martes, agosto 30, 2005

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domingo, agosto 28, 2005

Historia Revistas Literarias Dominicanas


  • REVISTAS Y GRUPOS LITERARIOS EN LA HISTORIA DOMINICANA

    Por: Alejandro Paulino Ramos

Conferencia en el Centro Culotural Hispano, puesta en circulacion revista XINESQUEMAS (publicado en el numero 2 de esa revista, octubre del 2002).

El inicio de la vida republicana en 1844, después de veinte y dos años de presencia haitiana, facilitó el surgimiento de las actividades literarias encabezadas por la juventud dominicana. En aquellos días de la Primera República, un periódiquito publicado por La Sociedad Amantes de las Letras trajo el siguiente lema: “Aquí no se escribe porque no se lee y no se lee porque no se escribe”, reflejo de las dificultades educativas y culturales de aquellos días..

Entonces fueron las sociedades culturales-juveniles, las más activas en el propósito de acercar el libro, los periódicos y las revistas a la sociedad dominicana. Existió en esos jóvenes un marcado interés en el desarrollo del progreso intelectual y en la consolidación del progreso y la libertad, mientras los que dirigían el país se mostraban conservadores y enemigos del conocimiento, llevando a muchos de los directivos de las sociedades a la cárcel y otras veces al exilio.

Fue la Sociedad Amantes de las Letras, a la que perteneció Manuel de Jesús Galván, José Gabriel García y Manuel Rodríguez Objío, la que en 1854 publicó el periódico El Oasis y en 1959 la primera revista dominicana: la Revista Quincenal Dominicana, de carácter político-literaria. En 1860 Los Amantes de las Letras publicaban Flores del Ozama.

La primera agrupación en identificarse como una sociedad literaria fue la Republicana, surgida en 1867 con el objetivo de cultivar la inteligencia de sus miembros por medio de las ciencias, las letras y las artes. Esta no publicaba una revista sino un periódico llamado El Nacional, cuyo lema era: “El triunfo de la luz será siempre favorable al engrandecimiento y mejoría de la especie humana”.

En esta sociedad participaban Jose Joaquín Pérez, Francisco Gregorio Billini, Juan J. Sánchez, Federico Henríquez, y Juan Tomás Mejía. En Santiago apareció en 1874 la Sociedad Amantes de la Luz, todavía hoy faro de conocimiento para la región del Cibao, y desde Puerto Plata un importante grupo cultural que se fue nucleando en torno a Gregorio Luperón y Eugenio María de Hostos, y que tuvo ramificaciones en las principales ciudades, constituyeron en 1875 la Sociedad Amigos del País, iniciándose con ella un dinámico y prolongado programa de actividades literarias.

Con los Amigos del País fue que se iniciaron en Santo Domingo, según Cesar Nicolás Penson, las conferencias literarias. Como parte de sus actividades publicaron varias obras literarias y de historia, y fundaron la revista El Estudio.

Es a partir de 1879, con la toma del poder político por el Partido Azul de Gregorio Luperón que las revistas y periódicos toman un importante auge, ya que los gobiernos azules subvencionaron la aparición de revistas y bibliotecas, establecieron la escuela normal, y facilitaron el discurrir de las ideas; un ejército de jóvenes vinculados a las letras y la educación comenzó a avanzar por el país regando la cimiente de las letras. Ese proceso de modernización fue interrumpido en los doce años de la dictadura de Lilís, aunque varias revistas literarias fueron publicadas en esos años.

Aunque la muerte de Lilís, ejecutada el 26 de Julio de 1899, provocó la inestabilidad política, también facilitó la aparición de los primeros agrupamientos literarios de vanguardia.

A partir de 1900 resurgieron los partidos caudillistas y un clima de libertad mediatizada, y en las letras todos anhelaron tener sus propios medios para publicar poesías y ensayos, provocando que en un período de quince años circularan revistas que anunciaban “tendencias literarias”.

Las sociedades culturales y literarias habían desaparecido y las revistas fueron utilizadas como medios para aglutinar tendencias literarias, influenciadas casi todas por el modernismo:

En 1900 circuló “Páginas”, sustituto de la Revista Ilustrada de 1898. Página estaba dirigida por Manuel A. Machado y se agrupaban en torno a ella Antonio Alfau Baralt, Gastón Fernando Deligne, Américo Lugo, Hipólito Billini y Virginia E. Ortea.

Para ese mismo año apareció la revista Ibis, al parecer influenciada por la lectura de las obras de Vargas Vila. A este grupo ingresaron jóvenes que habían colaborado con la Revista Ilustrada pero que no pasaron a Páginas, entre ellos Francisco Noel Henríquez Ureña, Apolinar Perdomo, Porfirio Herrera, Mario A. Mazara y Bienvenido Iglesias. Muy pronto los de Páginas y los de Ibis se fusionaron en una sola publicación a la que llamaron Nuevas Paginas.

En 1901 apareció la Revista Literaria dirigida por Enrique Deschamps y se constituyó el Ateneo de la Juventud. El Ateneo fue dirigido por Amando Pérez Perdomo, Max Henríquez Ureña y Juan Tomas Mejía hijo, y publicaba en 1903 la revista El ideal. En 1903 circularon las revistas literarias El Esfuerzo, El Iris, El Porvenir, Páginas Blancas, Página Azul, y la revista Blanco y Rojo. Los colores como notamos, separaban e identificaban las revistas literarias. Entre las revistas más importantes de 1903, se encontraban la Revista Quincenal dirigida por Manuel de Jesús Galván y La Cuna de América de José Ricardo Roques. La Cuna de América circuló hasta 1924. En 1930 volvió a aparecer en formato de periódicos y un poco alejada de las actividades literarias.

La Cuna de América tomó participación activa en el surgimiento del Grupo Paladión en 1917, y en la del Movimiento Postumista de Domingo Moreno Jimenes, Rafael Augusto Zorrilla y Andrés Avelino.

Para el año de 1906 circularon El Pensamiento y Lampos, dos años después las revistas Azul y Verde, El Aura, Helio, y Blanco y Negro; esta última con una hermosa impresión y consolidada en fotografías decalidad. Blanco y Negro fue dirigida por Francisco A. Palau y es, por su tiempo de circulación una de las más importantes en la historia de las revistas dominicanas. Fue alrededor de esta revista que Paladión se constituyó en 1917, como el primer grupo cultural-literario de la República..

Paladión fue hasta 1931 una organización juvenil, cultural y revolucionaria, y sus integrantes, al igual que los del Postumismo y los de Plus Ultra, que se van a constituir en 1922, provenían de la Escuela Normal y en su mayoría eran seguidores del pensamiento hostosiano. Es notorio en algunos de los integrantes de Paladión, como es el caso de Francisco Prats Ramirez, la influencia de la teoría marxista y del triunfo de la revolución rusa de 1917. Entre los integrantes de Paladión se encontraban: Carlos Sanchez y Sánchez, el lider del grupo, así como Francisco Prats Ramirez, Manuel A. Amiama, Cristián Lugo, y Juan José Llovet.

No podemos dejar de mencionar la aparición en 1910 de la revista Ateneo, órgano del Ateneo Dominicano, valiosísimas páginas para la historia de la literatura vernácula. Antes de la ocupación militar americana, fueron publicadas las revistas Cuentos, Versos Selectos, Apolo y Renacimiento, siendo la última la más importante del grupo

Los ocho años de la ocupación militar americana (1916-1924), fueron difíciles para las actividades políticas, literarias y el libre pensamiento; pero no impidieron el surgimiento de grupos literarios y culturales y la publicación de interesantes, que por el contrario surgieron como parte de una tendencia contestaria que se oponía a la presencia de las tropas extranjeras. En este período surgieron los primeros grupos verdaderamente de vanguardia de la República Dominicana.

Entre los grupos resulta importante señalar a Paladión, a Plus-Ultra, y a los Postumistas. Paladión tenía como centro de operaciones la revista Blanco y Negro, los Postumistas a la Cuna de America y la revista Letras, y los de Plus-Ultra, fundado en 1921, y lidereado por Manuel Arturo Peña Batlle, publicaban en 1922 la revista Claridad.

En PlusUltra participaban Alcides García Lluberes, Jesús María Troncoso, Angel Rafael Lamarche, Juan isidro Jimenes-Grullón, Arturo Despradel, Carlos Larrazabal Blanco y José Enrique Aybar. Tanto Paladión como Plus Ultra se fusionaron en 1931 dando paso a la agrupación Acción Cultural.

Entre las revistas literarias del período de la ocupación militar se encontraba Letras, aparecida en 1917 y exclusivamente literaria. Letras, que era dirigida por el venezolano Horacio Blanco Bombona, circuló hasta finales de1921, cuando fue cerrada por el censor americano y su director expulsado hacia México. En lugar de Letras, pero como una continuación de esta apareció en diciembre del mismo año la revista L… Dirigida por Quiteria Berroa era la continuidad de la anterior, correspondiendose la numeración con la anterior. El censor militar también clausuró por corto la revista Renacimiento y su director apresado y sacado del país.

En 1922 aparecieron las revistas Anarkos, y Panfilia, y en 1923 apareció la revista semanal y de temas generales, La Opinión. Esta revista dedicó especial atención a los temas literarios. La Opinión, se transformó en periódico diario en 1927, dirigida por Abelardo René Nanita.

La desocupación militar del país se produjo en 1924, abriendo las puertas a la soberanía y la libertad, pero también a la competencia y a la atomización de los grupos literarios.

El período se inicia en 1924 con el último gobierno del General Horacio Vásquez y terminó con el derrocamiento de este en 1930. Con la llegada de Vásquez al poder y la salida de las tropas americanas del país, comenzaron a surgir pequeños agrupamientos y esporádicos medios literarios de vida efímera, nucleándose en capillas literarias que comenzaron a proclamarse vanguardia y representantes de las más modernas manifestaciones del arte y la literatura. El período estaba marcado por un relativo bienestar económico y un espacio de libertades públicas que era aprovechado por la juventud de entonces.

La proliferación de esos grupos fue destacada por la revista La Opinión, llegando a sugerir la unidad de todos en torno a Paladión y los acusó de identificarse con “rotulos rimbombantes, que nacen, se extinguen y reproducen con la rapidez y facilidad de lo infructífero”. La Opinión acusaba a esos grupos de ser “archipiélago, de islotes pequeños, dislocados y esteriles”.

De las revistas generales, pero que daban importante espacio a la literatura, es justo destacar la aparición de Cromos como la revista publicada por hombres que más espacio daba a las mujeres escritoras: En ella escribían regularmente Rosa Canto, Aurora Estrada y Ayala, Amada N. Pittaluga, Enriquea Terradas de Lmarche, Ines de Lucas, y Livia Veloz. Cromos estaba dirigida por Ernesto Casanova y redactada por Gilberto Sánchez Lutrino

Las revistas literarias tuvieron relaciones con los grupos literarios en ese período fueron: la Revista X, vinculada al Postumismo y dirigida en1925, por Andrés Avelino y Rafael Andrés Brenes. Moreno Jimenes, Sumo Pontífice del Postumismo publicaba en 1926 la revista La Voz, y en 1929 comenzó a publicar hasta 1937, El Día Estético, vocero del Movimiento Postumista .

En medio de la coyuntura provocada por la crisis economica de 1929 en el mercado mundial, la enfermedad del viejo caudillo Horacio Vásquez, y su intento para reelegirse nuevamente, al Coronel Trujillo se le facilitó la toma del poder político a través de un golpe de Estado que va a ser ejecutado en el mes de febrero de 1930. A partir de ese momento se siente una baja significativa en las actividades literaria de los grupos culturales en la medida que la dictadura se consolidaba, y muchos de los jóvenes intelectuales de aquellos días mostraron interés en las actividades políticas conspirativas, que tuvieron como centros a Santiago de los Caballeros y a la ciudad Capital. Círculos marxistas se movían en medio de las actividades culturales de entonces.

El espacio que va de 1930 a 1935, período de una resistencia que fue finalmente aplastada por la tiranía, fue ocupado por las revistas La Cuna de América que reapareció por corto tiempo con formato de periódico, y la revista Bahoruco, para mi la más importante en los medios intelectuales de la época. Dirigida por Horacio Blanco Bombona, quien antes publicó la revista Letras, circuló desde 1930 hasta 1936. A Bahoruco le tocó la gloria de ser el medio literario donde aparecieron los primeros cuentos de Juan Bosch, en 1931. Juan Bosch fue también redactor de la revista Alma Dominicana aparecida en 1934.

Pasada la primera reelección de Trujillo en 1934, y fracasados los intentos para la eliminación del tirano planificados por jóvenes horacistas, normalistas y marxistas, que se habían unidos con ese fin, los escritores e intelectuales comenzaron a hacerse trujillistas, especialmente a partir de 1935. Aparecieron nuevas tendencias literarias, pero muy limitadas por el interés de la dictadura; las tendencias, a decir de Joaquín Balaguer, se desatendieron en absoluto de las esencias de la vida nacional y se propusieron a utilizar el verso como expresión del sentimiento cósmico y de las vaguedades espirituales. Los intelectuales y escritores se fueron integrando al proyecto trujillista ya para gozar del poder y sus beneficios o ya para evitar ser destruidos por este. En su mayoría los antiguos integrantes de Paladión, Plus-Ultra, Acción Cultural, y los Postumistas, se integraron al aparato cultural de la dictadura y llegaron a ocupar posiciones de relevancia en la política nacional.

Del período de los treinta años de la famosa “era” de sangre y oprobio, sobresalieron varias revistas vinculadas a agrupaciones culturales y literarios. La revista La Cueva, surgió en 1937 como vocero del grupo Plus-Ultra que al parecer volvió a ser reactivado.

Importantísima fue la revista La Poesía Sorprendida, aparecida en 1943 como órgano del movimiento de vanguardia de igual nombre, dirigida por Alberto Baeza Flores. De la Poesía Sorprendida circularon veintiún números y catorce cuadernos conteniendo la producción de esta agrupación.

En cuanto a los Cuadernos Dominicanos de Cultura dirigido por Tomás Hernandez Franco, comenzaron a aparecer en 1943 y desaparecieron en 1952. La colección de estos cuadernos está considerada como la más importante producción literaria de la década del cuarenta.

La generación del 48 se va a hacer presente a través de su revista Altiplano, la cual apareció en 1948, dirigida por Iván Alfonseca y circuló en 1955 con intención de sustituir a los Cuadernos Dominicanos de Cultura, la Revista Dominicana de Cultura, dirigida en 1955 por Emilio Rodríguez Demorizi.

El ajusticiamiento del tirano en 1961 puso fin a una larga era de control y miedo en la sociedad dominicana, permitiendo el inicio de un tortuoso proceso de democratización que todavía no termina. Los intelectuales y poetas que fueron disidentes del pasado régimen se integraron a la lucha política afectando las actividades literarias y limitando la aparición de revistas literarias. Habiendo permanecido acallados por el miedo y la represión por tanto tiempo, los intelectuales y su producción van a estar mediatizada por dos tendencias: la “independiente” alejada de los conflictos de clases de esa coyuntura, y la de los comprometidos con la libertad.

En ese contexto, dos revistas, “Brigadas Dominicanas” y “Testimonio”serán las más representativas de las dos tendencias antes citadas. En ellas y en las páginas dedicadas a la literatura en la revista Ahora, surgida en 1962, los escritores formados en los tiempos de la dictadura y la generación post trujillista, encontraron el espacio necesario para sus producciones literarias.

Brigadas Dominicanas surgió en diciembre de 1961 dirigida por Aída Cartagena Portalatín para “testimoniar, en principio, su total adhesión al fuerte movimiento de oposición que la vigente juventud levantó frente al régimen irracional” Las Brigadas eran independientes del compromiso partidario pero de decidida orientación antitrujillista, contestatarias y antibalaguerista. Dejó de circular en diciembre de 1962 y su espacio llenado 14 meses después por la revista Testimonio.

Testimonio surgió en febrero de 1964 bajo la dirección de Lupo Hernández Rueda, Luis Alfredo Torres, Alberto Peña Lebrón y Ramón Cifre Navarro. Sumergida la sociedad en las luchas políticas desatadas por el golpe de Estado de 1963, la consiguiente insurrección guerrillera del 14 de Junio, y la consolidación de la dictadura cívico-militar del Triunvirato, la revista intentó alejarse de esos conflictos sin poder dejar de reflejar en sus páginas la coyuntura que se estaba viviendo. La encrucijada apareció en el primer número: “No somos ajenos a la grave encrucijada en que se debaten los destinos nacionales (…). Pero Nuestro derrotero es el camino del espíritu..”

Llama la atención en Testimonio la publicación 1966 del libro “Los dias irreverentes”, en formato de revista, de Luis Alfredo Torres, y la publicación del número ocho de 1964 dedicado a diecisiete jóvenes escritores, entre ellos: Juan José Ayuso, Pedro Caro, Roberto Marte, Jacques Viau R., René del Risco Bermúdez, Osvaldo Cespeda, Antonio Lockward, Jorge Lara (Ulises Rutinel Domínguez), y Rafael Lara Citrón.

Dejó de circular en 1967 debido al costo del papel y a las contradicciones en torno a la dirección de la revista. En julio, los antiguos directores renunciaron anunciando la salida de la revista Colibrí “como un medio de poesía selecta”. De esta revista no tenemos noticias de si llegó a circular.

Durante la Revolución de Abril de 1965 los intelectuales y escritores se adhirieron militantemente a la insurrección, la vida económica y cultural se paralizó, los periódicos y revistas dejaron de salir y todo giraba en torno al conflicto cívico-militar.

Por esta razón, más que revistas literarias fueron los poetas y escritores revolucionarios los que cantaron a la patria en medio del silbido de las balas. Los nuevos y los viejos de la literatura se encontraron de sobre las trincheras, aunque algunos prestigiosos intelectuales, como Héctor Incháustegui Cabral, fueron opositores a la Revolución Constitucionalista.

En la zona constitucionalistas se organizó en julio El Frente cultural dirigido por Silvano Lora, Antonio Lockward, y René del Risco, así como la agrupación artística Arte y Liberación, pero no se imprimieron revistas literarias. En la sección Página Literaria del periódico Patria aparecieron los aportes de los intelectuales que estaban con la revolución.

Al finalizar la guerra patria, los artistas y escritores que participaron en ella comenzaron a organizar los Grupos Literarios, entre ellos La Mascara (1965), El Puño (1965), La isla (1966), La Antorcha (1967) y El Bloque de Jóvenes Escritores (1973). Todos, a excepción de La Mascara, estaban influenciados por la guerra, el marxismo y la esperanza de la vuelta a una revolución que nunca llegó. De estos agrupamientos, sólo el Bloque de Jóvenes Escritores publicó la revista Bloque en 1973, dirigida por Rafael Julián, Mateo Morrison, Antonio Lockward, y Diógenes Céspedes. Los colaboradores de Bloque fueron los integrantes de los grupos literarios.

Al finalizar la revolución reapareció la revista Testimonio y en 1967 el Movimiento Cultural Universitario publicaba los Cuadernos de Poesía. Para 1971 circulaba la revista Liberación dirigida por Víctor Víctor, de carácter político-literaria, pero los medios más importantes para las generaciones de post guerra fueron los suplementos culturales de los periódicos nacionales.

La Gaceta Literaria de Auditórium, del Listín Diario, apareció en 1972 como órgano del Grupo Cultural Auditórium y dirigida por Carmen Quidiello de Bosch y marianne de Tolentino. En ella se destacaron los escritores que se consideraron parte del Movimiento de la Joven Poesía y del Pluralismo, mientras que León David y Mateo Morrison comenzaron a producir el Suplemento Cultural Aquí, de La Noticia, órgano discreto de la Joven Poesía.
Fue además significativo el aporte del Suplemento Dominical del Nacional (1966). y las secciones de literatura de la Revista ¡Ahora!.

A principio de los años setenta los grupos literarios comenzaron a desaparecer dando paso a los Talleres Literarios, de donde surgieron los más importantes representativos de la literatura dominicana hoy. De una actividad cultural y literaria que apostaba al enfrentamiento social y a la solidaridad internacional, después del triunfo del PRD en 1978 y la necesaria y feliz salida del período de los “Doce Años de Balaguer”, las actividades literarias tomaron nuevos rumbos, llegó la dispersión y cada quien fue definiendo su tendencia, su estilo y forma, buscando en lo cotidiano y en las experiencias extranjeras el sostén de su producción. Los talleres fueron las escuelas donde se fraguaron los escritores de la Generación del Ochenta.

Independientemente de los Talleres, en 1974 surgió el Movimiento Pluralista definido por Tony Raful como “Frente estético de la burguesía”. Dirigido por Manuel Rueda, surgió “representando una opción de técnicas y trabajo en el experimento formal de la literatura dominicana, atiborrada por un desgane histórico de profundas raíces sociológicas”. Los integrantes de esta agrupación tuvieron abiertas las puertas de los suplementos y diarios de la época.

Entre los Talleres Literarios encontramos al Núcleo de Escritores Jacques Viau, surgido en 1978 y en el que se reunían Rafael Peralta Romero, Aquiles Julián, Héctor Jerez, Federico Sánchez, Julio Cuevas y el poeta Tomás Castro.

Para 1979 algunos de los integrantes del Jacques Viau se fusionaron con el grupo que formó el Taller Literario Cesar Vallejo, el que dirigido por Mateo Morrison en la Universidad, estaba integrado por José Mármol, Mayra Alemán, Dionisio de Jesús, Plinio Chahin, Ylonca Ncidit Perdomo, Tomás Castro, Rafael García Romero, Miguel A. Jiménez, Tomas Modesto y Franklin Gutiérrez.. El Cesar Vallejo posee un boletín, dirigido por Miguel Antonio Jiménez, del que han aparecido unos diez y nueve números.

Otro grupo-taller interesante fue el Circulo Literario Domingo Moreno Jimenes, surgido en 1983, con un boletín, especie de hoja volante, donde circulaba publicaban sus versos y opiniones. El Moreno Jimenes estaba integrado por Marcos A. Martínez, Evan Lewis, Medar Serrata, y Adrian Javier, y tenía su centro de acción en la zona oriental de la capital correspondiente a Alma Rosa.

En la barriada de Los Minas tuvo una importante actividad el Taller Literario Juan Sánchez Lamouth. Este taller utilizaba la parte trasera de la iglesia de “Los Minas Viejo”, para realizar sus reuniones.

La Generacion del Ochenta, nombre con que se identifica a los escritores surgidos de los Talleres se diferenciaba de las anteriores en la temática y las técnicas, y de acuerdo con Franklin Gutiérrez, se preocupaban por la muerte, la metafísica y el nihilismo, mientras los de postguerra estuvieron vinculados al marxismo, la solidaridad internacional y los conflictos sociales. Los del ochenta se alejaron de las luchas sociales y encaminaron sus aportes por el camino del individualismo y la distracción. Sus principales medios de difusión fueron los boletines de los talleres, algunas revistas y los suplementos de los diarios nacionales. Además tuvieron la oportunidad de constar con las revistas Letra Grande, Cuadernos Siboney, la revista Y..Punto, los Cuadernos Dominicanos de Poética y la revista Yelidá.

Letra Grande apreció en marzo de 1980 dirigida por Juan R. Quiñones y coordinada por Pedro Richardson y Peralta Agüero.

Los Cuadernos Ciboney comenzaron a ser publicados en septiembre de 1980 dirigido por Marcio Veloz Maggiolo y Freddy Gatón Arce, vinculados a la licorería Siboney, siendo de interés los concursos literarios que patrocinaba la revista.

En cuanto a la revista Y…Punto!, autocalificada como “nosdalaganario de literatura”, comenzó a publicarse a finales de 1982, definiéndose como órgano del Colectivo de Escritores…Y Punto! En ella escribían Raúl Bartolomé Reynoso, René Rodríguez Soriano, Tomás Castro y Aquiles Julián.

Una publicación de literatura que ha permanecido hasta hoy son los Cuadernos de Poética, dirigidos por Diógenes Céspedes. Estos Cuadernos aparecieron por vez primera en 1983 con Andrés Blanco Díaz como redactor y un comité asesor de escritores nacionales e internacionales.. Los Cuadernos surgieron para “valorar el poema y hacerlo público” y su estrategia política se inscribió “contra la teoría y la práctica de la metafísica del signo”.

En 1986 circuló Yelidá, revista literaria dirigida por Antonio Fernández Spencer, con Victor Mármol como redactor y Abil Peralta Agüero como secretario. En Yelidá colaboraban Diógenes Céspedes, Manuel Núñez, Mateo Morrison, Tony Raful, Danilo Lasose, Andrés L. Mateo y otros destacados escritores de la época.

Más recientemente han circulado revistas literarias como son Vetas de la Cultura, El Aleph, revista del círculo literario de igual nombre, Espacios Culturales publicada desde 1997 por Mateo Morrison, El Punto de la Casa, vinculada a Casa de Teatro, y Caudal que dirige el talentoso y joven escritor Carlos Cabrera.

De estas revistas es obligatorio referirse a Vetas, definida recientemente como la “única revista en blanco y negro que se mete en rojo”. Dirigida en su primer número de 1993 por Clodomiro Moquete y Avelino Stanley, ha tenido como soporte a la Editora Buho. Después de doce años apareciendo cuando “Dios quiere”, Vetas está en abril del presente año celebrando la salida de su número sesenta. Abierta a “los dioses” y en especial a los jóvenes escritores, se tiene, sino como la más importante, por lo menos como la más contestataria, abierta, malcriada y polémica de las publicaciones literarias dominicanas de actualidad.

Ahora el campo de las letras nacionales tiene un nuevo medio para que los intelectuales y escritores entreguen sus aportes a la sociedad dominicana. Toca el turno a Xin-Esquema, revista literaria que en algunos minutos tendrán ustedes entre sus manos, dirigida por un intelectual que ha demostrado poseer la capacidad y el conocimiento para salir triunfante en todos los compromisos en que se embarca, por lo que estoy seguro que habrá revistas literarias por muchos años. Muchas Gracias.




























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REVISTAS DE PUEBLOS

**En la historia de la literatura y de las revistas literarias los pueblos han sido abusivamente olvidados, no importa su esfuerzo, la capital es la que ha ocupado siempre el espacio que le corresponde a todos.

La Primera revista literaria “ Prosa y Verso,” apareció en San Pedro de Macorís en 1893, dirigida por Luis A. Bermudez y Rafael A. Deligne.San Pedro era en ese momento la ciudad de más actividad económica de la República.

En 1910 circulaba en San Pedro la revista Mimí, Mireya y en Moca surgio en 1911 El Ideal y en Santiago para el mismo año circuló Amantes de la Luz y Alba Lirica.

En 1922 circulaba en La Vega la revista Sangre Nueva, y la revista de la Asociación Ateneo Sanjuaneros.


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**Desde 1892 hasta 1899 se publicó, dirigida por Francisco Henríquez y Carvajal, la revista Letras y Ciencias y en 1896 circularon tres números de la revista Ciencias, Artes y Letras, dirigida por Rafael Justino Castillo, Luis A. Weber y Andrés Julio Montolio, con la colaboración de Manuel de Jesús Galván. En el mismo año apareció la revista Entrega Literaria, dirigida por Alcibíades Ramírez, Jacinto B. Peynado y J. A. Lora Hijo.
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**El siglo XIX finaliza con varias publicaciones literarias, entre ellas: “Entrega Literaria, dirigida por Alcibíades Ramírez, J. B. Peynado y J. A. Lora hijo. La Revista Ilustrada apareció en 1898 (con una periodicidad quincenal) y dirigida por dos grandes de las letras dominicanas: Miguel Angel Garrido y Tulio Manuel Cestero; también circuló al finalizar el siglo, El Porvenir Literario, dirigido por Porfirio Herrera Velásquez y Apolinar Perdomo.

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**En 1903 apareció la Revista Quincenal en la que se nuclearon Manuel de Jesús Galvan, Fedrico Henriquez y Carvajal, Jose Ramon Lopez, Ozema Pellerano y Valentin Giró, pero la revista más importante de ese período y posiblemente de todo el primer cuarto del siglo XX, fue La Cuna de America, surgida en 1903, fundada por Jose Ricardo Roques y en la que participaban Emilio A. Morel, Arturo Logroño, Lorenzo Despradel y O. Alvarez Mainardi. La Cuna de America fue dirigida en 1906 por Miguel Angel Garrido y circuló hasta 1924. En 1930 reapareció pero esta vez un poco alejada de las actividades puramente literarias.
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*Las primeras mujeres en publicar en La Cuna de America fueron Virginia Elena Ortega, Altagracia Saviñon, Emilia Pardo Bazán, Tomasina M. Abreu, isabel A. de Pellerano, Amalia Verase, Dilia Mercedes Qquezada y Mercedes Mota.
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**Tambien en 1908 apareció Osiris, dirigida por Rafael Damirón y Valentin Giró, y en 1910 comenzaron a circular La Pluma, Oasis, Ateneo, Minerva. Ateneo era el organo del Ateneo Dominicano, institución que dejó publicadas cientos de páginas, valiosisimas colaboraciones para la historia de la literatura dominicana. En 1912 se fundó la revista Cuentos, y Versos Selectos y para 1915 comenzaron a ser publicadas Renacimiento, Minerva, y Apolo, últimas publicaciones en circular antes de la Ocupación americana de 1916.
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**Tambien en 1908 apareció Osiris, dirigida por Rafael Damirón y Valentin Giró, y en 1910 comenzaron a circular La Pluma, Oasis, Ateneo, Minerva. Ateneo era el organo del Ateneo Dominicano, institución que dejó publicadas cientos de páginas, valiosisimas colaboraciones para la historia de la literatura dominicana. En 1912 se fundó la revista Cuentos, y Versos Selectos y para 1915 comenzaron a ser publicadas Renacimiento, Minerva, y Apolo, últimas publicaciones en circular antes de la Ocupación americana de 1916.


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martes, agosto 16, 2005

historiadominicana

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La Poesía Sorprendida Vive en Don Mariano Lebrón Saviñón


Alejandro Paulino Ramos

Don Mariano Lebrón Saviñón nació en la ciudad de Santo Domingo, República Dominicana, el 3 de agosto de 1922. Médico, profesor universitario (fundador de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña), ex presidente de la Academia Dominicana de la Lengua, poeta, y ensayista de sólida formación cultural y literaria. Fue de los fundadores de la agrupación literaria La Poesía Sorprendida y quien bautizó con ese nombre este movimiento poético. Además de poeta, es autor de Historia de la Cultura Dominicana, publicada en cinco volúmenes. Muchos de sus poemas se encuentran recopilados en Tiempo en la tierra. En 1993 fue galardonado en México con el Premio José Vasconcelos.

En la foto tomada en su residencia en una mañana calida de un domingo reciente, aparece acompañado de un grupo de intelectuales que admiran y respetan sus aportes a la cultura dominicana: Miguel A. Holguín-Veras, Dante Ortiz, Rafael Peralta Romero, Edwin Disla y Alejandro Paulino

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domingo, agosto 14, 2005

UNIVERSIDAD AUTONOMA DE SANTO DOMINGO

PROXIMAMENTE SALDRA EL DICCIONARIO DE FOLKLORE Y CULTURA DOMINICANA, de la autoría de Alejandro Paulino y Aquiles Castro Arias, en el que podrán leer temas como este:

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE SANTO DOMINGO (educación). La Universidad Santo Tomás de Aquino fue fundada el 28 de octubre de 1538 después que los Dominicos obtuvieran la bula papal de Paulo III; esta bula los facultaba para abrir y sostener el alto centro de estudios con los mismos privilegios que los de Salamanca y Alcalá de Henares. La Universidad fue cerrada después de 1795, al firmarse entre España y Francia, el Tratado de Basilea y reabierta nuevamente en 1815, bajo un patronato oficial y con el Dr. José Núñez de Cáceres como su rector. No pasaron ocho años, cuando en 1823 la institución se vio obligada a cerrar sus puertas debido a la ocupación haitiana (1822-1844). En Julio de 1859 el Gobierno encabezado por el General Pedro Santana intentó su reapertura, pero por falta de interés real de las autoridades, esto fue imposible. La falta del centro universitario llevó al presidente José Maria Cabral y a un selecto grupo de intelectuales a crear el 31 de diciembre de 1866, el Instituto Profesional el cual cerró por presiones políticas en 1868 y reabrió nueva vez sus aulas en 1881, por iniciativa del general Gregorio Luperón y del educador Eugenio María de Hostos. El Instituto Profesional fue transformado en Universidad de Santo Domingo el 16 de noviembre de 1914, por un decreto del presidente de la República, Dr. Ramón Báez. La Universidad de Santo Domingo, fue transformada en Universidad Autónoma de Santo Domingo, mediante la ley de autonomía No. 5778 del 31 de diciembre de 1961. Al finalizar la Guerra de abril (1965), en septiembre de 1966 se dio inicio al Movimiento Renovador que definió una política educativa más científica y democrática. (A. PAULINO: 1997: 11-18)

INTELECTUALES Y TRUJILLO




INTELECTUALES AL INICIO DE LA DICTADURA DE TRUJILLO

Alejandro Paulino Ramos

El inicio de la dictadura de Rafael L. Trujillo en 1930, puso fin de inmediato al proceso de apertura que comenzó a vivirse a partir de la desocupación militar americana de 1924 y de la instauración del gobierno del general Horacio Vásquez.

Durante los seis años de gobierno de este caudillo, la intelectualidad encontró algunos obstáculos y un selecto grupo conoció la cárcel por sus críticas al presidente. Entre los treinta y dos que fueron “condenados, encarcelados, agredidos o perseguidos judicialmente por el gobierno de Horacio Vásquez” se encontraron Américo Lugo, Rafael Estrella Ureña, Luis C. del Castillo, Arístides Fiallo Cabral, Tomas Hernández Franco, Ulises Heureaux hijo y Manuel A. Peña Batlle

Pero aún así se puede decir que la intelectualidad pudo promover sus ideas y proyectos en el marco de un relativo ambiente de libertades públicas; fundaron partidos liberales y democráticos, así como sindicatos, sociedades y agrupaciones influenciadas por ideas marxistas. Los más prestigiosos y militantes entendieron llegado el fin del caudillismo, por lo que se integraron a los proyectos que anunciaban la modernización del Estado y la participación de ellos en la dirección de la cosa pública, sustituyendo, claro está, a los viejos caudillos que tanto daños les habían causado a la sociedad dominicana, pero Horacio Vásquez era considerado el símbolo de la política caudillista.

Si bien los intelectuales estaban claros en el tipo de reformas requeridas para modernizar el Estado, sentían la debilidad de no contar con aparatos de presión que fueran más allá de sus ideas. Desde el final de la ocupación militar americana, esos aparatos, especialmente el ejército, estaban bajo el absoluto control de Rafael L. Trujillo y de un sector de la burguesía extranjera que discretamente le apoyaba.

Posiblemente, por esta situación fue que una parte importante de la intelectualidad dominicana entró en el juego de la conspiración contra el gobierno de Vásquez, encabezada por Rafael Estrella Ureña, contando con que, de lograr sus objetivos de sustituir al viejo caudillo, ellos iban a ser los actores principales del proceso y no como realmente sucedió, que el jefe del Ejército, quien había urdido toda la trama sigilosamente, terminó poniendo a los intelectuales a su servicio.

La trampa en la que entraron los intelectuales estaba relacionada con la concepción que estos tenían, de que la sociedad dominicana no podía reformarse y modernizarse al margen de un proceso que aniquilara el caudillismo partidarista. Para una parte de la intelectualidad ese proceso no podía implementarse sin la presencia de “un Hombre” con fuerza, decisión y poder, que fuera capaz de dirigirlo.

Tres palabras definían la concepción del Estado, la política y la sociedad en los debates de la intelectualidad dominicana: evolución, regeneración y renovación, y aunque también se hablaba de revolución esta última no tenía, al parecer, amplia simpatía en las elites pensante.

La crítica de los jóvenes intelectuales al partidismo caudillista llevó a Manuel A. Peña Batlle, líder de la agrupación Plus-Ultra, en julio de 1922, a negar a los partidos de entonces la condición de tales, por no tener programas, ni ideología y estar sustentados principalmente en hombres. De lo que se trataba, decía Peña Batlle, era de construir partidos sustentados en principios e ideas y en “hombres que los impongan”:

El 17 de agosto de 1922, el director del periódico santiagués El Diario tituló el editorial: Regeneración, planteando la necesidad de renovar y regenerar la sociedad a partir del momento en que ya se veía llegar la salida de las tropas americanas:

Estamos en un período de renovación. Ahora o luego volveremos a gobernarnos, como quiera que sea, y hoy más que ayer se necesitan moldes nuevos. (...). Ya somos mayores de edad. Hemos aprendido a andar a fuerza de sangrar los pies. Y si aún quedan multitudes rezagadas en el movimiento progresivo de nuestra conciencia colectiva, cumple a nuestros políticos, a nuestros tribunos, a nuestros jóvenes reconstructores seguir llevando al Pueblo por la senda regeneradora de la conciencia.

Pero en el mismo periódico El Diario, de Santiago, aparece otro editorial cinco años después, titulado El Hombre!..., en el que se plantea que esa regeneración sólo es posible si aparece “El Hombre” capaz de cristalizarla. En principio se señala como ese posible “hombre” al comerciante Juan Bautista Vicini Burgos, se descarta a varios de los más influyentes intelectuales y políticos, pero no descarta el editorialista que ese “hombre” sea uno que apareciera y “dirigiera al pueblo” en ese proceso de regeneración. La necesidad del hombre providencial y predestinado, que luego sería Trujillo, se iba forjando en los medios de comunicación:

Nosotros no servimos ideas ni intereses de ningún político, y si al referirnos a Vicini Burgos le reconocimos algunas cualidades buenas que nadie puede escatimarle sin cometer injusticia, ni afirmaremos que él es EL HOMBRE, ni negamos que lo sea. Si este no es EL HOMBRE, que surja el que lo sea y diga al pueblo que lo es, y se lo pruebe, para que el pueblo lo aclame y lo siga. El pueblo está maduro para seguir a un hombre, o con más propiedad aún: al hombre, es decir, al que sea la verdadera encarnación de la conciencia pública.

Llama la atención que fuera un “arielista” seguidor, como la mayoría de los intelectuales nacionalistas del período, de José Enrique Rodó, pero posiblemente el de más influencia en la juventud de Santiago y líder del Partido Republicano, Rafael Estrella Ureña, quien encabezó el llamado “Movimiento Cívico” que puso fin, el 23 de febrero de 1930, al gobierno del General Horacio Vásquez y promoviera, acompañado de un nutrido grupo de intelectuales, la candidatura de Rafael L. Trujillo en las elecciones del 16 de mayo de 1930. Trujillo se había constituido definitivamente en el “hombre” que todos soñaban para poner fin al partidismo caudillista.

Entre los sesenta y dos intelectuales de la capital que firmaron el manifiesto de apoyo a la candidatura Trujillo-Estrella Ureña, para las elecciones del 16 de mayo de 1930, se encontraban: Manuel de Jesús Galván, Ulises Heureaux hijo, Leoncio Ramos, Francisco Benzo, J. Marino Incháustegui, Andrés Avelino Lora, Rafael Zorrilla, M. Zacarías Espinal, Domingo Moreno Jimenes y Alberto Font Bernard.


INTELECTUALES CONDENADOS, ENCARCELADOS, AGREDIDOS, O PERSEGUIDOS POR EL GOBIERNO DE HORACIO VASQUEZ, 1924-1930”
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Dr. Américo Lugo (escritor y abogado)
Rafael Estrella Ureña (escritor)
R. Cesar Tolentino (director de La Información)
Luis C. del Castillo (escritor)
Emilio A. Morel
Alvaro Álvarez (director de La Opinión)
Manuel Maria Morillo
Doctor Arístides Fiallo Cabral
Osvaldo Bazil (poeta)
Enrique Cambier (director de La Nación)
Tomas R. Hernández Franco (escritor)
Doctor Gustavo A. Mejía
Manuel Roberto Mateizán (director de Heraldo Nacional)
Miguel A. Morillo
Gregorio Gilbert
Ulises Heureaux hijo (escritor)
Noel Henríquez
Francisco Augusto Cordero
Julio V. Arzeno
Doctor Pedro A. Santana
Agustín Aybar
Oscar Delanoy (director de Cojanlo)
J. Rodríguez Molinas
Ramón Asencio R.
Manuel A. Peña Batlle
Emilio García Godoy
José Maria Félix
Luis Sánchez Andujar
R. Pérez Ortiz
Jolibois Fils (haitiano deportado)
Hermanos Morovia-Morpeau (haitanos deportados)
Luis V. Pino (deportado).
(Tomado de: Emilio A. Morel. Desde mi sector. Ciudad Trujillo: Tipografía Cambier, 1936.).
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INTELECTUALES CON TRUJILO EN LAS ELECCIONES DE MAYO DE 1930

La mayoría del pueblo proclama en el actual momento, como candidato a la presidencia y a la vicepresidencia de la Republica, al General Rafael Leonidas Trujillo y al Licenciado Rafael Estrella Ureña, respectivamente. Ambos son jóvenes meritorios, y nosotros, intelectuales a quienes alientan ideas renovadoras, sin incurrir en exageradas utopías autóctonas ni en apasionados prejuicios, apoyamos y recomendamos esa candidatura, por considerarla muy merecedora del sufragio publico.
Santo Domingo, 23 de abril de 1930.

(Firman):

Arq. Cruz Álvarez, escritor
Ulises Heureaux, escritor comediógrafo
Manuel de Js. Galván, escritor
Emilio A. Morel, escritor
Lic. Jaime Vidal Velásquez, diputado.
Manuel Morillo, escritor
Lic. Leoncio Ramos, abogado
Lic. J. Enrique Hernández, abogado y escritor
Dr. Francisco Benzo, de la Facultad de París
Dr. J. Rafael Bordas.
Francisco Espaillat de la Mota, escritor, diputado
Ernesto Paradas, Ing. Arquitecto, graduado en Paris y en España.
Luis A. Weber, Maestro Normal
Francisco Sanabia hijo, director de Nuevo Diario
Opinio Álvarez Mainardi, periodista
René B. Lluberes, escritor
Dr. Juan Valdez Sánchez
Lic. Pedro Rosell, abogado y escritor
Lic. J. Marino Incháustegui, abogado
Alberto Font Bernard, escritor
S. O. Rojo, maestro y diputado
Ing. Mario A. Acevedo.
Lic. Carlos T. Sención
Jacinto T. Pérez, escritor
Cesar Dargan, profesor
Juan A. Bravo, periodista, profesor
Profesor F. Garcia y Garcia
Andrés Avelino Lora, agrimensor*
Luis E. Saladín, periodista
Rafael Zorrilla, escritor
Dr. Juan Ramírez
Manuel Llanes, escritor
Lic. A. de Lima, abogado
Barón Pichardo, profesor
F. A. Rodríguez, periodista
Jaime Sánchez, escritor y diplomático
Juan A. Padilla hijo, periodista
Mario E. Guerra, escritor
Diego Henríquez, director de Paginas Selectas
(Véase: Arquímedes Cruz Álvarez, Rafael Leonidas Trujillo: notas biográficas, Santo Domingo, 1930, pág 15 y ss) .
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ALGUNOS DE LOS INTELECTUALES QUE FIRMARON LOS ESTATUTOS DEL PARTIDO DOMINICANO EN 1931

Mario Fermín Cabral
R. Cesar Tolentino
Alberto Font Bernard
Fabio A. Herrera
Max Henríquez Ureña
Rafael Paino Pichardo
Apolinar de Castro P.
Agustín Malagón hijo
Jafet D. Hernández
Andrés J. Espinal
Abelardo R. Nanita
Diógenes del Orbe
Rafael Vidal
Daniel Henríquez V.
P. P. Bonilla Atiles
Ramón O. Lovatón
Francisco Sanabia hijo
Moisés García Mella
Rafael Malagón
Telésforo Calderón
Federico García Godoy
Arturo Logroño
Emilio A. Morel
Joaquin Balaguer h.
Manuel A. Amiama
Enrique Jimenes
Ulises Heureaux hijo
Tulio M. Cestero
Joaquín M. Bobea
José Enrique Aybar
(Estatutos del Partido Dominicano, Santo Domingo: La Opinión, 1931)
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Muy pronto una parte de la juventud intelectual comprendió que su proyecto y el del nuevo presidente, que tomó posesión el 16 de agosto de 1930, no eran los mismos. Se abrió casi de inmediato un espacio que va desde finales de 1930 hasta 1935, en el que los desengañados y los que percibían la instauración de la tiranía, intentaron resistir la dictadura: unos renunciaron a su condición de funcionarios del régimen, otros participaron en conspiraciones y en planes para ajusticiar al tirano, y un nutrido grupo salió del país y se propuso de inmediato la organización de una expedición armada, que vendría desde Cuba, pero que quedó en el olvidó en medio de la represión ejercida con saña contra los oposicionistas.

En el sector de los que se opusieron a Trujillo la persecución y el crimen fue implacable: Desiderio Arias murió en Gurabo junto a varios de sus seguidores, en noviembre de 1930; Cipriano Bencosme fue muerto en Moca en 1930 y Rafael Estrella Ureña abandonó la vicepresidencia y salió del país en agosto de 1931. Para 1933 tomó cuerpo una conspiración para eliminar a Trujillo, entre oficiales del ejército de la Fortaleza Ozama, pero sus líderes, Leoncio Ramos y Aníbal Vallejo, entre otros, fueron luego asesinados.

En abril de 1934 un nutrido grupo de jóvenes renovadores y revolucionarios de Santiago fue encarcelado y algunos murieron en la cárcel de Nigua, San Cristóbal, por intentar asesinar a Trujillo; Sergio Bencosme, que había salido del país fue asesinado en Nueva York en 1935 y en abril del mismo año fue detectada la planificación de otro atentado en la ciudad de Santo Domingo, muriendo en las cárceles la mayoría de los implicados.

La “pacificación” del país terminó en 1935 y es partir de ese año cuando la mayoría de los intelectuales que habían resistido para no colaborar van a comenzar a ingresar al Partido Dominicano.

La situación de los intelectuales que no se habían pasado al régimen, fue en cierto modo de inercia y de callada expectativa. En el caso de Juan Isidro Jimenes-Grullón, quien fue directivo de la sociedad Amantes de la Luz de Santiago, este publicó en Analectas un ensayo en tres números consecutivos bajo el titulo de Reflexiones sobre la desorientación intelectual. En el segundo de esos artículos él planteó lo siguiente:

“Vivimos soñando. No tuvo la elite tampoco el sentimiento de lo social. O si lo tuvo lo desvió, pues pudiendo hacer algo por el pueblo, perdió el tiempo en sueños y teorías y lo dejó postrado en la semibarbarie. (…). El peligro está en que ese estado de cosa continúe. La cuestión es de mucho más alcance de lo que a simple vista parece, pues las corrientes ideológicas predominantes en la elite dejan siempre una huella profunda en la vida de los pueblos. (…). O el intelectual se adapta y razona en relación al estado social y las necesidades del pueblo, o el pueblo degenera o perece. Adaptarse. No entregarse. Se adapta el que aprende y trata de encender la chispa del progreso. Se entrega el que cree todo perdido y se contagia o especula en la pobreza del medio. Bolívar se adaptó. Páez se entregó”.

Cuando estos artículos estaban apareciendo, Jimenes-Grullón se encontraba detenido en la cárcel de Nigua, San Cristóbal, acusado de atentar contra la vida del presidente de la República. En cuanto a la aptitud de Julio A. Cuello, de quien no aparece un solo articulo a favor del regimen en la bibliografía trujillista de Rodríguez Demorizi, éste deja percibir sutilmente en su escrito “El Carnaval”, lo que estaban sintiendo los intelectuales. En julio de 1934 este dijo: La hora tienen para mi, sin embargo, una lentitud de silencio y soledad, dentro del vértigo enloquecido de tantos corazones abiertos al placer.

Se dio el caso de intelectuales que se destacaron en la oposición a la dictadura, que luego escribieron en formas laudatorias sobre Trujillo, como fueron, por ejemplo, el Profesor Juan Bosch y Ramón Vila Piola, para sólo citar dos casos: Bosch escribió en abril de 1935 Una responsabilidad que nadie resistiría y en enero de 1937 el artículo “Jefe y Tirano”, haciendo un paralelo entre Trujillo y Somoza, y en el que aparece como jefe el primero y como tirano el segundo. En La Opinión de octubre de 1937, Bosch escribió El signo de Trujillo, en el que dijo que mientras sus amigos pueden disfrutar de los placeres que el mundo brinda a todo hombre, él (Trujillo), tiene que seguir aquí, con la República a cuesta, jineteando bajo el solazo de la Línea o sobre las crestas de la Cordillera Central, mientras que Vila Piola, líder del complot de Santiago para eliminar a Trujillo, escribió en abril de 1941 El trujillismo, doctrina política dominicana. Pero se sabe que tanto Bosch como Vila Piola, como otros que escribieron sumisamente en aquellos días, no fueron trujillistas. Jimenes Grullón en La República Dominicana: una ficción, aclara que la razón de la pretendida colaboración de los intelectuales: fue el nacimiento y la generalización del complejo del miedo. Como cualquier palabra o actitud podía acarrear persecución y el asesinato, la actividad individual quedó supeditada a ese complejo.

En el caso de Bosch, por ejemplo, recuérdese que desde los primeros días de enero de 1934 fue apresado, acusado de actividades terroristas y llevado primero a la Fortaleza Ozama y luego a la temible cárcel de Nigua, donde se enfermó de paludismo. Después de varios meses prisionero fue libertado y casi de inmediato se afilió al Partido Dominicano, lo que fue comunicado a Trujillo, el 1ro. De octubre de 1934, por T. Pina Chevalier : Juan Bosch, hombre responsable, inteligente i de una presencia de animo digna de atención, se afilió al Partido Dominicano, en agradecimiento a la atención que usted gastó con su mamá. Juan no fue trujillista pero el miedo lo obligó a colaborar por algún tiempo.

Por otro lado, existe la opinión de que Rafael L. Trujillo fue apoyado por la totalidad de la intelectualidad desde el inicio de su primer gobierno y hasta desde un poco antes; pero esto es incorrecto. Una parte considerable de la elite pensante dominicana resistió por varios años las presiones que recibía para que se integrara a las estructuras político-administrativas del régimen. Por ejemplo, varios de los intelectuales que acompañaron a Estrella Ureña en el “Movimiento Cívico” del 23 de febrero de 1930, incluyéndolo a él, rompieron con Trujillo en 1931, aunque también es cierto que fue a partir de ese año cuando otros que fueron contrarios a la situación, comenzaron a integrarse.

Podemos citar como ejemplo varios casos: El Dr. Ramón de Lara fue nombrado por el gobierno provisional de Estrella Ureña como rector de la Universidad de Santo Domingo pero ya en septiembre del mismo año fue expulsado del país junto al Dr. Leovigildo Cuello y aunque esa expulsión fue levantada tiempo después, el Dr. Ramón de Lara se integró al plan que buscaba poner fin a la dictadura en abril de 1935, siendo detenido y torturado en la cárcel de Nigua.

Otro caso es el del Dr. José Enrique Aybar, quien en abril de 1930 fue de los pocos que se opuso públicamente a la candidatura de Trujillo y en 1934 dirigió una encuesta entre personas importantes sobre la reelección, en la que solo opinaron en contra el Dr. Ramón de Lara y el Dr. Eduardo Vicioso. Aybar terminó ingresando definitivamente al gobierno en 1940 pero ya desde 1935 estaba escribiendo a favor del régimen. En cuanto al doctor Vicioso, este había sido Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad en la conspiración de abril de 1935 fue detenido y torturado en la cárcel de Nigua.

Los desafectos del régimen eran obligados a escribir a favor del mismo y hasta contra sus propios familiares: Joaquín Balaguer narra en Memorias de un Cortesano, como Juan Tomás Mejía al ser llamado por Balaguer para transmitirle instrucciones, y al presentarse dijo: Supongo que no me habrán llamado para pedirme que escriba contra mi hermano Luis. (…). Había sido obligado a cubrir de improperios a su hermano Luis F. Mejía cuando este publicó en Venezuela el libro titulado De Lilís a Trujillo.

El caso del director del Listín Diario es sintomático de cómo era que se estaba desarrollando el proceso de integración de los intelectuales al trujillismo: el 1º. de abril de 1934, su director Arturo Pellerano fue encarcelado acusado de injuriar a Trujillo y el periódico aclaró que no injurió al presidente. Al ser excarcelado ingresó, el 11 del mismo mes, al Partido Dominicano. El Listín se había destacado anteriormente como un medio de comunicación de tendencia horacista.

Entre las personas importantes implicadas en el atentado contra Trujillo de la ciudad de Santiago, fueron perseguidos o encarcelados y torturados, desde marzo de 1934: Juan Isidro Jimenes-Grullón, Ramón Vila Piola, Ángel Miolán, Fabio Bonnelly, y Fernando Bermúdez, así como decenas de jóvenes normalistas. Una nueva conspiración contra la vida de Trujillo se planificó en abril de 1935, en la ciudad de Santo Domingo; en esta estaban implicados varios intelectuales y profesionales de prestigio, entre ellos: el ingeniero Juan de la Cruz Alfonseca, el Dr. Ramón de Lara, el abogado Eduardo V. Vicioso, el industrial Oscar Michelena y Pou, el Dr. Buenaventura Báez Ledesma y el optómetra Ulises Pichardo Pimentel; además del dentista José Selig Hernández, el abogado Abigail Del Monte, el farmacéutico Manuel Joaquín Santana, el farmacéutico Ramón María Lora Báez, el industrial Colchón Calvo y el comerciante Amadeo Barletta.

Desde finales de 1931 se completa la sumisión y a principios de 1933 comenzarán las conversiones, dice Jesús de Galíndez; pero es después de la agresiva represión contra los que integraron el movimiento conspirativo de Leoncio Blanco y Aníbal Vallejo en el Ejército, y contra los que planificaron los atentados de Santiago y Santo Domingo, que la intelectualidad se va a postrar ante Trujillo. A partir de 1935 la vida intelectual ya no sería desarrollada en instituciones liberales alejadas de los planes de dominación de Trujillo y la libre vida intelectual se desarrolla ahora en la intimidad del hogar, donde solo se habla francamente con el insospechable; pero otros decidieron integrarse y formar parte del equipo de asesores y funcionarios del régimen. Dice Juan Isidro Jimenes-Grullón que

Fue, (…), fenómeno corriente el que esa intelectualidad le tomara gusto a la vida burguesa, gusto que la empujó a buscar en actividades políticas o politiqueriles los medios que pudieran proporcionar tal vida, cuando la profesión se mostraba parca en ofrecerla. (…). Aquellos que conservaron ciertos escrúpulos, actuaron por lo general de modo discreto en la cooperación al mal.

Se requiere de estudios más acabados para entender las razones que llevaron a los más prestigiosos intelectuales dominicanos a la colaboración e integración al régimen de Trujillo pero en la raíz de todo lo que aconteció en ese sector se encontraba, en principio, el desconocimiento de los planes de Trujillo en 1930 y posiblemente la sobrestimación de su condición de intelectuales por encima del poder militar del jefe del ejercito.

Como colofón de todo lo que acabo de plantear, soy de la creencia de que al concretarse el golpe de Estado de 1930 contra Horacio Vásquez, una parte de los intelectuales se integró al nuevo régimen de inmediato; los que no lo hicieron van a ser obligados a definir su aptitud con relación a Trujillo a través del miedo, la represión y el control de los medios de producción en manos del dictador. Como muestra de lo acontecido con los intelectuales que de alguna manera se resistieron a los métodos trujillistas, basta con estudiar lo acontecido en torno a la vida de Américo Lugo en este período. El intelectual que no se integraba y daba muestra de sumisión sólo le quedaba el silencio, el hambre, el exilio o la muerte.

historia cimarrona

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