domingo, diciembre 18, 2005

EL PALADION: CONFERENCIA

EL PALADION EN LA HISTORIA DOMINICANA:
Juventud y Política durante la Ocupación Militar Americana.
Alejandro Paulino Ramos
(Conferencia en la Academia Dominicana de la Historia, 9 sept. 2004).

Las breves paginas que a continuación voy a leer a ustedes, están motivadas en el interés de rescatar una parte de la historia de la juventud dominicana. La juventud, al igual que las mujeres, los mulatos y los negros, es un sector excluido de los libros de historia dominicana olvidando que Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, como lideres juveniles, tenían 25, 21 y 22 años respectivamente al momento de fundar La Trinitaria, y Luperón tenia 24 años cuando se integró a la lucha restauradora, en 1863. También Santiago Guzmán Espaillat era un joven de 28 años cuando enfrentó la Convención Dominico-americana de 1907. Pero en nuestra historia sólo aparecen destacados los viejos caudillos, los oligarcas y las acciones de la rancia burguesía, o no se explica que fue sobre la juventud que recayó la consolidación de la nación dominicana.
El Paladión, la organización de la que vamos a hablar esta noche, surgió y se desarrolló entre 1916 y 1931. Quince años de prolongadas actividades culturales, políticas y literarias, le dan méritos suficientes para que, como movimiento juvenil organizado, lo rescatemos del olvido.

El Paladión entre la ocupación militar
y la dictadura de Trujillo.

Los conflictos económicos y políticos desencadenados por los lideres caudillistas (1900-1916), la presión y el interés de los capitalistas norteamericanos para que éstos terminaran y se les permitiera desarrollar sus industrias y comercios en un marco de paz y estabilidad que garantizara la reproducción de sus inversiones, y los intereses geopolíticos de los Estados Unidos, en el marco de la gran guerra mundial, llevaron a esta potencia a la ocupación militar del territorio dominicano. Con la declaración formal de la intervención militar del 29 de noviembre de 1916, quedaba completada la ocupación total de la isla de Santo Domingo, ya que desde 1915 habían desembarcado en la República de Haití.

Con la presencia norteamericana, que se prolongó por ocho años, la economía y la política, así como el Estado dominicano pasaron a ser esferas controladas y dependientes de los Estados Unidos.
El gobierno militar extranjero tomó un conjunto de medidas: reorganizó el Estado, aniquiló las bases del caudillismo, “legisló” a favor de la expansión de los ingenios azucareros extranjeros, incentivó la construcción de obras públicas, y se convirtió en arbitro de los conflictos políticos de los dominicanos, en beneficio casi siempre de sus propios intereses; para lograr esto, el gobierno militar tuvo que realizar reformas que abarcaron la totalidad de la sociedad, implantando una férrea dictadura militar que incluyó, para evitar la crítica y la desobediencia popular, el control de la prensa, el desarme de la población, y la organización de un ejército bajo su absoluto control; produjo el encarcelamiento de muchos de los críticos de sus medidas y persiguió a los que atentaron contra su dominio.
Si bien es cierto que durante la ocupación militar, en principio se dio una tímida resistencia contra la presencia extranjera, que se fue apagando con la circulación monetaria producto de los buenos precios alcanzados en las exportaciones y de la “danza de los millones”, también es cierto que en la medida que desaparecían las causas que provocaban ese relativo bienestar y después de 1920, con la aparición de la crisis económica, el movimiento de protesta se activó encabezado por los más radicales del nacionalismo agrupados en la Unión Nacional Dominicana, y organizaciones como El Paladión.
Francisco Prats-Ramírez, segundo líder de El Paladión, hace un llamado a la lucha por la desocupación en noviembre de 1920 y explica la inactividad anterior a esa fecha:

“Hace 4 años que la República Dominicana está bajo un Gobierno Militar impuesto por los Estados Unidos de América. El ideal de independencia no ha abandonado un momento el corazón de los dominicanos; el deseo de reconquistar su libertad política siempre ha sido una idea fija en el cerebro del pueblo que nunca ha desoído los reclamos hechos por la necesidad de la Soberanía. Circunstancias dolorosas del momento, habían impedido trabajar por nuestra restauración como ella merece; no permitían que nuestra energía se centuplicara para hacer de cada ciudadano un gigante en la lucha por el supremo ideal. El momento ha llegado”.

Fueron importantes en las luchas por la desocupación, las actividades desarrolladas en “La Semana Patriótica”, la campaña de denuncia internacional de la Comisión Nacionalista, las innumerables conferencias de los intelectuales nacionalistas en todo el país, y el Congreso de la Prensa, el foro de denuncia más importante desarrollado desde finales de 1920 hasta enero de 1921. La desocupación se estaba acercando.
La desocupación militar comenzó a verse como posible al llegar a su fin la primera guerra mundial; el fin del conflicto provocó la caída de los precios en el mercado internacional y la profundización de la crisis en Santo Domingo, acrecentándose la resistencia del pueblo dominicano, dirigido y orientado por los sectores nacionalistas que se habían agrupados en la Unión Nacional Dominicana y las Juntas Nacionalistas, junto a sectores intelectuales de la burguesía y la clase media que habían constituido, durante el período, organizaciones culturales, literarias y políticas, como lo fueron El Paladión, Plus-Ultra, los Postumistas, la Asociación independientes de Jóvenes dominicanos y la Asociación de estudiantes de la Escuela Normal.


AGRUPACIONES CULTURALES

Las principales agrupaciones culturales, literarias y nacionalistas del período surgieron durante la ocupación militar americana. La finalidad de estas asociaciones juveniles era casi siempre, la de organizar y celebrar actividades culturales y literarias; sin embargo, casi todas terminaron destacándose en las luchas por la soberanía y la desocupación.
De esas agrupaciones, la más importante fue El Paladión, surgida en 1917 como una agrupación artística y cultural, dirigida por Carlos Sánchez y Sánchez, Cristian Lugo, y Francisco Prats Ramírez. En el campo de la literatura la de mayor trascendencia lo fue el Movimiento Postumista, dirigido por Domingo Moreno Jimenes, Andrés Avelino y Rafael Zorrilla. El postumismo surgió formalmente en 1921.

Otra organización cultural importante fue, hasta 1931, la Asociación Literaria Plus-Ultra. Surgida el 20 de noviembre de 1921, dirigida por Manuel Arturo Peña Batlle. Participaron en ella: Alcides García, Jesús María Troncoso, Manuel A. Amiama, Ángel Rafael Lamarche, Rafael Américo Henríquez, Juan Isidro Jimenes-Grulllón, Arturo Despradel, Carlos Larrazabal Blanco y José Enrique Aybar. Algunos de los miembros de Plus-Ultra pasaron al Paladión a partir del momento en que sus integrantes, encabezados por Peña Batlle, se integraron al Partido Nacionalista de Américo Lugo. Los que se fueron a El Paladión fueron Jesús María Troncoso y Manuel A. Amiama.
En Santiago, donde hubo un sólido movimiento nacionalista encabezado por Estrella Ureña y Ercilia Pepín, apareció la Asociación de Jóvenes Dominicanos, que tuvo entre sus fines “defender los derechos e ideales del pueblo dominicano como Nación libre, independiente y soberana. Mientras que el Comité de Damas fue organizado en Nueva York, el 26 de noviembre de 1919, integrado por mujeres de la región del Cibao que vivían en esa ciudad, las que, motivadas por las damas de Puerto Plata decidieron no “quedarse rezagadas en esta hora de angustia y de dolor par la Patria” En la prospera ciudad del Atlántico ya se había constituido “La Junta de Damas” Y un grupo de la ciudad capital formó, el 15 de marzo de 1920, la Junta Patriótica de Damas, “con el propósito de recaudar fondos para ayudar la Comisión Nacionalista que actuó en el extranjero denunciando la ocupación militar americana.
Otra organización importantísima en las luchas contra el gobierno militar americano, fue la Junta Nacionalista. Fueron constituidas Juntas Nacionalistas locales en las principales ciudades del país. La organización política no partidarista más importante en la lucha por la desocupación militar americana, fue la Unión Nacional Dominicana, constituida en Santo Domingo el 8 de febrero de 1920 y en 1921 apareció la Gran Liga Nacional Dominicana, con iguales propósitos.
Ya en plena dictadura de Trujillo, surgió en 1931 Acción Cultural, como fusión de las agrupaciones Plus-Ultra, El Paladión y Atenea. Acción Cultural, estuvo dirigida provisionalmente, en las primeras semanas, por integrantes de El Paladión, pero luego celebraron elecciones siendo seleccionado como presidente el Lic. Manuel A. Peña Batlle. En 1931 apareció también la Acción Feminista Dominicana, con el propósito de luchar por los intereses de la mujer.
El 23 de enero de 1932 fue constituido el Ateneo Dominicano, dirigido por Juan Tomas Mejía y Pedro Henríquez Ureña; mientras la juventud se aglutinaba en Acción Cultural, los viejos y más conservadores intelectuales se agruparon en el Ateneo y se integraron casi de inmediato a la dictadura.

II
SURGIMIENTO DE EL PALADION

En el surgimiento de la agrupación El Paladión tenemos que destacar que, desde 1912, algunos de sus integrantes ya habían constituidos la “Sociedad recreativa 8 de Febrero”, instalada en febrero del mismo año y en la que aparecen como directivos: Ricardo Ricart, presidente; Horacio Read, vicepresidente; Máximo Coiscou, secretario; Miguel A. Pereyra, secretario; Aníbal Guerra, tesorero; Cristián Lugo, Máximo Gómez, Francisco Prats Ramírez, Miguel Ángel Pérez M., y Publio S. Mejía, miembros.
De ese grupo, Cristián Lugo, Francisco Prats-Ramírez y Horacio Read, fueron pilares, junto a Carlos Sánchez y Sánchez, del grupo que constituyó El Paladión. De acuerdo a Max Henríquez Ureña el nombre de Paladión fue sugerido por Vigil Díaz “como recordación de la estatua de Palas de cuya conservación dependía, según la vieja leyenda, la suerte de Troya”.
Max Henríquez Ureña, contemporáneo de los integrantes del grupo, lo consideró, el “primer movimiento cultural de importancia en el nuevo siglo”, con el propósito de cultivar las letras, las artes y las ciencias”. Establece en su texto de literatura, que El Paladión ya existía antes de 1916, aunque comete el error de decir que surgió formalmente en 1918; realmente El Paladión se constituyó el 24 de noviembre de 1917, y entre sus primeros fundadores se encontraban: Carlos Sánchez y Sánchez, Francisco Prats Ramírez, Cristián Lugo Lovatón, Rafael Paino Pichardo, Horacio Read, Manuel Emilio Sánchez y Sánchez, Guillermo González, Julio A. Cuello, Marcos Gómez, Luis Beltrán, Silvestre Avelino Aybar y Castellanos. Un segundo grupo ingresó tiempo después: Virgilio Díaz Ordóñez (Ligio Vizardi), Armando Oscar Pacheco, Manuel A. Amiama y Jesús María Troncoso Sánchez.
El Paladión surgió en el período de la primera ocupación norteamericana de la República Dominicana. Se había perdido la soberanía; las manos del censor extranjero prohibieron el derecho y la libertad de pensamiento, de imprenta y de prensa; el Ejecutivo, un Capitán de la Marina de los Estados Unidos, que se apropió del derecho de decidir la vida y la libertad de los dominicanos, impuso la pena de muerte y la persecución por la simple disidencia a su opresivo régimen.
Un sector de los dominicanos históricamente cómplice del poder extranjero se acomodó a la nueva situación y desde 1916 comenzó a disfrutar de las migajas del poder foráneo, pero otros no. La respuesta a la dictadura militar, que llevó a Américo Lugo, a Fabio Fiallo y Francisco Prats-Ramírez a la cárcel, para sólo citar tres ejemplos, fue la organización de agrupaciones políticas y culturales nacionalista que integraron a los sectores anti-intervencionistas: la Unión Nacional Dominicana, La Junta Nacionalista, el Movimiento Postumista, Plus-Ultra, y El Paladión, fueron algunas de ellas.
El Paladión fue la más importante organización juvenil, cultural y revolucionaria de la intelectualidad dominicana, entre 1916 y 1931; sus integrantes, al igual que los del Postumismo, y Plus-Ultra, procedían de la Escuela Normal hostosiana y estaban influenciados por el pensamiento del puertorriqueño Eugenio María de Hostos, del uruguayo José Enrique Rodó, el argentino José Ingeniero, el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, y el mexicano José Vasconcelos; pero también Marx y Lenin se iban dejando sentir en sectores juveniles de República Dominicana y El Paladión no estaba al margen de esta influencia.
Liderada siempre por Carlos Sánchez y Sánchez, y con Francisco Prats-Ramírez como mentor político, durante el gobierno de Horacio Vásquez ingresaron a El Paladión jóvenes de la Capital y de otras ciudades del país, entre ellos el puertorriqueño Indalecio Rodríguez, Juan Francisco Sánchez y Sánchez, el escritor español Juan José Llovet, y el poeta postumista Rafael Andrés Brenes.
Ellos, los jóvenes y nuevos intelectuales de República Dominicana que se definieron como generación durante la primera ocupación norteamericana, fueron también impactados por la influencia de la revolución rusa y el advenimiento del socialismo. Esa influencia tan desigual sobre los integrantes del grupo, apuntaba hacia la lucha por la soberanía y contra la presencia de la potencia extranjera que ocupaba la República Dominicana, provocando la integración de El Paladión a las luchas por la desocupación del territorio dominicano.
El Paladión, que se mantuvo como una organización que reclamaba las reformas políticas y administrativas, así como educativa y cultural, celebraba actividades culturales, luchaba armada de principios, promovía debates y polémicas del “lado de la verdad”, sustentaba ideales de renovación y engrandecimiento de la patria. Sus integrantes “intervinieron en la vida intelectual, -dicen ellos-, sin reverenciar ideas, sin esconder verdades”. Sus actividades eran permanentes y variadas:

“hemos escrito libros y folletos, hemos hecho obras de propaganda cultural y democrática, hemos realizado actos de altruismo. Como jóvenes, sabemos vivir la alegría de la vida; como hombres, no hemos querido dejar de aprovechar el tiempo. Los años de la dolorosa ocupación militar, templaron nuestro espíritu juvenil y moral, intelectual y materialmente contribuimos a toda campaña que persiguiera la liberación de la República, sin reservas mentales, sin poner límites teóricos a la acción necesaria”.

Los principios éticos, culturales e ideológicos que normaban a El Paladión, estaban sintetizados en sus luchas por la patria, el hombre, los poetas y artistas, el obrero y sus necesidades, y la renovación de la República Dominicana. La influencia de Rodó era evidente en todos sus escritos:

“Creemos en la Patria. Creemos en el hombre; creemos en los hombres que trabajan y sufren. Creemos en la posibilidad de la fraternidad humana. Creemos en todos los que creen el Ideal. Creemos en los poetas y artistas que no tienen torres de marfil. Creemos en la eficiencia de la Idea, desconfiando de las vaporosas palabras teóricas. Creemos en el sudor del obrero y en sus necesidades. Creemos en la posible renovación dominicana y esperamos, optimistas, los fuertes renovadores. Creemos en los sistemas ideológicos y en los mecanismos políticos que van hacia la luz del futuro; no en los que retroceden hacia las sombras del pasado. Creemos en el talento, en la cultura; en la bondad y repudiamos la inferioridad mental, la inconsciencia científica y las maniobras de los hábiles, que tantos males traen a las naciones y a la humanidad. Creemos en los hombres que luchan, no en los débiles que halagan. Creemos en todo lo que creen los Compañeros Internacionales de las nuevas generaciones que tienen ideales y luchan porque la humanidad viva días mejores. Creemos en el PALADION”.

El Paladión, que al parecer se inició informalmente antes de la ocupación norteamericana como una pequeña agrupación cultural y literaria, formada principalmente por intelectuales, evolucionó durante la ocupación militar hacia la lucha política-nacionalista, y al producirse la desocupación en 1924, entró en una etapa de madurez en la que algunos de sus integrantes intentaron dotarla de un andamiaje teórico, ideológico y político, pero apartado de las estructuras de los partidos políticos, tomando en cuenta la cuestión del Estado y las reformas de sus instituciones.

III

LAS PUBLICACIONES DE EL PALADIÓN

El Paladión se constituyó formalmente en agrupación en noviembre de 1917, pero antes de la ocupación americana ya varios de sus integrantes se venían reuniendo y desarrollaban algunas actividades culturales y literarias, utilizando para esos fines, a las más importantes publicaciones de la época. Desde los primeros años la agrupación ocupó espacios importantes de revistas y periódicos, lo que combinó con la publicación de una serie de opúsculos bajo el nombre de “Publicaciones Paladión”.
Desde la muerte de Ulises Heureaux en 1899 y hasta 1916, aparecieron grupos juveniles, principalmente literarios, que se compactaban en torno a revistas literarias; estas agrupaciones aparecían y desaparecían con la misma rapidez con la que se instauraban gobiernos y se sucedían interminables “revoluciones” caudillistas que desembocaron trágicamente en la ocupación militar extranjera de 1916.

Las sociedades literarias y culturales publicaban revistas que se presentaban como tendencias vanguardistas, influenciadas casi siempre por el modernismo. En una de esas revistas, La Cuna de América (1903), aparecieron los primeros escritos de los integrantes de los grupos Paladión y Movimiento Postumista; pero fue con el apoyo de la revista Blanco y Negro, que había aparecido en 1906, donde definitivamente comenzó a popularizarse y a conocerse la agrupación que dirigía Carlos Sánchez y Sánchez.
En Blanco y Negro la sociedad político-cultural El Paladión ocupó por muchos tiempos una sección que le sirvió de vocero, y donde apareció la producción literaria de la agrupación. La sección llevaba el nombre de “Tardes del Paladión”, y en ella se recreaban las tertulias que todas las tardes, a partir de las cinco, organizaban sus integrantes. El local de la agrupación estaba ubicado en la calle Duarte esquina Padre Billini.
Además de Blanco y Negro, El Paladión tomó también como centro de operaciones, a la revista La Opinión, la más importante entre 1923 y 1927, cuando se transformó en periódicos diarios. La sección abierta en esta revista fue “Página del “Paladión”. La Opinión anunció en 1924, el espacio dedicado a esa sociedad, de la siguiente forma:

“PAGINA DEL PALADION”. Con satisfacción anunciamos a nuestros lectores que desde nuestro próximo número los jóvenes intelectuales que constituyen el grupo conocido por “El Paladión”, redactarán en LA OPINION una página semanal, de la que estamos seguros que sabrán hacer una de las más buscadas y leídas de nuestra revista. Carlos Sánchez y Sánchez, Francisco Prats-Ramírez, Paino Pichardo, Cristián Lugo, Julio A. Cuello, Jesús María Troncoso, etc. etc., serán pues desde el sábado que viene, asiduos colaboradores de La Opinión.”

Mientras que la agrupación aclaró en su primera colaboración a esa revista, el propósito que perseguía:

“Un periódico dentro de otro periódico: he aquí lo que serán entre las amables y hospitalarias páginas de La Opinión, estas dos paginitas paladiónicas bajo cuyo dintel los muchachos del “Paladión”, sin altivez intempestiva, pero también sin el acostumbrado servilismo, saludamos al público: ¡Saludos, respetable público! Y gracias a vosotros, camaradas de La Opinión, que con ejemplar generosidad y noble confianza, nos abandonáis una hoja de vuestra revista, para que con ella hagamos esta pajarita de papel que cada semana colocaremos bajo la granujienta nariz y las gafas pedantes de Don Archibaldo Mediocre y Pluscuamperfecto, muy señor nuestro y amigo de nuestra consideración más distinguida”.

En 1927, cuando esta revista dejó de salir semanalmente, para hacerlo como diario, su dirección se comprometió públicamente con ser abanderada de los ideales que perseguía la agrupación; aprovechando el mensaje de solidaridad hecho llegar por Francisco Prats-Ramírez al pueblo de Nicaragua, que estaba en ese preciso momento siendo ocupado militarmente por tropas norteamericanas; el periódico La Opinión tomó partido a favor de la “renovación”:

“La Opinión, que en los cortos días de su vida está ya acreditada como el portavoz de más amplias y viriles resonancias de los ideales de renovación que llenan el alma de nuestra juventud, celebra de todo corazón que haya sido la de un joven la primera voz dominicana que ha llevado a los patriotas nicaragüense el testimonio de cómo se siente en este país la inmerecida desgracia de Nicaragua.” (La Opinión, 24 de enero 1927).

A parte de las revistas Blanco y Negro, La Opinión, Letras, y La Cuna de América, los escritos de los integrantes de El Paladión, también salieron regularmente en la revista El Día Estético, el periódico El Mundo, la revista Cromos, y el Listín Diario. La producción literaria de los integrantes de la agrupación rara vez aparece reseñados en alguna antología o “memorias” de intelectuales que vivieron aquellos años de luchas antiimperialistas; llama la atención el largo silencio que llevó al olvido la viril presencia de esta agrupación.

EL PALADIÓN SE DEFINE

A partir de la desocupación americana El Paladión comenzó a definirse como una organización que buscaba orientación hacia ideas de mejoramiento que tendieran a modificar la sociedad dominicana, transformándose, en pocos años, de una organización literaria y nacionalista a una literaria pero antiimperialista y revolucionaria, como veremos más adelante:

“EL PALADION no ha tenido, ni tiene, áridos estatutos, ni insustanciales Reglamentos.- En su seno encuentran fraternal acogida todas las ideas y movimientos que tienden al mejoramiento social; toda manifestación de verdad, de belleza o de bondad, tendrá ecos y aplausos en nuestra agrupación. Jóvenes como somos, amamos los altos ideales y siempre seremos entusiastas, luchadores y sinceros.- Convencidos del bello porvenir y de la fuerza espiritual de nuestra raza, profesamos el credo hispanoamericanista y nos consideramos conciudadanos de todos los que han nacido bajo el inmenso cielo que cubre la tierra nuestra, desde México a la Tierra de Fuego. Aristócratas en el pensamiento creador, somos radicalmente democráticos en la acción social y las meras teorías de las ciencias experimentales que han borrado literarias utopías para fijar indelebles verdades económicas, tienen nuestras más vivas simpatías.- En un mismo abrazo estrechamos a Príncipes del Verso y de la Ciencia y a humildes trabajadores que luchan por conquistarse un puesto en la vida.”

Como parte de esa definición fue que surgió el interés de dotar la organización de una base teórica-ideológica que descansara en la “renovación” de la sociedad, a través de un conjunto de actividades políticas, culturales, educativas, conferencias, y de solidaridad con otras organizaciones similares de América Latina. Esta definición, cuyo principal mentor lo era Francisco Prats Ramírez, desató un interesante debate sobre lo que se entendía por Renovación, y en el que quedaba claro que todos los integrantes de la agrupación o no entendían de qué se trataba o tenían algunas dudas sobre los planteamientos renovadores”, aunque esto, aparentemente, no llevó a la desintegración de la organización.
De lo que se trataba, decía El Paladión, era reorganizar la sociedad destruyendo los viejos moldes que la habían normado hasta ese momento, pero alejados de los partidos y sus intereses:

“Frente a la decadencia, no son palabras y sonoridades de tribuna las que se necesitan: es sangre nueva, auténtico vigor, demolición de las ruinas tambaleantes y erección de torres de granito por los brazos y las mentes jóvenes y sanas. Sobre bases carcomidas, es fantástico un plan de construcción. Para construir bienes, lo primero es demoler los males. Nuestra historia es una serie de interminable de vaporosas “buenas intenciones” a cuya realización se oponen e interponen ruinas y mediocridades. Lo que necesitamos es que se inicie la era de hacer política, alejándonos de la interminable época de hacer nombres y partidarios. Hacer política, fue y todavía es, una frase despreciativa; honrémosla, dándole el verdadero valor que debe tener en la democracia. Escoger el material social y político para hacer una política social: esa es la aspiración; ese es el ideal, resplandor en las sombras y optimismo en los que todavía creemos en la posible perfectibilidad el mecanismo político-administrativo del Estado dominicano.”

La definición de la agrupación y lo que ellos entendían por Renovación, fue explicada en la Revista La Opinión, con las siguientes palabras:

“Arte nuevo; Ciencia nueva, Política nueva…”Renovación” será la palabra simbólica del Siglo, porque la labor de sus generaciones será renovar totalmente doctrinas, creencias y sistemas caducos y centenarios. Y la juventud, fuerte de músculos, floreciente de amor y de entusiasmo, iluminada por las nuevas verdades de la Ciencia, ha sido, es y será, el principal factor en las nuevas cruzadas del espíritu. EL PALADION hace años que ha abierto sus brazos a las nuevas ideas de renovación; por ellas lucha y para ellas existe como agrupación, procurando que la nueva luz sea claridad en nuestro medio, necesitado de auténticas reformas, desde sus expresiones literarias y artísticas, hasta las finalidades trascendentales de su mecanismo político-social. “Renovarse es vivir”. EL PALADION vive y quiere que vivan el pueblo y el Estado dominicano”

En un momento en que se hablaba de “regeneración”, “revolución” y de “evolución”, la palabra “renovación” despertó el debate sobre los planteamientos de El Paladión. J. Gassó y Gassó, desde La Vega, llegó a poner en duda los nuevos propósitos perseguidos por El Paladión, preguntándose, en 1925:

“Los que proclaman la Renovación, ¿pretenden llenos de amor patriótico a las costumbres patriarcales y a las tradiciones que son el alma de la vida nacional, ir hacia atrás, renovarse en un sentido retrógrado hacia el ayer luminoso, lleno de sentimientos de fraternidad, de vida sencilla, de maneras de ser ingénitas de la raza, o por el contrario, se intenta seguir adelante en esta carrera vertiginosa de desquiciamiento moral y social, copiando estas extravagancias exóticas, evolucionando hacia una libertad mal entendida, puesto que resulta mas bien libertinaje?. Sea en un sentido, sea en otro, una explicación se impone. Si la juventud, como parece es la llamada a dirigir esta moderna campaña, ella debe antes que llenar los ámbitos con una palabra, decir lo que ella significa. Porque resulta de poca energía convincente decir que vamos a renovar sin definir la aspiración máxima de esta tendencia. (…). Mas antes que todo es preciso definir esta Renovación. Para ello es de toda necesidad hacer un estudio detenido de la historia, de la tradición, de las costumbres y de las peculiaridades de la República y de nuestra raza. Y de acuerdo con los resultados obtenidos, identificarlos con las necesidades que aquellos estudios nos reflejen, entonces es preciso declarar la necesidad de Renovación y la manera de hacer esta Renovación”.

Rafael Andrés Brenes, que participaba en las Tardes del Paladión como observador y que luego se integró a la agrupación, también tenía sus dudas y llegó a plantear que la renovación era una pelota de goma, una palabra vacía, con musicalidad nada más, y que no se ajustaba al momento que se estaba viviendo, como queda planteado a continuación:


“Ahora vuelvo, bajo la égida de estas tres palabras que ningún hecho real nombran, a repetir que la renovación en los actuales momentos, y en lo más absoluto de su significado, no es más que una pelota de goma. Esta afirmación tiene que ser demostrada; ella solo se demuestra a si misma. Lo único que nos ha dejado ésta palabra, es la musicalidad más o menos grata a nuestra sensibilidad auditiva. Pero es bueno una aclaración. Varios amigos míos, muy admirados en su labor intelectual, algunos compañeros en la agrupación “Paladión” han estado constantemente en un esfuerzo digno y alto, repitiendo estas palabras, queriendo infundir sus virtudes en los ánimos y las masas y dejando llevarse de su entusiasmo hasta formarse la ideal concepción de que se renueva efectivamente. Es indudable que la renovación ha de venir; porque todo continúa en su comienzo. El fin de las cosas mismas. Pero para esto es necesario llegar al fin, es necesario seguir el curso evolutivo; es necesario crecer más tarde en ella misma. (…). Y todavía no ha llegado la hora de la renovación, porque no se puede renovar fuera de la naturaleza”.

La respuesta de Francisco Prats Ramírez, a todos los que pedían o exigían una aclaración de lo que se entendía por “renovación (él era el que más entendía la definición que se buscaba), fue redactar un conjunto de escritos con el que viajó por toda la República explicando la Renovación, a través de conferencias; las que también las llevó a otros países de América Latina. Las conferencias de Prats Ramírez fueron publicadas en noviembre de 1931 bajo el título de “El Espíritu de la Renovación”. En este libro publicado cuando ya Trujillo había comenzaba a definir su dictadura, no aparece una sola mención al régimen, por lo que se entiende que la publicación era una respuesta-propuesta al momento que se estaba viviendo.

En estas conferencias Prats-Ramírez hace planteamientos que van desde la lucha por la paz, la justicia social, la evolución y la revolución, así como sus críticas a los partidos políticos y a lo que él llama “falsa democracia”, la política, la cultura, y el papel de la universidad en la Renovación.
Sobre la relación y diferencia entre los conceptos Revolucionar y Renovar, Francisco Prats-Ramírez plantea lo siguiente:

“La palabra Renovación sintetiza la sublime intranquilidad de la época, con sus justicimos anhelos de evolución social; Renovación: ese es el estandarte que levantan al infinito las manos jóvenes que quieren modelar un mundo mejor. Revolucionar, señores, es la misión de todos los que sientan con el Siglo. Nosotros entendemos por revolución, no las demoníacas luchas de sangre y destrucción en que la incultura de un jefe con prestigio entre las masas analfabetas es casi siempre un obstáculo para la progresiva marcha de la democracia, sino la sustitución de ideales carcomidos y de esperanzas (…).

La Democracia Prats Ramírez la entiende como una farsa, pues para él ésta no existe en los países donde la gran mayoría de la población es analfabeta:

Esta “no vivirá en la realidad mientras exista alarmante porcentaje de analfabetos que hace una vergüenza de nuestros censos y estadísticas. La democracia está en relación directa con la conciencia que cada ciudadano tenga de sí mismo y la luz de la conciencia no ha salido nunca de ojos que no sepan caminar, seguros, por el infantil laberinto del abecedario”.

Prats Ramírez entiende que la juventud renovadora es obrerista, y plantea el apoyo de la intelectualidad a los trabajadores y de paso realiza una importante crítica contra el radicalismo capitalista que trata de demostrar que en nuestro medio no hay problemas sociales de índole obrera:


“La juventud renovadora es obrerista y estudia los problemas y necesidades del proletariado y luchará por una legislación social que proteja a los proletarios dominicanos de los accidentes del trabajo (…). Obreros no son solo los que pican piedra bajo el hiriente sol nuestro; obreros son y necesitan una efectiva protección, todos los que trabajan dependiendo de un patrón que paga semanal o mensualmente, pero que en nada se preocupa de las “maquinarias vivientes” que tiene a su servicio. El obrerismo es una fuerza del Siglo y a los hombres que trabajan quiere dar la Renovación sus entusiasmos y su cultura”. (…). El alma de los explotadores es una gran fábrica de grandes turbinas, de ruedas con engranajes complicados que en su continuo movimiento producen moneda de oro, exigiendo en sus dominios que el trabajador incline la frente hasta besar el polvo de una esclavitud física y moral, para que cada gota de sudor sea utilizada en la ambiciosa capitalización. (…). En la República Dominicana (…), hay y habrá problemas sociales (...) y se llega a la conclusión de que es imprescindible la organización de las clases proletarias, a fin de conseguir fuerzas con las cuales defender sus vidas de la garras de los poderosos..”

Por último, en El Espíritu de la Renovación, su autor toca el tema de nuestros campesinos y de la tierra, viéndolo como un problema que guarda estrecha relación con la presencia de los capitalistas extranjeros. Prats-Ramírez entiende que el problema del despojo de la tierra es trascendental, pues en con la pérdida de la propiedad se pierde la soberanía:

“La soberanía de la tierra en un país pequeño tiene que residir en la nacionalidad de los dueños de la propiedad privada de la tierra”. (..) Por defensa social del pequeño terrateniente, generalmente ignorante, por defensa de la soberanía nacional, se impone una legislación previsora en el sentido económico y digna en el concepto patriótico. (…). Por su ideología económico-social, por su decidida aceptación de las teorías libre-deterministas, la Renovación se preocupa profundamente con nuestro problema de la tierra. La tierra se nos va! (…), Convirtiéndose en dominio absoluto de los capitalistas norte-americanos..”

EL PALADIÓN Y EL SOCIALISMO

El tema del socialismo se hizo público en El Paladión, a partir de la presencia en las tertulias que de tarde en tarde celebraban en el local de la organización (en la calle Duarte casi esquina Padre Billini), del ruso Arón Kohaz. Cuando Kohaz visitó en abril de 1925 el local de la agrupación participó como centro de la tertulia y fue abordado por los concurrentes sobre tópicos relativos a la revolución rusa y la lucha de clases. Su participación fue recogida por Manuel A. Amiama y reseñada en la revista Blanco y Negro, en la sección “Tardes del Paladión”, con suficientes detalles:


“En este punto, la discusión se hace violenta, ensordecedora, desordenada, pues mientras unos, como Llovet, aseguran que no hay en nuestro país los problemas sociales que específicamente se derivan del capitalismo, los demás creemos que sí existen esos problemas, aunque en la forma que lo creen ciertos elementos que erróneamente se llaman obreros y confunden el sindicato defensivo con el gremio corporativo. Lo que sucede es que los problemas sociales nuestros no han llegado al estado de crisis y que, por consiguiente, podemos irlos resolviendo por medios evolutivos y no revolutivos. El ruso confirma nuestras apreciaciones y dice, más o menos:-En los campos y en los ingenios hay problemas económicos típicos que no están resueltos. Los obreros no pueden ser felices en las condiciones en que están. Saben que hay medios de lucha, o no lo saben. Pero el problema social existe. El ruso nos pregunta nuestra opinión sobre la intervención militar y le contestamos: -Sin considerar si material y políticamente la intervención le convino o no le convino a nuestro país, repudiamos todo hecho de fuerza que no se justifique por un ideal excepcionalmente superior. Nosotros, los jóvenes del Paladión profesamos los hermosos principios del internacionalismo, pero a base del respeto de las nacionalidades, porque estas representan hechos históricos consumados que solo una evolución lenta, que necesita acaso siglos, puede borrar. Rechazamos el chauvinismo, aunque lo disculpemos cuando él es el resultado legítimo de una reacción contra las violencias de la fuerza.

En un artículo sobre la paz del ruso Kohaz, y publicado en la sección que el Paladión tenía en la revista Blanco y Negro, este concluye:

“¿Habrá paz mientras perdure semejante estado de cosa? Podemos decir con toda la boca: ¡no! Mientras unos vivan en la miseria y otros en la opulencia, mientras unos tengan todas las posibilidades de hacerse hombres conscientes, y otros permanezcan en la completa ignorancia; en una palabra, mientras la humanidad permanezca dividida en clases, la paz será un sueño.

Entre algunos de los miembros de El Paladión y Arón Kohaz se desarrolló una interesante amistad, pues éste iba cada cierto tiempo a las tertulias, y en Blanco y Negro aparece una información en la que Manuel A. Amiama participa acompañado del ruso en actividades artísticas. En esa revista, en un artículo de Amiama titulado “Ecos Teatrales: el ordeón ruso en el Teatro Colon”, éste relata:

“Una tarde, el amigo Kohaz y yo fuimos a visitar a los artistas en sus habitaciones del hotel Colón, y allí fuimos recibidos con cortesía extremada que es característica de los rusos. El amigo Kohaz, que es ruso, pero que habla el español a perfección, sirvió de interprete en la cordial entrevista..”

Aparte de la influencia de Kohaz con sus ideas socialistas, también Juan José Llovet, un intelectual español que llegó a la República Dominicana temporalmente y se quedó viviendo aquí hasta su muerte, aunque no escribía sobre temas que lo relacionaran con las ideas socialistas, si llegó a plantear en 1926, en un intercambio de carta con un tal “M.G.P”, su simpatía con ideas revolucionarias. Llovet, refiriéndose a las luchas socialistas y republicanas desarrolladas por los jóvenes españoles, le dice a M. G. P.:

“Por que yo, mi querido amigo, no puedo resignarme a creer, como usted parece que se resigna, que todo aquel conmovedor hervidero de nobilísima inquietudes se haya aquietado y adormecido para siempre en la chata plenitud en que ha venido a empantanarse la vida político europea (…). No, no y no, mí querido amigo…! Yo sigo siendo el mismo hombre, rabioso a ratos, y, a ratos, crédulo y entusiasta, de aquellos años inolvidables. Yo, a pesar de todo, todavía no he renunciado a la esperanza (…) Yo espero que cualquiera de estos días, agitando un “Listín” como una bandera y a riesgo de que me tomen por loco, podré salir a la calle gritando: ¡Resurrección…! ¡Resurrección..! Pero por resurrección, amigo mío, no de lo que era entonces, sino de lo que soñábamos que fuera; resurrección; al menos de aquellas hermosas inquietudes que no es posible que hayan perdido allá su eficacia hasta el extremo de que no queden ni unos cuantos centenares de hombres capaces de dejarse matar por ellas..”

Hasta dónde penetraron las ideas socialistas en el grupo El Paladión,* es difícil explicarlo, pero sabemos que ya para aquellos días varios dominicanos escribían en revistas y periódicos sobre estas ideas, además de que aparecían en ellos cada cierto tiempo, artículos de extranjeros reproducidos en las referidas publicaciones.
Manuel A. Amiama hizo publicar una nota titulada “Siluetas y Perspectivas: Francisco Prats-Ramírez. En ella se deja claro que la teoría socialista no era desconocida en el grupo. Sobre Prats-Ramírez, su influencia en El Paladión y el marxismo, dice:


“Y fue ese mismo afán demoledor y ese embrionario anhelo de ver batir sobre el ambiente social dominicano los vientos benéficos de radicales renovaciones, lo que lo encaminó más al estudio de la moderna ciencia política y de la moderna sociología. Las obras de Marx, Engels, Kautski, Jaurés, Georges, Fiore y Lenine (Lenin, A.P.R), comenzaron a abarrotar su ya populosa biblioteca, y hoy se puede decir que entre los que integran la juventud intelectual dominicana, Francisco Prats-Ramírez es el más enterado en ese capítulo de la ideología y uno de los más entusiastas y sinceros propagadores de las ideas renovadoras”. (…). En el seno del “Paladión”, y fuera de él, Prats-Ramírez lleva a cabo así una misión no despreciable. Toda magna obra renovadora comprende, en efecto, dos etapas: la etapa en que, por un proceso de rotación de ideas, se forma y se condensa el pensamiento renovador y la etapa de la acción, en que ese pensamiento encarna en el músculo del pueblo, para hacerse revolución, o en el cerebro del estadista para triunfar por la vía de la evolución”.

LOS MÁS RADICALES DEL PALADIÓN

El Paladión, como una agrupación cultural, literaria y política tenía en su seno un conjunto de intelectuales que no poseían homogeneidad en sus planteamientos ideológicos-políticos, aunque aceptaban, en conjunto, el liderazgo filosófico y ético de Carlos Sánchez y Sánchez, y los planteamientos político-ideológicos de Prats Ramírez. Todos coincidían en el nacionalismo y el antiimperialismo, pero no todos creían en las teorías sociales que estaban en debates.
En la producción intelectual de los integrantes del grupo, dos son los más radicales defensores del interés social que se habían propuestos en relación con la Renovación: Francisco Prats-Ramírez y Julio A. Cuello
En diciembre de 1924 Prats Ramírez hizo publicar en La Opinión, un escrito donde se percibe su humanismo, apego a las causas de los desposeídos y sentimiento solidario con las agrupaciones y lideres latinoamericanos que luchaban por causas socialmente justas:

“¿Por qué tener sentido del dolor que tan claramente escudriña las lágrimas del mundo? ¿Por qué todas las heridas son mías y todas las hambres son mis hambres? ¿Por qué vibrar con las más lejanas rebeldías y con los lamentos más cercanos? Hermano: tu dolor es el mío, la esclavitud y la pobreza que te agobian son los desvelos que ensombrecen mis pupilas. Corazón de millares de corazones, todos los ritmos de la angustia estremecen mi ser… ¿Por qué tener este sentido del dolor, que tan claramente escudriña las lágrimas del mundo?... Eres fuerte y puedes aspirar a coger estrellas para engarzarlas en la diadema de tu amada. Eres fuerte y podrías realizar tus deseos de destruir montañas con el titánico impulso de tu brazo. Eres fuerte y lograrías tú solo bajar a las entrañas de la tierra y robar su oro para aumentar el tuyo. Eres fuerte y si destruyes el mismo rayo envidiaría tu fuerza…Pero debías sentir las tristezas del huérfano, las lágrimas del pobre, la nostalgia del caído, el dolor de la flor que se marchita, los lamentos desalmados del bosque y la inquietud creadora del artista…”

Julio A. Cuello, por su parte, se atreve a plantear su antiimperialismo de forma radical. Para rechazar que se le incluyera en una directiva de un “Comité de Propaganda Nacional e Hispanoamericana”, llegó a plantear, en carta pública a Félix M. Nolasco, que él solo participaría en esa organización si sus actividades son dirigidas contra Estados Unidos:

“La primera actividad –esta es mi opinión invariable- del Comité, debe ser la organización de una propaganda seria contra la política imperialista de los Estados Unidos de Norte América, porque este es el problema que hoy preocupa y atañe más intima y próximamente al presente y futuro de nuestras jóvenes Repúblicas Latinoamericanas; problema de cuya solución depende la estabilidad de nuestra libertad e independencia territorial y económica. Cualquiera otra actividad tendrá que ser secundaria y nadie como Ud. decano en la tarea del periodismo diario nacional, está más convenientemente preparado para abordarla con éxito. Mi concurso, pues, cuando nuestros primeros pasos sean dirigidos en tal sentido, será tan decisivo y enérgico como sea necesario; pero si el interés y la conveniencia de todos o algunos, no se aviene a esta labor de eminente patriotismo; si es preciso descartar de nuestro programa esta actividad esencial, ahora puede usted considerarme desligado, como Vocal y Miembro, del “Comité de Propaganda Nacional e Hispanoamericana”, porque considero que entonces resultaría esa labor anodina o inútil, a la cual no puede conformarse mi temperamento.

Y al tratar el caso de la invasión norteamericana a Nicaragua, ratifica su actitud y su solidaridad con la lucha de ese pueblo contra la presencia extranjera:

“El caso no es para lirismos ni protestas pusilánimes. Es preciso hablar viril y alto, tal vez no para contrarrestar ahora un designio que se está realizando impunemente contra el derecho de nuestros pueblos, pero sí para forjar en la gran conciencia de nuestras masas, la pureza de un sentimiento adverso al imperialismo y sus aliados de las clases gobernantes de América.”

Julio A. Cuello, al iniciarse la dictadura de Trujillo fue mantenido bajo vigilancia, y por lo menos en uno de los interrogatorios a implicados en planes para eliminar a Trujillo, en 1935, los oficiales interrogadores y uno de los prisioneros se refirieron a él.

EL PALADIÓN LLEGA A SU FIN

De 1930 a 1931 hubo un momento de expectativo silencio en una parte de la intelectualidad dominicana, mientras que otra se integró casi de inmediato al proyecto trujillista; en medio de lo que significó el golpe de Estado contra Horacio Vásquez, la agresiva represión contra los integrantes de la nueva Alianza Nacional-Progresista que intentó oponerse por el voto a los planes del jefe del ejército, y el impacto inmediato del Ciclón de San Zenón, del 3 de septiembre de 1930, la parálisis de los grupos culturales y literarios estaba más que justificada.

La salida institucional de las agrupaciones Atenea, El Paladión y Plus-Ultra fue la fusión en una sola organización: Acción Cultural, que tenía entre sus objetivos celebrar conferencias, propiciar la traída de intelectuales extranjeros, publicar obras literarias, abrir una biblioteca y constituir núcleos por áreas del conocimiento.
La primera reunión para formar la agrupación se celebró en una oficina del quinto piso del edificio Baquero, en la calle El Conde, el domingo 10 de julio de 1931 en la mañana; pero su fundación aconteció el 28 del mismo mes con la elección de una directiva provisional constituida por Julio González Herrera como presidente, Manuel A. Peña Batlle vicepresidente, Cristián Lugo, secretario, Horacio Read, tesorero; Joaquín Balaguer, Gilberto Sánchez Lutrino, Manuel A. Amiama, y Pedro R. Batista como vocales.
La constitución definitiva aconteció el domingo en la mañana del 30 de agosto de 1931, en la Universidad de Santo Domingo, quedando electo como presidente Manuel A. Peña Batlle. En las elecciones para elegir la directiva participaron 70 intelectuales, entre los que estaban Martínez Conde y Julio González, autores intelectuales de la iniciativa, mientras que Peña Batlle había sido hasta ese momento el presidente de la agrupación Plus-Ultra.
Julio González quedó como vicepresidente, y en su discurso quedó claro que El Paladión, a partir de ese momento, quedaba fusionado con Plus-Ultra y el grupo Atenea. También se integró a la nueva institución la “Juventud Universitaria”, y Horacio Read, otro del Paladión, fue electo el tesorero.
Quedaron como “socios directivos” de núcleos: Jesús María Troncoso, Viriato A. Fiallo, Colombino Henríquez, Juan José Llovet, Luis E. Mena, Enrique de Marchena hijo, Manuel A. Amiama, Ramón Lugo Lovatón, José E. Aybar, Arturo Pellerano Alfau, Gilberto Sánchez Lutrino, Ulises Domínguez, Indalecio Rodríguez, y Julio A. Cuello, entre otros.
Sólo no aparecen en la fundación de Acción Cultura, los siguientes miembros de El Paladión: Carlos Sánchez y Sánchez, Rafael Andrés Brenes, y Francisco Prats-Ramírez; este último se había aislado del grupo y hacía esfuerzo para publicar su obra “El Espíritu de la Renovación”, la que apareció definitivamente en noviembre de 1931.
En diciembre el postumista Rafael Andrés Brenes escribió en Bahoruco número 72 sobre el libro de Prats-Ramírez, dejando de paso consignado el aislamiento y la situación económica del intelectual renovador:

“Dejamos de ver a un amigo; pasan los días; a lo mejor pensamos que este amigo se ha muerto! Cuando apunta en nuestras mentes este pensamiento, nos alarmamos primero, nos reconvenimos luego, y como quien espera una noticia desconsoladora, nos lanzamos a preguntar, sólo por un deber de conciencia, y a cualquiera que encontremos a nuestro paso, por la suerte de nuestro camarada. (…). Y es porque así pensamos, por lo que, con palmas de júbilo, recibimos este último libro de nuestro camarada. Un par de meses muerto para sus amigos, entre las cuatro láminas de cal de su estudio; sale del misterio sagrado de la madre una hermosa niña, trae un pliego cerrado para la juventud dominicana, las palabras que tienen del éxito y del fracaso; (…). El pensamiento másculo de un hombre, gritando desde un abismo de miserias!. El valor de ofrecer a la patria una mujer y a la cultura una esperanza. Cuando se tiene hambre, cuando se es olvidado! Y decir: este es mi pan y afirmar que no se ha muerto! Estar caído y germinar bajo la sonrisa plácida del cielo. (…). En untar de ideas nos lanza este nuevo libro de nuestro amigo; él, yo lo se, se proponía solo un fin económico; y su libro resulta un éxito cultural y civilizador, que afirma el éxito editorial perseguido”.

Existen indicios de que entre los años de 1936 y 1937 algunas de las agrupaciones culturales y literarias que habían cesado sus actividades, dieron muestra de reaparecer, después de la desaparición de Acción Cultural. En el caso de El Paladión, uno de sus integrantes, Juan Francisco Sánchez, publicó en 1936 el opúsculo “Ideas y Comentarios”, con el distintivo con que el Paladión acostumbraba a identificar sus publicaciones, y en el caso de Plus-Ultra, en 1937 estuvo circulando la revista La Cueva, la que se identificaba como órgano de esa sociedad cultural.
Muchas Gracias

lunes, diciembre 12, 2005

REVISTAS LITERARIAS DOMINICANAS

REVISTAS LITERARIAS EN LA HISTORIA DOMINICANA

Por: Alejandro Paulino Ramos

El inicio de la vida republicana en 1844, después de veinte y dos años de presencia haitiana, facilitó el surgimiento de las actividades literarias encabezadas por la juventud dominicana. En aquellos días de la Primera República, un periódiquito publicado por La Sociedad Amantes de las Letras trajo el siguiente lema: “Aquí no se escribe porque no se lee y no se lee porque no se escribe”, reflejo de las dificultades educativas y culturales de aquellos días..
Entonces fueron las sociedades culturales-juveniles, las más activas en el propósito de acercar el libro, los periódicos y las revistas a la sociedad dominicana. Existió en esos jóvenes un marcado interés en el desarrollo del progreso intelectual y en la consolidación del progreso y la libertad, mientras los que dirigían el país se mostraban conservadores y enemigos del conocimiento, llevando a muchos de los directivos de las sociedades a la cárcel y otras veces al exilio.
Fue la Sociedad Amantes de las Letras, a la que perteneció Manuel de Jesús Galván, José Gabriel García y Manuel Rodríguez Objío, la que en 1854 publicó el periódico El Oasis y en 1959 la primera revista dominicana: la Revista Quincenal Dominicana, de carácter político-literaria. En 1860 Los Amantes de las Letras publicaban Flores del Ozama.
La primera agrupación en identificarse como una sociedad literaria fue la Republicana, surgida en 1867 con el objetivo de cultivar la inteligencia de sus miembros por medio de las ciencias, las letras y las artes. Esta no publicaba una revista sino un periódico llamado El Nacional, cuyo lema era: “El triunfo de la luz será siempre favorable al engrandecimiento y mejoría de la especie humana”.
En esta sociedad participaban Jose Joaquín Pérez, Francisco Gregorio Billini, Juan J. Sánchez, Federico Henríquez, y Juan Tomás Mejía. En Santiago apareció en 1874 la Sociedad Amantes de la Luz, todavía hoy faro de conocimiento para la región del Cibao, y desde Puerto Plata un importante grupo cultural que se fue nucleando en torno a Gregorio Luperón y Eugenio María de Hostos, y que tuvo ramificaciones en las principales ciudades, constituyeron en 1875 la Sociedad Amigos del País, iniciándose con ella un dinámico y prolongado programa de actividades literarias.
Con los Amigos del País fue que se iniciaron en Santo Domingo, según Cesar Nicolás Penson, las conferencias literarias. Como parte de sus actividades publicaron varias obras literarias y de historia, y fundaron la revista El Estudio.
Es a partir de 1879, con la toma del poder político por el Partido Azul de Gregorio Luperón que las revistas y periódicos toman un importante auge, ya que los gobiernos azules subvencionaron la aparición de revistas y bibliotecas, establecieron la escuela normal, y facilitaron el discurrir de las ideas; un ejército de jóvenes vinculados a las letras y la educación comenzó a avanzar por el país regando la cimiente de las letras. Ese proceso de modernización fue interrumpido en los doce años de la dictadura de Lilís, aunque varias revistas literarias fueron publicadas en esos años.
Aunque la muerte de Lilís, ejecutada el 26 de Julio de 1899, provocó la inestabilidad política, también facilitó la aparición de los primeros agrupamientos literarios de vanguardia.
A partir de 1900 resurgieron los partidos caudillistas y un clima de libertad mediatizada, y en las letras todos anhelaron tener sus propios medios para publicar poesías y ensayos, provocando que en un período de quince años circularan revistas que anunciaban “tendencias literarias”.
Las sociedades culturales y literarias habían desaparecido y las revistas fueron utilizadas como medios para aglutinar tendencias literarias, influenciadas casi todas por el modernismo:
En 1900 circuló “Páginas”, sustituto de la Revista Ilustrada de 1898. Página estaba dirigida por Manuel A. Machado y se agrupaban en torno a ella Antonio Alfau Baralt, Gastón Fernando Deligne, Américo Lugo, Hipólito Billini y Virginia E. Ortea.
En el mismo año apareció la revista Ibis, al parecer influenciada por la lectura de las obras de Vargas Vila. A este grupo ingresaron jóvenes que habían colaborado con la Revista Ilustrada pero que no pasaron a Páginas, entre ellos Francisco Noel Henríquez Ureña, Apolinar Perdomo, Porfirio Herrera, Mario A. Mazara y Bienvenido Iglesias. Muy pronto los de Páginas y los de Ibis se fusionaron en una sola publicación a la que llamaron Nuevas Paginas.
En 1901 apareció la Revista Literaria dirigida por Enrique Deschamps y se constituyó el Ateneo de la Juventud. El Ateneo fue dirigido por Amando Pérez Perdomo, Max Henríquez Ureña y Juan Tomas Mejía hijo, y publicaba en 1903 la revista El ideal. En 1903 circularon las revistas literarias El Esfuerzo, El Iris, El Porvenir, Páginas Blancas, Página Azul, y la revista Blanco y Rojo. Los colores como notamos, separaban e identificaban las revistas literarias. Entre las revistas más importantes de 1903, se encontraban la Revista Quincenal dirigida por Manuel de Jesús Galván y La Cuna de América de José Ricardo Roques. La Cuna de América circuló hasta 1924. En 1930 volvió a aparecer en formato de periódicos y un poco alejada de las actividades literarias.
La Cuna de América tomó participación activa en el surgimiento del Grupo Paladión en 1917, y en la del Movimiento Postumista de Domingo Moreno Jimenes, Rafael Augusto Zorrilla y Andrés Avelino.
En 1906 circularon El Pensamiento y Lampos, dos años después las revistas Azul y Verde, El Aura, Helio, y Blanco y Negro; esta última con una hermosa impresión y consolidada en fotografías decalidad. Blanco y Negro fue dirigida por Francisco A. Palau y es, por su tiempo de circulación una de las más importantes en la historia de las revistas dominicanas. Fue alrededor de esta revista que Paladión se constituyó en 1917, como el primer grupo cultural-literario de la República..
Paladión fue hasta 1931 una organización juvenil, cultural y revolucionaria, y sus integrantes, al igual que los del Postumismo y los de Plus Ultra, que se van a constituir en 1922, provenían de la Escuela Normal y en su mayoría eran seguidores del pensamiento hostosiano. Es notorio en algunos de los integrantes de Paladión, como es el caso de Francisco Prats Ramírez, la influencia de la teoría marxista y del triunfo de la revolución rusa de 1917. Entre los integrantes de Paladión se encontraban: Carlos Sánchez y Sánchez, el líder del grupo, así como Francisco Prats Ramírez, Manuel A. Amiama, Cristián Lugo, y Juan José Llovet.
No podemos dejar de mencionar la aparición en 1910 de la revista Ateneo, órgano del Ateneo Dominicano, valiosísimas páginas para la historia de la literatura vernácula. Antes de la ocupación militar americana, fueron publicadas las revistas Cuentos, Versos Selectos, Apolo y Renacimiento, siendo la última la más importante del grupo
Los ocho años de la ocupación militar americana (1916-1924), fueron difíciles para las actividades políticas, literarias y el libre pensamiento; pero no impidieron el surgimiento de grupos literarios y culturales y la publicación de interesantes, que por el contrario surgieron como parte de una tendencia contestaria que se oponía a la presencia de las tropas extranjeras. En este período surgieron los primeros grupos verdaderamente de vanguardia de la República Dominicana.
Entre los grupos resulta importante señalar a Paladión, a Plus-Ultra, y a los Postumistas. Paladión tenía como centro de operaciones la revista Blanco y Negro, los Postumistas a la Cuna de América y la revista Letras, y los de Plus-Ultra, fundado en 1921, y liderado por Manuel Arturo Peña Batlle, publicaban en 1922 la revista Claridad.
En PlusUltra participaban Alcides García Lluberes, Jesús María Troncoso, Angel Rafael Lamarche, Juan isidro Jimenes-Grullón, Arturo Despradel, Carlos Larrazabal Blanco y José Enrique Aybar. Tanto Paladión como Plus Ultra se fusionaron en 1931 dando paso a la agrupación Acción Cultural.
Entre las revistas literarias del período de la ocupación militar se encontraba Letras, aparecida en 1917 y exclusivamente literaria. Letras, que era dirigida por el venezolano Horacio Blanco Bombona, circuló hasta finales de1921, cuando fue cerrada por el censor americano y su director expulsado hacia México. En lugar de Letras, pero como una continuación de esta apareció en diciembre del mismo año la revista L… Dirigida por Quiteria Berroa era la continuidad de la anterior, correspondiendose la numeración con la anterior. El censor militar también clausuró por corto la revista Renacimiento y su director apresado y sacado del país.
En 1922 aparecieron las revistas Anarkos, y Panfilia, y en 1923 apareció la revista semanal y de temas generales, La Opinión. Esta revista dedicó especial atención a los temas literarios. La Opinión, se transformó en periódico diario en 1927, dirigida por Abelardo René Nanita.
La desocupación militar del país se produjo en 1924, abriendo las puertas a la soberanía y la libertad, pero también a la competencia y a la atomización de los grupos literarios.
El período se inicia en 1924 con el último gobierno del General Horacio Vásquez y terminó con el derrocamiento de este en 1930. Con la llegada de Vásquez al poder y la salida de las tropas americanas del país, comenzaron a surgir pequeños agrupamientos y esporádicos medios literarios de vida efímera, nucleándose en capillas literarias que comenzaron a proclamarse vanguardia y representantes de las más modernas manifestaciones del arte y la literatura. El período estaba marcado por un relativo bienestar económico y un espacio de libertades públicas que era aprovechado por la juventud de entonces.
La proliferación de esos grupos fue destacada por la revista La Opinión, llegando a sugerir la unidad de todos en torno a Paladión y los acusó de identificarse con “rotulos rimbombantes, que nacen, se extinguen y reproducen con la rapidez y facilidad de lo infructífero”. La Opinión acusaba a esos grupos de ser “archipiélago, de islotes pequeños, dislocados y estériles”.

De las revistas generales, pero que daban importante espacio a la literatura, es justo destacar la aparición de Cromos como la revista publicada por hombres que más espacio daba a las mujeres escritoras: En ella escribían regularmente Rosa Canto, Aurora Estrada y Ayala, Amada N. Pittaluga, Enriquea Terradas de Lamarche, Ines de Lucas, y Livia Veloz. Cromos estaba dirigida por Ernesto Casanova y redactada por Gilberto Sánchez Lutrino
Las revistas literarias tuvieron relaciones con los grupos literarios en ese período fueron: la Revista X, vinculada al Postumismo y dirigida en1925, por Andrés Avelino y Rafael Andrés Brenes. Moreno Jimenes, Sumo Pontífice del Postumismo publicaba en 1926 la revista La Voz, y en 1929 comenzó a publicar hasta 1937, El Día Estético, vocero del Movimiento Postumista .
En medio de la coyuntura provocada por la crisis económica de 1929 en el mercado mundial, la enfermedad del viejo caudillo Horacio Vásquez, y su intento para reelegirse nuevamente, al Coronel Trujillo se le facilitó la toma del poder político a través de un golpe de Estado que va a ser ejecutado en el mes de febrero de 1930. A partir de ese momento se siente una baja significativa en las actividades literaria de los grupos culturales en la medida que la dictadura se consolidaba, y muchos de los jóvenes intelectuales de aquellos días mostraron interés en las actividades políticas conspirativas, que tuvieron como centros a Santiago de los Caballeros y a la ciudad Capital. Círculos marxistas se movían en medio de las actividades culturales de entonces.
El espacio que va de 1930 a 1935, período de una resistencia que fue finalmente aplastada por la tiranía, fue ocupado por las revistas La Cuna de América que reapareció por corto tiempo con formato de periódico, y la revista Bahoruco, para mi la más importante en los medios intelectuales de la época. Dirigida por Horacio Blanco Bombona, quien antes publicó la revista Letras, circuló desde 1930 hasta 1936. A Bahoruco le tocó la gloria de ser el medio literario donde aparecieron los primeros cuentos de Juan Bosch, en 1931. Juan Bosch fue también redactor de la revista Alma Dominicana aparecida en 1934.
Pasada la primera reelección de Trujillo en 1934, y fracasados los intentos para la eliminación del tirano planificados por jóvenes horacistas, normalistas y marxistas, que se habían unidos con ese fin, los escritores e intelectuales comenzaron a hacerse trujillistas, especialmente a partir de 1935. Aparecieron nuevas tendencias literarias, pero muy limitadas por el interés de la dictadura; las tendencias, a decir de Joaquín Balaguer, se desatendieron en absoluto de las esencias de la vida nacional y se propusieron a utilizar el verso como expresión del sentimiento cósmico y de las vaguedades espirituales. Los intelectuales y escritores se fueron integrando al proyecto trujillista ya para gozar del poder y sus beneficios o ya para evitar ser destruidos por este. En su mayoría los antiguos integrantes de Paladión, Plus-Ultra, Acción Cultural, y los Postumistas, se integraron al aparato cultural de la dictadura y llegaron a ocupar posiciones de relevancia en la política nacional.
Del período de los treinta años de la famosa “era” de sangre y oprobio, sobresalieron varias revistas vinculadas a agrupaciones culturales y literarios. La revista La Cueva, surgió en 1937 como vocero del grupo Plus-Ultra que al parecer volvió a ser reactivado.
Importantísima fue la revista La Poesía Sorprendida, aparecida en 1943 como órgano del movimiento de vanguardia de igual nombre, dirigida por Alberto Baeza Flores. De la Poesía Sorprendida circularon veintiún números y catorce cuadernos conteniendo la producción de esta agrupación.

En cuanto a los Cuadernos Dominicanos de Cultura dirigido por Tomás Hernandez Franco, comenzaron a aparecer en 1943 y desaparecieron en 1952. La colección de estos cuadernos está considerada como la más importante producción literaria de la década del cuarenta.
La generación del 48 se va a hacer presente a través de su revista Altiplano, la cual apareció en 1948, dirigida por Iván Alfonseca y circuló en 1955 con intención de sustituir a los Cuadernos Dominicanos de Cultura, la Revista Dominicana de Cultura, dirigida en 1955 por Emilio Rodríguez Demorizi.
El ajusticiamiento del tirano en 1961 puso fin a una larga era de control y miedo en la sociedad dominicana, permitiendo el inicio de un tortuoso proceso de democratización que todavía no termina. Los intelectuales y poetas que fueron disidentes del pasado régimen se integraron a la lucha política afectando las actividades literarias y limitando la aparición de revistas literarias. Habiendo permanecido acallados por el miedo y la represión por tanto tiempo, los intelectuales y su producción van a estar mediatizada por dos tendencias: la “independiente” alejada de los conflictos de clases de esa coyuntura, y la de los comprometidos con la libertad.
En ese contexto, dos revistas, “Brigadas Dominicanas” y “Testimonio”serán las más representativas de las dos tendencias antes citadas. En ellas y en las páginas dedicadas a la literatura en la revista Ahora, surgida en 1962, los escritores formados en los tiempos de la dictadura y la generación post trujillista, encontraron el espacio necesario para sus producciones literarias.
Brigadas Dominicanas surgió en diciembre de 1961 dirigida por Aída Cartagena Portalatín para “testimoniar, en principio, su total adhesión al fuerte movimiento de oposición que la vigente juventud levantó frente al régimen irracional” Las Brigadas eran independientes del compromiso partidario pero de decidida orientación antitrujillista, contestatarias y antibalaguerista. Dejó de circular en diciembre de 1962 y su espacio llenado 14 meses después por la revista Testimonio.
Testimonio surgió en febrero de 1964 bajo la dirección de Lupo Hernández Rueda, Luis Alfredo Torres, Alberto Peña Lebrón y Ramón Cifre Navarro. Sumergida la sociedad en las luchas políticas desatadas por el golpe de Estado de 1963, la consiguiente insurrección guerrillera del 14 de Junio, y la consolidación de la dictadura cívico-militar del Triunvirato, la revista intentó alejarse de esos conflictos sin poder dejar de reflejar en sus páginas la coyuntura que se estaba viviendo. La encrucijada apareció en el primer número: “No somos ajenos a la grave encrucijada en que se debaten los destinos nacionales (…). Pero Nuestro derrotero es el camino del espíritu..”
Llama la atención en Testimonio la publicación 1966 del libro “Los días irreverentes”, en formato de revista, de Luis Alfredo Torres, y la publicación del número ocho de 1964 dedicado a diecisiete jóvenes escritores, entre ellos: Juan José Ayuso, Pedro Caro, Roberto Marte, Jacques Viau R., René del Risco Bermúdez, Osvaldo Cespeda, Antonio Lockward, Jorge Lara (Ulises Rutinel Domínguez), y Rafael Lara Citrón.
Dejó de circular en 1967 debido al costo del papel y a las contradicciones en torno a la dirección de la revista. En julio, los antiguos directores renunciaron anunciando la salida de la revista Colibrí “como un medio de poesía selecta”. De esta revista no tenemos noticias de si llegó a circular.

Durante la Revolución de Abril de 1965 los intelectuales y escritores se adhirieron militantemente a la insurrección, la vida económica y cultural se paralizó, los periódicos y revistas dejaron de salir y todo giraba en torno al conflicto cívico-militar.
Por esta razón, más que revistas literarias fueron los poetas y escritores revolucionarios los que cantaron a la patria en medio del silbido de las balas. Los nuevos y los viejos de la literatura se encontraron de sobre las trincheras, aunque algunos prestigiosos intelectuales, como Héctor Incháustegui Cabral, fueron opositores a la Revolución Constitucionalista.
En la zona constitucionalistas se organizó en julio El Frente cultural dirigido por Silvano Lora, Antonio Lockward, y René del Risco, así como la agrupación artística Arte y Liberación, pero no se imprimieron revistas literarias. En la sección Página Literaria del periódico Patria aparecieron los aportes de los intelectuales que estaban con la revolución.
Al finalizar la guerra patria, los artistas y escritores que participaron en ella comenzaron a organizar los Grupos Literarios, entre ellos La Mascara (1965), El Puño (1965), La isla (1966), La Antorcha (1967) y El Bloque de Jóvenes Escritores (1973). Todos, a excepción de La Mascara, estaban influenciados por la guerra, el marxismo y la esperanza de la vuelta a una revolución que nunca llegó. De estos agrupamientos, sólo el Bloque de Jóvenes Escritores publicó la revista Bloque en 1973, dirigida por Rafael Julián, Mateo Morrison, Antonio Lockward, y Diógenes Céspedes. Los colaboradores de Bloque fueron los integrantes de los grupos literarios.
Al finalizar la revolución reapareció la revista Testimonio y en 1967 el Movimiento Cultural Universitario publicaba los Cuadernos de Poesía. Para 1971 circulaba la revista Liberación dirigida por Víctor Víctor, de carácter político-literaria, pero los medios más importantes para las generaciones de post guerra fueron los suplementos culturales de los periódicos nacionales.
La Gaceta Literaria de Auditórium, del Listín Diario, apareció en 1972 como órgano del Grupo Cultural Auditórium y dirigida por Carmen Quidiello de Bosch y Marianne de Tolentino. En ella se destacaron los escritores que se consideraron parte del Movimiento de la Joven Poesía y del Pluralismo, mientras que León David y Mateo Morrison comenzaron a producir el Suplemento Cultural Aquí, de La Noticia, órgano discreto de la Joven Poesía.
Fue además significativo el aporte del Suplemento Dominical del Nacional (1966). y las secciones de literatura de la Revista ¡Ahora!.
A principio de los años setenta los grupos literarios comenzaron a desaparecer dando paso a los Talleres Literarios, de donde surgieron los más importantes representativos de la literatura dominicana hoy. De una actividad cultural y literaria que apostaba al enfrentamiento social y a la solidaridad internacional, después del triunfo del PRD en 1978 y la necesaria y feliz salida del período de los “Doce Años de Balaguer”, las actividades literarias tomaron nuevos rumbos, llegó la dispersión y cada quien fue definiendo su tendencia, su estilo y forma, buscando en lo cotidiano y en las experiencias extranjeras el sostén de su producción. Los talleres fueron las escuelas donde se fraguaron los escritores de la Generación del Ochenta.
Independientemente de los Talleres, en 1974 surgió el Movimiento Pluralista definido por Tony Raful como “Frente estético de la burguesía”. Dirigido por Manuel Rueda, surgió “representando una opción de técnicas y trabajo en el experimento formal de la literatura dominicana, atiborrada por un desgane histórico de profundas raíces sociológicas”. Los integrantes de esta agrupación tuvieron abiertas las puertas de los suplementos y diarios de la época.
Entre los Talleres Literarios encontramos al Núcleo de Escritores Jacques Viau, surgido en 1978 y en el que se reunían Rafael Peralta Romero, Aquiles Julián, Héctor Jerez, Federico Sánchez, Julio Cuevas y el poeta Tomás Castro.
Para 1979 algunos de los integrantes del Jacques Viau se fusionaron con el grupo que formó el Taller Literario Cesar Vallejo, el que dirigido por Mateo Morrison en la Universidad, estaba integrado por José Mármol, Mayra Alemán, Dionisio de Jesús, Plinio Chahin, Ylonca Nacidit Perdomo, Tomás Castro, Rafael García Romero, Miguel A. Jiménez, Tomas Modesto y Franklin Gutiérrez.. El Cesar Vallejo posee un boletín, dirigido por Miguel Antonio Jiménez, del que han aparecido unos diez y nueve números.
Otro grupo-taller interesante fue el Circulo Literario Domingo Moreno Jimenes, surgido en 1983, con un boletín, especie de hoja volante, donde circulaba publicaban sus versos y opiniones. El Moreno Jimenes estaba integrado por Marcos A. Martínez, Evan Lewis, Medar Serrata, y Adrián Javier, y tenía su centro de acción en la zona oriental de la capital correspondiente a Alma Rosa.
En la barriada de Los Minas tuvo una importante actividad el Taller Literario Juan Sánchez Lamouth. Este taller utilizaba la parte trasera de la iglesia de “Los Minas Viejo”, para realizar sus reuniones.
La Generación del Ochenta, nombre con que se identifica a los escritores surgidos de los Talleres se diferenciaba de las anteriores en la temática y las técnicas, y de acuerdo con Franklin Gutiérrez, se preocupaban por la muerte, la metafísica y el nihilismo, mientras los de postguerra estuvieron vinculados al marxismo, la solidaridad internacional y los conflictos sociales. Los del ochenta se alejaron de las luchas sociales y encaminaron sus aportes por el camino del individualismo y la distracción. Sus principales medios de difusión fueron los boletines de los talleres, algunas revistas y los suplementos de los diarios nacionales. Además tuvieron la oportunidad de constar con las revistas Letra Grande, Cuadernos Siboney, la revista Y..Punto, los Cuadernos Dominicanos de Poética y la revista Yelidá.
Letra Grande apreció en marzo de 1980 dirigida por Juan R. Quiñones y coordinada por Pedro Richardson y Peralta Agüero.
Los Cuadernos Ciboney comenzaron a ser publicados en septiembre de 1980 dirigido por Marcio Veloz Maggiolo y Freddy Gatón Arce, vinculados a la licorería Siboney, siendo de interés los concursos literarios que patrocinaba la revista.
En cuanto a la revista Y…Punto!, autocalificada como “nosdalaganario de literatura”, comenzó a publicarse a finales de 1982, definiéndose como órgano del Colectivo de Escritores…Y Punto! En ella escribían Raúl Bartolomé Reynoso, René Rodríguez Soriano, Tomás Castro y Aquiles Julián.
Una publicación de literatura que ha permanecido hasta hoy son los Cuadernos de Poética, dirigidos por Diógenes Céspedes. Estos Cuadernos aparecieron por vez primera en 1983 con Andrés Blanco Díaz como redactor y un comité asesor de escritores nacionales e internacionales.. Los Cuadernos surgieron para “valorar el poema y hacerlo público” y su estrategia política se inscribió “contra la teoría y la práctica de la metafísica del signo”.
En 1986 circuló Yelidá, revista literaria dirigida por Antonio Fernández Spencer, con Víctor Mármol como redactor y Abil Peralta Agüero como secretario. En Yelidá colaboraban Diógenes Céspedes, Manuel Núñez, Mateo Morrison, Tony Raful, Danilo Lasose, Andrés L. Mateo y otros destacados escritores de la época.
Más recientemente han circulado revistas literarias como son Vetas de la Cultura, El Aleph, revista del círculo literario de igual nombre, Espacios Culturales publicada desde 1997 por Mateo Morrison, El Punto de la Casa, vinculada a Casa de Teatro, y Caudal que dirige el talentoso y joven escritor Carlos Cabrera.
De estas revistas es obligatorio referirse a Vetas, definida recientemente como la “única revista en blanco y negro que se mete en rojo”. Dirigida en su primer número de 1993 por Clodomiro Moquete y Avelino Stanley, ha tenido como soporte a la Editora Buho. Después de doce años apareciendo cuando “Dios quiere”, Vetas está en abril del presente año celebrando la salida de su número sesenta. Abierta a “los dioses” y en especial a los jóvenes escritores, se tiene, sino como la más importante, por lo menos como la más contestataria, abierta, malcriada y polémica de las publicaciones literarias dominicanas de actualidad.
Ahora el campo de las letras nacionales tiene un nuevo medio para que los intelectuales y escritores entreguen sus aportes a la sociedad dominicana. Toca el turno a Xin-Esquema, revista literaria que en algunos minutos tendrán ustedes entre sus manos, dirigida por un intelectual que ha demostrado poseer la capacidad y el conocimiento para salir triunfante en todos los compromisos en que se embarca, por lo que estoy seguro que habrá revistas literarias por muchos años.



























domingo, noviembre 20, 2005

AGRUPACIONES CULTURALES, 1960-1970


LOS GRUPOS LITERARIOS

Por: Alejandro Paulino Ramos

(En la foto Aquiles Azar, fundador de la agrupación La Mascara)

La guerra civil de Abril de 1965 y la participación de los escritores de la Generación del sesenta en ella, abrió la puerta a las definiciones teórico-prácticas con las que se llevó la poesía a nivel de compromisos con la cotidianidad y los intereses políticos-ideológicos de una parte de los escritores dominicanos. El medio organizacional para cumplir con esos fines fueron los grupos literarios, y la competencia entre ellos el reflejo vulgar de las líneas partidarias de la época.

La poesía de sus integrantes fue el compromiso social «la conocieron después de los escombros. /Por el hijo que estuvo. /Y no aparece, / por la sangre que tiñe las aceras. / Por el intenso olor a pólvora quemada» (Pedro Caro. Conocimiento de la Ciudad).
Aquella consigna de “Unidad”, surgida en la guerra, y el interés en la prevención de los niveles de “esclarecimiento” alcanzados en 1965, fueron parte del motivo del surgimento de los grupos y su objeto “la formación de la conciencia de la literatura como un oficio; y la imprescindible formación teórica para ejercerla,..(Enrique Eusebio, Bloque No.2). El primer agrupamiento en aparecer fue La Máscara (1965), integrando a poetas de la clase media conservadoras (véase Tony Raful, «Lo Social en la poesía dominicana), y dirigida por Héctor Díaz Polanco, Aquiles Azar y Lourdes Billini. Otros grupos aparecieron en lad provincias como reflejo natural de los que surgían en la capital de la República: Admiversa (dirigida por Mora Serrano), y Escritores del Cibao, por ejemplo.

A fines de 1965, encabezados por Miguel Alfonseca y Ramón Francisco e integrados por Iván García, Enriquillo Sánchez, René del Risco y Mauricio Veloz Maggiolo, surgió El Puño, y su formación anunciada en la revista Testimonio Número 17, de Enero de 1967. Rafael Julián en Bloque No.2, lo señala como el más digno de estudio y del cual se esperaba mayor permanencia, producto de un fenómeno social jamás visto en nuestro país: la Revolución de Abril, como un desprendimiento de El Puño y reagrupamiento de escritores que no estaban vinculados a grupos, surgió La Isla (1966); con ese nombre se intentaba romper con el aislamiento de los dos los pueblos que ocupaban “La Española”. Dirigido por Antonio Lockward Artiles e integrado por Fernando Sánchez Martínez, Pedro caro, Wilfredo Lozano, Jimmy Sierra, Andrés L. Mateo, y Rutinel Domínguez. En a1967, influenciado por los poetas de El Puño y La Isla, apareció La Antorcha, dirigida por Mateo Morrison, Enrique Eusebio, Rafael Abreu mejía, Soledad Álvarez y poetas que habían pertenecido a los grupos anteriores.

Este último grupo se constituyó en el núcleo principal de lo que luego se llamaría La Joven Poesía Dominicana. Muchos de estos poetas también formaron parte Del Movimiento Cultural Universitario.

En cuanto Al Bloque de Jóvenes Escritores, el último de importancia en aparecer (1973), este trató de romper el aislamiento, y la desintegración de los agrupamientos anteriores, así como impulsar una actividad literaria Fecunda. El Bloque, fue dirigido por Rafael Julián, Mateo Morrison, Antonio Lockward Artiles, Héctor Amarante, Rafael Abreu Mejía y Diógenes céspedes.

Todos los grupos, con excepción de La Máscara, fueron influenciados por las ideas socialistas, la solidaridad con las luchas antiimperialistas y el partidismo de izquierda de los años sesenta y principio de los setenta. Para 1974, ya habían desaparecido dando paso a una a nueva generación en la poesía dominicana: La Joven Poesía Dominicana.

NARRATIVA DOMINICANA: LA MÁSCARA

En los últimos meses de 1965 se organizaron en la ciudad de Santo Domingo, los grupos literarios La Máscara y El Puño. El primero, integrado por intelectuales de “la clase conservadora”, y el segundo por “revolucionarios”. Se da por cierto que La Máscara fue la primera agrupación cultural y literaria después de finalizada la guerra. Sus integrantes fueron principalmente, Héctor Díaz Polanco (teórico de la agrupación), Lourdes Billini y Aquiles Azar, y su principal aporte el impulso de la cuentística dominicana.

La Máscara nace en la época en que la “poesía salio de la trinchera y se refugio en el piano bar, los cinematógrafos y las piernas de las oficinistas” (Alexis Gómez, Antología de Franklin Gutiérrez), y en la que el tema urbano “va a constituir la fuente primaria de inspiración”. Sus integrantes y los que luego van a formar otros grupos, son “muchachos nacidos y educandos en la ciudad, estudiantes universitarios, activistas políticos, militantes de partidos revolucionarios, o simplemente profesores, actores, publicistas”. (Antología de José Alcántara Almanzar)

Aquiles Azar, principal de La Máscara (Bloque No. 2), dice de su nacimiento lo siguiente. “La Máscara, agrupación que nació debido a una necesidad en el año 1965; un grupo de jóvenes se reúnen tentativamente una primera, segunda y hasta tercera vez para dejar constituida dicha agrupación”. El nacimiento de El puño y luego La Isla “despierta un gran interés en que la trayectoria la dirige el grupo “La Máscara”. Este es el grupo que inicia y patrocina toda una serie de movimientos de índole cultural”. (Véase entrevista en Cada Uno Dios, de Clodomiro Moquete)

El objetivo de La Máscara, era la “búsqueda y descubrimiento de valores en todos los campos y las artes”, realizaban exposiciones de pintura, presentaban obras de teatro, conferencias sobre aspectos culturales, cursillos de música (los de “apreciación musical” de Don Julio Ravelo iniciados en el 1966, celebrados en su casa, fueron iniciativa de la agrupación), de literatura y los concursos de cuentos, auspiciados por E. León Jiménez (1966-1971), que abrieron las puertas a los narradores de los Sesentas.

Su primer concurso de cuentos fue convocado en agosto de 1966 y ganado por Miguel Alfonseca, René del Risco, Enriquillo Sánchez, y Abel Fernández Mejía, Armando Almanzar, y Rubén Echavarría. Todos, menos Fernández Mejía, eran miembros del grupo cultural El Puño, el cual mantuvo debates y “competencia” con La Máscara. El jurado fue integrado por el profesor Juan Bosch, Máximo Aviles Blonda y Héctor Incháustegui Cabral.

Las razones de la desaparición de La Máscara, guarda relación, para Rafael Julián, con la falta de intereses comunes, y por estar la agrupación formada por “pequeños burgueses”. Para Aquiles Azar fue “la falta de elementos y de personas que quisieran continuar la labor que dicha agrupación empezó” la que puso fin en 1972 a la agrupación.

La Máscara, al igual que las demás organizaciones de la época, fue afectada por el “subdesarrollo económico” que implicaba, a decir de Rafael Julián, una ausencia de tradición institucional, lo que impedía que en el país se desarrollara el espíritu de corporación. La Máscara, y sus famosos concursos de cuentos, fue la academia donde muchos de los narradores de hoy aceptaron ser evaluados y publicados. El desarrollo de la cuentística es el aporte fundamental de la agrupación cultural y literaria La Máscara.


REVOLUCIONARIOS Y POESÍA: EL PUÑO

La agrupación El Puño surgió a finales de 1965 imitando a los novelistas del Boom (véase a Carlos E. Deive), y sus integrantes mas importantes los fueron Ramón Francisco, (guía del grupo), Miguel Alfonseca, Armando Almánzar, Rafael Vásquez, Iván García, Antonio Lockward Artiles, Rene Del Risco Bermúdez, Enriquillo Sánchez, Y Marcio Veloz Maggiolo.

El Puño fue en sus posiciones sumamente contestatario y desde su fundación, vinculado con el movimiento revolucionario, de los primeros en denunciar la dictadura que se había iniciado en 1966: “ahora quieren imponer el bozal/ los que pidieron la muerte/ los que pidieron el degüello de retoños.../Los que furiosos crispaban como anciana hojarasca/ porque al amanecer después de las matanzas/ se oía el canto ronco de los hombres,/.../ esos ahora quieren imponer el silencio”. (Miguel Alfonseca. A los que tratan de imponer el bozal).

En aquellos tiempos sus integrantes no eran muy conocidos; eran personas “que, aunque con mucho talento, carecían de formación en las ciencias sociales. La mayor parte... ni siquiera eran profesionales. No conocían las leyes que rigen el proceso social e histórico. Su trayectoria política, pura y limpia, la habían agotado por intuición y por pasión juvenil” (Rafael Julián. Bloque No. 2). Eran revolucionarios y algunos vinculados a organizaciones socialistas, y como tales influenciados por las luchas políticas de posguerra.

Publicaban la Colección El Puño dirigida por Iván García y Miguel Alfonseca, en la que aparecieron Hotel Cosmos, cuentos de Antonio Lockward, La Guerra y los Cantos, poemas de Miguel Alfonseca, y se llego a anunciar El jubilo de la sangre, de René del Risco, así como la novela Demasiado lejos, de Iván García. El objetivo de la colección era la de “publicar las creaciones de los jóvenes escritores dominicanos desconocidos aun por una gran parte de nuestro pueblo”. Esos escritos representaban “una visión, un panorama de nuestra época desde una generación comprometida con su tiempo y con su pueblo” (la Guerra y los cantos de Miguel Alfonseca).

Su desintegración fue producto de las disidencias internas, provocadas por las “concepciones disímiles” de sus miembros “sobre el papel que debe cumplir la literatura y el arte en general” (Rafael Julián. Bloque No. 2), y por las divisiones iniciadas en el Movimiento 14 de Junio, Movimiento Popular Dominicano, y otras organizaciones revolucionarias. El Puño desaparece, dice Rafael Julián, porque de “sus miembros, unos se convierten en peones del imperialismo norteamericano y de la alta burguesía criolla mediante la publicidad; otros, los menos, se dedican a la docencia universitaria, al ejercicio de sus profesiones y al periodismo”

Del fraccionamiento surgió como desprendimiento del El Puño, el grupo La Isla dirigido por Antonio Lockward quien encabezaba el ala radical de la organización. El puño fue el grupo “mas digno de estudio, y el único del cual se esperaba mayor permanencia. En primer lugar, porque se nutrió de personas con iguales antecedentes políticos; y en segundo lugar, porque fue el producto de un fenómeno social jamás visto en nuestro país: la revolución de abril. Sin embargo, con este grupo cultural vamos a ver que después de expirado el momento patriótico, la individualidad de cada ciudadano (en este caso cada artista), con sus flaquezas, necesidades, debilidades y resabios ideológicos” lo llevo a su desaparición.

LITERATURA Y SOCIEDAD: LA ISLA

La Isla surgió a finales de 1966, fruto de la divergencia política y cultural que estremeció el campo revolucionario. Al calor del debate ideológico, cuando el 14 de Junio se dividía entre “transformistas” y “no transformistas”, y en el MPD debatían la “primera” y “segunda posición”, que provocó su división, se produjo la salida de Antonio Lockward y otros de la agrupación El Puño, creando de inmediato La Isla. La división de El Puño, dice Rafael Julián, estuvo relacionada con la discusión sobre el papel de la literatura y el arte en la sociedad dominicana.

El nombre de La Isla surgió, como una idea de Antonio Lockward Artiles, buscando romper el aislamiento dominico-haitiano, pues se entendía que entre los dos pueblos existían identidades en las luchas políticas y en el campo cultural. Andrés L. Mateo dice que el grupo surgió con un manifiesto “cuyo contenido expresa nítidamente una cosmovisión que revisa en términos revolucionarios las instancias de la existencia y el arte”.

Sus integrantes se definieron en el manifiesto, cuatro años después, como “jóvenes intelectuales de extracción popular” que participaban en el desarrollo de eventos culturales en diversas barriadas de la capital y del interior creando algunas obras artísticas de relativo valor cultural y revolucionario y dándole al pueblo el poder creador de los valores culturales, además de oponerse “a la tesis reaccionaria de crear un arte que tenga su razón de ser en sí mismo”.

Entre sus integrantes, “jóvenes entre los 16 y 35 años, con distinguibles dones de actores, escritores, poetas, dramaturgos, ensayistas y otros géneros literarios (véase ¡Ahora No.202, 1967), se encontraban Antonio Lockward Artiles (el líder del grupo), José Ulises Rutinel Domínguez (deportado durante los 12 años de Balaguer), Fernando Sánchez Martínez, Norberto James, Rómulo Medrano Marte, Fausto Pérez (del Rosal), Freddy Castillo, Pedro Caro (no llegó a ser formalmente miembro), Juan González (Macobi), Wilfredo Lozano y Andrés L. Mateo; este ultimo considerado por Rutinel Domínguez, por su propia producción, como el de mayor calidad y sensibilidad poética del grupo.

Sus encuentros se realizaban los sábados en la tarde en el hogar de Lockward, en El Conde casi esquina Santomé, otras veces en el de Rutinel, en la calle Salcedo numero 11, y en el Club Enriquillo, en la calle del mismo nombre.

Lockward define el grupo como el de mayor conciencia sobre los problemas del intelectual en los países atrasados, y planteaba una literatura que obedeciera al “realismo critico”. El grupo publicó, como Colección La Isla: Los poemas de la sangre, de Jorge Lara (seudónimo de Rutinel Domínguez) y Sobre la marcha, de Norberto James, así como Portal del mundo, de Andrés L. Mateo, y Ferrocarril central, de Antonio Lockward.

La agrupación publicaba además Ediciones Futuro, folletos que vendían a los interesados en los temas literarios, cuando visitaban los clubes culturales del país, y era notorio ver sus escritos en la revista ¡Ahora! Y en suplemento dominical de El Nacional. Además formaron en la Universidad el Movimiento Poético Universitario.

El final del grupo llegó cuando una parte de sus integrantes se hicieron profesionales, cambiaron su vocación por un salario, salieron del país o les llegó “el viento frío”; después de 24 años, casi todos se han mantenido del lado de la dignidad y apegados a valores revolucionarios y democráticos.

POETAS CONTRA LOS DOCE AÑOS

La firma del Acta Institucional, puso fin al enfrentamiento armado y a la ocupación militar americana de 1965. Los hombres y mujeres que combatieron para instaurar un régimen democrático que aniquilara los residuos del trujillísmo, marcharon a sus pueblos y barrios, llevando la esperanza de que todo fuera una pausa en el combate.

En medio de la guerra fría, la vuelta del neotrujillísmo que encabezaba Joaquín Balaguer en 1966, significó una derrota momentánea de las fuerzas liberales y una reinstalación de la dictadura sin Trujillo, pero con los mismos actores, sólo que ahora el pueblo, que había saboreado el poder de las armas, no estaba en condiciones de aceptar pasivamente.

Los Doce Años (1966-1978), fueron de una alta represión y de resistencia en todos los frentes; con el interés puesto en la vuelta a la revolución. Los sectores se reorganizaron y definieron sus estrategias, y los poetas no quedaron al margen: se organizaron y influenciados por las ideologías que matizaron la guerra. Así surgieron muy pronto, los grupos literarios y culturales: La Isla, EL Puño, La Antorcha, La Máscara, y El Bloque de Jóvenes Escritores; algunos reclamando un espacio en las luchas, otros de claras tendencias conservadoras. Surgieron los talleres literarios Jacques Viau, Cesar Vallejo, Domingo Moreno Jiménes, Sánchez Lamouth, el Movimiento Cultural Universitario, y en medio de la represión los Clubes Culturales de donde salieron poetas y narradores.

Surgieron y fortalecieron los suplementos culturales del Listín Diario, La Noticia y la revista Ahora; surgió el movimiento Pluralista, la Generación de posguerra evolucionó en busca de nueva definición; bajo su amparo surgió La Joven Poesía Dominicana. Fueron doce años de intensas actividades político-culturales, y de enfrentamientos con la dictadura: los recitales poéticos y las presentaciones artísticas muchas veces terminaban bajo los efectos de los gases lacrimógenos y de los disparos indiscriminados.

Poetas y escritores iban a la cárcel por el simple hecho de haber aparecido al momento de un allanamiento un libro de Marx, Lenin o de Platón en sus libreros. Ana Celia Lantigua, miembro del Movimiento Cultural Universitario pasó largos meses prisionera en La Victoria, y un joven panadero de la barriada de Los Minas, Daniel Cabrera (El Lego), que había escrito un poema en el homenaje a Jacques Viau, hecho prisionero y fusilado en una de las paredes del Cementerio de ese popular sector.

René del Risco, uno de los más importantes poetas de nuestro país, no resistió el sabor de la parcial derrota y terminó con su vida en un “accidente” de transito en el Malecón de la capital. Otros se fueron acomodando a la nueva situación, se dedicaron a la publicidad, aunque siguieron escribiendo poemas y la revolución y “la lucha de clases” fue quedando en el olvido; se cambió el sentido ideológico en la poesía, algunos se hicieron metafísicos, otros evangélicos, y los más, marcados por el viento frío del que nos habló René, se convirtieron en alcohólicos y contertulios de cafeterías y discotecas; pero todos, o casi todos mantuvieron como norte, públicamente o en secreto, un rechazo permanente contra la dictadura y su principal ejecutor: Joaquín Balaguer. No es raro, entonces, que al lado de este prolifero escritor, rara vez aparezca un poeta de la generación del sesenta, pues tuvieron que enfrentarse con el neotrujillísmo que por largos años representó el anciano caudillo.

LA ANTORCHA: LA JOVEN POESIA DOMINICANA

La antorcha surgió como grupo poético-cultural bajo la influencia de El Puño y la Isla, en el ultimó cuatrimestre de 1967 y se convirtió a partir de 1970 en el núcleo principal de lo que temprano se llamó La Joven Poesía Dominicana, cuyos integrantes formaron parte de la Generación del Setenta.

En la revista Ahora (25 de septiembre de 1967), apareció un trabajo titulado los Grupos Juveniles Culturales, reclamando a su favor la ayuda de la sociedad dominicana “Esta ayuda se puede y debe prestar en cualquier momento y de cualquier manera, aunque solo sea asistiendo a los actos culturales que presentan esos grupos, o haciendo oír nuestras voces para que se les reconozcan como entidades progresistas y necesarias, y se les ubique en el sitial merecido. Hace poco hizo su aparición en esta capital el grupo cultural La Antorcha, cuando algunos de sus miembros participaron en un concurso literario y cuando presentaron un drama teatral en un colegio católico…”

La agrupación se formó, de acuerdo a Enrique Eusebio, para preservarse del aislamiento cultural, aunque su unión nunca pasó de ser una “Juntura”, pues no hubo una organización coherente, ni una base programática que asegurara su permanencia. Eran, todos los grupos de entonces, acantonamientos ideológicos cerrados.

El líder de la agrupación La Antorcha y que luego formó La Joven Poesía, lo fue el poeta y trabajador cultural Mateo Morrison (véase Tony Raful, Lo Social en la Poesía Dominicana). Entre los integrantes de la agrupación se encontraban además Soledad Álvarez, Rafael Abreu Mejía, Johnny (Alexis) Gómez Rosa, Enrique Eusebio y José Molinasa. En ellos se dejó sentir el espíritu revolucionario y “La Solidaridad antiimperialista” de aquellos tiempos: del 14 al 21 de Junio de 1969, junto a El Puño y la Isla, organizaron una semana de solidaridad con el pueblo haitiano.

Además, a finales de 1971 los integrantes de los referidos grupos celebraron, en el paraninfo de Ciencias Médicas de la UASD, un foro poético en el que participaron Andrés L. Mateo, Domingo de Los Santos, Enrique Eusebio, Alexis Gómez, Luis Manuel Ledesma, Norberto James. René del Risco y Rafael Abreu Mejía.

El grupo La Antorcha se reunía para estudiar, leer poemas y discutir sus escritos en las casas de sus integrantes, especialmente en el hogar de Morrison en la barriada conocida como Cruz de Mendoza, aunque recuerdo las reuniones que celebraban en el sector La Milagrosa, en Los Minas, en la residencia de Única, una esbelta mulata revolucionaria que apoyaba las actividades culturales de aquellos días.

Enrique Eusebio, tratando de definir lo que fue el grupo (en encuesta hecha por Diógenes Céspedes para la revista Bloque), dijo que en La Antorcha “nos limitamos a ser un grupo de amigos que hacíamos actividades en común: como lecturas de poemas, recitales, conferencias, etc... y apenas, dimos a la luz un solo número de la revista Destellos.

La Antorcha, al igual que sus predecesores La Mascara, el Puño y la Isla desapareció a finales de 1972, dando paso a la formación de la agrupación Bloque de Jóvenes Escritores Dominicanos (véase a Enrique Eusebio, Auditórium no. 37, de 1973) y al movimiento de transición que marcó la literatura de entonces: La Joven Poesía Dominicana.