domingo, agosto 03, 2014

ENTREVISTA AL HISTORIADOR ALEJANDRO PAULINO RAMOS



La periodista Mercedes Castillo entrevista al historiador Alejandro Paulino Ramos

(En junio del 2011, la periodista Mercedes Castillo me pidió que le contestara algunas preguntas relacionadas con mi persona. Entonces le dije que entendía yo no había trascendido lo suficiente como para que se me tomara en cuenta, y aparecer en su revista digital junto a otros distinguidos amigos del mundo cultural. Ella insistió y de esa iniciativa salieron estos temas que traté de abordar de manera consciente y sin apasionamiento. Dos años después, leyendo lo que Mercedes había publicado en aquella ocasión, encontré que podía corregir algunos conceptos y actualizar informaciones; por eso hago público estos párrafos, dedicados en especial a mis amigos de siempre).

1.-Donde nació y como fue tu infancia?,

Nací en San Francisco de Macorís, Provincia Duarte, el 25 de noviembre de 1951, aunque por cosas de la vida mi padre asentó en los documentos de la oficialía civil de aquella ciudad en otra fecha, además de que siempre se discute en la familia de si soy un poco más joven o como dice mí tía que me atendió desde chiquito, que un poco más viejo. De todo modo, mis primeros años lo pasé junto a mis padres en el lugar donde nací, es decir, en la calle Emilio Prud`Homme, casi esquina calle Duvergé, muy próximo a los rieles que llevaban a la estación del tren que iba y venía del ramal de Villa Arriba que se unía a la vía principal que unía a Sánchez y La Vega.

En la esquina Duvergé mi padre tenía un colmado y aunque no era rico, tenía varias propiedades y algunos pequeños negocios que ayudaban a que la familia viviera con cierto bienestar en una ciudad donde los ricos eran muy pocos. De ellos recuerdo a Trifón y Doña Melva Munne, que vivían a la entrada del pueblo por la carretera por donde se llegaba viniendo de la Capital. Cerca de mi casa también estaba la escuela Castillo de varones y dividido por gran espacio y una piscina olímpica en su centro, la escuela de las hembras. Esa piscina se convirtió en una pesadilla el día que un niño se ahogo en ella, por lo que nunca más fue llenada de agua y por décadas se mantuvo como un foco de infección sin que nadie supiera que hacer con la misma, hasta que por fin, tiempo después de la muerte de Trujillo, la rellenaron de tierra y la desaparecieron de la vista de todos. En la escuela de varones hice mis primeros cursos, entre 1955 y 1957.  En esa escuela es de grata recordación la señora Beatriz, que murió hace un par de años y era hermana del músico Félix del Rosario. Esa señora vivía al lado de mi casa y del patio de la mía se podía pasar al de ella, pues en esos tiempos los patios de San Francisco no tenían cercas que lo impidieran.

Haber vivido al lado de la casa de Doña Beatriz creo que me marcó, pues su hija, que le decíamos Mecho, que ya estaba en cursos de la escuela intermedia, se la pasaba estudiando para los exámenes finales en unos folletos o cuadernillos de historia que me parecen resúmenes del libro de historia de Ramón Marrero Aristy. Yo de curiosos, me ponía a escuchar las preguntas y respuestas que se hacían las niñas que acompañaban a Mecho y un día, para sorpresa de las presentes, cuando preguntaron que quién descubrió a América, yo contesté apresurado que Cristóbal Colón, lo que resultó llamativo para todos y siguieron haciéndome preguntas, algunas de las cuales contestaba. Creo que de allí vienen mis primeros contactos con la profesión de historiador que intento practicar en la actualidad.

Otra cosa que me pasó en el patio de la casa de Doña Beatriz tiene que ver con reuniones festivas que se celebraban allí, en las que Félix del Rosario y varios amigos (recuerdo a Malico, el Gallo e Jando, y a uno que construía tinajas y que vivía frente a la casa de Beatriz), todos con instrumentos a manos, interpretaban rítmicas canciones que ahora se me antojan eran sones y bachatas, tocadas con instrumentos variados: guitarra, guira, maracas, bongós, palitos y la marimba que la tocaba el tinajero. Desde entonces he puesto atención a esas músicas y en el año 2005 realicé una investigación acerca de la historia de la bachata que terminó siendo mi tesis para el grado de Maestría en la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

También de aquellos años de niños, recuerdo a los amigos que vivían en mi barrio, entre ellos a Juan Pablo, los hijos de Pedritin, los de José y Carmen Cepeda, Rafael La Lámpara, y muchos otros que ahora no recuerdo, con los que jugaba bolas, pelotas, “a la escondida”, “uno dos y tres pisacolá”, al “ladrón y el policía”. Montaba a caballo y me la pasaba corriendo en el play de pelotas del pueblo que también quedaba muy cerca de mi casa, próximo a los rieles del tren y de un cabaret llamado Los Cuatro Vientos. Con la muerte de Trujillo las “turbas” antitrujillistas destruyeron el estadio de pelota y sus terrenos tomados para construir ranchos y casitas de personas muy pobre. En aquel cabaret vi por primera vez a Joseito Mateo, quien después de esa visita comenzó a cantar un merengue que se hizo muy popular en el que se anunciaba la venta de tortas (la torta dulce, torta, la torta amarga, torta…).  Era la canción de un vendedor callejero de tortas o arepas y que retomada por el artista se convirtió en éxito. Un poco más lejos de mi casa, llegando a los transformadores, donde luego se construyó la iglesia San Martín, uno de mis sitios favoritos era el parque infantil que quedaba frente a la puerta de La Chocolatera, donde ahora queda el Palacio de Justicia y los Bomberos de San Francisco.

Se puede decir, que mis primeros años los viví feliz y con libertad en un país en el que eso era lo que menos existía, pues recuérdese que estábamos gobernados por el dictador Rafael L. Trujillo. De los tiempos de dictadura recuerdo las exigencias hechas por las maestra de mi  escuela para que rezáramos Padres nuestros y Ave María por la salud y la vida del sátrapa y luego, como para irnos acondicionando nos daban de inmediato el desayuno escolar en el que siempre  brindaban el famoso Trópico hecho de chocolate y varios panes. Ahora pienso que nos estaban acondicionando como animales para enseñarnos a ser trujillista. También recuerdo los desfiles en los que teníamos que ir vestido de kaki y con gorra militar de la misma tela y color, desfilando en imitación de los desfiles militares, y mis hermanos y tío adultos marchando bien temprano en la mañana en lo que entonces se conocía como el Servicio Militar Obligatorio. Para mi, aparte de dos o tres correazos que me dio mi padre para “enderezarme y ajustarme a sus reglas” un poco, creo que mi infancia fue interesante y feliz.

Corrían lentamente los años y me la pasaba yendo al cine Carmelita que quedaba frente al parque principal de la ciudad o al cine Peravia, que quedaba un poco más retirado, y las retretas en el parque con la banda de música municipal interpretando danzones, vals y otras músicas que eran del agrado de todos, además de las visitas a la Iglesia Santa Ana, en la que los curas daban la misa en latín y todos los concurrentes contestaban como si entendieran, pero de seguro que no sabían lo que decían en esa lengua imperial que rápidamente desaparecía.

Después, momentos de tristezas, crisis económicas en la familia y un día temprano, la salida de todos hacia la capital en la Guagua Floralba, para irnos a vivir a lo que todavía se llamaba Ciudad Trujillo. Así, de repente ya vivía un día en la Duarte Con París en una cuartería contigua a una fábrica de block y en cuyo espacio está hoy un cine llamado Balani, que cerró sus puertas hace décadas. Luego, el barrio La Fuente a orilla de río Ozama en que me hice ducho en el arte de nadar y pescar y desde allí más o menos finalizando 1959, el desalojo de los barrios La Fuente, La Francia, Faría y otros sectores para llevarnos allá, del otro lado del río.

Con los habitantes de esos sectores se fundó muy próximo al mercado y parquecito de La Palma de hoy, lo que entonces se intentó bautizar como Ensanche Felicidad, pero que los moradores cambiaron de la noche a la mañana por el de Los Minas Nuevo, debido a que muy cerca quedaba el histórico sector conocido como San Lorenzo de los Mina. De modo que soy de los fundadores de Los Mina nuevo con cuya comunidad me he mantenido relacionado desde que tenía ocho años. Aquellos fueron tiempos muy difíciles para todos los que llegaron desalojados, pero con el trabajo convirtieron ese sector en uno de los más progresistas de la parte oriental de la ciudad de Santo Domingo.

2.-Que grados académicos ha alcanzado?,

Residiendo en Los Mina fui testigo de avance, luchas, protestas, muertes, lágrimas, dolor, sufrimiento, alegría de aquellos días de la transición de la dictadura a la libertad, y el abandono de la niñez para convertirme en adolescente y luego adulto. Comencé los estudios primarios a los seis años, pues en los años cincuenta esa era la fecha para ingresar a la escuela. Luego, viviendo ya en Santo Domingo, estudié en dos escuelas de Los Mina: primero en la escuela Pueblo Nuevo, luego la intermedia la cursé en la Escuela Juan Bautista Zafra y el bachillerato en el Liceo Fray Cipriano de Utrera del Ensanche Ozama, de donde fui expulsado por atreverme a organizar en ese plantel el Frente Estudiantil Flavio Suero. Más tarde ingresé a la Universidad Autónoma de Santo Domingo en la que intenté estudiar la carrera de Medicina, pero la atracción por los temas sociales me llevaron a ingresar a la licenciatura en Historia, donde también hice especialidad y maestría en Historia dominicana. En la actualidad estoy cursando una especialidad en Historia del Caribe impartida por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLASO) y el Archivo General de la Nación.

3.- Cuáles profesores y compañeros de estudios recuerdas? 

Desde adolescente siempre tuve buenos amigos en el barrio, la escuela y la Universidad, pero condiscípulo solo recuerdo al ingeniero Anselmo de la Cruz, el que durante todos estos años se ha convertido en más que mi hermano, aunque también tuvimos relaciones muy positivas como estudiantes con Daniel Reyes (historiador), Raúl Bartolomé (poeta), Juan Delancer (periodista), Rosa Elena (Pichuca) Despradel, y otros que con los años he ido olvidando sus nombres. Recuerdo con dolor a Jovanny Gutiérrez, hijo del capitán constitucionalista del mismo nombre, que nos despedimos un día que salió de vacaciones después de terminar el segundo curso del bachillerato y nunca más volvimos a verlo, pues durante los doce años en que su padre era tenido como opositor por haber combatido del lado de Francisco A. Caamaño durante la guerra patria, su hijo que era nuestro amigo fue desaparecido para siempre por el gobierno de Joaquín Balaguer. Era muy joven, amaba la música, estaba lleno de esperanza y no le interesaba la política. ¿Dónde estará su cuerpo y dónde sus asesinos? Fue el primer amigo y compañero que lloré con inmenso dolor.

En cuanto a los profesores, entiendo que incidieron mucho en mi vocación de historiador los maestros Ismael Hernández, el que primero me explicó de forma resumida la historia de la República Dominicana, Leoncio Peter quien me motivó para la investigación y Roberto Cassá a quien considero desde hace años como guía y apoyo en el difícil camino del estudio y la investigación histórica; además,  Ciriaco Landolfi (de él la influencia en la investigación de temas culturales), Franklin J. Franco Pichardo, Antinoe Fiallo, Jaime Domínguez, Francisco (Chito) Henríquez Vásquez y Amadeo Julián. Ellos y muchos otros aportaron a mi formación académica.

4.- Ha publicado algunos libros?

Aunque mis ensayos están dispersos en suplementos culturales y revistas dominicanas, entre las que se destacan Vetas, el Suplemento Aquí de La Noticia, el Suplemento Cultura del periódico El Siglo y en el Boletín del Archivo General de la Nación, tengo algunos libros publicados, entre ellos la Historia de las ideas marxistas en la República Dominicana, Vida y obra de Ercilia Pepin, Diccionario de la cultura y el folklore dominicano, Los Censos municipales del siglo xix, Mauricio Báez, y El Paladión. Entre los que esperan ser publicados se encuentran la Historia de la bachata en el Caribe hispano, Los intelectuales y la ocupación americana de 1916 y Escritores y poesía en tiempo de libertad.


5.-Dónde ha laborado, qué cargos ha desempeñado?,


Mi vida ha estado siempre relacionada con la Universidad Autónoma y los libros, pues temprano comencé a estudiar historia al mismo tiempo que ingresaba como empleado de la Biblioteca Central de esa academia, en 1973, en la que pasé décadas vinculado a lo que entonces se llamaba la Sala Dominicana y en la que conocí muchos de los amigos que todavía conservo hoy, entre los que cuento algunos que ya han muertos, como el Profesor Pablo Lorenzo y a los bibliotecarios Pichuca Despradel, y Ramón Pereyra Candelario, así como a Isabel Beltré y Doña Clara Tejera, la madre de la historiadora Natalia González; pero también conservo a Miriam Campusano, Juan Ulises Morrobel y a otros bibliotecarios de las nuevas generaciones. Allí también tuve la suerte de conocer a historiadores como Roberto Cassá, Jaime de Jesús Domínguez, Franklin J. Franco y a lideres políticos que se han destacado en la política dominicana como fueron el presidente Leonel Fernández, Roberto Santana, y rectores de nuestra Universidad como Mateo Aquino Febrillet, Fernández Sánchez Martínez y Guarocuya Batista del Villar. En los últimos nueve años me he mantenido relacionado con los libros y los documentos en el Archivo General de la Nación donde fui director de su biblioteca primero y luego director del Departamento de Investigación. Profesor de historia en la Facultad de Humanidades de la UASD, hoy me mantengo vinculado al AGN con responsabilidades más cercanas a la dirección general de esa institución, ocupando la subdirección general.

6.-Cuales son tus principales preocupaciones en torno al país?,

Tal vez mi principal preocupación sea en este momento la falta de institucionalidad existente en la Nación dominicana, ver como la sociedad desecha el respeto por la constitución y las leyes. Una sociedad donde cada quien hace lo que le viene en ganas y la delincuencia se adueña totalmente de la esperanza de todos los dominicanos. Hemos llegado a un nivel donde la inseguridad jurídica y social espanta. Creo que hemos llegado a un grado de disolución que obliga y  hace necesario luchar por el establecimiento de una sociedad regida por la ley y la constitución, como la soñó Juan Pablo Duarte, en un ambiente de democracia donde todo el mundo se sienta representado, conozca y ejerza sus derechos y cumpla con sus deberes ciudadanos. Siento que hoy, en el 2014 que estamos viviendo, se siente que estamos recobrando la confianza y que no todo está perdido.

7.- Si fuera a calificar la situación del país, qué calificativos les daría?,

Penoso y Esperanza. Creo que mi país se merece avanzar más rápido hacia el progreso: con mejor educación, más libertad y bienestar, democracia social y participativa. Somos una isla con suficientes recursos naturales y económicos para que todos los dominicanos vivamos felices; pero lamentablemente, nuestra situación es penosa. Siento como si caminamos hacia la desintegración de la condición de dominicano y nuestras riquezas se van perdiendo en manos de las empresas extranjeras. Se están dando pasos en los propósitos que apuntan al progreso, pero se necesita de una acción coordinada ciudadanía-gobierno. No esperar que el Estado-gobierno lo resuelva todo, porque  eso es imposible. Los ciudadanos tenemos mucho que aportar y estamos obligados hacerlo, si es que queremos vivir en un espacio de convivencia civilizada.


8.-Cuál es tu parecer en cuanto a los contenidos de las obras clásicas que narran, cuentan y analizan la historia dominicana?,

Entiendo que al referirse a las “obras clásicas” de la historia dominicana estamos hablando de las escritas por José Gabriel García, Del Monte y Tejada, Bernardo Pichardo, Américo Lugo, Manuel Arturo Peña Batlle y Ramón Marrero Aristy, principalmente. Son obras productos de intereses no comunes. Unos conservadoras para tratar de explicar la historia dominicana a partir de los intereses de la metrópolis, otras elaboradas posiblemente como resistencia y vinculadas a interés liberales como son las escritas por José Gabriel García o  como es el caso de Lugo, pero otras son apología del conservadurismo y las dictaduras dominicanas, como por ejemplo las de Peña Batlle y Marrero Aristy. Para mí, que es a partir de José Cordero Michel, Juan Bosch, Roberto Cassá y Frank Moya Pons, que no son parte “de los clásicos”, que se comienza a escribir y a investigar una historia más apegada a las explicaciones científicas del pasado dominicano. Creo que tenemos que volver a investigar, estudiar y reescribir la historia, y para eso ahora tenemos un Archivo General de la Nación organizado y a disposición de los historiadores-investigadores.

9.-Cuál es el aporte del Archivo General de la Nación a la historia y cultura dominicana en la actualidad?,

El Archivo General de la Nación es la institución responsable de la preservación, organización y difusión de la memoria histórica del pueblo dominicano. Para mí, el AGN es el laboratorio obligado de los historiadores y no concibo un historiador dominicano que desconozca los fondos documentales que allí se encuentran a su disposición. A pocos metros del Archivo se encuentra la Universidad Autónoma en la que existe la Escuela de Historia, pero son escasos los estudiantes de historia que nos visitan para localizar informaciones de interés académico. A veces van grupos de estudiantes, enviados por algunos profesores, a buscar algún periódico o colecciones de revistas, y sin embargo, todo está a disposición a la espera de que despierte la necesidad de la investigación histórica. Siempre digo que sin archivo no hay historia y creo que no estoy equivocado.

El aporte del Archivo General de la Nación a la sociedad dominicana es de mucha trascendencia, pues lo que pasaba en esta institución era lastimoso y se nos perdía la memoria histórica, las raíces de lo que somos como pueblo. Era una institución cerrada, destinada a servir a cinco o diez personas, algunas de las cuales se apropiaban del conocimiento histórico, de los documentos y libros antiguos y terminaban manipulándolos para satisfacer necesidades políticas y económicas, vanagloriarse del monopolio de ciertas informaciones y de paso santificar el poder de los que por siglos han gobernado el país.

A partir de año 2005 esa situación comenzó a cambiar y hoy el AGN es una entidad para promover la cultura, que busca vincularse a la sociedad, que se abre a la juventud, que no discrimina por razones políticas, religiosas o ideológicas. Una entidad que se esfuerza en la organización de sus fondos documentales, que establece guías y prácticas cotidianas de conservación de la documentación y que, a través de una política agresiva, difunde los contenidos de esa gran riqueza documental atesorada en sus depósitos. Tal vez no se perciba totalmente, pero el AGN es una de las entidades del Estado dominicano que más esfuerzos está haciendo por la cultura y la identidad de los dominicanos.

10.-Cuál es tu opinión sobre las Escuelas de historia en República Dominicana?.

En la República Dominicana solo existe una Escuela de historia,  que surgió en 1971 en la Facultad de Humanidades de la UASD y que ha cargado con la responsabilidad de la formación de los historiadores profesionales del país. Lamentablemente, creo que esa Escuela perdió el norte en cuanto a sus metas y objetivos y hoy existe en la condición de departamento, no de escuela, que simplemente gestiona el conocimiento adquirido de forma dispersa por su equipo de profesores pero que no orienta el debate sobre los temas históricos de interés para la sociedad, que no opina ni motiva la investigación y menos promueve el avance de las ciencias sociales. Creo que esa Escuela tiene que dar un cambio pues está llamada a dirigir ese proceso en la búsqueda de la orientación histórica, pero hace falta una redefinición de su quehacer científico. El trabajo que le  queda a los profesores de historia de la UASD es arduo, pero no imposible. Se trata de lograr identificar la forma en que la Escuela retome el rumbo de los primeros años, que sus profesores tengan tiempo y recursos para la investigación, que la Universidad invierta recursos en la publicación de sus obras históricas y se reinserten en el debate socio-histórico para el esclarecimiento de la verdad histórica. A la Escuela de Historia le hace falta investigaciones, publicaciones, cursos especializados, muchas conferencias, debates en los medios de comunicación, tertulias históricas, lecturas dirigidas para consolidar la formación docente y mucha armonía para enfrentar las tareas que tienen por delante.

11.-Qué opinión tienes de los historiadores dominicanos de la actualidad? 

De los profesionales relacionados con las ciencias sociales, los historiadores parecen ser los más activos en la actualidad. Son muchos y los hay de todos los niveles, creencias e ideologías. Unos los son por vocación, otros por sus estudios académicos y un grupo que no puedo cuantificar, que se identifican como tal, pero que realmente son  copiadores vulgares del conocimiento producido por otros, de los que se apropian sin consultar a nadie y el resultado de aquella expropiación la convierten en “textos obligatorios" que los estudiantes de las universidades están forzados a comprar. La presencia de los historiadores (los que investigan, estudian, reflexionan, escriben y difunden la historia del pueblo dominicano) es visible a través de conferencias, publicación de libros de historia, escribiendo ensayos para la prensa y revistas especializadas, pero no podemos decir que existen tendencias en la historiográfica histórica actual. Para mi, que los dos historiadores más importantes en nuestro país, y esto desde hace más de dos décadas, los son Roberto Cassá y Frank Moya Pons. Es posibles que representen tendencias dentro de la historiografía dominicana, pero no forman escuelas y sus discípulos, si los hay, están muy dispersos. Creo que se hace necesario producir cambios en las universidades, producir nuevos especialistas con conocimientos metodológicos para estudiar el pasado, que tengan los archivos como laboratorios de sus investigaciones, que se vinculen a las tendencias del progreso y que recuperen las enseñanzas del pasado como forma de ayudar a que la sociedad pueda, recuperando su pasado, avanzar al presente hacia una sociedad en la que todos vivamos felices. Los historiadores tienen mucho que aportar en ese camino.

12.-Cómo visualiza el país en estos momentos?,

Estamos en un momento crucial. Aunque no se perciba totalmente, estamos a la puerta de grandes cambios. Existe un despertar de la juventud, los intereses de la sociedad ya no son los mismos de hace 50 años, la economía a cambiado y las estructuras de dominación social se han resquebrajados. Para mí que todo apunta a una readecuación de los intereses políticos y económicos, a una desvinculación con los centros internacionales del poder, pero a la vez a una reintegración democrática y cultural de la población. Creo que estamos a la puerta de que el país se convierta en algo nuevo en el que la concepción de la dominicanidad pronto sufrirá grandes transformaciones. No es que dejaremos de ser lo que éramos, es que seremos diferentes manteniendo características del pasado. La globalización, la Internet, la integración a cada vez más amplios mercados, el proceso migratorio e inmigratorio, todo eso, de alguna manera nos empuja velozmente a cambios que todavía no podemos explicar con claridad. Todo esto me asusta, pero creo que saldremos triunfantes pues los dominicanos somos optimistas y casi siempre vencemos las adversidades.


13.-Tienes algunas anécdotas y testimonios importantes que contar?. 

Yo no fui combatiente. En Abril de 1965 había cumplido los 13 años de edad, pero viví intensamente aquella epopeya por la libertad.  Todavía recuerdo los helicópteros norteamericanos transportando sin cesar los vehículos blindados y los pertrechos de guerra, aquel 28 de abril de 1965. Llegaron las tropas de ocupación, impusieron el “corredor” que dividió a los combatientes revolucionarios y formaron la Fuerza Interamericana de Paz (FIP). Soldados de varios países latinoamericanos, entre ellos de Brasil, Nicaragua, Hondura y Costa Rica participaron en el conflicto cívico-militar.

En diciembre de 1978 viajé a Costa Rica, país que envió a Santo Domingo en 1965, catorce soldados que formaron parte de la Fuerzas Interamericanas de Paz, pero que realmente vinieron a hacer la guerra.

En el aeropuerto de San José de Costa Rica tuve un malestar estomacal, creo que una intoxicación de algo que comí en el avión. Me fui tras una pared en construcción y comencé a convulsionar, pero antes de ir a ese lugar alguien que parecía un taxista me preguntó qué si yo era dominicano y sin  prensarlo mucho le dije que sí y le entregué todas mis pertenencias, incluyendo mi pasaporte y otros documentos.  El tiempo fue suficiente para que este señor se marchara con todo y me dejara en una situación difícil; pero él no se movió de donde estaba mientras yo seguía luchando por recuperarme. A cada rato el señor iba hasta mi lado y me preguntaba si me estaba alentando y yo, haciendo gestos le decía que si. Cuando me puse un poco bien me pidió me subiera a su carro y me llevó hasta un hotel y llenó todos los trasmite para que me quedara allí.

Antes de irse, me dijo que quería volver para hablar conmigo y yo agradecido le dije que lo esperaría. Al otro día temprano allí estaba y en varias ocasiones más me estuvo visitando cada vez que podía, lo que me permitió irme enterando de su historia en Santo Domingo durante la guerra civil, pues era uno de aquellos 14 hombres de Costa Rica llegados como parte de la FIP.

El día de mi partida hacia Santo Domingo el tico que ya era mi amigo, fue hasta el hotel y pagó la cuenta sin que yo se lo pidiera y se resistió a mi intento de pagar. Me llevó hasta el aeropuerto y rápidamente también pagó el impuesto de salida. Yo todavía no terminaba de entender porqué tantas atenciones. Esperando para pasar a la zona de migración hablamos un rato para despedirnos.

Fue en ese corto tiempo que me explicó la razón sus atenciones y de lo que había hecho conmigo: él estaba pagando agradecido un favor que una familia dominicana le había hecho durante la guerra civil, cuando en medio del intenso tiroteo del 15 de junio se quedó aislado de las tropas con las que se movía combatiendo a los revolucionarios. A esa familia, que él recordaba y de la que me dijo el apellido pero con el tiempo lo he olvidado, sabía que no la volvería a ver, por lo que me pidió que cuando yo regresara a Santo Domingo, si algún día me encontraba con algunos de sus miembros, les dijera que el estaba eternamente agradecido y que lo que había hecho conmigo era una forma de devolverle un favor a quienes se arriesgaron por su vida, en aquella terrible guerra de 1965. No volví a saber de aquel señor, pero todavía siento que en aquella despedida estaba dejando en Costa Rica a un amigo.


14.-A propósito, me gustaría nos hablara del origen del caudillismo dominicano, y cómo se expresan esas ideas hoy. 

El caudillismo en la República Dominicana es una figura histórica que forma parte de la historia del partidismo y de los conflictos políticos del siglo xix y el primer cuarto del siglo xx. Ante la ausencia de estructuras política-partidarias modernas, el caudillo, o el líder del partido, como decimos ahora, concentraba en su nombre, prestigio, valentía, intereses personales y en su propia figura todo lo que un partido moderno debe representar: el partido era él, sin importar la ideología que profesara.

La figura del caudillo, aparecida durante el siglo xix, se fortaleció a partir de la guerra de independencia con la que los dominicanos derrotaron al imperio español durante el período de la Restauración (1863-1865). Por la forma en que se organizó la resistencia contra la Anexión, en un país atrasado, precapitalista, sin puentes ni carreteras, con una economía casi de subsistencia, cada jefe y hasta jefecito de los grupos restauradores armados, terminó por emerger de la lucha convertidos en figuras determinantes en todo lo que significara guerras, revoluciones, luchas de intereses, rebeliones locales, regionales y hasta nacionales.  De tal forma, que ya en el último cuarto de ese siglo, eran notables los caudillos locales, regionales y nacionales detrás de los cuales se movía una población campesina que no participaba en las luchas por intereses políticos ni programas de gobiernos. Era suficiente sus vínculos con el jefe, que además casi siempre era un amigo cercano, un compadre de sacramento y  que era visto como protector, pero que también, cuando poseía recursos económico y social, practicaba el clientelismo.

Ese caudillismo, expresión política de la incidencia de los caudillos, fue en cierta forma limitado en su accionar durante la dictadura de Ulises Heureaux. Finalizado el siglo xix con la muerte de Lilís y entrando en un período de relativo clima de libertades públicas, el caudillismo resurgió con ímpetus en las figuras de Horacio Vásquez, Ramón Cáceres, Juan Isidro Jimenes, Federico Velázquez y otros lideres regionales vinculados a ellos.

Durante quince años, hasta 1916, el país fue ensangrentado por las luchas desatadas por los caudillos y muchas veces motivadas por los norteamericanos, y todo lo que tenía que ver con el sector azucarero. Llegado el momento de la primera guerra mundial, la ocupación militar del país, el desarme de la población y el establecimiento de una dictadura militar extranjera (1916-1924), el caudillismo entró en crisis y se puede decir que desapareció. Sectores de pensamiento liberal celebraron aquella desaparición y entendieron que el país, ante la ausencia de aquellas figuras, podía entrar en una etapa de desarrollo económico-social y convivencia política civilizada. Pero, como decía Manuel A. Peña Batlle, a falta de los perniciosos caudillos hacía falta “el hombre” que nos gobernara y sirviera de guía en ese camino de progreso.

Esa fue la trampa en que los sectores pensantes cayeron, cuando en 1930 se decidieron apoyar a Rafael L. Trujillo para que, a falta de los caudillos él tomara el poder, pensando que el militar iba a representar sus intereses, cuando lo que realmente sucedió fue que este se convirtió con toda su arrogancia, poder militar, riqueza acumulada y su figura personal de hombre fuerte, divinizada por la intelectualidad, la iglesia, el ejercito y el poder extranjero como aquel hombre, el único caudillo de los dominicanos.

Muerto Trujillo, 30 años después, ya no se puede hablar de caudillos propiamente dicho. Lo que no quita que lideres como Juan Bosch, José Francisco Peña Gómez y Joaquín Balaguer tuvieran algunas de las condiciones y características que adornaban a los antiguos caudillos. Pero ellos no los eran. Con sus muertes, con la apertura de la sociedad y la industrialización sucedida en las últimas décadas el caudillismo ya no tiene vigencia como tal, aunque creo que todavía están presentes muchas prácticas que nos remontan al caudillismo de principio de siglo xx, como la de partidos sin programas y la preeminencia  de los líderes de los mismos que se imponen a las bases y los estatutos de los partidos. También en la sociedad se  expresan formas de pensar y actuar de una parte importante del pueblo dominicano que evitan la desaparición de los residuos del caudillismo, y que tienen que ver con el culto de la personalidad y el clientelismo. Aún así, creo que ya en nuestro país no hay espacio suficiente para la política caudillista.


15.- También es de nuestro interés saber quienes, en la actualidad, sustentan las ideas liberales? 

El liberalismo está en crisis en República Dominicana y también están en crisis las ideas revolucionarias relacionadas con el socialismo. Estamos a la puerta de la incrementación de una tendencia conservadora, que se está expresando principalmente en grupos juveniles, intelectuales y en militantes políticos de partidos que antes fueron tenidos como liberales. En estos días reclamaba a un sociólogo amigo, la necesidad de estudiar el cambio que se está dando y le decía que de repente yo comenzaba a ver la emergencia de grupos de jóvenes que siendo revolucionarios, en sus posiciones eran conservadores, pues eran racistas, individualistas, pro imperialistas, partidarios de las invasiones de las potencias contra pueblos pequeños, y que discriminaban por razones de género, ideologías o racial. No tengo la explicación, pero algo está incidiendo en este retroceso ideológico que estamos viviendo; por tanto, entendemos que el liberalismo está en un mal momento.

El liberalismo comenzó a dejarse sentir en la República Dominicana desde principio del siglo xix, en los intentos de grupos de intelectuales que auspiciaban la formación de la nación dominicana, lo que comenzó a cuajar en 1821 cuando se proclamó la primera independencia de los dominicanos contra España, años después cuando se proclamó la independencia de 1844 y definitivamente cuando los dominicanos expulsaron por las armas a la imperial España en 1865. Siendo la instauración de la República responsabilidad de los liberales, sin embargo han sido los conservadores los que por más tiempo la han gobernado y disfrutados de las riquezas de nuestro país.

Conservadores fueron Pedro Santana, Buenaventura Báez, Federico Velázquez, Rafael L. Trujillo, los Cívicos, el Triunvirato y Joaquín Balaguer. Ellos concentraron en sus gobiernos más del setenta por ciento de nuestra historia, mientras los liberales se han mantenido en una eterna lucha por la toma del poder:  Juan Pablo Duarte y los Trinitarios fueron liberales, como los fueron Gregorio Luperón, Juan Isidro Jimenes, Manolo Tavares Justo, Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez.

En términos políticos, se podría pensar que existe un auge del liberalismo y por lo tanto de desaparición del conservadurismo y esto se evidencia con el descalabro de la representación conservadora, que la simboliza el Partido Reformista en la política dominicana. Pero eso no quiere decir que el conservadurismo, desde el punto de vista de las ideologías esté derrotado; al contrario, se siente una presencia militante de los conservadores en la promoción de sus puntos de vista atrasados. Existe el peligro de que el país regrese a un tipo de gobierno conservador, dictatorial, que privilegie el orden por encima de la democracia. El orden apoyado en las fuerzas militares nos podría llevar de regreso al poder de los conservadores. Los sectores liberales están obligados a propiciar la profundización de la democracia como una forma de lograr el bienestar social de los dominicanos. De lo que se trata es de que los liberales y otros sectores contrarios al conservadurismo propicien el orden que necesita el país, pero a través del desarrollo de una democracia social, progresiva y participativa, en el que la constitución y las leyes sean los fundamentos de la convivencia entre todos los dominicanos, nunca el poder de la bayoneta.

16. Si usted fuera a integrarse a las luchas sociales, por qué lucharía en este momento?

Ya tengo 62 años y pienso que muchas de las cosas que soñé todavía son realizables. Pero en este momento nuestro país lo que requiere, como decía Juan Pablo Duarte, es el predominio de la constitución y las leyes. Sí esto se lograra y en la República Dominicana todos, incluyendo los gobernantes y los gobernados, cumpliéramos e hiciéramos cumplirlas, habríamos dado un gran salto en la convivencia y la gobernabilidad. Creo que estos son los dos principales retos de los dominicanos; luego, las generaciones venideras buscaran las formas para vivir en un mundo más equitativo y en que se respete el derecho de cada uno de los ciudadanos.