches ahí -se volvió, y Cuncún empezó a llenarse los bolsillos de morocotas, algunas de ellas sucias de tierra mojada: era la parte que no pensaba compartir con el alcalde.
Éste, en cambio, caminaba preocupado: “¿quién mataría a Ambrosio? ¿Y el hoyo?, ¿quién lo cavaría y dejaría dentro el tesoro…?”. Y cómo que no creía o no quería creer lo de la botija. “¿No es posible que de una manera tan fácil nos hagamos ricos?”
Al volverse recogió mucho más pencas, las depositó al lado del hoyo, y les pegó fuego: el entorno se aclaró. A Cuncún le lanzó el saco:
-Ten -le dijo-, espero que lo llenes -y, al observar las morocotas que estaban del otro lado del borde agregó-: Detrás de ti hay más onzas de oro.
Cuncún se volteó, y feliz de la vida las introdujo en el saco.
En eso se acercó Tito, con sumo cuidado, aguantando la respiración. Sosteniendo su arma con firmeza, le disparó a corta distancia a Cuncún, quien cayó al sentir el paso volcánico de la bala por su vientre. Con rapidez, le tiró al alcalde, a quien le voló el sombrero. El hombre entonces sacó su pistola con más prontitud que Jesse James, y Tito erró el tercer disparo, no así su oponente que le perforó el pecho con dos proyectiles: Tito se desplomó sin fuerzas cerca del borde de la fosa.
-¡Alcalde estoy herido! -gimió Cuncún en el suelo-. ¡Venga, sáqueme de aquí rápido!
El alcalde, hirviendo de coraje, tomó del piso una de las pencas encendidas, y fue a ver al que le disparó.
-¡Alcalde me muero!, ¡por favor venga, sáqueme de aquí pronto!
Se agachó para alumbrarle la cara: “¿Y quién será este muchacho?”
-¡Alcalde…!
“¡Qué maldita vaina!”, se levantó y se le apagó la penca. “Déjame ir a ayudar a Cuncún”, la soltó.
Ramón aprovechó el momento para huir en dirección al río, pero el alcalde, que oyó los pasos, lo siguió a toda velocidad. Y aunque no lo visualizaba con claridad le disparó con éxito, y cuando la bala penetró por su espalda, Ramón cayó aparentando estar muerto.
-¡Alcalde…!
El hombre, transpirando, se detuvo frente al muchacho, y se agachó prendiendo la encendedora: “¿Y quién será este otro muchacho?”
-¡Alcalde…!
“Andaaa laaa mieeerda”, se levantó. “Déjame ir a ayudar a la gallina de Cuncún”. Y regresó confundido, “quizás no debí dispararle a este otro muchacho”, y al no ver los caballos supuso que huyeron despavoridos, “¿quién sabe el problema que todo esto me traerá?”
A un paso de la fosa, pensó recoger más pencas pues la balsa estaba muy debilitada, pero optó por ayudar a su amigo y se tiró de pie en el hoyo.
-Alcalde me muero -seguía Cuncún-, me muero alcalde.
Él lo levantó con esfuerzo, y el otro dejó caer de los bolsillos varias morocotas.
-Tú no te vas a morir -lo mantuvo de pie-. ¿Y dónde fue que te hirieron?
-Aquí -se quitó la mano ensangrentada de la cintura.
-No parece grave -mintió pues no podía ver su magnitud.
Y lo ayudó a subir a la superficie.
-¡Aay, aay me duele!, me duele la herida alcalde.
-Vamos Cuncún, déjate de ñoñerías que tú eres un hombre, coño.
Y casi se lo tiró al hombro para terminar de ayudarlo a salir, manando sangre y dejando caer más morocotas de los bolsillos.
-Alcalde -continuó, ahora tratando de pisar firme sobre la tierra-, recoja usted el oro antes de irnos.
-Pero tengo que llevarte urgente al hospital -lo agarró mejor.
-Olvídese del hospital por ahora y vaya, recoja el oro por favor.
-Está bien- lo soltó-. ¿Te puedes mantener de pie?
-Sí, creo que sí.
-Bueno…
Se volvió, y de los alrededores recogió más pencas secas y las tiró en la balsa preguntándose en qué terminará toda esta maldita vaina. Después entró al hoyo y empezó a introducir al saco las morocotas restantes. Éstas, a veces, la introducía junto con tierra mojada principalmente las de la segunda vasija. “¿Y por qué huiría el último muchacho?, ¿sería de los que desenterraron la botija? ¿Y a Ambrosio?, ¿quién lo mataría…?”
Tito abrió los ojos. En ningún momento estuvo inconsciente, más bien lo aparentó, y con un dolor intenso en el pecho irguió la cara lo más que pudo hacia el alcalde y recobró fuerzas. Con el revólver aún en la mano le disparó, y el soplo del proyectil traspasó el pecho del alcalde, quien antes de caer muerto sacó su pistola y le disparó con éxito a Tito en la cabeza, quien falleció enseguida.
Cuncún con su cara en el limbo y en extremo débil, balbució:
-Aaalcalde, ¿qqué pasó? -Veía borroso, y al no oír respuesta decidió caminar a duras penas, con la intención de verlo mejor. Intentándolo, cayó desmayado en el interior de la fosa, encima del cuerpo agonizante del alcalde. Moriría antes de que salieran los primeros rayos del sol. En lo adelante reinó un silencio profundo roto solo por el quiebre de las pencas encendidas. Ramón, vivo aún pero no por mucho tiempo, y acostado sobre las yerbas de la orilla del río, recordaba la voz de su madre: “Mi hijo, tengo malos presentimientos, ¿por qué no dejas ese viaje para después?”. “Ya te lo dije mamá: si no voy ahora moriré de ansiedad en este edificio”. “Tú sabes que cuando tengo malos presentimientos algo lamentable siempre sucede”. “Sí, mamá, yo sé que cuando tienes malos presentimientos por lo menos un muerto hay en la familia”.


Edwin Disla. Santo Domingo, 17 de marzo del 2002