lunes, diciembre 12, 2005

REVISTAS LITERARIAS DOMINICANAS

REVISTAS LITERARIAS EN LA HISTORIA DOMINICANA

Por: Alejandro Paulino Ramos

El inicio de la vida republicana en 1844, después de veinte y dos años de presencia haitiana, facilitó el surgimiento de las actividades literarias encabezadas por la juventud dominicana. En aquellos días de la Primera República, un periódiquito publicado por La Sociedad Amantes de las Letras trajo el siguiente lema: “Aquí no se escribe porque no se lee y no se lee porque no se escribe”, reflejo de las dificultades educativas y culturales de aquellos días..
Entonces fueron las sociedades culturales-juveniles, las más activas en el propósito de acercar el libro, los periódicos y las revistas a la sociedad dominicana. Existió en esos jóvenes un marcado interés en el desarrollo del progreso intelectual y en la consolidación del progreso y la libertad, mientras los que dirigían el país se mostraban conservadores y enemigos del conocimiento, llevando a muchos de los directivos de las sociedades a la cárcel y otras veces al exilio.
Fue la Sociedad Amantes de las Letras, a la que perteneció Manuel de Jesús Galván, José Gabriel García y Manuel Rodríguez Objío, la que en 1854 publicó el periódico El Oasis y en 1959 la primera revista dominicana: la Revista Quincenal Dominicana, de carácter político-literaria. En 1860 Los Amantes de las Letras publicaban Flores del Ozama.
La primera agrupación en identificarse como una sociedad literaria fue la Republicana, surgida en 1867 con el objetivo de cultivar la inteligencia de sus miembros por medio de las ciencias, las letras y las artes. Esta no publicaba una revista sino un periódico llamado El Nacional, cuyo lema era: “El triunfo de la luz será siempre favorable al engrandecimiento y mejoría de la especie humana”.
En esta sociedad participaban Jose Joaquín Pérez, Francisco Gregorio Billini, Juan J. Sánchez, Federico Henríquez, y Juan Tomás Mejía. En Santiago apareció en 1874 la Sociedad Amantes de la Luz, todavía hoy faro de conocimiento para la región del Cibao, y desde Puerto Plata un importante grupo cultural que se fue nucleando en torno a Gregorio Luperón y Eugenio María de Hostos, y que tuvo ramificaciones en las principales ciudades, constituyeron en 1875 la Sociedad Amigos del País, iniciándose con ella un dinámico y prolongado programa de actividades literarias.
Con los Amigos del País fue que se iniciaron en Santo Domingo, según Cesar Nicolás Penson, las conferencias literarias. Como parte de sus actividades publicaron varias obras literarias y de historia, y fundaron la revista El Estudio.
Es a partir de 1879, con la toma del poder político por el Partido Azul de Gregorio Luperón que las revistas y periódicos toman un importante auge, ya que los gobiernos azules subvencionaron la aparición de revistas y bibliotecas, establecieron la escuela normal, y facilitaron el discurrir de las ideas; un ejército de jóvenes vinculados a las letras y la educación comenzó a avanzar por el país regando la cimiente de las letras. Ese proceso de modernización fue interrumpido en los doce años de la dictadura de Lilís, aunque varias revistas literarias fueron publicadas en esos años.
Aunque la muerte de Lilís, ejecutada el 26 de Julio de 1899, provocó la inestabilidad política, también facilitó la aparición de los primeros agrupamientos literarios de vanguardia.
A partir de 1900 resurgieron los partidos caudillistas y un clima de libertad mediatizada, y en las letras todos anhelaron tener sus propios medios para publicar poesías y ensayos, provocando que en un período de quince años circularan revistas que anunciaban “tendencias literarias”.
Las sociedades culturales y literarias habían desaparecido y las revistas fueron utilizadas como medios para aglutinar tendencias literarias, influenciadas casi todas por el modernismo:
En 1900 circuló “Páginas”, sustituto de la Revista Ilustrada de 1898. Página estaba dirigida por Manuel A. Machado y se agrupaban en torno a ella Antonio Alfau Baralt, Gastón Fernando Deligne, Américo Lugo, Hipólito Billini y Virginia E. Ortea.
En el mismo año apareció la revista Ibis, al parecer influenciada por la lectura de las obras de Vargas Vila. A este grupo ingresaron jóvenes que habían colaborado con la Revista Ilustrada pero que no pasaron a Páginas, entre ellos Francisco Noel Henríquez Ureña, Apolinar Perdomo, Porfirio Herrera, Mario A. Mazara y Bienvenido Iglesias. Muy pronto los de Páginas y los de Ibis se fusionaron en una sola publicación a la que llamaron Nuevas Paginas.
En 1901 apareció la Revista Literaria dirigida por Enrique Deschamps y se constituyó el Ateneo de la Juventud. El Ateneo fue dirigido por Amando Pérez Perdomo, Max Henríquez Ureña y Juan Tomas Mejía hijo, y publicaba en 1903 la revista El ideal. En 1903 circularon las revistas literarias El Esfuerzo, El Iris, El Porvenir, Páginas Blancas, Página Azul, y la revista Blanco y Rojo. Los colores como notamos, separaban e identificaban las revistas literarias. Entre las revistas más importantes de 1903, se encontraban la Revista Quincenal dirigida por Manuel de Jesús Galván y La Cuna de América de José Ricardo Roques. La Cuna de América circuló hasta 1924. En 1930 volvió a aparecer en formato de periódicos y un poco alejada de las actividades literarias.
La Cuna de América tomó participación activa en el surgimiento del Grupo Paladión en 1917, y en la del Movimiento Postumista de Domingo Moreno Jimenes, Rafael Augusto Zorrilla y Andrés Avelino.
En 1906 circularon El Pensamiento y Lampos, dos años después las revistas Azul y Verde, El Aura, Helio, y Blanco y Negro; esta última con una hermosa impresión y consolidada en fotografías decalidad. Blanco y Negro fue dirigida por Francisco A. Palau y es, por su tiempo de circulación una de las más importantes en la historia de las revistas dominicanas. Fue alrededor de esta revista que Paladión se constituyó en 1917, como el primer grupo cultural-literario de la República..
Paladión fue hasta 1931 una organización juvenil, cultural y revolucionaria, y sus integrantes, al igual que los del Postumismo y los de Plus Ultra, que se van a constituir en 1922, provenían de la Escuela Normal y en su mayoría eran seguidores del pensamiento hostosiano. Es notorio en algunos de los integrantes de Paladión, como es el caso de Francisco Prats Ramírez, la influencia de la teoría marxista y del triunfo de la revolución rusa de 1917. Entre los integrantes de Paladión se encontraban: Carlos Sánchez y Sánchez, el líder del grupo, así como Francisco Prats Ramírez, Manuel A. Amiama, Cristián Lugo, y Juan José Llovet.
No podemos dejar de mencionar la aparición en 1910 de la revista Ateneo, órgano del Ateneo Dominicano, valiosísimas páginas para la historia de la literatura vernácula. Antes de la ocupación militar americana, fueron publicadas las revistas Cuentos, Versos Selectos, Apolo y Renacimiento, siendo la última la más importante del grupo
Los ocho años de la ocupación militar americana (1916-1924), fueron difíciles para las actividades políticas, literarias y el libre pensamiento; pero no impidieron el surgimiento de grupos literarios y culturales y la publicación de interesantes, que por el contrario surgieron como parte de una tendencia contestaria que se oponía a la presencia de las tropas extranjeras. En este período surgieron los primeros grupos verdaderamente de vanguardia de la República Dominicana.
Entre los grupos resulta importante señalar a Paladión, a Plus-Ultra, y a los Postumistas. Paladión tenía como centro de operaciones la revista Blanco y Negro, los Postumistas a la Cuna de América y la revista Letras, y los de Plus-Ultra, fundado en 1921, y liderado por Manuel Arturo Peña Batlle, publicaban en 1922 la revista Claridad.
En PlusUltra participaban Alcides García Lluberes, Jesús María Troncoso, Angel Rafael Lamarche, Juan isidro Jimenes-Grullón, Arturo Despradel, Carlos Larrazabal Blanco y José Enrique Aybar. Tanto Paladión como Plus Ultra se fusionaron en 1931 dando paso a la agrupación Acción Cultural.
Entre las revistas literarias del período de la ocupación militar se encontraba Letras, aparecida en 1917 y exclusivamente literaria. Letras, que era dirigida por el venezolano Horacio Blanco Bombona, circuló hasta finales de1921, cuando fue cerrada por el censor americano y su director expulsado hacia México. En lugar de Letras, pero como una continuación de esta apareció en diciembre del mismo año la revista L… Dirigida por Quiteria Berroa era la continuidad de la anterior, correspondiendose la numeración con la anterior. El censor militar también clausuró por corto la revista Renacimiento y su director apresado y sacado del país.
En 1922 aparecieron las revistas Anarkos, y Panfilia, y en 1923 apareció la revista semanal y de temas generales, La Opinión. Esta revista dedicó especial atención a los temas literarios. La Opinión, se transformó en periódico diario en 1927, dirigida por Abelardo René Nanita.
La desocupación militar del país se produjo en 1924, abriendo las puertas a la soberanía y la libertad, pero también a la competencia y a la atomización de los grupos literarios.
El período se inicia en 1924 con el último gobierno del General Horacio Vásquez y terminó con el derrocamiento de este en 1930. Con la llegada de Vásquez al poder y la salida de las tropas americanas del país, comenzaron a surgir pequeños agrupamientos y esporádicos medios literarios de vida efímera, nucleándose en capillas literarias que comenzaron a proclamarse vanguardia y representantes de las más modernas manifestaciones del arte y la literatura. El período estaba marcado por un relativo bienestar económico y un espacio de libertades públicas que era aprovechado por la juventud de entonces.
La proliferación de esos grupos fue destacada por la revista La Opinión, llegando a sugerir la unidad de todos en torno a Paladión y los acusó de identificarse con “rotulos rimbombantes, que nacen, se extinguen y reproducen con la rapidez y facilidad de lo infructífero”. La Opinión acusaba a esos grupos de ser “archipiélago, de islotes pequeños, dislocados y estériles”.

De las revistas generales, pero que daban importante espacio a la literatura, es justo destacar la aparición de Cromos como la revista publicada por hombres que más espacio daba a las mujeres escritoras: En ella escribían regularmente Rosa Canto, Aurora Estrada y Ayala, Amada N. Pittaluga, Enriquea Terradas de Lamarche, Ines de Lucas, y Livia Veloz. Cromos estaba dirigida por Ernesto Casanova y redactada por Gilberto Sánchez Lutrino
Las revistas literarias tuvieron relaciones con los grupos literarios en ese período fueron: la Revista X, vinculada al Postumismo y dirigida en1925, por Andrés Avelino y Rafael Andrés Brenes. Moreno Jimenes, Sumo Pontífice del Postumismo publicaba en 1926 la revista La Voz, y en 1929 comenzó a publicar hasta 1937, El Día Estético, vocero del Movimiento Postumista .
En medio de la coyuntura provocada por la crisis económica de 1929 en el mercado mundial, la enfermedad del viejo caudillo Horacio Vásquez, y su intento para reelegirse nuevamente, al Coronel Trujillo se le facilitó la toma del poder político a través de un golpe de Estado que va a ser ejecutado en el mes de febrero de 1930. A partir de ese momento se siente una baja significativa en las actividades literaria de los grupos culturales en la medida que la dictadura se consolidaba, y muchos de los jóvenes intelectuales de aquellos días mostraron interés en las actividades políticas conspirativas, que tuvieron como centros a Santiago de los Caballeros y a la ciudad Capital. Círculos marxistas se movían en medio de las actividades culturales de entonces.
El espacio que va de 1930 a 1935, período de una resistencia que fue finalmente aplastada por la tiranía, fue ocupado por las revistas La Cuna de América que reapareció por corto tiempo con formato de periódico, y la revista Bahoruco, para mi la más importante en los medios intelectuales de la época. Dirigida por Horacio Blanco Bombona, quien antes publicó la revista Letras, circuló desde 1930 hasta 1936. A Bahoruco le tocó la gloria de ser el medio literario donde aparecieron los primeros cuentos de Juan Bosch, en 1931. Juan Bosch fue también redactor de la revista Alma Dominicana aparecida en 1934.
Pasada la primera reelección de Trujillo en 1934, y fracasados los intentos para la eliminación del tirano planificados por jóvenes horacistas, normalistas y marxistas, que se habían unidos con ese fin, los escritores e intelectuales comenzaron a hacerse trujillistas, especialmente a partir de 1935. Aparecieron nuevas tendencias literarias, pero muy limitadas por el interés de la dictadura; las tendencias, a decir de Joaquín Balaguer, se desatendieron en absoluto de las esencias de la vida nacional y se propusieron a utilizar el verso como expresión del sentimiento cósmico y de las vaguedades espirituales. Los intelectuales y escritores se fueron integrando al proyecto trujillista ya para gozar del poder y sus beneficios o ya para evitar ser destruidos por este. En su mayoría los antiguos integrantes de Paladión, Plus-Ultra, Acción Cultural, y los Postumistas, se integraron al aparato cultural de la dictadura y llegaron a ocupar posiciones de relevancia en la política nacional.
Del período de los treinta años de la famosa “era” de sangre y oprobio, sobresalieron varias revistas vinculadas a agrupaciones culturales y literarios. La revista La Cueva, surgió en 1937 como vocero del grupo Plus-Ultra que al parecer volvió a ser reactivado.
Importantísima fue la revista La Poesía Sorprendida, aparecida en 1943 como órgano del movimiento de vanguardia de igual nombre, dirigida por Alberto Baeza Flores. De la Poesía Sorprendida circularon veintiún números y catorce cuadernos conteniendo la producción de esta agrupación.

En cuanto a los Cuadernos Dominicanos de Cultura dirigido por Tomás Hernandez Franco, comenzaron a aparecer en 1943 y desaparecieron en 1952. La colección de estos cuadernos está considerada como la más importante producción literaria de la década del cuarenta.
La generación del 48 se va a hacer presente a través de su revista Altiplano, la cual apareció en 1948, dirigida por Iván Alfonseca y circuló en 1955 con intención de sustituir a los Cuadernos Dominicanos de Cultura, la Revista Dominicana de Cultura, dirigida en 1955 por Emilio Rodríguez Demorizi.
El ajusticiamiento del tirano en 1961 puso fin a una larga era de control y miedo en la sociedad dominicana, permitiendo el inicio de un tortuoso proceso de democratización que todavía no termina. Los intelectuales y poetas que fueron disidentes del pasado régimen se integraron a la lucha política afectando las actividades literarias y limitando la aparición de revistas literarias. Habiendo permanecido acallados por el miedo y la represión por tanto tiempo, los intelectuales y su producción van a estar mediatizada por dos tendencias: la “independiente” alejada de los conflictos de clases de esa coyuntura, y la de los comprometidos con la libertad.
En ese contexto, dos revistas, “Brigadas Dominicanas” y “Testimonio”serán las más representativas de las dos tendencias antes citadas. En ellas y en las páginas dedicadas a la literatura en la revista Ahora, surgida en 1962, los escritores formados en los tiempos de la dictadura y la generación post trujillista, encontraron el espacio necesario para sus producciones literarias.
Brigadas Dominicanas surgió en diciembre de 1961 dirigida por Aída Cartagena Portalatín para “testimoniar, en principio, su total adhesión al fuerte movimiento de oposición que la vigente juventud levantó frente al régimen irracional” Las Brigadas eran independientes del compromiso partidario pero de decidida orientación antitrujillista, contestatarias y antibalaguerista. Dejó de circular en diciembre de 1962 y su espacio llenado 14 meses después por la revista Testimonio.
Testimonio surgió en febrero de 1964 bajo la dirección de Lupo Hernández Rueda, Luis Alfredo Torres, Alberto Peña Lebrón y Ramón Cifre Navarro. Sumergida la sociedad en las luchas políticas desatadas por el golpe de Estado de 1963, la consiguiente insurrección guerrillera del 14 de Junio, y la consolidación de la dictadura cívico-militar del Triunvirato, la revista intentó alejarse de esos conflictos sin poder dejar de reflejar en sus páginas la coyuntura que se estaba viviendo. La encrucijada apareció en el primer número: “No somos ajenos a la grave encrucijada en que se debaten los destinos nacionales (…). Pero Nuestro derrotero es el camino del espíritu..”
Llama la atención en Testimonio la publicación 1966 del libro “Los días irreverentes”, en formato de revista, de Luis Alfredo Torres, y la publicación del número ocho de 1964 dedicado a diecisiete jóvenes escritores, entre ellos: Juan José Ayuso, Pedro Caro, Roberto Marte, Jacques Viau R., René del Risco Bermúdez, Osvaldo Cespeda, Antonio Lockward, Jorge Lara (Ulises Rutinel Domínguez), y Rafael Lara Citrón.
Dejó de circular en 1967 debido al costo del papel y a las contradicciones en torno a la dirección de la revista. En julio, los antiguos directores renunciaron anunciando la salida de la revista Colibrí “como un medio de poesía selecta”. De esta revista no tenemos noticias de si llegó a circular.

Durante la Revolución de Abril de 1965 los intelectuales y escritores se adhirieron militantemente a la insurrección, la vida económica y cultural se paralizó, los periódicos y revistas dejaron de salir y todo giraba en torno al conflicto cívico-militar.
Por esta razón, más que revistas literarias fueron los poetas y escritores revolucionarios los que cantaron a la patria en medio del silbido de las balas. Los nuevos y los viejos de la literatura se encontraron de sobre las trincheras, aunque algunos prestigiosos intelectuales, como Héctor Incháustegui Cabral, fueron opositores a la Revolución Constitucionalista.
En la zona constitucionalistas se organizó en julio El Frente cultural dirigido por Silvano Lora, Antonio Lockward, y René del Risco, así como la agrupación artística Arte y Liberación, pero no se imprimieron revistas literarias. En la sección Página Literaria del periódico Patria aparecieron los aportes de los intelectuales que estaban con la revolución.
Al finalizar la guerra patria, los artistas y escritores que participaron en ella comenzaron a organizar los Grupos Literarios, entre ellos La Mascara (1965), El Puño (1965), La isla (1966), La Antorcha (1967) y El Bloque de Jóvenes Escritores (1973). Todos, a excepción de La Mascara, estaban influenciados por la guerra, el marxismo y la esperanza de la vuelta a una revolución que nunca llegó. De estos agrupamientos, sólo el Bloque de Jóvenes Escritores publicó la revista Bloque en 1973, dirigida por Rafael Julián, Mateo Morrison, Antonio Lockward, y Diógenes Céspedes. Los colaboradores de Bloque fueron los integrantes de los grupos literarios.
Al finalizar la revolución reapareció la revista Testimonio y en 1967 el Movimiento Cultural Universitario publicaba los Cuadernos de Poesía. Para 1971 circulaba la revista Liberación dirigida por Víctor Víctor, de carácter político-literaria, pero los medios más importantes para las generaciones de post guerra fueron los suplementos culturales de los periódicos nacionales.
La Gaceta Literaria de Auditórium, del Listín Diario, apareció en 1972 como órgano del Grupo Cultural Auditórium y dirigida por Carmen Quidiello de Bosch y Marianne de Tolentino. En ella se destacaron los escritores que se consideraron parte del Movimiento de la Joven Poesía y del Pluralismo, mientras que León David y Mateo Morrison comenzaron a producir el Suplemento Cultural Aquí, de La Noticia, órgano discreto de la Joven Poesía.
Fue además significativo el aporte del Suplemento Dominical del Nacional (1966). y las secciones de literatura de la Revista ¡Ahora!.
A principio de los años setenta los grupos literarios comenzaron a desaparecer dando paso a los Talleres Literarios, de donde surgieron los más importantes representativos de la literatura dominicana hoy. De una actividad cultural y literaria que apostaba al enfrentamiento social y a la solidaridad internacional, después del triunfo del PRD en 1978 y la necesaria y feliz salida del período de los “Doce Años de Balaguer”, las actividades literarias tomaron nuevos rumbos, llegó la dispersión y cada quien fue definiendo su tendencia, su estilo y forma, buscando en lo cotidiano y en las experiencias extranjeras el sostén de su producción. Los talleres fueron las escuelas donde se fraguaron los escritores de la Generación del Ochenta.
Independientemente de los Talleres, en 1974 surgió el Movimiento Pluralista definido por Tony Raful como “Frente estético de la burguesía”. Dirigido por Manuel Rueda, surgió “representando una opción de técnicas y trabajo en el experimento formal de la literatura dominicana, atiborrada por un desgane histórico de profundas raíces sociológicas”. Los integrantes de esta agrupación tuvieron abiertas las puertas de los suplementos y diarios de la época.
Entre los Talleres Literarios encontramos al Núcleo de Escritores Jacques Viau, surgido en 1978 y en el que se reunían Rafael Peralta Romero, Aquiles Julián, Héctor Jerez, Federico Sánchez, Julio Cuevas y el poeta Tomás Castro.
Para 1979 algunos de los integrantes del Jacques Viau se fusionaron con el grupo que formó el Taller Literario Cesar Vallejo, el que dirigido por Mateo Morrison en la Universidad, estaba integrado por José Mármol, Mayra Alemán, Dionisio de Jesús, Plinio Chahin, Ylonca Nacidit Perdomo, Tomás Castro, Rafael García Romero, Miguel A. Jiménez, Tomas Modesto y Franklin Gutiérrez.. El Cesar Vallejo posee un boletín, dirigido por Miguel Antonio Jiménez, del que han aparecido unos diez y nueve números.
Otro grupo-taller interesante fue el Circulo Literario Domingo Moreno Jimenes, surgido en 1983, con un boletín, especie de hoja volante, donde circulaba publicaban sus versos y opiniones. El Moreno Jimenes estaba integrado por Marcos A. Martínez, Evan Lewis, Medar Serrata, y Adrián Javier, y tenía su centro de acción en la zona oriental de la capital correspondiente a Alma Rosa.
En la barriada de Los Minas tuvo una importante actividad el Taller Literario Juan Sánchez Lamouth. Este taller utilizaba la parte trasera de la iglesia de “Los Minas Viejo”, para realizar sus reuniones.
La Generación del Ochenta, nombre con que se identifica a los escritores surgidos de los Talleres se diferenciaba de las anteriores en la temática y las técnicas, y de acuerdo con Franklin Gutiérrez, se preocupaban por la muerte, la metafísica y el nihilismo, mientras los de postguerra estuvieron vinculados al marxismo, la solidaridad internacional y los conflictos sociales. Los del ochenta se alejaron de las luchas sociales y encaminaron sus aportes por el camino del individualismo y la distracción. Sus principales medios de difusión fueron los boletines de los talleres, algunas revistas y los suplementos de los diarios nacionales. Además tuvieron la oportunidad de constar con las revistas Letra Grande, Cuadernos Siboney, la revista Y..Punto, los Cuadernos Dominicanos de Poética y la revista Yelidá.
Letra Grande apreció en marzo de 1980 dirigida por Juan R. Quiñones y coordinada por Pedro Richardson y Peralta Agüero.
Los Cuadernos Ciboney comenzaron a ser publicados en septiembre de 1980 dirigido por Marcio Veloz Maggiolo y Freddy Gatón Arce, vinculados a la licorería Siboney, siendo de interés los concursos literarios que patrocinaba la revista.
En cuanto a la revista Y…Punto!, autocalificada como “nosdalaganario de literatura”, comenzó a publicarse a finales de 1982, definiéndose como órgano del Colectivo de Escritores…Y Punto! En ella escribían Raúl Bartolomé Reynoso, René Rodríguez Soriano, Tomás Castro y Aquiles Julián.
Una publicación de literatura que ha permanecido hasta hoy son los Cuadernos de Poética, dirigidos por Diógenes Céspedes. Estos Cuadernos aparecieron por vez primera en 1983 con Andrés Blanco Díaz como redactor y un comité asesor de escritores nacionales e internacionales.. Los Cuadernos surgieron para “valorar el poema y hacerlo público” y su estrategia política se inscribió “contra la teoría y la práctica de la metafísica del signo”.
En 1986 circuló Yelidá, revista literaria dirigida por Antonio Fernández Spencer, con Víctor Mármol como redactor y Abil Peralta Agüero como secretario. En Yelidá colaboraban Diógenes Céspedes, Manuel Núñez, Mateo Morrison, Tony Raful, Danilo Lasose, Andrés L. Mateo y otros destacados escritores de la época.
Más recientemente han circulado revistas literarias como son Vetas de la Cultura, El Aleph, revista del círculo literario de igual nombre, Espacios Culturales publicada desde 1997 por Mateo Morrison, El Punto de la Casa, vinculada a Casa de Teatro, y Caudal que dirige el talentoso y joven escritor Carlos Cabrera.
De estas revistas es obligatorio referirse a Vetas, definida recientemente como la “única revista en blanco y negro que se mete en rojo”. Dirigida en su primer número de 1993 por Clodomiro Moquete y Avelino Stanley, ha tenido como soporte a la Editora Buho. Después de doce años apareciendo cuando “Dios quiere”, Vetas está en abril del presente año celebrando la salida de su número sesenta. Abierta a “los dioses” y en especial a los jóvenes escritores, se tiene, sino como la más importante, por lo menos como la más contestataria, abierta, malcriada y polémica de las publicaciones literarias dominicanas de actualidad.
Ahora el campo de las letras nacionales tiene un nuevo medio para que los intelectuales y escritores entreguen sus aportes a la sociedad dominicana. Toca el turno a Xin-Esquema, revista literaria que en algunos minutos tendrán ustedes entre sus manos, dirigida por un intelectual que ha demostrado poseer la capacidad y el conocimiento para salir triunfante en todos los compromisos en que se embarca, por lo que estoy seguro que habrá revistas literarias por muchos años.



























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