domingo, setiembre 11, 2005

MOVIMIENTO POSTUMISTA EN LA HISTORIA



ALEJANDRO PAULINO RAMOS

GOLPE DE ESTADO CONTRA EL SUMO PONTIFICE: JUAN BOSCH Y ANDRES AVELINO SE NEGARON
A SUSTITUIR A DOMINGO MORENO JIMENES
PUBLICADO ORIGINALMENTE EN LA REVISTA VETAS, DE LA REP. DOMINICANA.

PRESENTACION

El 15 de diciembre de 1934, cuando todavía la dictadura no había logrado controlar por completo a la intelectualidad dominicana, un grupo de selectos escritores y poetas de la clase media, se reunió para transformar el Movimiento Postumista en una simple capilla, en un club cultural, y despojar a su máximo ideólogo y guía del cetro de Sumo Pontífice. Se llegó a decir, y se puso en boca de uno de los principales del postumismo, Rafael Augusto Zorrilla, que Moreno Jimenes iba a ser excomulgado, lo que llevó al director de la revista Bahoruco a escribir sobre el Maestro:

“Aunque se reúna toda la crítica del mundo y lo excomulgue él no se siente tambalear. Todos pueden anatematizarlo. El cree en si mismo con la fe del carbonero que es la que levanta montañas. Los demás aunque unánimes, son los que están equivocados. Y esta actitud suya es profundamente sincera.”

Una amplia conspiración se gestaba desde el Llano y desde la misma Colina contra Moreno Jimenes. La reunión donde se ejecutó el golpe de Estado fue convocada y sólo faltaron en el encuentro celebrado en la Colina Sacra (local del postumismo ubicado en la parte alta de la residencia de Rafael Augusto Zorrilla, José Martí número 74), Moreno Jimenes y Andrés Avelino, y aunque ambos fueron exaltados como símbolos del movimiento, algunos entendieron que con este golpe de Estado el postumismo estaba llegando a su fin.

En aquella mañana de diciembre de 1934, del domingo en que se ejecutó la asonada, muy pocos se quedaron en sus residencias. Concurrieron, leyeron versos para demostrar que ellos también eran “postumistas”, y al final levantaron sus manos: el despojo estaba consumado, aunque no todos estuvieron de acuerdo con la conspiración. Allí estaban presentes: Delia Weber, Manuela Jiménez, Livia Veloz, Orfelina y Selmina Vicens, y Amada Nivar de Pittaluga.

Entre los hombres se encontraban: Rafael Américo Henríquez, Rafael Andrés Brenes, Valentín Giró, Rafael Augusto Zorrilla, Luis H. Valdez, Ligio Vizardi, Eurípides Pérez Alfonseca, Pedro Landestoy, Horacio Read, Surcar Méndez, Jesús María Troncoso, Pedro Troncoso Sánchez, Julio César Castro, Dantón Rodríguez, Arístides Pino, R. Pérez Ortiz, M. A. Amiama, Gregorio González, Juan Bautista Pittaluga, Manuel Llanes Garrido, Pedro R. Contín, y Ramón Suriñach.

Fue electo por gran mayoría Sumo Pontífice del postumismo, para el período 1934-35, el poeta Rafael Augusto Zorrilla.

Cuando el período para el que Zorrilla fue electo llegaba a su fin, en Bahoruco apareció el siguiente comentario: “Hay quienes dicen que Zorrilla no entrega la tiara, en diciembre, argumentando que si Moreno tuvo doce años la sartén por el mango, por qué él la va a dejar a los doce meses. Además que la Capilla ha prosperado mucho bajo su mandato.”

En los primeros años de la dictadura, los poetas y escritores se encontraban parcelados en varias organizaciones culturales, siendo las de más prestigio El Paladión, Plus Ultra y el Postumismo, y las mujeres se encontraban organizadas en el Club Nosotras.

Plus Ultra y Paladión se fusionaron en Acción Cultural, y las mujeres intentaron darle vida a Acción Femenina, mientras que el postumismo quedó reservado casi exclusivamente para los poetas; pero la mayoría de ellos, aunque decían admirar y seguir el postumismo rechazaban a su máximo fundador.

Estaban de modas en aquellos días los Conchoprimistas, casi-escuela literaria lidereada por Juan Bosch quien había irrumpido en el ambiente literario a partir de 1931; en las tertulias se encasillaban todos los escritores, a partir de sus condiciones sociales, entre los del Llano y los de la Colina.

Esto era así, debido a que los del Llano residían en la zona colonial, Gazcue y Ciudad Nueva, sectores que eran entonces de clase media y rica, mientras que el vulgo vivía en la parte alta de la ciudad, especialmente en la barriada de Villa Francisca donde tuvieron siempre los postumistas su local de la “Colina Sacra”.

En 1935 los escritores y poetas del Llano barajaron algunos nombres para sustituir al Sumo Pontífice Rafael Augusto Zorrilla. “Unos hablan de Andrés Avelino, otros de Juan Bosch, que en este caso asaltaría la Colina con su falange de Conchoprimistas.”

Juan Bosch rechazó la propuesta y escribió una aclaratoria donde expuso su punto de vista sobre el particular:

“Si yo, como un perfecto intruso, tomara por asalto la sacratísima colina. Ahora bien, como el postumismo me ha interesado vivamente, hasta hacerme perder el sueño muchas veces, me creo autorizado para dar mi opinión en este enredo que los colinianos se traen ahora. Pienso que bien le vendría la tiara a Avelino, puesto que él es, del triunvirato fundador (Moreno, Zorrilla y Andrés Avelino), el único que hasta ahora no ha manejado la sartén (…). Si Avelino, como lo supongo, pues que está dotado de bastante equilibrio, no aceptara su nominación, estoy entonces con los poetas del Llano que pretenden llevar a Moreno Jimenes otra vez al gran sacerdocio.”

Andrés Avelino también rechazó la propuesta y un poco amargado de la situación que se estaba dando en el Movimiento, aclaró su posición definitiva:

“Declino a priori e irrevocablemente tal distinción que no he anhelado nunca por ser contraria a mi modo de pensar, a mi actuación en el arte, en las ciencias y en la vida. (…). Los cultivadores de la belleza relativa pueden seguir su campaña de pontificados, que no me inquieta. Sólo deseo que se me deje seguir al margen de la política literaria dominicana.”

En la sustitución de Domingo Moreno Jimenes en 1934, como Sumo Pontífice del Postumismo, se esgrimió como excusa mezquina, que este había prolongado su liderazgo desde 1917 hasta 1934, pero lo que tal vez no se percibió fue la sorda “lucha de clases” que envolvió el golpe de Estado litariario; de los tres primeros fundadores, Andrés Avelino, graduado ya de Maestro Normal, había sido profesor de la Universidad de Santo Domingo, Moreno Jimenes también era Maestro Normal y había sido profesor de la Universidad Popular y Libre del Cibao, un proyecto político educativo dirigido por Juan Isidro Jimenes Grullón, mientras que Rafael Augusto Zorrilla era propietario de una fabrica de blocks y mosaicos, y otro que los había acompañado desde principio de los años veinte, Andrés Brenes, era abogado; pero el más indigente de todos lo era Jimenes.

Moreno Jimenes era rechazado por su pobreza y por la imagen que proyectaba, lo que hacía que los intelectuales burgueses y hasta muchos de la Colina se burlaran de él. Ellos admiraban el movimiento postumistas y se sentían postumistas, pero rehuían la personalidad humilde del único poeta de esa generación que ha trascendido el tiempo y llegado con inigualable fortaleza hasta hoy.

Mientras Moreno Jimenes vivía acorralado por una espantosa miseria económica, Andrés Brenes dice en 1925, que Rafael Augusto Zorrilla era un burgués. En su escrito “Rafael Augusto Zorrilla, el discípulo maestro”, Brenes dice: “ese Zorrilla se ha vestido un traje amarillo, y se ha vuelto político. La cordura ha vuelto a él, y no piensa en versos: es un burgués que trabaja, gana un sueldo, como bien y aspira a hacer del presupuesto su mejor libro de versos”.
¿Pero como percibían los intelectuales y profesionales de entonces al fundador del Postumismo? ¿Cuál era la situación económica permanente de este?. Veamos algunos desgarrantes testimonios:

El venezolano Horacio Blanco Bombona, director de la revista Bahoruco, y quien había dirigido la revista Letras, donde se inició el Movimiento Postumista en 1917, dice sobre Moreno lo siguiente:

“Nuestro distinguido colaborador, el poeta Domingo Moreno Jimenes, dictó una interesante conferencia sobre temas literarios en San Pedro de Macorís, en el seno de la Sociedad Hermanos Deligne. Moreno Jimenes, que fue cesado en la Escuela Normal Macorisana, sin que se le pagaran los meses de vacaciones a los cuales tenía derecho, merece por su renombre y por su obra, consideraciones que hasta ahora oficialmente no se le han tenido”.

En otro número de Bahoruco, Blanco Bombona insiste: “Moreno Jimenes llega como siempre a la redacción de Bahoruco. Coloca su maletín inseparable en una mesa. Toma asiento y comienza a hablarnos maravillas de Santiago de los Caballeros.

Allí le acogieron con afecto; recitaron versos suyos en una noche de (…) en la Sociedad Amantes de la Luz. Aquello fue una apoteosis para el poeta postumista. “Hemos fundado la primera Universidad Popular de las Antillas en Santiago de los Caballeros”. Allí Moreno Jimenes dicta una cátedra de Estética. Es increíble que habiendo pasado por la Superintendencia de Instrucción Pública dos intelectuales sin envidias, sin egoísmos, con méritos propios, hayan visto con absoluta indiferencia a Moreno, cuya situación económica no admite espera: No se han utilizado los servicios de este destacado aeda nacional, que posee su título de maestro normal y que ha ejercido durante varios años el profesorado con idoneidad. Esa apoteosis que la acogedora Santiago le tributa es en el fondo una protesta por el abandono en que se ha dejado al alto poeta.” .

Enrique Jiménez, el Padre del héroe Enrique Jiménez Moya, escribió sobre Domingo Moreno lo siguiente: “Domingo Moreno Jimenes, nuestro más alto poeta, es único en Hispano América. Su originalidad arranca de inconcebibles y misteriosas profundidades cósmicas. El mismo, su doliente figura humana, es errabunda substancia cósmica hecha de tiempo sin espacio.

Quien desee comprobar este aserto no tiene más que detenerse y contemplar por un momento sus brotadas pupilas preñadas de un afán de infinito y que en nada se fijan; contemplar sus desacompasados movimientos, su andar indeciso y desequilibrado como si su pesado microcosmos quisiera salir de su centro de gravead, contemplar la desaliñada vestimenta que cubre su mísera substancia corpórea cual un plumaje de plomo que le impidiera volar (…).

Era de conocimiento público su “locura” por la poesía, pero era “un hombre que no prueba alcohol y que ignora las drogas. Acaso no se haya embriagado en toda su vida sino de sensualidad. Lo demás es el espectáculo del mundo al través del prisma de su temperamento.”

Rafael Andrés Brenes, destacado que fue también en el postumismo, en “El último breviario de Moreno Jimenes” describe la imagen del poeta y las burlas de algunos: “Una tarde, hace ya tiempo, conversaba yo, (…), con un miembro de la judicatura nacional (…). Cuando íbamos a separarnos, una persona, desde la acera vecina, gritó tres veces mi nombre: Brenes, Brenes, Brenes.- Tenía un sombrero ridículo sobre la frente; los ojos extraviados; la nariz pequeña; el bigote en desorden; la boca sensual, abierta en el último grito; del óvalo de la cara, asomaban las orejas pequeñas…Un cuello de tela, una corbata negra, un traje de dril oscuro, unos zapatos negros y empolvados; ésta era su indumentaria. En una mano, un bastón apuñado a media caña; en la otra, varios libros. Había extendido el cuello y su cara se destacaba del resto de su cuerpo. El Magistrado y yo nos habíamos vuelto.- ¿Quién es ese sujeto tan raro? Me preguntó aquel.- Es Moreno Jimenes –Ah! Exclamó y se sonrió irónicamente.- (…), cruce la calle, fui hacia mi amigo, lo estreché junto a mi corazón, y entre preguntas y respuestas seguimos, no importa la dirección, por aquella calle congestionada de gente.

Ha pasado mucho tiempo, pero aquel Magistrado que es la gran mayoría de un pueblo, no sólo se conforma con sonreír irónicamente ante Moreno Jimenes, sino, lo que es peor aún, en desconocer los méritos de este auténtico poeta -(negritas mías, A.P.R)-, cuyo nombre ha de fulgurar en un futuro que tal vez esté próximo, junto al de Rubén Darío (a quien supera desde muchos puntos de vistas) en el cielo de la literatura americana.

Todos los países latino-americanos se empeñaron siempre en que su representación diplomática y consular fuese confiada a sus poetas y escritores (…). En nuestro país se siguió la misma práctica; pero también como en otras partes, los más hábiles y los menos merecedores de esta distinción (ya que fue siempre distinción de política criolla) fueron los que sacaron mejor partido. Moreno Jimenes, naturalmente, nunca se encontró en el número de los favorecidos; su pan, hubo de ganárselo con más trabajo, pero en una misión más alta: el magisterio. Sin embargo, también en este sector tuvo siempre lugares secundarios, y siempre que, (como en el presente caso, se presentó la oportunidad de ir a la dirección de una escuela, el arrivismo se confabuló con la incapacidad, no solo para mantenerlo en un lugar secundario, sino hasta para idear su expulsión del cargo que hoy honra. Pero, ninguna de estas miserias de la vida salpica la blanquísima toga del poeta. (...).

Dentro de una miseria que le redime, por su propio esfuerzo único, edita “El Día Estético”, revista de cultura americana, que es voz y eco de la ciencia y del arte, en el amplio horizonte de América. (…).

Esta era la situación de Domingo Moreno Jimenes al momento del “golpe de Estado”, y se puede decir que así murió décadas después, sin embargo, como dijo su protector de la revista Bahoruco: “Moreno ha recorrido el país en todas direcciones con su maletín. Ha visto morir el sol en Higuey y en Sábaneta. Si en Lugar de “El Día Estético” vendiera cocaína ya hace mucho tiempo que este trashumante de su isla, estaría rico”.

Pero su dignidad tocaba el cielo, y los que sintieron aversión hacia él, grandes e importantes poetas de su tiempo, impulsados más por su estatus social que por el valor de sus poesías, hoy son tristemente casi-desonocidos en la historia de la poesía dominicana, mientras que él, pobre y casi excomulgado, brilla como el sol dotado de una fuerza centrifuga digna de tomarse en cuenta.

Ahora disfrutemos de este plato fuerte de la historia de la literatura dominicana que todavía no ha sido contada.

Santo Domingo, D.N.
14 de Febrero 2002.
“ANDRES AVELINO: EL DISCIPULO DEL MAESTRO”

Rafael Andrés Brenes

Me lo presentó una tarde Moreno Jimenes. Fue un poco indiferente con mingo entonces y tal vez por eso nuestra amistad tardó en acentuarse.

Andrés Avelino es un muchacho de los campos de Monte Cristy. Y allá su orgullo lo empujó tan fuerte que sólo Moreno Jimenes y Zorrilla y el despertar del ideal en él, pudieron detenerlo aquí.

Andrés Avelino es pequeño de estatura, sereno, de hablar reposado y claro, hablar que se subraya con las exclamaciones súbitas de entusiasmo o de dolor o de protesta. Las piernas en paréntesis sostienen el tronco de un hombre de voluntad y de ideales; sus piernas lo llevan hacia delante y hacia arriba, dejando que el aire fétido de los pantanos que cruza, se escape por el vacío de las dos curvas simbólicas.

Andrés Avelino tiene dos manos fuertes que cavan al tierra y arrojan al grano, que amartillan el clavo en el hogar que le arropa, que quiebran las perlas de su frente ancha y alta como sus ideales, que cortan una flor, escriben una estrofa y se suavizan en las tibias manos de la amada buena. Sus ojos largos, melancólicos, huyen siempre: para mirar se perfila el poeta como si las palabras o las miradas de los otros fueran a arrancarle algún secreto al fondo de sus negras pupilas. A no ser por la humildad suya se diría que su mirar es mirar altivo de señor.

En veces, cuando se habla con él, entrelaza los dedos, y busca en el infinito la palabra sincera y blanca. Su rostro no se pliega nunca, siempre aparece sereno, y, esto que pudiera ser la máscara de su sinceridad no lo es.

Andrés Avelino estudia, va á la clase como un buen muchacho á quien se le ha prometido un premio. Andrés Avelino trabaja; la casa donde vive con su mujercita cariñosa y buena, la fabricó él con sus propias manos. Andrés Avelino es fuerte; de fortaleza corporal y de espíritu.

He pasado muchas horas con él; horas de largas meditaciones, mientras la esposa cose baja la lámpara y el perro duerme á la puerta; ambos como sumidos en el mismo pensamiento, contemplando la luna. Otras han sido horas de largas plásticas, en las que el poeta me ha confiado los dolores y ls esperanzas del hombre, y el hombre la fe y la ilusión del poeta.

Su espíritu es claro y sereno y su voluntad es firme. En política Andrés Avelino sería; sería, pero es demasiado bueno. De bondad y nobleza a toda prueba. Jamás ha dicho mal de nadie y se preocupa poco por las vidas ajenas. Sólo cuando éstas lo reclaman es que se detiene ante ellas.

Ha sido practicante de farmacia, mecánico dental y poeta. Quiere ser algo más y ha de serlo.

Hizo vida en el parque Colón, tomó ajenjo en El Fausto, y una tarde fría y desolada rompió los lazos falsos y débiles que lo unían aquí abajo, subió a un coche con unos libros y sus ideales, ascendió la colina, empujó la puerta de Zorrilla y le dijo: -Se me acabó el pan y aquí me tienes.

Sus trajes se fueron deteriorando con el tiempo, la camisa se quedó en manos de la lavandera filosٌfica y el barbero no confió más en sus palabras. Una chalina negra y ancha fue camisa y corbata a un tiempo mismo, y una melena de rebeldías cayó sobre su nunca olvidada.

Una tarde, cuando tejía ante su mesa un poema, el intruso llegó con “la cuentecita aquella”. El poeta siente el dolor, el dolor de su pasado y la felicidad del instante manchado de ese dolor, se subleva, y con los puños enalto grita:

Cada vez que me rompen mi velo azul siento un gran dolor
y no es el dolor de que lo hayan roto
sino la pena infinita de que me lo seguirán
rompiendo.

Y esto después fue un poema en su libro Fantaseos, un poema que nadie entiende, excepto el cobrador que no volvió por aquella casa.

Una mañana de sol pensó que el ideal necesitaba un nombre, pero un nombre fuera la esencia, definitivo y único, y del brazo de Moreno Jimenes, el discípulo maestro dijo con la voz del espíritu: -Postumismo.
-Postumismo, postumismo, postumismo.
Y entonces fue el grito. Como tres gigantes se irguieron y proclamaron a los cuatro vientos la libertad del espíritu; y hasta entonces no supo que el espíritu era esclavo.

Y vino la infamia, y detrás de la infamia la mujer. Y aquel hombre, pequeño de cuerpo, se hupó sobre la infamia misma y la hizo noble. Y desde entonces, con indiferencia de esfinge, desde su zócalo, contempla, a los otros arrastrarse, queriéndole arrancar su parte de ideal. Y lo cede, lo cede, pero el idea, que es él mismo, queda en él latente y no lo abandona.

Después su vida llena de desengaños triunfa y surge blanca en su casita junto a la esposa buena, bebiendo el café de la madre cariñosa que ruega por el hijo, sin advertir dentro de su amor, al héroe.

Una noche en el viernes literario de Plus Ultra leyó sus “cantos a la muerta viva”. Tras la pequeña mesita, junto a la lámpara iba volviendo las hojas y con ellas las emociones en nuestros espíritus. Allí estaban Rafael Américo Henríquez, Eurípides Pérez Alfonseca, Manuel Amiama, Angel Rafael Lamarche, Jesús María Troncoso, Domingo Moreno Jienenes, y yo. Todos qudábamos en una semioscuridad y solo el poeta se bañaba en la luz de la lámpara. Hubo estrofas que recitó dos veces. Cuando terminó parece que todos los alientos contenidos se escaparon, y no hubo mejor frase de elogio que aquella de nuestros espíritus. Transcurrido un instante Lamarche exclamó: “Todos llevamos en nosotros mismos una muerta viva, y tú Avelino, hoy nos lo recuerdas”.

De Andrés Avelino se habla en América como aquí hablamos de Estrada, de Vicenzi, de García Monje. Y eso ya es algo.”
(La Opinión, No.94, Noviembre de 1924).

“PERFILES LITERARIOS: RAFAEL AUGUSTO ZORRILLA, EL DISCIPULO MAESTRO”

Andrés Brenes

Era el año de 1921, el mes de Agosto, la once de la mañana; el sol reververaba en las piedras y en la calzadas de la calle “Mercedes”; los automóviles, escandalizaban con el trepidar de sus motores y el ronco sonar de sus bocinas, los coches tirados por los flacos caballos agobiados por el trabajo y el foete, se bamboleaban sobre las piedras relucientes; las pesadas carretas rodaban a espaldas de las mulas tercas, golpeadas con furia por los carreteros; los vendedores de frío-frío empujaban sus carretillas pintadas, y un carbonero apaleaba al burro que se derrengaba bajo el peso de un centenar de petacas de carbón. Por las aceras iban y venían los transeúntes, aprisa. Y bajo la luz quemante del Sol la ciudad parecía vivir una vida atropellada.

A la puerta de la librería “Universal”, en medio de la acera, empujado suavemente, de rato en rato, por los transeúntes que iban y venían, había un hombre extraño, trigueño, de regular estatura y enmarañada melena, que embustido el cuerpo flaco en un raído y sucio traje de dril crudo, cargaba en el brazo izquierdo diez o doce libros de deteriorados pergaminos, mientras con el derecho sacudía el sombrero en el aire, a la par que gestionaba, hablando con don Constantino Suárez Gómez, el librero español, pequeño, blanco, de simpático rostro adornado por los gruesos bigotes y la reluciente calva que, con las manos cruzadas sobre el vientre enorme, oía con paciente actitud al que hablaba.
-
-¿Quién es?, le pregunté a alguien indicándole al raro personaje.
-Rafael Augusto Zorrilla, postumista.

Me sonreí y seguí adelante.

Es el año de 1925. Ahora soy un admirador del postumismo y de los tres valientes que arrostraron la burla y la ignorancia y la incomprensión de un pueblo intelectualmente adormecido por el retintín de los consonantes arrugados. Conozco la labor de los postumistas. Y de la de éste, Zorrilla, que hizo de su pluma de poeta, suave y tierno, cortante bisturí d crítico, la conozco en las diversas publicaciones postumistas que entrañan una de nuestras más, importantes épocas literarias.

La verdadera poesía de Zorrilla no es la de Moreno ni la de Avelino. Mientras Moreno en sus poemas se nos muestra lírico y filósofo, Avelino es filósofo o lírico y Zorrilla se conforma en un plástico lirismo que nos subyuga. Y quiero sólo referirme a la lírica y a la filosofía del postumismo, tan vasto y diverso que sólo en un largo estudio pudiera presentarse en sus diversos aspectos.

A Zorrilla lo conocí una noche, trajeado con el uniforme del departamento de higiene, y solamente habló esa noche de los acontecimientos políticos de actualidad.

El Zorrilla poeta, que bajo la luna, y acompañado de Moreno y Avelino, ascendía la colina, recitaba y discutía de arte, anonadando cn sus anatemas a los clásicos, burlando a Nietche y riéndose de Rubén; el Zorrilla impulsivo que decía sus conceptos sobre la nueva poesía; Zorrilla que junto a la artesa de Polito Peguero deshojaba la rosa de su espíritu, ese Zorrilla se ha vestido un traje amarillo, y se ha vuelto político. La cordura ha vuelto a él, y no piensa en versos: es un burgués que trabaja, gana un sueldo, come bien y aspira a hacer del presupuesto su mejor libro de versos.

Y hace bien Zorrilla. Lo que no le perdonaríamos nunca sería que cerrara las puertas de su espíritu a la musa nueva que le dio la gloria.

(Bahoruco No.142, octubre 1925).

“INDUSTRIAL DEL MOSAICO Y PROTECTOR DE ARTISTAS

Francisco Antonio Cruz

“RAFAEL A. ZORRILLA fue ante todo artista. Todo su entusiasmo juvenil y la alta espiritualidad que le era innata, así como su comprensión y noble sentimiento humanitario, le llevaron en todo momento a las prácticas más puras y desinteresadas del verdadero bien. Como artista su compresión en una continuada ofrenda durante todo el curso de su vida a sus compañeros. Como hombre laborioso, enamorado ferviente de la honestidad y la decencia, con vocación para las grandes empresas establece una fábrica de mosaicos, la cual aún subsiste contiguo a ;a casa de familia, que es, como ya hemos señalado, un puntal del armazón material de nuestro progreso.

La razón de que en esta casa, junto a una fábrica de mosaicos, se desarrollara un cenáculo literario, es decir, la llamada Colina Sacra, cuyo nombre es bastante conocido en los campos de nuestra literatura, no es otra que la espiritualidad y sensibilidad para las inquietudes sublimes de que dio pruebas en todo momento el distinguido bardo fenecido –(en 1937, A.P.R)-.

Esta casa fue siempre, en vida del Poeta, un ancho alero abierto a los pasos de todo artista. Aquí encontraron pan y sábana, una sonrisa limpia, un “bienvenido sea” numerosos artistas que la adversidad, unas veces, y otras la atracción emotiva, trajeran a su dintel. Muchos de nuestros consagrados valores en los campos del intelectualismo, hoy en día Diputados, Senadores, Ministros, Periodistas, Jueces, etc., recuerdan con honda emoción sus mocedades necesariamente ligadas a este primer Ateneo de la Capital…

Es verdaderamente lamentable que la obra poética de Zorrilla no haya sido recogida en un libro, ya que el poeta no publicó ninguno. Es, a nuestro criterio, una deuda de gratitud que tenemos los espíritus de hoy contraída con el bardo extinto, toda vez, que su vida y su obra se compenetren íntimamente cimentando una jerarquía de indiscutible valor ético y estético.

Puede incorporarse a la compilación de las grandes paradojas que el postumismo como tendencia literaria nació junto a una fábrica de mosaicos.”

(Francisco Antonio Cruz. “Colina Sacra”: un reportaje acerca del postumismo; aporte a nuestra realidad literaria de hoy y mañana”, C.T., 1945. En: pp.11-16).

“NO EXISTE TAL POSTUMISMO, NO EXISTE SINO MORENO JIMENES.”

Horacio Blanco Fombona

“El Postumismo ya no existe, comentan algunos. Otros creen que aún conserva vida para largo tiempo. Pero, ¿qué es el postumismo? ¿Hay parentesco entre los jóvenes escritores que se han agrupado bajo tal denominación?

Hasta ahora no hemos leído ni oído una definición del postumismo, ni uno siquiera de sus postulados. El común con otros movimientos vanguardistas en que sus cultivadores hacen el verso sin ritmo y sin rima, dando, por tanto, más importancia a la esencia que a la forma.

Para nosotros no existe tal postumismo: no existe sino Moreno Jimenes, cuya desconcertante expresión poética obedece a su extraño temperamento. Imitarlo es un error y no conduce sino a envejecer prematuramente. Entre los postumistas hay elementos disímiles. Escojamos dos de los más sobresalientes: Moreno Jimenes y Rafael Andrés Brenes. Moreno es nebuloso, incoherente, de una expresión delicadísima y generalmente imprecisa. Su poesía obra como la música, en los que las gustan. Sus elipses, sus imágenes inesperadas, personalísimas, tiene la peculiaridad de sugerir a unos lectores unas impresiones y otras, diferentes, a otros lectores.

Brenes no. Brenes, en prosa y en verso, es claro. Una imagen suya no tiene otra expresión que la que él le ha dado. Es un colorista y un realista. ¿Porqué, pues, es postumista Brenes y porqué pertenece a la escuela que suscitó Moreno? ¿Hay tal escuela? ¿Hay tales postumistas? No lo creemos.

Se agruparon al amparo de la extraña personalidad poética de Moreno unos cuantos jóvenes, para imponerse, porque unión es fuerza. Pero cada uno de los que tienen talento ha ido encontrando su propia expresión. El grupo ha ido perdiendo cohesión y solo insisten en denominarse tales, aquellos que no han podido expresar su personalidad, porque no la poseen.

En otra ocasión, tocaremos el mismo asunto pues el origen de todo esto encuéntrase en las páginas de la revista “Letras”, entre los años 1917 y 1920 y nos encontramos responsables, en cierto modo, aunque de manera involuntaria, de la aparición del postumismo”.

(“Bahoruco Informa y Comenta”. Bahoruco, Año 2 No.74, 9 enero 1932).


“SEMANA SOCIAL”

“Nuestro querido amigo y colaborador muy estimado, Domingo Moreno Jimenes, Sumo Pontífice del Postumismo y Maestro Normal, ha regresado de Santiago de los Caballeros. Trae en el indispensable maletín de viaje una nueva edición de “El Día Estético”, la revista de alta literatura que publica cada vez que se lo permiten los anunciadores.

Moreno fue a San Pedro de Macorís, a cobrar, vino a esta ciudad a cobrar y ya había cobrado en Santiago. Pero es tan poco lo que producen estas cosas que no debemos dejarlo en el inmerecido abandono en que se le tiene desde hace ya casi dos años, Moreno merece que aquellas personas que estiman a los intelectuales porque son capaces de saber lo que ellos significan dentro del conglomerado social, le tiendan la mano.

Moreno ha recorrido el país en todas direcciones con su maletín. Ha visto morir el sol en Higuey y en Sábaneta. Si en Lugar de “El Día Estético” vendiera cocaína ya hace mucho tiempo que este trashumante de su isla, estaría rico”.

(“Semana Social. Bahoruco, 3, No.108, 3 sept. 1932).

“BAHORUCO INFORMA Y COMENTA”

Horacio Blanco Fombona

“Moderno Apocalipsis”. ..El pinta una idea e ideologiza, un color. Para no perder la norma se entrega a su sensibilidad instintiva. Luego viene una cosa admirable: el respeto que siente por su extraña personalidad de poeta y por su obra.

Aunque se reúna toda la crítica del mundo y lo excomulgue él no se siente tambalear. Todos pueden anatematizarlo. El cree en si mismo con la fe del carbonero que es la que levanta montañas. Los demás aunque unánimes, son los que están equivocados. Y esta actitud suya es profundamente sincera.

Moreno Jimenes, no es explicable en nuestro medio. Esos ambientes complicados y en anhelo de superación son más propios para producir una psiquis como la de Moreno. Al decir sensibilidad no vaya a creerse que observamos sentimentalidad. No hay poeta menos sentimental que él. Al menos su sentimentalidad tiene una expresión diferente que en los demás seres: se diluye no en una lágrima sino en una expresión filosófica. Nosotros estamos en deuda con Moreno Jimenes. Le debemos un pan abundante, sin angustias, y es ese el que nunca le hemos dado.

Ya Moreno Jiemenes no es una promesa. Está en la plenitud de su extraña personalidad poética. No vaya a creerse un lector extranjero que Moreno es un entregado a paraísos artificiales. Es un hombre que no prueba alcohol y que ignora las drogas. Acaso no se haya embriagado en toda su vida sino de sensualidad. Lo demás es el espectáculo del mundo al través del prisma de su temperamento.”

(“Bahoruco Informa y Comenta”. Bahoruco, Año 4, No.206, 4 de agosto de 1934).

“MARGINALES”.

Héctor Incháustegui Cabral.

El pasado domingo, en la Colina Sacra, los postumistas y los poetas, entre otras cosas, se reunieron.

Los hechos externos, la elección por ejemplo, no pueden interesarnos; pero que una tendencia ensaye gobernarse, sí que nos interesa sobremanera.

La filiación artística de una persona es una cosa por sí gobernable y dirigible, pero el conjunto de esas personas, no. Este es casi un principio pedagógico, y como en este caso se trata de una escuela literaria, hay que aplicarlo, toda vez que los postumistas los menos que saben es sumar y restar, sin que ello sea óbice para que estén muy interesados del cálculo infinitesimal, de las ecuaciones de todo género, y de la reducción al absurdo.

En otro tiempo se hubiera hablado de que la labor necesita de la santa soledad, que se necesita ser un descarriado…pero, en una época de reconcentraciones, de huelgas, de nacionalismo, esto queda fuera de lugar. Pertenecemos a la época de la especialización, y no podemos negarnos a ciertas actividades que son consecuencia de ella.

Nunca pude creer que los postumistas fueran los sapos de la charca que pedían un rey, como en la fábula aquella; ni Domingo Moreno Jimenes fuera el madero que le tiró Júpiter, pero también me niego a creer que Zorrilla pueda ser la grulla.

Ahora nos preguntamos: ¿qué consecuencias tendrá esta reconcentración? Implícitamente se formó una asociación. Los hombres unidos por los preceptos son los que menos resultan estarlo, porque los preceptos son cosas interpretables y la interpretación es siempre manzana de discordia.

DISGREGANDO: Hubo algo así como un afán de diversión en el fondo de la seriedad con que fue tomada esa reun8ión; porque como todos los asistentes eran hombres serios, el resultado fue una aventura alegre, donde cada quien dijo lo que debía decir y calló lo único que debió decir. Parece absurdo, pero es así como se estila entre la gente decente.

El postumismo fue una consecuencia de aquella guerra imaginativa, de parques y corrillos, que engendró la guerra del 14, y puede ser que el aspecto añubascado que presenta el horizonte de la paz lo haya vuelto a poner sobre el tapete, pero difícilmente pasará de ahí. Cuando los hombres inteligentes se reúnen y forman una asociación, automáticamente dejan de serlo, para quedar convertidos en miembros de una asociación.

El postumismo, por razones naturales, tuvo niñez, infancia, juventud y madurez. Pasaron años, y acaba de caer en la etapa subsiguiente de la vida. Toda agrupación es una consecuencia del otoño del pensamiento, pero otoño de caer de hojas de sesión.

Don José Ortega y Gasset opina que el arte moderno no es más que una burla a sí mismo, pero la burla hecha en el tono más serio posible; y los postumistas como artistas modernos no han podido salirse del vasto círculo de una opinión tan general.

(Héctor Incháustegui Cabral. “Marginales” .Bahoruco, Año 5, No.225, 15 diciembre de 1934).

LA GRAN ASAMBLEA POSTUMISTA”

Horacio Blanco Fombona

El pasado domingo 9 de diciembre, reuniose en la Colina Sacra, (vulgo Villa Francisca) una gran asamblea de postumistas y de simpatizantizadores de esta escuela. La reunión tuvo efecto en la calle Duarte alta, No.32.

Numerosa y selecta fue la concurrencia.

Ellas: Delia Weber, Manuela Jiménez, Livia Veloz, Orfelina y Selmina Vicens, Amada Nivar de Pittaluga.

Ellos: Rafael Américo Henríquez, Rafael Andrés Brenes, Valentín Giró, Rafael Augusto Zorrilla, Luis H. Valdez, Ligio Vizardi, Euripides Pérez Alfonseca, Pedro Landestoy, Horacio Read, Surcar Méndez, Jesús María Troncoso, Pedro Troncoso Sánchez, Julio César Castro, Dantón Rodríguez, Arístides Pino, R. Pérez Ortiz, M. A. Amiama, Gregorio González, Juan Bautista Pittaluga, Manuel Llanes Garrido, Pedro R. Contín, Ramón Suriñach.

Fue electo por gran mayoría, Sumo Pontífice de la Capital para 1934-35, el poeta Rafael Augusto Zorrilla.

Recitaron bellas poesías propias Delia Weber, Livia Veloz, Orfelina Vicens y Amada Nivar.

Abrió el acto Zorrilla y la cerró el destacado escritor Rafael Andrés Brenes. Se le hizo justicia a Moreno Jimenes, ausente aunque en la capital.

Giró y Vizardi deleitaron a los asistentes con sendos poemas propios, Jesús María y Pedro Troncoso Sánchez, produjeron improvisaciones muy aplaudidas, Luis H. Valdez dejó oír su palabra cáustica.

Una bella mañana de arte y lluvia.

El Pontífice había sido desde la fundación del postumismo Moreno Jimenes; pero la mayoría quiso que hubiera un cambio; la elección anual de Sumo Pontífice.

Aunque Andrés Avelino no asistió fue honrosamente recordado.

Es respetable este movimiento que revela una honda inquietud espiritual en los componentes de esta Capilla.

(“La Gran asamblea postumista”. Bahoruco, Año 5, No.225, 15 diciembre 1934).


LA COLINA Y EL LLANO”

Horacio Blanco Fombona

El Acólico Insigne, Euríspides Pérez Alfonseca, nos ha comunicado y nosotros lo hacemos del dominio público, que el Sumo Pontífice del Postumismo, el poeta Rafael Augusto Zorrilla, hará en breve sensacionales declaraciones sobre estética y literatura y que lanzará la excomunión máxima y segregará la Escuela Postumista a varios de los afiliados que se han hecho acreedores a esa extrema severidad.

Esto por lo que respecta a la Colina Sacra.

En el Llano se barajan algunos nombres para sustituir al Sumo Pontífice actual. Unos hablan de Andrés Avelino, otros de Juan Bosch, que en este caso asaltaría la Colina con su falange de Conchoprimistas.

Hay quienes dicen que Zorrilla no entrega la tiara, en diciembre, argumentando que si Moreno tuvo doce años la sartén por el mango, por qué él la va a dejar a los doce meses. Además que la Capilla ha prosperado mucho bajo su mandato.

Otro informe: Manuel Cabral será declarado en solemne reunión de la Colina, Hijo Adoptivo del Postumismo, por su libro “12 poemas negros”.

(“Bahoruco Informa y Comenta: La Colina y el Llano”. Bahoruco, año 5, No.257, 27 de julio de 1935).

“BAHORUCO INFORMA Y COMENTA. “El Llano y la Colina”.

Horacio Blanco Fombona

“Nuestro mejor cuentista, Juan Bosch, no acepta ser Sumo Pontífice del Postumismo, como se verá por la siguiente carta:

Santo Domingo, R.D.
Julio 28 de 1935.

Estimado don Horacio:

Me ha sorprendido la noticia que sobre mi posible postulación para Sumo Pontífice del Postumismo ha publicado Ud. en la sección “Bahoruco informa y Comenta” de su estimada revista.

Me ha sorprendido porque yo no soy postumista, y más aún, nunca he hecho obra de esa respetable escuela. Si yo hubiera escrito, pongo por caso, los “12 poemas negros”, no tendría inconveniente en aceptar esa postulación. Muchos distinguidos poetas que se han formado en la escuela villa-francisquista se sentirían justamente defraudados si yo, como un perfecto intruso, tomara por asalto la sacratísima colina. Ahora bien, como el postumismo me ha interesado vivamente, hasta hacerme perder el sueño muchas veces, me creo autorizado para dar mi opinión en este enredo que los colinianos se traen ahora. Pienso que bien le vendría la tiara a Avelino, puesto que él es, del triunvirato fundador (Moreno, Zorrilla y Andrés Avelino), el único que hasta ahora no ha manejado la sartén. Entiendo que Zorrilla es un magnífico pontífice, pero creo que debe cumplir con lo establecido: un año por jefatura o para cada jefe. Si Avelino, como lo supongo, pues que está dotado de bastante equilibrio, no aceptara su nominación, estoy entonces con los poetas del Llano que pretenden llevar a Moreno Jimenes otra vez al gran sacerdocio.

Si se me permite meter la cuchara diría que me parece muy cruel el propósito de excomulgar que tiene su Santidad. Un Papa debe ser benévolo, dulce. Además, no hay derecho a ser tan sangriento y se necesita más tolerancia cuando se está decidiendo el porvenir artístico de un individuo. Un poeta excomulgado no tendría otro camino que el del suicidio, pues se le cerrarían para siempre las puertas de la Colina, único lugar por donde puede llegarse, en este país, al callejón que conduce al olímpico palacio de la gloria.

Suyo,
Juan BOSCH

(“El Llano y la Colina”. Bahoruco Informa y Comenta. Bahoruco, Año 5, No.258, 3 de agosto de 1935).

“MARGINALES: EL GREMIO DE LLORONES”

Héctor Incháustegui

Cada época se caracteriza a sí misma, sopor las torres ni por estatuas rotas, si no por el tipo de hombre que determina. Pertenecemos a la época de la standardizaciones, y por tal razón nos parece altamente ridículo y enormemente pretencioso que un hombre de ahora tenga ideas propias, cuando hay tantas por ahí esterilizadas, aceptadas y catalogadas.

Si un hombre descubre una nueva forma de hacerse el nudo de la corbata, sin pensarlo dos veces, formará un gremio de “nuevos anudadores”, Y es que ese hombre pertenece a esta época, no es un tránsfuga de su tiempo.

Pero como no sólo se descubren formas de anudarse los zapatos, sino también modos de expresión, los descubridores, muy naturalmente, como quien come lechuga o fuma cigarrillos, tratarán de formare un gremio.

Cierta vez un poeta que sufría de dolores de cabeza llevó a la poesía su lloriquear, y alguien le dijo: Has descubierto una nueva forma poética: el gimoteismo. El pobre hombre quedó desconcertado, porque los hombres reaccionan de acuerdo con el tiempo en que viven, y éste se dio exacta cuenta de que tenía que formar un gremio.

Llamó a dos o tres amigos suyos y les hizo una solemne declaración. Entre otras cosas les dijo que no era posible que los hombres llorasen a solas, que el dolor no es pecado, y aunque lo fuera, esto no quitaba que ellos llorasen en común, que formaran su “valle de lágrimas” en una revista que sacaremos, por ejemplo.

Pero los hombres vivimos de las cosas superficiales i nos negamos a entrar por la puerta común, y eso de gremio nos pareció muy bien, y adujeron que gremios tienen los zapateros y los limpiabotas. Como era de suponer, llamaron a aquello sociedad y le agregaron otro nombre en cuya búsqueda perdieron varios días y que encontraron en una Mitología, que es muy apreciada por los padres de familia que no quieren que sus hijos lleven nombre de carreteros.

El Gran Llorador, como se le llamó al iniciador, siguió llorando en versos largos, pero los otros apenas si comenzaron. Así siguieron las cosas hasta que la gente dijo: hay uno solo que llora, los otros le limpian las lágrimas a ese. Esto llegó a oídos de los llorosos satélites y decidieron quitar de en medio a un hombre que hacia tan bien su oficio. Se reunieron y pusieron a otro en el mando triste. Pero como no estaba preparado, ni la cebolla picada, ni la pimienta, ni la lectura de discurso de final de entierro lo enternecía. Antes al contrario, se dio en comer mangos y piñas en un ventorrillo, y con esto quedó en descrédito. Poco a poco, sin que nadie se percatara, los llorones desaparecieron.

Y conste, no estamos haciendo alusión al postumismo.

(“Marginales: El Gremio de los Llorones”. Bahoruco, Año 5, No.258, 3 agosto 1935).

“ANDRES AVELINO DEFINE EL POSTUMISMO”

San Pedro de Macorís,
Agosto 5 de 1935.


Estimado don Horacio:

Agradezco a Bahoruco y a Bosch la deferencia inmerecida que me hacen al postularme para Sumo Pontífice del Postumismo.

Declino a priori e irrevocablemente tal distinción que no he anhelado nunca por ser contraria a mi modo de pensar, a mi actuación en el arte, en las ciencias y en la vida.

Para mí, el Postumismo no ha sido ni una escuela literaria, ni una tendencia, que pudiese ser dirigida por un hombre. El Postumismo, es algo más amplio y trascendental: es un movimiento espiritual y filosófico, cuyos postulados más fundamentales son: la libertad absoluta en el sentir y en la expresión del espíritu. Es un anhelo perenne de superarse en la consecución de los más altos ideales humanos. Una ardua cruzada por la creación del hombre nuevo. Una realización de la poesía “hacia dentro”. Una aspiración a la poesía matemático-cósmica en una concepción de belleza.

Quien intuya, viva y sienta estas ideas no puede tener tiempo para tomar el “cetro de hiel y vinagre” y buscar acólitos, enana inquietante política literaria.

Sólo la vida y la obra pontificarán en el futuro al hombre. Para ser más sinceros postumistas no nos preocupemos del presente. Esculpamos estatuas para el porvenir; meditemos en paz, profundamente, para que podamos oír en éxtasis sublime, las voces cósmicas que nos llegan de lo desconocido.

El postumismo como grupo ya no tienen razón de ser, sólo allá, en su lejana época de nebulosa, la triada mística, en una misma gravitación, pudo crear el sistema que lanzó al universo una miríada de estrellas espirituales e ideológicas. El estado actual de cada una de ellas es imposible determinarlo. Ya es hora de madurez, de mecánica lenta, de electrónica grave, de recogimientos espirituales y de reflexión filosófica.

Por el arpa del Postumismo ha balbuceado sus ideales al porvenir el espíritu de una civilización en derrota.

Fuimos simplemente los instrumentos subconscientes de una orquestación que ha hecho trepitar el lomo de cinco continentes.

Sólo en la belleza relativa caben los catalogamientos y las vinculaciones psicológicas. En la belleza absoluta, un hombre que se expresa, pleno de su propio tiempo, es un universo que canta.

Manuel Cabral no es un Postumista. Para mi no tiene catalogación posible, desde la orientación de estas ideas, Manuel Cabral es sencillamente Manuel Cabral. El ha formado, con su propio barro, su auténtica isla cósmica. Para llegar a él no hay camino posible; él ha encontrado su tiempo, lo bastante para hacerse suficientemente incomprensible e impenetrable. (Este tiempo de que hablo no es ni el tiempo de Kant ni el de Hergson.)

Los cultivadores de la belleza relativa pueden seguir su campaña de pontificados, que no me inquieta. Sólo deseo que se me deje seguir al margen de la política literaria dominicana.
Suyo,
Andrés AVELINO

(Bahoruco, Año 6, No. 259, 10 agosto 1935).

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